viernes, 30 de octubre de 2026

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jueves, 29 de octubre de 2026

Actualidad para Escritores: "¿De Qué Carajos Vive Un Escritor?"

 


☀️ Actualidad para Escritores

😢 ¿De Qué Carajos Vive Un Escritor?
por Rodriac Copen


Hoy le haremos una radiografía a una profesión que suele ser la que menos paga de todas.

Porque hay una pregunta que tarde o temprano aparece en cualquier conversación entre escritores: ¿se puede vivir de escribir?

La respuesta habitual suele oscilar entre dos extremos. Por un lado, el romanticismo del escritor que vive de su talento, publica una novela cada tanto y recibe religiosamente sus regalías. Por el otro, el pesimismo de quien asegura que escribir no sirve para pagar ni siquiera el café que necesita para mantenerse despierto mientras escribe.

Como suele suceder, la realidad es bastante menos literaria que ambas versiones.

Para averiguarlo, vale la pena detenerse en dos trabajos periodísticos que tienen algo en común: preguntaron directamente a escritores argentinos cómo se ganan la vida.

El primero fue una encuesta publicada en septiembre de 2008 por la revista digital "El Interpretador", bajo el título «Literatura y Trabajo». Coordinada por Diego Cousido, reunió testimonios de aproximadamente cincuenta autores, con trayectorias, edades y niveles de reconocimiento diferentes.


Quince años después, en febrero de 2023, Patricio Zunini retomó aquellas preguntas para "Infobae", esta vez consultando a 28 escritores. La intención era observar qué había cambiado en la relación entre literatura y dinero.

El resultado es interesante. Y, para quienes escribimos ficción, también puede resultar bastante instructivo.

Porque, al parecer, una cosa es ser escritor y otra bastante diferente es conseguir que esa actividad pague las facturas.



📢
El escritor profesional

Somos una especie en peligro de extinción... cada vez menos abundante... y con cada vez más signos de pobreza extrema. 😢

Uno podría imaginar que los escritores publicados, con libros en circulación y cierta trayectoria, consiguen vivir de sus obras. Después de todo, si alguien publica regularmente, tiene lectores y aparece en catálogos editoriales, lo lógico sería suponer que recibe algún beneficio económico.

Bueno... no necesariamente.

En la encuesta de 2023 aparecen situaciones muy diferentes.

✔ Eduardo Sacheri declara vivir de sus derechos de autor, aunque explica que su situación cambió considerablemente después del éxito cinematográfico de "El secreto de sus ojos". También trabaja en guiones audiovisuales, radio y televisión.

✔ Guillermo Martínez señala que la literatura es su principal fuente de ingresos. Su trayectoria anterior como investigador y profesor universitario de matemática forma parte de su historia profesional, pero ya no constituye el centro de su economía.

Sin embargo, otros autores ofrecen un panorama bastante diferente.

✔ Gabriela Cabezón Cámara explica que los ingresos de sus libros no son suficientes y que necesita complementar con talleres y artículos periodísticos.

✔ Virginia Cosin cuenta que consiguió cierta independencia económica coordinando talleres de escritura, aunque aclara que está lejos de vivir de las cosas que escribe.

✔ Juan José Becerra ofrece una respuesta memorable: «Al contrario, vive de mí». Y agrega que desde que comenzó a escribir subsidia a la literatura haciendo de todo.

No parece una mala definición de la situación económica de muchos autores.

En otras palabras, incluso entre escritores reconocidos, publicados y con una carrera consolidada, vivir exclusivamente de la venta de libros no es la regla.

Y conviene recordar que estamos hablando de autores que ya consiguieron algo que para muchos escritores independientes constituye una aspiración: llegar a publicar y construir una trayectoria.



📢
¿Y entonces de qué trabajan los escritores?

Antes de revisar estos datos te pregunto ¿ tu esposa o esposo... es alguna clase de heredero/a rico/a...? 👁️

La encuesta de 2008 permite observar una variedad de ocupaciones que merece su propio catálogo laboral.

✔ Alejandra Zina escribe ficción, pero sus ingresos proceden de la edición, la corrección y la docencia narrativa. Antes había trabajado como vendedora de zapatos, promotora, secretaria y repartidora de volantes, entre otras ocupaciones.

✔ Alejandro Parisi pasó por empleos tan variados como cajero, cadete, camarero y vendedor de bijouterie. Más adelante consiguió trabajar como guionista, una actividad que, según explica, le permitía ganar bastante más dinero que la literatura.

✔ Bárbara Belloc combina ghostwriting, edición, periodismo y talleres. Es decir, vive de escribir, aunque no necesariamente de los libros de ficción que firma con su nombre.

✔ Carlos Battilana se desempeña como docente.

✔ Andrés Tejada Gómez trabaja en el ámbito municipal.

✔ Alan Pauls ofrece una reflexión particularmente interesante: económicamente, la literatura es para él un suplemento, un lujo, aunque resulte indispensable para su vida.

