domingo, 8 de noviembre de 2026

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sábado, 7 de noviembre de 2026

La SciFi Que Nadie Te Contó: "Calidad de la SciFi Actual"

 


👀 La SciFi Que Nadie Te Contó

🌞 Calidad de la SciFi Actual
por Rodriac Copen


Cada cierto tiempo aparece en algún foro, grupo literario o comunidad de ciencia ficción la misma pregunta: ¿qué está pasando con la literatura del género? ¿Hay buenos autores actualmente o la calidad ha descendido respecto de los grandes clásicos?

Las respuestas suelen dividirse entre quienes consideran que todavía existen escritores extraordinarios y quienes sostienen que la ciencia ficción contemporánea está atravesando una especie de decadencia creativa.

Personalmente, creo que el planteo parte de una comparación bastante cuestionable. Y no porque los clásicos carezcan de méritos, sino porque estamos comparando dos realidades editoriales completamente diferentes.

Hace poco, participando en un intercambio de opiniones sobre el tema, expuse una opinión que me gustaría desarrollar un poco más.



🎯
El mundo literario antes de la revolución digital

Durante buena parte del siglo XX, el universo editorial de la ciencia ficción estaba condicionado por una serie de limitaciones bastante concretas.

✔ La primera era geográfica y lingüística. 

El mercado internacional estaba fuertemente dominado por la producción anglosajona. Existían excelentes escritores en ruso, francés, alemán, japonés, español y otros idiomas, pero sus posibilidades de alcanzar lectores de otros países dependían de traducciones, acuerdos editoriales y redes de distribución que no siempre estaban disponibles.

✔ La segunda limitación era económica. 

Publicar un libro en papel implicaba asumir costos importantes: impresión, almacenamiento, transporte, distribución, devoluciones, comercialización y una larga cadena de intermediarios que necesitaban recuperar su inversión. Esto obligaba a las editoriales a seleccionar cuidadosamente qué autores publicaban. 

El proceso de selección funcionaba como un filtro
. Llegaban a las librerías aquellos manuscritos que conseguían superar una combinación de exigencias literarias, comerciales y editoriales.

Pero hay una cuestión que conviene aclarar: ese filtro no seleccionaba necesariamente a los mejores escritores. Seleccionaba a quienes reunían las condiciones necesarias para resultar publicables y comercialmente viables dentro de un determinado modelo de negocio.

Muchos autores excelentes quedaron afuera. Algunos por falta de contactos, otros porque sus propuestas no encajaban en los catálogos y otros, sencillamente, porque nadie llegó a descubrirlos.

Por lo tanto, la literatura que conocíamos no era una representación de toda la producción literaria existente. Era una selección de aquello que las editoriales podían y querían publicar.

El mundo es duro, lo sé. Pero así funciona la maquinaria económica.


🎯
La revolución digital cambió las reglas del juego

La llegada de Internet, el ebook y la autopublicación modificó radicalmente ese escenario.

Publicar dejó de depender necesariamente de una editorial tradicional. La distribución digital redujo considerablemente las barreras económicas y geográficas. Un escritor ahora puede ofrecer sus obras a lectores de otros países sin tener que conseguir previamente un contrato con una multinacional editorial.

Y esto produjo una transformación enorme. Porque democratizó el acceso al mercado de los autores.

Hoy podemos encontrar escritores que publican en español, inglés, ruso, francés, alemán, japonés, chino y prácticamente cualquier idioma con presencia en el mercado digital.

La oferta literaria se multiplicó de una manera que habría resultado difícil imaginar hace algunas décadas.

Y aquí aparece una paradoja interesante: «nunca tuvimos tantas posibilidades de encontrar buenos escritores y, al mismo tiempo, nunca fue tan difícil encontrarlos.»

🚨 Antes, el problema principal era conseguir publicar.

🚨 Ahora, el problema es conseguir que alguien te lea.


