🎯 Ciencia Ficción Dura - Ensayo
🔥 Arquitectura de las Religiones
por Rodriac Copen
Tu sabes que como escritor, la investigación es el plato diario de nuestro alimento intelectual.
Recientemente estuve investigando sobre "El Libro de Urantia" (1).
La Fundación Urantia
nació en 1950 en la ciudad de Chicago, cinco años antes de la
publicación oficial del libro. Su función principal no es actuar como
una iglesia ni como una denominación religiosa tradicional, sino
preservar el texto original del "famoso" libro y promover su estudio.
Según la propia fundación, no tiene sacerdotes, rituales obligatorios ni
una estructura de culto formal.
La fundación surgió del grupo de personas que participó en la recopilación y publicación de los documentos de Urantia. Entre las figuras históricas más importantes relacionadas con el origen del movimiento se encuentra William S. Sadler, aunque la fundación sostiene que él no fue el autor del libro.
¿Es una religión?
La respuesta depende de a quién le preguntes.
La fundación suele describir el libro como una revelación espiritual y no como la base de una nueva religión organizada.
Sin
embargo, desde el punto de vista académico, muchos sociólogos e
historiadores consideran que el movimiento urantiano constituye un nuevo
movimiento religioso surgido en Estados Unidos durante el siglo XX.
Pero la idea del artículo no es hablar de Urantia o de angelitos voladores.
La
idea es saber que motiva a alguien a crear un sistema de creencias.
Cual es la intención última para eso y sobre todo, porque siempre son
efectivos los esquemas intelectuales que permiten y facilitan la
creación de un nuevo sistema de creencias que generarán movimientos de
mistificación o religiosos.
El Mensaje Trascendente
Se podría resumir así... todos empiezan por "tenemos un mensaje trascendental para la humanidad... pero no podemos mostrar pruebas verificables".
Y no lo digo específicamente por Urantia.
Es un patrón que aparece una y otra vez en la historia de las
revelaciones, los contactados, los canalizadores y muchos movimientos
espirituales modernos. Incluso en la religiones clásicas y las creencias
modernas.
La estructura suele ser algo así:
✔ Existe una inteligencia superior (ángeles, extraterrestres, maestros ascendidos, entidades cósmicas, etc.).
✔ Esa inteligencia posee conocimientos extraordinarios.
✔ Transmite un mensaje a la humanidad.
✔ El mensaje contiene filosofía, espiritualidad y explicaciones sobre el universo.
✔ Pero cuando llega el momento de aportar evidencia objetiva, esta nunca aparece o resulta imposible de verificar.
Esto siempre es redundante, y es un observación recurrente que hacemos muchos escépticos.
Porque si una civilización avanzada o un supuesto dios o mesías encarnado quisiera demostrar su existencia, podría hacerlo de maneras muy simples:
✔ Revelando una ley física desconocida.
✔ Prediciendo con precisión un descubrimiento futuro.
✔ Proporcionando información verificable e imposible de conocer en la época.
✔ Mostrando tecnología reproducible.
Sin embargo, la mayoría de estos relatos terminan apoyándose en la fe, la experiencia personal o la autoridad del mensaje.
Lo curioso es que esto no necesariamente vuelve inútiles estas obras.
Por ejemplo, aunque uno no crea que el Libro de Urantia provenga de seres celestiales, sigue siendo una construcción intelectual impresionante. Lo mismo ocurre con la Biblia o muchas obras esotéricas del siglo XIX y XX.
Como escritor de ciencia ficción, probablemente reconozco algo familiar: el atractivo de estas obras no suele estar en la evidencia, sino en la magnitud de la visión del mundo que proponen.
Casi todas las creencias ofrecen alguna o todas estas cosas:
✔ Un cosmos habitado.
✔ Civilizaciones innumerables.
✔ Jerarquías cósmicas.
✔ Evolución espiritual.
✔ Una historia secreta de la humanidad.
Es decir, ofrecen una narrativa enorme y coherente.
Y los seres humanos tenemos una debilidad natural por las grandes narrativas.
Por eso algunas personas leen Urantia
como una revelación religiosa, mientras que otras lo leen casi como si
fuera una novela de ciencia ficción filosófica escrita por autores
extraordinariamente imaginativos.
Desde una perspectiva crítica, el problema aparece cuando se pasa de decir:"Esta es una idea fascinante."
a decir:
"Esto ocurrió realmente."
Para dar ese segundo paso hacen falta pruebas, y ahí es donde las creencias, al igual que casi todos los movimientos de revelación, encuentran su mayor dificultad.
Como suele decirse en tono escéptico: si una inteligencia capaz de explicar la estructura del universo no puede dejar una sola evidencia inequívoca de su existencia,
entonces el misterio ya no es el universo... sino por qué siempre
parece comportarse exactamente igual que una historia escrita por seres
humanos.