La lista continúa con profesores, periodistas, investigadores, editores, empleados públicos y personas que han pasado por trabajos completamente ajenos al universo literario.

La conclusión es bastante evidente: muchos escritores no viven de sus libros, sino de una combinación de actividades que les permite financiar su vocación literaria.

Y algunos, directamente, tienen un empleo que paga las cuentas y escriben cuando consiguen escapar de él.

Una especie de doble vida
. De día, contribuyentes responsables. De noche, asesinos de personajes, destructores de civilizaciones y fabricantes de desgracias ficticias.



📢
Las cuatro economías del escritor

Si agrupamos las respuestas de ambas encuestas, podemos identificar cuatro grandes formas de sostener económicamente la actividad de escritor.

1. Vivir de los libros: Es el escenario más atractivo: regalías, anticipos editoriales, derechos de autor, licencias y ventas de obras propias. Es la situación que muchos imaginan cuando piensan en un escritor profesional. También parece ser la menos frecuente.

2. Vivir de actividades relacionadas con la literatura: Aquí aparecen los talleres, cursos, conferencias, asesorías, presentaciones, actividades culturales y otras tareas vinculadas con la formación o difusión literaria. Es una alternativa bastante más extendida. Pero hay una diferencia importante a considerar, porque cobrar por enseñar a escribir no significa necesariamente ganar dinero escribiendo ficción.

3. Vivir de escribir, pero no de la ficción propia: Periodismo, guiones, corrección, edición, traducción, ghostwriting y redacción profesional. Son actividades que permiten monetizar las habilidades de escritura y, en algunos casos, conseguir ingresos más regulares que los derechos de autor. El problema es que escribir por encargo no siempre deja tiempo, energía o ganas para escribir lo que uno realmente quiere.

4. Tener otro empleo y escribir en los ratos libres: Es probablemente el modelo más familiar para una enorme cantidad de autores. Docentes, empleados administrativos, comerciantes, profesionales independientes, técnicos, trabajadores de diferentes sectores y jubilados que encuentran en la escritura una actividad paralela. En estos casos, el escritor tiene una profesión que lo mantiene económicamente y otra que le mantiene ocupada la imaginación. No siempre es una mala combinación. Aunque, naturalmente, sería más agradable que la imaginación también pagara la factura de electricidad.



📢
Quince años después: ¿cambió algo?

La comparación entre las encuestas de 2008 y 2023 permite observar una continuidad bastante llamativa (nos seguimos cagando de hambre). 😢

Los problemas económicos de los escritores argentinos no parecen haber desaparecido ni haberse transformado radicalmente.

En ambos relevamientos encontramos:

→ Dependencia de la docencia y los talleres.
→ Trabajos de edición, corrección y periodismo.
→ Actividades profesionales ajenas a la literatura.
→ Dificultades para sostenerse exclusivamente con regalías.
→ Autores que combinan varias fuentes de ingresos.

Naturalmente, no se trata de una investigación estadística representativa de todos los escritores argentinos. Son testimonios de autores convocados por dos publicaciones y no permiten calcular porcentajes fiables para el conjunto de la profesión.

Pero sí permiten identificar una realidad que se repite.

La publicación de un libro no garantiza ingresos suficientes. Tener varios libros publicados tampoco. Y conseguir cierta notoriedad no significa necesariamente que uno pueda abandonar su trabajo habitual.

La literatura tiene una curiosa capacidad para producir prestigio sin producir necesariamente dinero.

Una habilidad que, dicho sea de paso, no suele encontrarse entre las prioridades de las entidades bancarias.



📢
El escritor independiente

Los independientes, además de escribir, tenemos que dirigir una empresa

Porque para quienes publicamos por cuenta propia, el panorama merece una consideración adicional.

El escritor independiente no solamente debe producir sus obras. También tiene que ocuparse de buena parte de las tareas que, en una editorial tradicional, realizan otras personas.

Debe corregir, editar, maquetar, preparar archivos, diseñar cubiertas, gestionar publicaciones, promocionar sus libros, mantener sus canales de difusión, buscar lectores y, eventualmente, gestionar las ventas.

En definitiva, debe convertirse en escritor, editor, diseñador, encargado de marketing, distribuidor y departamento de atención al cliente.

Todo eso sin olvidar que, en algún momento, también debería sentarse a escribir.

La situación tiene algo de paradoja: cuanto más tiempo dedica a conseguir lectores y vender sus libros, menos tiempo puede dedicar a producir nuevos textos.

Y si decide concentrarse exclusivamente en escribir, corre el riesgo de que sus obras permanezcan en una biblioteca digital perfectamente ordenada, con portadas preciosas y una cantidad de lectores que podría reunirse cómodamente alrededor de una mesa de café.

La autopublicación ofrece libertad y control sobre la obra, pero no elimina los problemas de visibilidad, distribución y comercialización.

Publicar es relativamente sencillo. Conseguir que alguien descubra el libro, lo elija entre miles de alternativas y esté dispuesto a pagar por él es otro asunto.



📢
¿Escribir ficción es un negocio?