La democratización de la publicación también trajo consigo una enorme cantidad de obras de calidad irregular. Sería absurdo negarlo. La autopublicación no garantiza talento, del mismo modo que conseguir un contrato editorial tampoco garantiza una obra extraordinaria.

Pero confundir el aumento de publicaciones mediocres con una disminución de la calidad literaria general ES UN ERROR.

La sobreoferta no demuestra que existan menos buenos escritores. Demuestra que los editores y las editoriales tenemos muchísimas más obras entre las cuales buscarlos.



🎯
El problema de comparar los clásicos con los contemporáneos

Hay otro fenómeno que suele pasar inadvertido cuando se discute sobre la calidad de la ciencia ficción actual: el sesgo de supervivencia.

Cuando pensamos en la ciencia ficción clásica recordamos a Asimov, Clarke, Heinlein, Bradbury, Philip K. Dick, Ursula K. Le Guin, Jack Vance y tantos otros.

Recordamos sus mejores novelas, sus relatos más representativos y aquellas obras que consiguieron permanecer en la memoria colectiva.

Pero olvidamos algo: durante sus respectivas épocas también se publicaron enormes cantidades de literatura mediocre.

Había escritores olvidables, novelas mal construidas, relatos repetitivos y publicaciones que respondían a fórmulas comerciales bastante elementales.

La mayoría desapareció.

No recordamos a esos autores porque sus obras no sobrevivieron al paso del tiempo, no porque nunca hayan existido.

Lo que hoy llamamos ciencia ficción clásica es, en buena medida, el resultado de décadas de selección editorial, crítica y cultural.

En cambio, cuando observamos la producción contemporánea tenemos delante prácticamente todo: las obras excelentes, las aceptables, las mediocres y las francamente olvidables.

Estamos comparando una producción actual que todavía no ha pasado la prueba del tiempo, con los mejores exponentes de una producción histórica que ya atravesó varias décadas de selección.

Es una comparación bastante injusta.

Sería como evaluar la calidad de los músicos actuales tomando toda la música que se publica hoy y comparándola exclusivamente con los discos que consideramos imprescindibles de los años sesenta y setenta.

Probablemente llegaríamos a la conclusión de que antes todos eran genios y ahora nadie sabe tocar una guitarra.

La nostalgia tiene esas virtudes estadísticas: elimina convenientemente los datos que podrían arruinarle el argumento.

Es por eso que si un editor se queda navegando solo entre los autores clásicos y se limita al pequeño mundo de los libros apolillados que se congelaron en el tiempo... simplemente pensará que la literatura SciFi "ha perdido fuerza", "no tiene nivel" o "es mediocre". 

Y eso no es cierto porque es una visión sesgada de la realidad.



🎯
El sesgo anglosajón: una literatura más grande que nuestro pequeño universo

Otro aspecto fundamental es la tendencia a identificar la ciencia ficción internacional con la producción estadounidense y británica.

Durante décadas, esos mercados tuvieron una influencia extraordinaria sobre la difusión mundial del género. Sus editoriales, revistas, colecciones y mecanismos de distribución establecieron buena parte de los autores que terminaron convirtiéndose en referencias internacionales.

Pero la ciencia ficción nunca fue exclusivamente anglosajona.

La tradición soviética, por ejemplo, produjo escritores extraordinarios como Arkadi y Borís Strugatski. La literatura polaca encontró en Stanisław Lem una de sus figuras más originales. La producción china contemporánea alcanzó una difusión internacional considerable gracias a autores como Liu Cixin.

En nuestro propio ámbito hispanohablante tenemos figuras como Angélica Gorodischer y una tradición latinoamericana que merece mucha más atención de la que habitualmente recibe. 

Y esto no se trata exclusivamente de recuperar autores históricos, sino de explorar la producción contemporánea en español.