El Motivo
Existen muchas motivaciones por las cuales se invierte tiempo y esfuerzo en crear un sistema de creencias como una religión clásica o una secta.
En el famosísimo "Caso Ummo" (2) terminó apareciendo una explicación bastante terrenal. Durante décadas se difundieron cartas supuestamente enviadas por extraterrestres del planeta Ummo,
llenas de diagramas, explicaciones científicas y una cosmología
compleja. Muchos intelectuales, ingenieros y aficionados quedaron
fascinados.
Lo llamativo es que las cartas tenían una característica similar a Urantia: parecían muy sofisticadas a primera vista, pero cuando los especialistas analizaban los detalles, encontraban errores, contradicciones y conceptos que reflejaban conocimientos humanos de la época.
Años después, José Luis Jordán Peña
afirmó haber sido uno de los responsables de la creación del fenómeno,
aunque todavía existen debates sobre cuánto de la historia creó él y
cuánto aportaron otras personas.
En el caso de las creencias religiosas o sectas mas espirituales, podríamos imaginar varios motivos para crearlas:
1. Un fraude deliberado
Alguien o un grupo de personas inventa la historia sabiendo que es falsa.
Su objetivo podría ser:
✔ Ganar influencia.
✔ Crear un movimiento espiritual.
✔ Realizar un experimento social.
✔ Obtener prestigio intelectual.
✔ Interés monetario
Este es el escenario que muchos escépticos consideran más probable para la aparición de un nuevo sistema de creencias.
2. Creencia sincera
También
es posible que quienes participan en el diseño creativo de una religión
realmente crean estar recibiendo información extraordinaria.
La historia está llena de personas que estaban convencidas de haber recibido mensajes:
✔ Religiosos.
✔ Espiritistas.
✔ Canalizadores.
✔ Visionarios.
En estos casos no necesariamente hay engaño consciente.
3. Creación literaria colectiva
Esta es una hipótesis que es particularmente interesante.
Un grupo de personas cultas, fascinadas por:
✔ La ciencia.
✔ La religión.
✔ La filosofía.
✔ La cosmología.
Podría
haber construido gradualmente una mitología gigantesca que termina
adquiriendo vida propia. No muy diferente de cómo algunos universos
ficticios crecen hasta parecer más reales que la realidad para sus
seguidores.
Como detectar un engaño
Cualquiera sea el período en que los sistemas de creencias surgen, siempre tienen un trasfondo cultural o incluso ideológico que los envuelve:
✔ Un período específico de la ciencia de ese tiempo.
✔ Una modalidad específica que canaliza con verdadero auge la necesidad espiritual
✔ Un período específico de la literatura de su tiempo que brinda un marco referencial
✔ El interés perpetuo por la evolución de la humanidad.
✔ Las nuevas interpretaciones religiosas vigentes en su época.
Cuando lees cualquier narrativa religiosa, muchas veces parece una síntesis de todas esas corrientes.
Actualmente, tenemos el auge extraterrestre y los UAP. Y las narrativas actuales desembocan en esas ideas.
Pero hay una observación en particular que suele hacer mucho daño a las teorías revelacionistas: Si eliminamos la explicación sobrenatural, ¿el fenómeno sigue siendo comprensible?
No es necesario en las religiones introducir seres celestiales para que el fenómeno tenga sentido histórico.
Eso no demuestra que sea falso, pero sí significa que la hipótesis humana tiene una gran ventaja: requiere menos supuestos extraordinarios.
Y ahí es donde las religiones se parecen bastante a Ummo.
En muchos casos encontramos una cosmología enorme, una autoridad
invisible que no puede ser interrogada directamente, una narrativa
fascinante y una ausencia de evidencia objetiva que permita verificar el origen extraordinario de los mensajes.
Como escritor, debo reconocer que una buena historia no necesita ser verdadera para resultar poderosa. A veces una mitología bien construida puede influir en miles de personas durante décadas simplemente porque responde a preguntas profundas sobre quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Esa capacidad narrativa puede ser tan poderosa como cualquier supuesta revelación.
¿Por que se cree?
Muchos
pensadores han sostenido que una de las funciones más profundas de las
creencias religiosas y espirituales es precisamente ofrecer una respuesta al problema de la mortalidad.
Por ejemplo, Ernest Becker argumentaba que gran parte de la cultura humana puede entenderse como un intento de gestionar el conocimiento de que vamos a morir. Según él, las personas construyen "proyectos de inmortalidad" —religiosos, culturales, familiares o artísticos— para trascender de algún modo su finitud.
Desde esa perspectiva, las creencias encajan bastante bien en el patrón:
✔ La personalidad sobrevive a la muerte.
✔ Existe un propósito cósmico.
✔ La vida no termina en el cementerio.
✔ Hay una evolución espiritual continua.
