Pulp Fiction
Beso Final
por Rodriac Copen
La fiesta ya olía mal antes de llegar.
Perfume barato, whisky tibio y sonrisas de gente que vendía algo que nadie pensaba comprar. Yo conocía ese clima. Lugares donde la música tapa el vacío.
Ron... no.
Apenas entramos, me soltó el brazo como si hubiera visto una salida de emergencia. Se plantó en el medio del living, pecho inflado, vaso en alto, y empezó a contar una historia que yo ya había escuchado demasiadas veces. La del bar. La del policía. La del jefe.
Mis amigos lo rodeaban con la misma atención con la que se rodea un charco: mirando, pero sin ganas de meterse.
—"¿Y entonces qué hiciste?"—preguntó Marta, por cortesía.
—"¿Qué hice?"— Ron sonrió —"Lo dejé hablando solo. Como ahora."—
Rió.
Nadie lo acompañó.
Apoyé la copa en la mesa. El labial dejó una marca roja. Demasiado viva para esa habitación.
—"No empieces."— le dije, bajo.
—"¿Empezar qué? Si estoy bien."— respondió —"¿No ves que les caigo bien?"—
Antes, esa seguridad me había parecido divertida. Como un cigarrillo a las tres de la mañana. Te mantiene despierta. Después te das cuenta de que no te deja respirar.
Ron siguió. Más alto. Más cerca. Un poco torpe, un poco pasado. Tocando hombros ajenos. Rozando manos que no eran las mías. Explicándole la vida a gente que no se lo había pedido.
—"Baja un cambio, campeón."— le dije.
—"¿Te molesta que destaque?"—
Me miró. No como se mira a alguien querido. Me miró como si buscara su reflejo en mí.
—"No destacas."— le dije —"Reflejas. Y cada vez peor."—
Se rió, incómodo esta vez.
—"Siempre intensa, nena."—
Nena.
Sentí el clic. Seco. El del encendedor antes del fuego.
—"Escúchame, Ron."— dije —"Al principio eras gracioso. Un tipo raro. Algo nuevo. Ahora sos lo mismo de siempre. Y lo mismo cansa."—
—"¿Ah, sí?"— se acercó —"Mírate. Toda pintada. Puro maquillaje."—
—"No."— le respondí —"Esto es lo que soy. Tu eres el que se quedó atrás."—
—"Nena, no armes una escena."—
—"No la estoy armando."— dije —"La estoy cerrando."—
La música siguió. Nadie habló. Mis amigos miraban el piso. Ron apretó la mandíbula.
—"Siempre pensaste que eras demasiado para mí."—
—"No."— le dije —"Pensé que era suficiente como para no bancarme esto."—
Me acerqué. Le di un beso corto. Sin calor. Sin resto.
—"¿Y eso?"— preguntó.
—"El último."— dije —"Ya no te queda lugar en mi vida."—
Agarré el abrigo. Dejé el vaso con la marca roja sobre la mesa. No miré atrás.
Ron siguió hablando. A nadie en particular. A la habitación. A sí mismo.
Cuando abrí la puerta, escuché su risa otra vez. Forzada. Un segundo más tarde, alguien le respondió. No supe quién. No quise saber.
Afuera, la noche estaba fría.
FIN
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