Actualmente existe una producción internacional enorme que permanece prácticamente invisible para buena parte de los lectores occidentales. Incluyéndome, por supuesto.

El problema es que descubrirla requiere salir de los circuitos habituales, buscar en otros idiomas, explorar mercados diferentes y abandonar la comodidad de consultar siempre las mismas listas de recomendaciones.

Habrá idiomas que los editores podremos leer. Otros deberán pasar por la traducción. Pero, potencialmente hablando, el mercado que DEBEMOS DESCUBRIR es ENORME.

Si un editor se limita a leer los autores clásicos, las novedades de las grandes editoriales estadounidenses y los títulos que aparecen en los rankings comerciales, difícilmente podrá hacerse una idea representativa de lo que está ocurriendo en el género.

Porque no está observando TODA la ciencia ficción.

Está observando UNA PARTE DE ELLA.




🎯
¿Existen hoy escritores mejores que los clásicos?

Esta es una cuestión que puede resultar incómoda, pero merece plantearse.

Sí, considero que actualmente existen autores que escriben tan bien como muchos de los grandes nombres del género. Y algunos, incluso, pueden superar a determinados clásicos en aspectos concretos de su construcción narrativa, desarrollo psicológico, manejo del lenguaje o complejidad argumental.

Pero eso no significa que sean mejores en TÉRMINOS ABSOLUTOS. Tampoco que los clásicos hayan perdido sus méritos.

¿Qué persona con buen juicio podría establecer objetivamente si Botticelli es mejor que Rembrandt? Podemos analizar sus técnicas, sus obras y sus aportaciones, pero convertirlo en una clasificación absoluta es otra historia.

En SciFi sucede algo parecido.

Y esto nos dice que el talento literario no es una propiedad exclusiva de una época.

La calidad narrativa no se extingue porque un autor haya nacido en 1960, 1980 o 2000.

Podemos discutir sobre originalidad, profundidad temática, calidad estilística, construcción de personajes, rigor científico o capacidad para desarrollar ideas especulativas. Son aspectos que admiten análisis y comparación.

Pero no existe una razón objetiva para suponer que los escritores actuales tienen menos capacidad creativa que quienes escribían hace medio siglo.

Lo que sí ha cambiado es el contexto en el que desarrollan su trabajo.


Y también ha cambiado nuestra posibilidad de conocerlos. Y no solo hablo de profesionales como yo. Hablo también del universo lector.



🎯
La paradoja editorial: demasiados autores, demasiado poco tiempo

Desde una perspectiva editorial, la situación actual plantea un problema bastante particular.

Hoy podemos acceder potencialmente a miles de autores de diferentes países, idiomas y tradiciones literarias.

Entre ellos hay escritores excelentes, propuestas originales y obras que probablemente merecerían una difusión mucho mayor.

Pero ¿cómo encontrarlos?

Ninguna editorial, ni siquiera una multinacional con importantes recursos, está en condiciones de analizar toda la producción literaria disponible.

No alcanza con tener buenos lectores editoriales. No alcanza con disponer de departamentos de adquisición de derechos. No alcanza con participar en ferias internacionales.

El volumen de producción actual supera ampliamente la capacidad humana de lectura y evaluación.

Por eso, el problema editorial contemporáneo no consiste únicamente en encontrar buenos manuscritos. Consiste en desarrollar mecanismos que permitan descubrirlos entre una oferta extraordinariamente amplia.

Y aquí aparece una diferencia fundamental respecto del siglo pasado.

Antes, las editoriales tenían una capacidad limitada de publicación y una oferta de manuscritos que podían administrar mediante sus mecanismos tradicionales de selección.

Ahora, la oferta potencial es prácticamente inabarcable.

El problema ya no es solamente decidir a quién publicar. Es descubrir a quién vale la pena leer.

¿Se podría intentar hacerlo con la ayuda de la Inteligencia Artificial? No lo sé. Pero yo, al menos, lo estoy intentando. 