Aquí conviene hacer una distinción. 

No todas las formas de escritura literaria tienen las mismas posibilidades comerciales.

Una novela de entretenimiento, una novela experimental, un libro de poesía, un ensayo académico y una colección de cuentos no compiten necesariamente en los mismos mercados ni encuentran a los mismos lectores.

Tampoco tienen las mismas posibilidades de generar ingresos complementarios.

La ficción comercial puede ofrecer oportunidades vinculadas con la continuidad de personajes, las series, los géneros populares, las adaptaciones audiovisuales y la construcción de un catálogo de títulos.

Pero eso no significa que exista una fórmula garantizada.

Tener una buena historia no garantiza ventas. Escribir dentro de un género popular tampoco. Y publicar mucho no significa necesariamente vender mucho.

El mercado editorial no funciona como una máquina expendedora: uno introduce una novela, aprieta el botón de publicar y espera que salgan billetes por la ranura inferior.

Para un escritor de ficción, el trabajo creativo es apenas una parte del problema. También necesita comprender a sus lectores, conocer los canales de distribución, construir una identidad autoral y desarrollar alguna estrategia de promoción.

Y, por supuesto, necesita escribir obras que alguien quiera leer.

Esto último parece obvio, pero no siempre recibe la atención que merece.



📢
Algunas conclusiones poco románticas

Después de recorrer ambas encuestas, podemos extraer algunas conclusiones que cualquier escritor de ficción debería tener presentes.

Primera: vivir exclusivamente de los derechos de autor es posible, pero no parece ser una situación habitual, ni siquiera entre autores reconocidos.

Segunda: muchos escritores construyen su economía alrededor de actividades relacionadas con la escritura, aunque no necesariamente de sus obras literarias.

Tercera: tener otra profesión no invalida la condición de escritor. Tampoco convierte la escritura en un pasatiempo irrelevante. Simplemente significa que la actividad creativa tiene otra fuente de financiación.

Cuarta: el reconocimiento literario y el éxito económico son variables diferentes. Pueden coincidir, pero no existe una relación automática entre ambos.

Quinta: para el escritor independiente, la publicación es solamente el comienzo de un trabajo adicional que incluye edición, difusión, distribución y comercialización.

Y hay una sexta conclusión que merece especial atención: si queremos escribir ficción de manera sostenida, necesitamos una estructura económica que nos permita hacerlo.

No alcanza con tener ideas, talento, disciplina y una computadora. También hay que pagar las cuentas.



📢
Antes de despegar, revisa tu tren de aterrizaje

No escribo esto para desalentar a nadie. Tampoco para alimentar la conocida ceremonia del escritor sufriente que considera que cualquier preocupación económica contamina la pureza de su arte.

La realidad es bastante más sencilla: escribir ficción es una actividad que requiere tiempo, conocimientos, trabajo y recursos. Y, como cualquier otra actividad, necesita alguna forma de financiación.

Algunos consiguen vivir de sus libros. Otros viven de enseñar, corregir, editar o escribir por encargo. Muchos tienen otra profesión. Y otros combinan todas esas posibilidades.

No hay nada vergonzoso en ninguna de esas situaciones.

Lo que sí resulta inconveniente es construir un proyecto de escritor sobre expectativas económicas que no tienen demasiado contacto con la realidad.

Si alguien quiere escribir por placer, estupendo. Si quiere publicar para conseguir lectores, también. Y si pretende convertir la escritura en una actividad profesional, debería estudiar el mercado, calcular costos, evaluar posibilidades y entender que la calidad de una obra y su capacidad comercial no son necesariamente la misma cosa.

En definitiva, conviene aprender a volar antes de abandonar el nido.

Y siempre puede aparecer algún chico con una gomera dispuesto a recordarnos que la gravedad sigue funcionando, incluso para los escritores.

Por mi parte, después de releer este informe, pensarlo bien y hacer las cuentas, estoy considerando seriamente comprarme un disfraz de conejito, y probar suerte en alguna avenida de Buenos Aires... de noche. Total, después de tantos años escribiendo ficción, ya tengo experiencia inventando historias para justificar mis ingresos. 

Y, con un poco de suerte, quizás hasta consiga algún anticipo para pagar la luz. 🌞



Fuentes Consultadas:

✔ Patricio Zunini, «Pero de verdad: ¿de qué viven los escritores hoy?», *Infobae*, 19 de febrero de 2023.

✔
Diego Cousido (coordinación), «Literatura y Trabajo. Encuesta a escritores argentinos contemporáneos», "El Interpretador", número 34, septiembre de 2008.









 

 

 

 

 

 

 

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miércoles, 28 de octubre de 2026

Diario de Rodriac: "Los Escritos Que Nunca Publicamos"

 



☀️ Diario de Rodriac

👁️ Los Escritos Que Nunca Publicamos
por Rodriac Copen


Algunas personas miran el pasado pensando que allí todo era mejor, mas feliz, mas pleno. Le llamo "el síndrome del viejazo" 😄, que dice que todo pasado fue mejor.