✔ El universo tiene sentido.
✔ Alguien está a cargo del proceso.
Es difícil imaginar un conjunto de ideas más reconfortante para una mente enfrentada a la incertidumbre de la muerte.
Sin embargo, hay un matiz interesante.
La necesidad psicológica de una creencia no determina automáticamente si esa creencia es verdadera o falsa.
Por ejemplo:
✔ El deseo de que exista vida extraterrestre no demuestra que exista.
✔ Pero tampoco demuestra que no exista.
Del mismo modo:
✔ El deseo de sobrevivir a la muerte no demuestra la existencia de un más allá.
✔ Pero tampoco lo refuta.
Lo que sí podemos afirmar es que las creencias que prometen continuidad, propósito y trascendencia suelen encontrar un terreno fértil en la experiencia humana.
Lo
que hace especialmente interesante las investigación de las religiones o
sectas es no centrarse tanto en los supuestos reveladores, sino en los receptores del mensaje.
La pregunta deja de ser:
"¿Quién escribió el libro x de la revleación?"
y pasa a ser:
"¿Por qué tantas personas encuentran atractiva a esta religión o revelación?"
Y ahí la respuesta probablemente tenga más que ver con la condición humana que con los misterios cósmicos.
Todos sabemos que vamos a morir. Y eso genera una tensión psicológica enorme.
Algunas personas enfrentan a la muerte mediante la religión: mueres y tal vez vayas a un cielo o al valhalla.
Otros enfrentan la mortalidad mediante el arte: los escritores escribimos para dejar nuestras ideas plasmadas para el futuro.
Otros analizan la muerte desde la filosofía. O la ciencia.
Lo cierto y concreto es que el ser humano puede soportar casi cualquier verdad, excepto la sensación de que su existencia carece de significado.
Por eso las grandes cosmologías —sean religiosas, filosóficas o ficticias— suelen tener tanto poder.
No necesariamente porque aporten pruebas, sino porque ofrecen un marco
narrativo dentro del cual la vida, el sufrimiento y la muerte parecen formar parte de algo más grande.
Una religión exitosa hace exactamente eso. Construye una estructura gigantesca en la que cada individuo ocupa un lugar, tiene un destino y continúa existiendo después de la muerte.
La cuestión de si esa estructura describe una realidad objetiva o una necesidad psicológica profundamente humana sigue siendo una pregunta abierta. Pero es indudable que toca una de las fibras más antiguas de nuestra especie: la dificultad de aceptar que somos seres conscientes que saben que van a morir.
El camino al agnosticismo
En mi juventud estudié durante varios años teología... y con el tiempo, comparé esa travesía con hacer cumbre en el everest: cuando haces eso, sabes que habrá consecuencias.
Una de ellas es tener menos oxígeno. Mi consecuencia filosófica al terminar con más de una década de teología, fue un agnosticismo estricto. Porque ese crecimiento teológico fue acompañado por un crecimiento en la ciencia.
Mucha gente estudia teología para confirmar una creencia. Pero yo lo hice dispuesto a seguir la evidencia adonde condujera. Y a veces el resultado no es una certeza más fuerte, sino una conciencia más profunda de la incertidumbre.
Cuando uno asciende mediante el pensamiento, ve más lejos. Pero también abandona algunas comodidades del valle.
Y la certeza es una de ellas.
Después
de muchos años de teología, filosofía, historia de las religiones y
ciencia, hay personas que llegan a un punto donde ya no pueden afirmar
honestamente: "Sé que Dios existe."
Pero tampoco pueden decir: "Sé que Dios no existe."
Y terminan en esa especie de agnosticismo intelectual que no nace de la indiferencia, sino de la honestidad.
Para mí, la pérdida de dios no significó necesariamente la pérdida del asombro.
Porque muchas personas temen la muerte porque sienten que representa el final del significado. Pero otras llegan a verla como el último misterio.
El miedo no suele estar en el estado de estar muerto. Suele estar en el proceso de dejar de ser.
He dedicado años a examinar sistemas de creencias, a cuestionar respuestas, a comparar teología con ciencia y a convivir con la incertidumbre.
Eso no inmuniza a nadie contra el miedo —nadie tiene esa garantía—, pero sí suele desarrollar cierta familiaridad con las preguntas difíciles.
Y a veces la desesperación surge cuando una persona se encuentra por primera vez con el abismo.
Tal vez, llegado el momento, una parte de mi siga sintiendo temor —sería profundamente humano—, pero no me sorprendería que otra parte pensara algo parecido a lo que pensaría uno de mis exploradores espaciales antes de cruzar una frontera desconocida:
"Después
de toda una vida preguntándome qué hay más allá... por fin voy a
averiguarlo. O a descubrir que no había nada que averiguar."
Y, en cierto modo, ambas respuestas resolverán el misterio.
FIN
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