En mi propia actividad editorial estoy experimentando con prompts avanzados de IA para que se lean automáticamente las obras de los autores -con su autorización- y saber identificar qué obras presentan potencial. 

Y esto, con el fin de financiarles la generación de sus ebooks. Algo así como la vieja editorial en papel, pero en versión digital.



🎯
Una comparación con la música puede ayudar a entenderlo

Pensemos en lo que ocurrió con la industria musical.

Antes, las discográficas controlaban buena parte de la producción, distribución y difusión. Para que un músico alcanzara un público importante necesitaba atravesar una estructura empresarial que seleccionaba qué grabar, publicar y promocionar.

Hoy cualquier músico puede distribuir sus composiciones por Internet.

Eso no significa que ahora haya más genios musicales, ni que todos los músicos sean buenos.

Significa que existe una oferta inmensa y que el público tiene muchas más posibilidades de descubrir artistas que nunca habrían llegado a los canales tradicionales.

Pero también significa que una enorme cantidad de música permanece enterrada entre millones de publicaciones.

La literatura está atravesando un proceso parecido.

La abundancia no elimina el talento. Lo que hace es dificultar su identificación.



🎯
Entonces, ¿la ciencia ficción actual es buena o mala?

Creo que la pregunta merece una respuesta bastante más elaborada que elegir entre dos opciones.

  • ¿Hay escritores contemporáneos extraordinarios? Indudablemente.

  • ¿Hay una enorme cantidad de obras mediocres? También.

  • ¿La ciencia ficción actual tiene menos calidad que la clásica? No conozco evidencias suficientes para afirmarlo.

  • ¿Estamos en condiciones de evaluar toda la producción contemporánea? Ni remotamente.

Y esta última cuestión es la que considero más importante.

Cuando alguien afirma que la ciencia ficción actual es mediocre, me interesa saber qué está leyendo, qué idiomas consulta, qué mercados explora y qué criterios utiliza para establecer esa valoración.

Puede estar describiendo perfectamente su experiencia personal. Puede haber leído veinte novelas recientes y haber encontrado dieciocho que no le gustaron. 

Puede haber leído obras en wattpad, inkspired o en otra red social de autores.

Pero eso no le permite extrapolar su experiencia al conjunto de la literatura mundial.

Porque eso no es una muestra actual de UNIVERSO del SciFi.

Su percepción puede ser perfectamente legítima. Su conclusión general, no necesariamente.

 

Mencionado en el Artículo:

✔ Angélica Gorodischer
✔ Arkadi y Borís Strugatski
✔ Arthur Clarke
✔ Isaac Asimov
✔ Jack Vance
✔ Liu Cixin
✔ Philip Dick
✔ Ray Bradbury
✔ Robert Heinlein
✔ Stanisław Lem
✔ Ursula Le Guin


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viernes, 6 de noviembre de 2026

Cuento: "La Clase de Yoga ( Humor - Tito Mansilla )"

 

😊 Humor: Tito Mansilla

👀
La Clase de Yoga

por Rodriac Copen


📌 Sinopsis:

Tito Mansilla tiene una habilidad extraordinaria para conquistar mujeres. O, al menos, eso es lo que él cree. 

Encantador, verborrágico y con una confianza en sí mismo que no siempre encuentra respaldo en la realidad, Tito está convencido de que cualquier situación puede resolverse con una sonrisa, una frase oportuna y una buena dosis de improvisación.

Todo comienza con un encuentro casual en una panadería. Allí conoce a Nidia, una mujer atractiva y casada que parece dispuesta a aceptar sus galanterías. Lo que Tito no imagina es que aquella aventura terminará convirtiéndolo en profesor de yoga, aunque no tenga la menor idea de cómo se practica esa disciplina.

Entre amigas indiscretas, coartadas cada vez más disparatadas y un marido musculoso que empieza a hacer preguntas incómodas, Tito descubrirá que hay situaciones de las que resulta bastante más difícil salir que entrar.