Pero por algunas razones en las que no voy a detenerme, jamás he aplicado esos filtros en mi vida. Siempre he preferido mirar hacia adelante, conservando la esperanza de que las cosas mejoren.

Y algunas cosas mejoraron, claro que sí; otras, no. Pero mirar el presente y el futuro con los ojos de la esperanza me ha permitido sobrevivir a la depresión.

No soy ingenuo. No alimento esa esperanza porque esté convencido de que todo será mejor, sino porque necesito creer que algo todavía puede serlo.

Hay libros, poemas y escritos testimoniales que los autores producimos, pero que, en definitiva, nunca publicaremos. Y no lo haremos por pudor 👀.

Algunos testimonios alarmarían a las personas cercanas. Porque relatan momentos en los que hemos estado demasiado cerca de nuestros propios abismos. Otros, observados fuera de las circunstancias que los originaron, parecen melodías bucólicas u odas de autocompasión. Y quizá lo sean. Odio generar compasión hacia mí mismo. 

Lo importante es que la distancia temporal suele modificar bastante la interpretación de nuestras propias palabras. Y por eso, cuando algo es testimonial... suelo meterlo al freezer 😂. Los testimonios internos no los publico "en caliente".

Así es que muchos testimonios permanecen cerrados en algún rincón del corazón. Y tal vez nunca se publiquen. En mi caso, no he encontrado todavía a alguien ante quien sienta que vale la pena abrir esas páginas.

En las redes observo numerosos testimonios que circulan sobre las relaciones sentimentales, las decepciones y las traiciones. Hay mucho discurso sobre la confianza quebrada, sobre las heridas que dejan las relaciones y sobre la necesidad de recuperar la propia independencia. 

Sin embargo, pocas veces encuentro reflexiones sobre esas pequeñas mezquindades cotidianas, esos gestos aparentemente insignificantes que terminan erosionando la confianza de quien busca en otra persona un puerto seguro donde amarrar sus sentimientos más profundos.

Así me he sentido durante muchos años: navegando en busca de un puerto en el que nunca he conseguido atracar con la seguridad de saber que allí podría quedarme.

He conocido momentos terribles. Y también esa extraña experiencia de la soledad en compañía, cuando la presencia de alguien no alcanza para mitigar la distancia emocional. Y, sin embargo, he seguido navegando como pude. No siempre con buen viento, ni con demasiada claridad sobre el destino.

Ahora, la vejez comienza a recordarme que el tiempo no es un recurso renovable. La perspectiva de que la vida tiene un horizonte cada vez más cercano ha modificado, curiosamente, mi relación con algunas de mis propias tormentas.

He convivido con la depresión durante buena parte de mi vida. Y la experiencia me ha enseñado algo que considero fundamental: reconocerla como un estado de nuestra mente, no como una verdad sobre nuestra existencia. 

Por terrible que pueda resultar un episodio, sé que sus síntomas pueden ceder. A veces tardarán más, otras menos, pero he aprendido que no debo confundir lo que siento durante una crisis con lo que realmente soy ni con lo que será mi vida cuando haya pasado.

No es que haya encontrado todas las respuestas ni que haya dejado de tener mis monstruos interiores. Quizá simplemente he aprendido a reconocerlos y a no concederles siempre el mando de la embarcación.

No tengo temor a la muerte. Pero tampoco he perdido el interés por el mañana.

En fin, sospecho que muchos escritores publicamos, de vez en cuando, testimonios de esta naturaleza. Los disfrazamos de reflexiones, los escondemos detrás de alguna metáfora o los presentamos como pequeñas observaciones sobre la condición humana. Son subterfugios del pudor, quizás, ante esa terrible soledad de las almas sensibles.

¿Qué puedo hacer con eso? 

No puedo pretender que la sensibilidad venga acompañada de un manual de instrucciones.

O quizá si, pero es una traducción no muy feliz de su idioma original, cualquiera sea ese.







 

 

 

 

 

 

 

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La SciFi Que Nadie Te contó: "Gilgamesh El Inmortal"

 



🍀 La SciFi Que Nadie Te contó

⌚ Gilgamesh El Inmortal
por Rodriac Copen


⚠️ Este artículo permite descargar y leer todo el material referenciado ⚠️



En la historia de la ciencia ficción argentina, Gilgamesh, el Inmortal ocupa un lugar singular. Unico. Y lo afirmo: es más importante para la historia argentina de la SciFi que "El Eternauta". Y es singular no solo por haber convertido una figura de la antigua Mesopotamia en protagonista de una saga futurista, sino por haber demostrado que la historieta nacional podía abordar cuestiones filosóficas, existenciales y universales sin renunciar a la aventura y al entretenimiento.

Creada por Lucho Olivera a fines de los años sesenta, la obra fue mucho más que una historieta de ciencia ficción: constituyó un experimento narrativo que combinaba mitología, historia, especulación científica y reflexión sobre el destino de la humanidad. En una época en la que la historieta era uno de los grandes vehículos de la cultura popular argentina, Gilgamesh demostró que una publicación comercial podía convertirse también en un espacio para explorar las grandes preguntas de la existencia.

Su legado no reside únicamente en las aventuras de un hombre condenado a vivir para siempre, sino también en la audacia de haber imaginado una ciencia ficción argentina capaz de dialogar con la historia universal y con las preocupaciones más profundas de la condición humana.

Gilgamesh, el Inmortal nació de la imaginación de Lucho Olivera, no de Robin Wood, como suele suponerse. 



🎯
Cómo nació Gilgamesh, el Inmortal

Luis «Lucho» Olivera (1942-2005) ya había alcanzado notoriedad con Nippur de Lagash, que creó junto con Robin Wood en 1967. Ambos compartían el interés por la historia y las civilizaciones antiguas, pero para Gilgamesh Olivera decidió emprender un camino propio: escribir y dibujar una historieta de ciencia ficción basada en el legendario rey sumerio. 

La primera historia apareció en el anuario de la revista D'Artagnan de Editorial Columba, correspondiente a 1969 —con fecha de tapa de enero de 1970 según algunas investigaciones—, bajo el título «Yo, Gilgamesh, el inmortal». Era un episodio unitario, no todavía una serie regular. 

La premisa era audaz: el personaje procedía de la mitología mesopotámica, pero Olivera lo transformaba en protagonista de una historia de ciencia ficción. En esta versión, Gilgamesh obtenía la inmortalidad gracias a un extraterrestre llamado Utnapistim. El antiguo monarca quedaba así condenado —o privilegiado, según cómo se mire— a contemplar el transcurso de los siglos y la transformación de la humanidad. 

En una entrevista realizada en 2001 y publicada posteriormente por Comiqueando, Olivera explicó varios aspectos de la creación y evolución de la historieta. Hay tres detalles que merecen atención:

✔ La libertad creativa: afirmó que Editorial Columba no le puso restricciones cuando propuso el personaje.

✔ Sus influencias literarias: mencionó que leía a Asimov, Bradbury, Philip K. Dick y Harlan Ellison, entre otros autores de ciencia ficción.

✔ La ambición filosófica: contó que quería incorporar reflexiones sobre Sócrates, Platón, santo Tomás de Aquino y Kant. También imaginó encuentros de Gilgamesh con Freud y Einstein. 
  
Puedes leer la entrevista completa aquí: «Lucho, por la historieta (parte 2)», en Comiqueando.

¿Y cuál fue la chispa original?

Acá hay que distinguir entre lo documentado y lo que todavía no pude confirmar: no encontré una declaración de Olivera que relate exactamente el instante en que se le ocurrió crear a Gilgamesh, ni una anécdota comprobada del tipo «estaba leyendo tal libro cuando se me ocurrió la idea». (El periodismo de investigación es duro... jajaja 😆)

Lo que sí sabemos es que tomó un personaje de una de las grandes epopeyas de la humanidad y le dio una vuelta de tuerca de ciencia ficción: en lugar de limitarse a buscar el secreto de la vida eterna, Gilgamesh debía experimentar sus consecuencias a lo largo de eras enteras. La genial propuesta tuvo suficiente repercusión como para que Columba le encargara continuarla como serie. 

Y eso tiene una ironía aleatoria narrativa formidable: el héroe de una de las historias más antiguas sobre el miedo a la muerte se convirtió en protagonista de una historieta argentina de ciencia ficción sobre el problema de tener demasiado tiempo para vivir.

Porque si algo trasciende a lo largo de toda la saga, es eso: el hastío de la inmortalidad.



🎯
La Inmortalidad como Castigo Eterno

En Gilgamesh el Inmortal, el hastío de la vida no es un simple aburrimiento, sino la maldición central del personaje: una profunda crisis existencial donde la inmortalidad transmuta de bendición a una agobiante carga psicológica. 

A diferencia del mito sumerio original —donde el rey busca desesperadamente escapar de la muerte— el Gilgamesh de la Historieta obtiene la eternidad de manos del alienígena Utnapishtim, descubriendo que el verdadero horror no es morir, sino la imposibilidad de hacerlo. 

El tedio y la melancolía que atraviesan la obra se manifiestan a través de varios ejes argumentales mantenidos en la saga:

• La repetición cíclica de la autodestrucción humana: Gilgamesh camina a través de los siglos desde la antigua Mesopotamia hasta un futuro probable de ciencia ficción, intentando guiar y salvar a la humanidad. Sin embargo, el hastío florece al ver que las sociedades humanas repiten indefinidamente los mismos errores, guerras y crueldades. Así es que protagonista se convierte a lo largo de los milenios en el "mudo testigo de la locura humana", lo que desgasta su empatía y lo sumerge en el cinismo. 