Una comedia de enredos, seducciones y mentiras improvisadas, donde cada intento por arreglar las cosas consigue empeorarlas un poco más.

Porque Tito Mansilla puede no saber yoga, pero tiene una capacidad extraordinaria para meterse en problemas.

✔ 10.589 palabras aproximadamente ( 3 Capítulos )
✔ 53 minutos de lectura aproximada


 

 


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lunes, 2 de noviembre de 2026

Diario de Rodriac: "Pedacitos de Vida"

 


🔥 Diario de Rodriac

👁️ Pedacitos de Vida
por Rodriac Copen


Tengo 62 años. Una edad bastante respetable para haber aprendido algunas cosas, aunque no necesariamente las que uno hubiera querido.

Si tuviera que hacer un balance de mi vida, probablemente recurriría a una frase de Borges: no he sido feliz, ni lo soy ahora. Apenas podría decir que he atravesado algunos períodos satisfactorios. Y no es poca cosa, si uno considera que la felicidad parece ser un regalo anunciado en el folleto de la existencia, pero que después nadie sabe muy bien cómo reclamar.

No me considero un desgraciado. Tampoco un hombre particularmente afortunado. Simplemente he vivido. A veces bien, otras bastante mal y, en numerosas ocasiones, con esa desconcertante sensación de estar improvisando sobre la marcha, como un pianista que desconoce la partitura y sospecha que el público también.

He llegado a pensar que la vida tiene cierta organización meteorológica. Se compone de períodos de tormenta y períodos de calma. El problema es que las tormentas suelen ser más memorables, más ruidosas y, sobre todo, bastante más persistentes que los días soleados.

Y la vida moderna parece haberse especializado en producir tormentas.

La tecnología nos obliga a aprender constantemente cosas que ayer no necesitábamos y que mañana estarán obsoletas. Nos hace dependientes para dificultarnos la vida. El trabajo exige cada vez más, la vida cotidiana se ha convertido en una sucesión de trámites, contraseñas, vencimientos y pequeños inconvenientes que parecen reproducirse por esporas. Las relaciones humanas tampoco contribuyen demasiado a la tranquilidad general.

Todo cuesta. Todo requiere atención, esfuerzo, adaptación y una paciencia que, a determinada edad, empieza a parecer un recurso natural no renovable.

Hasta descansar se ha vuelto complicado. Hay que organizarlo, planificarlo, reservarlo y, si es posible, compartir fotografías en las redes sociales para demostrar que uno está descansando correctamente.

No sé ustedes, pero yo recuerdo haber imaginado la vida adulta de una manera bastante diferente.



💥
Los otros siempre tienen la culpa

Hay algo que me llama particularmente la atención: la cantidad de personas que se quejan de sus relaciones sentimentales.

No me refiero a quienes atraviesan situaciones de violencia, abuso o manipulación. Esas son circunstancias diferentes y no admiten bromas ni simplificaciones. Hablo de esa interminable colección de reproches cotidianos entre personas que, en algún momento, se eligieron mutuamente.

Uno escucha relatos en los que cada integrante de la pareja parece ser una víctima inocente de las circunstancias, mientras el otro encarna una suerte de villano doméstico especializado en arruinarle la existencia.

Y me pregunto: ¿en qué momento dejamos de considerar nuestra propia responsabilidad?

Porque, salvo excepciones, nadie nos puso una pistola en la cabeza para elegir a determinada persona. La elegimos nosotros. Por amor, por necesidad, por entusiasmo, por soledad, por calentura, por miedo a quedarnos solos o por alguna combinación de todas las anteriores.

A veces elegimos mal. O elegimos por las razones equivocadas. O vemos lo que queremos ver y dejamos convenientemente fuera de cuadro aquello que no nos gusta.

Después pasan los años, aparecen las diferencias, las incompatibilidades, los desencuentros y las decepciones. Y entonces descubrimos que aquella persona maravillosa que habíamos elegido tenía algunos defectos. Curiosamente, los mismos que ya estaban presentes cuando la elegimos.

Por supuesto, también nosotros cambiamos. Y no siempre para mejor.

En algún momento hay que aceptar que uno participó de la construcción de su propia desgracia. Que no siempre hubo un victimario y una víctima. A veces hubo dos personas que tomaron decisiones, cometieron errores y siguieron adelante hasta descubrir que habían construido algo bastante diferente de lo que imaginaban.

En mi caso, tampoco estoy en condiciones de arrojar la primera piedra. He cometido mis propias estupideces. Algunas de ellas, con una convicción admirable.

Pero hacerse responsable de las propias elecciones no significa resignarse a ellas. Significa dejar de contar la historia como si uno hubiera sido un espectador inocente de su propia vida.

Y eso, aunque duela un poco, puede ser bastante liberador.



💥
Los sueños también tienen fecha de vencimiento

Hay otra cuestión que aparece con el paso del tiempo.

Cuando somos jóvenes, el futuro parece una extensión ilimitada de nuestras posibilidades. Tenemos proyectos, fantasías, ambiciones y una colección de vidas alternativas que algún día, suponemos, tendremos tiempo de vivir.

Vamos postergando algunas cosas por muchas razones. Porque no tenemos dinero. Otras porque tenemos responsabilidades. Y algunas, simplemente, porque creemos que siempre habrá algo de tiempo para cumplirlas. Bueno... no es así.

Porque un día descubrimos que el tiempo no es precisamente una institución conocida por su generosidad. Y menos si lo compartes con una persona carente de empatía, confianza o simplemente amor.

A los veinte años, uno puede imaginarse siendo cualquier cosa. A los treinta, todavía cree que tiene margen para corregir el rumbo. A los cuarenta empieza a hacer algunas cuentas. A los cincuenta descubre que ciertas oportunidades ya no están disponibles. Y los sesenta te sorprenden. Y lo hacen mientras miras tus viejos sueños con nostalgia. No sabes exactamente cuándo se rompieron, pero sospechas que ya no tienes tiempo de concretarlos.

Así es. No todos los sueños se cumplen. A veces ninguno. Algunos sueños se transforman, otros pierden sentido y otros quedan sencillamente abandonados en algún rincón de la memoria.

Y eso también forma parte de envejecer.

No necesariamente porque nos falten fuerzas, sino porque empezamos a comprender que no podremos ser todas las personas que alguna vez imaginamos.

Hay una pequeña tragedia en eso. Pero también hay una forma de madurez: dejar de exigirle a la vida que nos devuelva todas las posibilidades que nosotros mismos fuimos descartando.



💥
All Good Things

Mientras escribo estas líneas estoy escuchando "All Good Things (Come To An End)" , de Nelly Furtado.

Hay canciones que llegan en el momento adecuado, aunque uno no las haya buscado particularmente. Esta tiene algo de despedida, de incertidumbre y de esa pregunta que aparece cuando miramos hacia atrás: ¿cómo entender, cómo aceptar que lo bueno siempre tiene un final?

La escucho y pienso que quizás allí está una de las claves de esa sensación que me acompaña desde hace tiempo.

Lo bueno viene por pedacitos.

Aparece un período de tranquilidad, una buena noticia, un proyecto que funciona, una conversación agradable, una tarde sin preocupaciones, un encuentro que nos devuelve por un rato la sensación de que las cosas están en su sitio.

Y después, inevitablemente, algo sucede.

Una enfermedad, una pérdida, un problema económico, una discusión, una decepción, una preocupación que no nos deja dormir. La vida vuelve a reclamar su cuota de atención y aquellos pequeños momentos de bienestar quedan sepultados bajo una montaña de asuntos pendientes.