• La paradoja de Utnapishtim: Utnapishtim es un personaje mencionado en la epopeya real, pero en la historieta, Olivera  lo reconvierte en un alienígena que tiene un accidente y queda varado en la Tierra. El origen de su don ya anticipa el vacío de la eternidad. El marciano le otorga la inmortalidad a Gilgamesh y confiesa que él mismo renunció a ella precisamente por el hastío crónico que le provocó vivir 150,000 años. Gilgamesh, como buen terrícola que no vive para aprovechar las experiencias ajenas, ignora esta advertencia inicial, para luego experimentar exactamente el mismo destino. 

• La soledad y el desapego absoluto: Al no envejecer, Gilgamesh ve morir a todos sus seres queridos como esposas, hijos, amigos y civilizaciones enteras. Este goteo constante de pérdidas lo obliga a aislarse emocionalmente; encariñarse con los mortales se vuelve una fuente de sufrimiento. El aburrimiento nace también de la falta de sorpresas: el héroe lo ha visto, aprendido y vivido todo, perdiendo la capacidad de asombro. 

• El clímax del vacío (el holocausto nuclear): El punto álgido de su hastío ocurre cuando la humanidad finalmente se extingue en una guerra nuclear. Gilgamesh queda completamente solo en un planeta desierto, vagando entre ruinas silenciosas. En este escenario, la inmortalidad pierde cualquier propósito, empujándolo a buscar la forma de revertir su condición o encontrar un nuevo sentido en los confines del espacio exterior. 



🎯
El Arco de su Desarrollo

A lo largo de sus diferentes etapas en la Editorial Columba, las vivencias de Gilgamesh el Inmortal trazan una parábola trágica que va desde la gloria monárquica hasta la soledad cósmica. Su inmortalidad no es estática, sino una evolución psicológica marcada por el dolor, el vacío y la búsqueda de redención.


1. La Era Antigua y el Regalo de la Eternidad

• El rey guerrero: Gilgamesh comienza como el ambicioso soberano de la ciudad sumeria de Uruk. Es un hombre de acción, fuerte y orgulloso, pero aterrorizado por la vejez y la muerte tras perder a su gran amigo Enkidu.

• El encuentro con Utnapishtim: En lugar de buscar una planta mágica como en el mito, se topa con la tecnología avanzada del alienígena Utnapishtim (el "No-Muerto"). El extraterrestre le otorga la inmortalidad mediante un proceso científico. Gilgamesh cree haber alcanzado la gloria máxima, ignorando el peso real del don.


2. El Peregrinaje Histórico y el Desgaste Emocional

• Testigo de los siglos: Gilgamesh atraviesa toda la historia humana. Camina junto a faraones, combate en las Guerras Mundiales y observa el nacimiento y caída de imperios.

• La tortura de la pérdida: Durante milenios intenta amar y formar familias, pero ver envejecer y morir a decenas de esposas e hijos destruye progresivamente su capacidad afectiva. Empieza a desarrollar una coraza fría para no volverse loco de dolor.

• La desesperanza: Intenta guiar a los hombres como un filósofo o un guerrero pacificador, pero la humanidad siempre regresa a la barbarie. Aquí nace su profundo cinismo y el hastío existencial.


3. El Apocalipsis y la Soledad Absoluta

• El planeta muerto: El mayor temor de Gilgamesh se hace realidad cuando la humanidad se autodestruye por completo en un holocausto nuclear. Él sobrevive, pero queda atrapado en un mundo desierto, convertido en un cementerio radioactivo.

• Los siglos de locura: Durante esta etapa (la más oscura de la obra), el personaje vaga solo por la Tierra muerta durante siglos. Habla con fantasmas y estatuas. La falta de estímulos y la soledad absoluta lo llevan al borde de la demencia total; la inmortalidad ya no es un hastío, es un infierno.


4. La Era Tecnológica y el Renacimiento Cósmico

• El escape al espacio: Gilgamesh logra salir de la Tierra usando la tecnología olvidada de Utnapishtim. En el espacio exterior encuentra nuevas civilizaciones, robots y razas alienígenas. Su propósito se renueva temporalmente al convertirse en un protector del cosmos.

• El regreso de la humanidad: En una de las etapas posteriores, se revela que los humanos sobrevivientes clonados o dispersos por el espacio, regresan. Gilgamesh asume un rol mesiánico, protegiendo a esta nueva estirpe humana en un futuro hipertecnológico y de viajes estelares.

La Finalización de su Historia

El final de Gilgamesh varía según la etapa y el guionista (ya que la historieta tuvo relanzamientos y continuaciones), pero el desenlace más icónico y metafísico está ligado a la conclusión de su ciclo cósmico y existencial.

La disolución en el Absoluto y la paz eterna: Tras eones de existencia, habiendo cumplido su rol como salvador y memoria viviente del universo, Gilgamesh finalmente encuentra la forma de liberarse de su cuerpo físico indestructible. No muere de una forma trágica o violenta; en su lugar, logra trascender la materia. Su conciencia se desprende y se fusiona con la energía del universo, alcanzando un estado de iluminación pura.

Al final, Gilgamesh deja de ser un hombre maldito por el tiempo para convertirse en parte del todo, logrando por fin la recompensa que buscó durante milenios: el descanso y la paz definitiva.




🎯
El Control Creativo

Olivera mantuvo el control creativo de Gilgamesh, el Inmortal en dos sentidos distintos: fue el autor integral de los primeros diez episodios y continuó dibujando la historieta durante prácticamente toda su trayectoria editorial, aunque los guiones pasaron a manos de otros escritores. 


La cronología más precisa que pude armar fue esta:

Período             Guion                 Papel de Olivera

1969-1973 aprox.    Lucho Olivera,        Creador, guionista y 
                    episodios 1 al 10     dibujante.

1970-1975           Sergio Mulko,         Deja de escribir  
                    desde episodio 11     regularmente,
                                          pero sigue dibujando.

1980-1985           Robin Wood            Olivera continúa como 
                                          dibujante; Wood reescribe
                                          la historia desde el
                                          comienzo.


1980-1994 aprox.    Ricardo Ferrari, 
     Olivera sigue al frente
                    desde episodio 67     del apartado gráfico.

1995 en adelante    Alfredo Grassi        Olivera continúa vinculado
                                          a la serie, cuya última
                                          etapa queda inconclusa.


Olivera dibujó Gilgamesh hasta aproximadamente 1995, aunque la historieta siguió publicándose hasta 1998, con participación de ayudantes. Por lo tanto, conviene distinguir entre el final de su trabajo gráfico personal y el final de la publicación. 

Hay, además, una declaración del propio Olivera en una entrevista de 2001. Cuando le preguntaron si la gente creía que Robin Wood había creado a Gilgamesh por haber escrito posteriormente sus aventuras, respondió: «Era un momento, en el que yo no podía escribir y dibujar al mismo tiempo. Era demasiado esfuerzo mental».

La frase ayuda a entender por qué Robin Wood quedó tan asociado al personaje, pese a que la creación original fue de Olivera. 

Olivera dejó de ser el guionista principal hacia el episodio 11, pero no cedió el personaje en el sentido de abandonar su realización gráfica. La historieta fue evolucionando mediante distintos guionistas mientras él siguió dándole forma visual durante más de dos décadas.

Sergio Mulko, bajo el seudónimo de Leo Gioser, estuvo a cargo de los guiones de Gilgamesh, el Inmortal desde el episodio 11 hasta el 33, entre 1973 y 1975, aproximadamente. 

La secuencia fue la siguiente:

Etapa                         Responsable

Episodios 1–10 (1969–1973)    Lucho Olivera: guion y dibujo 

Episodios 11–33 (1973–1975)   Sergio Mulko / Leo Gioser: guion
                              Olivera: dibujo

Desde 1980                    Robin Wood reescribe la serie 
                              desde el comienzo
                              Olivera: dibujo

La primera etapa completa terminó con el episodio 33, publicado en D’Artagnan n.º 365, con fecha de tapa de octubre de 1975. 

Lo interesante es que Mulko no se limitó a reemplazar a Olivera como guionista. Sus historias profundizaron en la psicología de Gilgamesh y acentuaron los componentes metafísicos y esotéricos. Esa etapa incluye Arenas Rojas, publicada originalmente a partir de 1974. 

Cuando Robin Wood retomó al personaje en 1980, no continuó simplemente desde el episodio 34, sino que reescribió la saga desde el capítulo 1. Por eso existen dos recorridos narrativos distintos de Gilgamesh: el original de Olivera y Mulko, y la versión posterior de Wood.

Quizá esta discontinuidad del guionista, junto a la reescritura de Wood hacia 1980 dejó en toda la serie esa imagen de "emparches" y discontinuidad lógica.



🎯
Conclusiones

La importancia de "Gilgamesh, el Inmortal" no se limita a la calidad de sus historias ni a la originalidad de su protagonista. Su verdadera innovación consistió en tomar un personaje procedente de una de las tradiciones literarias más antiguas de la humanidad y utilizarlo como punto de partida para construir una saga de ciencia ficción que atravesaba la historia, especulaba sobre el futuro y reflexionaba sobre el sentido de la existencia.

A fines de los años sesenta, cuando la ciencia ficción internacional ya había explorado numerosas variantes del viaje espacial, los robots y los futuros distópicos, Lucho Olivera encontró una posibilidad diferente: convertir la inmortalidad, una preocupación que acompañaba al ser humano desde la Antigüedad, en el motor de una narración que podía extenderse durante milenios. El resultado fue una obra en la que la mitología no funcionaba como una simple ambientación exótica, sino como el punto de partida para imaginar el futuro.

Gilgamesh no era un astronauta llegado de una galaxia lejana ni un héroe nacido en una sociedad imaginaria. Era un personaje asociado a los orígenes mismos de la literatura, reconstruido mediante los recursos de la ciencia ficción. Esa combinación permitía establecer un puente entre el pasado remoto y el porvenir, entre las preguntas de las primeras civilizaciones y los dilemas de una humanidad capaz de destruirse a sí misma.