No sé si es que las experiencias desagradables son más numerosas o si simplemente tienen una capacidad extraordinaria para ocupar nuestra memoria. Lo cierto es que, muchas veces, una semana complicada parece pesar más que varios meses tranquilos.

Quizás sea una injusticia de nuestra propia percepción. O quizás sea una característica bastante desagradable de la condición humana.

Lo bueno pasa casi en silencio. Lo malo suele llegar haciendo sonar la alarma de incendios.

Y, sin embargo, cuando pienso en mi vida, también encuentro esos pedacitos.

Personas que estuvieron, momentos que disfruté, historias que pude escribir, cosas que aprendí, proyectos que llegaron a buen puerto y pequeñas satisfacciones que, en su momento, quizás no valoré demasiado. Palabras que evité pronunciar y sentimientos que guardé en el interior de mi corazón.

Nada fue suficiente para construir esa felicidad permanente que alguna vez imaginé. Pero los buenos momentos existieron.

Y no quiero cometer la torpeza de ignorarlos solamente porque no duraron para siempre.



💥
Una tregua, aunque sea breve

Tal vez el error esté en nuestra expectativa.

Nos han vendido la idea de que la felicidad es una especie de estado permanente al que deberíamos llegar después de superar una cantidad determinada de obstáculos. Como si la vida fuera un videojuego y, una vez derrotado el último monstruo, apareciera una pantalla anunciando que hemos desbloqueado el nivel de la felicidad.

Pero la vida no funciona así.

La vida no se estabiliza definitivamente. No llega un momento en que desaparecen los problemas, las incertidumbres, las preocupaciones y las contradicciones. Siempre hay algo que resolver, algo que aceptar, algo que reparar o alguna estupidez nueva que aprender a tolerar.

Y la verdad es que estoy cansado de la vida.

Quizás la felicidad no sea una condición permanente para el ser humano. Quizás sea una sucesión de momentos satisfactorios que, vistos en conjunto, nos permiten decir que no todo estuvo tan mal.

No es una idea demasiado romántica, lo admito. Tampoco sirve para vender muchos libros de autoayuda.

Pero tiene una ventaja: no exige que mintamos.

A los 62 años ya no espero demasiado de la vida ni de nadie. No porque haya renunciado a vivir, sino porque he aprendido a desconfiar de las grandes promesas. Prefiero una buena noticia pequeña a una revolución existencial. Una tarde tranquila a un futuro glorioso. Un proyecto terminado a diez proyectos maravillosos que nunca empezaré. Una sorisa a una promesa.

Y, sobre todo, intento no desperdiciar los períodos de calma que me quedan preocupándome por la próxima tormenta.

Porque llegará. Eso lo tengo bastante claro.

Pero también pasará. Como la vida.

Quizás no seamos los protagonistas de una gran historia de felicidad. Quizás nuestra existencia se parezca más a una colección desordenada de episodios, algunos buenos, otros malos y muchos francamente prescindibles.

No obstante, mientras haya algo que nos interese, una historia que contar, una canción que escuchar, una persona con quien compartir un café o una pequeña curiosidad que nos impulse a seguir mirando el mundo, todavía queda algo por hacer.

No voy a decir que la vida es maravillosa. Para mi, no lo fue. Sería exagerar y, a estas alturas, tampoco tengo ganas de exagerar.

Pero tampoco pienso concederle a las tormentas el privilegio de definir toda mi existencia.

Si lo bueno viene por pedacitos, habrá que aprender a disfrutarlos mientras duran.

Y cuando llegue la próxima calma, por favor, que nadie me venga a explicar cómo debería aprovecharla. Probablemente estaré ocupado disfrutando de no tener ningún problema.

Que ya es bastante.



Mencionado en el Artículo:

✔ All Good Things (Come To An End) - Nelly Furtado
✔ Nelly Furtado







 

 

 

 

 

 

 

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