Pero existe otra dimensión de esta historia que merece tanta atención como la propia obra: el ecosistema editorial que hizo posible su existencia.

"Gilgamesh" nació dentro de una industria de historietas que contaba con editoriales, revistas periódicas, guionistas, dibujantes, ayudantes, distribuidores y una masa de lectores acostumbrados a seguir historias por entregas. Aquel sistema ofrecía algo fundamental para la creación narrativa: continuidad. Los autores podían desarrollar personajes durante años, experimentar con argumentos, cambiar de registro y explorar ideas que difícilmente habrían encontrado espacio en una publicación aislada.

La historieta popular no era solamente un producto terminado que llegaba a manos de un lector. Era también una escuela informal de narración, un laboratorio de procedimientos y una puerta de entrada a otros mundos imaginarios. Sus lectores aprendían a reconocer personajes, seguir tramas complejas, interpretar imágenes y palabras, y regresar cada semana o cada mes para descubrir cómo continuaba una historia. Muchos de ellos, además, terminarían acercándose a la literatura, al cine y a otras formas de ficción a través de ese primer contacto con la aventura ilustrada.

La trayectoria de "Gilgamesh" revela, al mismo tiempo, las posibilidades y las limitaciones de aquel modelo. La participación sucesiva de distintos guionistas permitió prolongar la vida editorial del personaje, pero también introdujo cambios de orientación y discontinuidades narrativas. La obra sobrevivió a su concepción original porque existía una estructura industrial capaz de sostenerla, aunque esa misma dinámica no siempre garantizara una continuidad argumental rigurosa.

En este aspecto, la experiencia argentina guarda cierto paralelismo con la del "bolsilibro" español. Durante décadas, aquellas novelas populares de pequeño formato, producidas en grandes cantidades y dedicadas a géneros como la ciencia ficción, el oeste, el misterio o la aventura, contribuyeron a mantener vivo el hábito de la lectura entre públicos amplios. No fueron necesariamente obras maestras ni pretendían serlo todas; su importancia cultural también residió en la frecuencia con que ponían historias al alcance de sus lectores y en la comunidad de autores, editores y aficionados que ayudaron a construir.

La comparación no implica que ambos fenómenos fueran idénticos. La historieta argentina y el bolsilibro español tenían formatos, tradiciones y mecanismos industriales diferentes. Sin embargo, compartían una virtud decisiva: hacían de la ficción una presencia habitual en la vida cotidiana. Antes de que las pantallas ocuparan buena parte del tiempo libre, aquellas publicaciones ofrecían mundos a los que se podía regresar, personajes con los que crecer y relatos que alimentaban la imaginación.

No sería riguroso atribuir a "Gilgamesh", por sí solo, la formación de una tradición lectora argentina. Esa tarea correspondió a un entramado mucho más amplio, en el que participaron las revistas de historietas, los libros populares, las colecciones de ciencia ficción, las editoriales y generaciones de creadores. Pero sí puede considerárselo una de las expresiones más interesantes de aquel ecosistema: una obra que encontró en una publicación comercial el espacio necesario para desarrollar una propuesta ambiciosa y personal.

Quizá esa sea la lección más importante que deja su historia. Para que exista una tradición de ciencia ficción no basta con que aparezcan autores talentosos. También hacen falta publicaciones que les permitan trabajar, editores (como trato de ser yo mismo) dispuestos a asumir riesgos, lectores que acompañen las historias y una industria capaz de sostener la continuidad de ese vínculo.

Lucho Olivera imaginó a un hombre que no podía morir. Sin proponérselo necesariamente, su creación también nos recuerda algo sobre la cultura: las historias pueden sobrevivir a sus autores, transformarse en manos de otros y continuar circulando mucho después de su nacimiento.

Una tradición narrativa no se construye solamente con obras memorables. Se construye, sobre todo, cuando una sociedad encuentra la manera de producirlas, publicarlas, leerlas y transmitirlas a la siguiente generación.


Mencionado en el Artículo:

✔ Columberos: Gilgamesh 1
✔ Columberos: Gilgamesh 2
✔ Columberos: Gilgamesh 3
✔ Columberos: Gilgamesh 4
✔ Columberos: Nippur de Lagash
✔ Columberos: Nippur de Lagash 2000
✔ Editorial Columba 
✔ Episodio 1 - Yo, Gilgamesh El Inmortal (PDF)
✔ Gilgamesh, El Inmortal de Lucho Olivera y Sergio Mulko
✔ La Epopeya de Gilgamesh (Original en Español)
✔ Nippur de Lagash
✔ Reportaje a Sergio Mulko
✔ Reportaje a Ricardo Luis Olivera
✔ Reportaje a Ricardo Luis Olivera en Comiqueando
✔ Revista Comiqueando (Sitio Oficial)
✔ Revista Comiqueando (Wikipedia)
✔ Revista D'artagnan
✔ Ricardo Luis Olivera
✔ Robin Wood 
✔ Sergio Mulko
✔ Utnapishtim 







 

 

 

 

 

 

 

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