✨ Diario de Rodriac - Ensayo Filosófico
🔥 El Misterio de la Felicidad
por Rodriac Copen
El ser humano no parece estar diseñado simplemente para sobrevivir, sino para sentir que su existencia tiene algún sentido o propósito.
Tanto si crees en un dios, en la ciencia, en el universo o en el azar, eso resulta fascinante.
Y esa percepción produce una paradoja extraña en la naturaleza humana.
Las personas podemos tener comida, seguridad, afecto, dinero, salud, reconocimiento... y aun así sentirnos profundamente infelices.
Por el contrario, una persona puede vivir en condiciones objetivamente difíciles y experimentar momentos de felicidad extraordinaria.
Por eso sospecho que la felicidad tiene varias capas.
⭐ La felicidad en la SciFi
Jack Vance trató este tema magníficamente en "Los ojos del sobremundo" (The Eyes of the Overworld, 1966), protagonizada por Cugel el Astuto, dentro de la saga de La Tierra Moribunda.
El autor construyó allí una reflexión que puede leerse como una magnífica metáfora de la sociedad de consumo occidental
En Los ojos del Sobremundo, las gafas no son simplemente un artefacto fantástico. Funcionan casi como una metáfora materializada del autoengaño humano.
Vance no necesitó decir: "Los seres humanos prefieren una realidad agradable a una realidad verdadera." ( Ese tema también se trató en "The Matrix" ). El autor hace algo mucho mejor: construye una sociedad en la que eso literalmente ocurre.
Las gafas permiten que sus usuarios vean una realidad conveniente mientras la realidad objetiva está ahí, delante de ellos. Y lo verdaderamente perturbador es que no necesitan estar obligados a usarlas. Las utilizan porque la realidad verdadera les resulta desagradable.
Ahí Vance toca algo muy profundo: que el autoengaño no necesita un mentiroso
Estamos acostumbrados a pensar en la mentira como la situación en la que alguien miente y otro cree la mentira.
Pero existe otra estructura mucho más interesante desde el punto de vista sicológico: los individuos ven la realidad interpretándola de manera conveniente para darse tranquilidad.
Nadie tiene necesariamente que engañar al ser humano. Porque puede hacerlo por sí mismo.
Tal vez nuestra pulsión hacia la felicidad produce una tentación peligrosa: si la realidad no coincide con aquello que necesitamos para sentirnos bien, podemos modificar nuestra percepción de la realidad.
No podemos cambiar el mundo. Pero podemos cambiar la historia que nos contamos sobre él.
Y eso puede funcionar extraordinariamente bien. Al menos durante un tiempo.
Y aquí Vance es bastante cruel. Porque las gafas llevan esa idea hasta el absurdo.
No se trata simplemente que alguien diga "Mi matrimonio es maravilloso" cuando evidentemente no lo es. Es alguien que literalmente ve otra cosa.
Y esta es una idea muy de ciencia ficción: ¿Qué ocurriría si pudiéramos eliminar de nuestra percepción todo aquello que nos hace infelices?
La respuesta de Vance parece ser que probablemente construiríamos una realidad maravillosa... y viviríamos completamente engañados dentro de ella.
Y hay algo todavía más inquietante. Quizás ya hacemos una versión rudimentaria de eso.
Nuestras creencias, ideologías, prejuicios, recuerdos, expectativas y deseos funcionan en cierta medida como filtros.
No vemos la realidad desnuda. Vemos una realidad interpretada por nosotros.
Por eso creo que Los ojos del sobremundo puede leerse casi como una novela sobre epistemología disfrazada de fantasía extravagante ¿Cuánta realidad estamos dispuestos a sacrificar para conservar nuestra felicidad?
Y entonces aparece una posibilidad bastante incómoda: quizá la felicidad y la verdad no siempre sean amigas.
⭐ La pulsión básica es conservarse
La primera capa del individuo es evidentemente biológica.
Un organismo que no buscara aquello que favorece su supervivencia desaparecería. El hambre nos empuja hacia la comida; la sed hacia el agua; el deseo sexual hacia la reproducción; el miedo nos aleja del peligro.
Y probablemente el placer funciona, en parte, como una especie de sistema de recompensa evolutivo.
Como si nuestro cerebro nos dijera "Esto que estás haciendo favorece tu existencia. Repítelo."
Pero el fenómeno del suicidio revela que la pulsión de conservarse no es suficiente para explicar al ser humano.
Y en esto hay una paradoja impresionante. Si bien los organismos parecen decir "quiero seguir existiendo", un ser humano en particular puede llegar a decir "no quiero seguir existiendo".
Eso no es una pequeña anomalía dentro del "sistema humano". Es una de las cosas que hacen al ser humano particularmente extraño.
⭐ El animal y el problema del "yo"
En términos evolutivos, la autoconservación tiene bastante sentido. Un individuo que evita morir tiene mayores probabilidades de sobrevivir y reproducirse.
Pero el ser humano posee algo extraordinario. Y es que puede convertir su propia existencia en objeto de pensamiento.
No solamente experimenta dolor. Puede pensar "este dolor no va a terminar".
Eso lo pone en una situación terrible, porque puede pensar que su vida entera se ha convertido en dolorosa. Y todavía puede dar un paso más al pensar que desapareciendo, también desaparecerá la experiencia que le causa el dolor.
Es decir, que la propia conciencia del individuo puede llegar a oponerse reflexivamente al mecanismo biológico que la sostiene.
Ahí está la paradoja.
Podemos hablar de un funcionamiento profundamente alterado que le lleva a la desesperación extrema. Pueden haber trastornos psiquiátricos, intoxicaciones que le impiden pensar con claridad, dolor insoportable, aislamiento, trauma, etc.
Históricamente también existen suicidios vinculados con cuestiones como el honor, el sacrificio, la protesta política, la desesperación filosófica o la percepción de haber perdido aquello que hacía que la vida tuviera sentido.
Eso no significa que esas decisiones sean necesariamente racionales o que la persona esté viendo la situación correctamente.
Significa algo más inquietante, y es que la pulsión de autoconservación puede llegar a quedar anulada o profundamente alterada por el sufrimiento y por la interpretación que el individuo hace de su propia existencia.
Pero hay una distinción que me parece fundamental.
Al analizar el suicidio quizá deberíamos separar el deseo de morir del pensamiento que lleva a pensar a una persona que no quiere seguir viviendo de una determinada manera.
Porque no son necesariamente lo mismo.
Muchas veces, cuando una persona dice que quiere morir, lo que está expresando es algo parecido a querer terminar con la experiencia. Es decir que identifica la desaparición de sí mismo como la única salida imaginable.
Esto conecta con lo anterior. Si el ser humano necesita no solamente existir sino encontrar algún tipo de sentido en su existencia, entonces una vida percibida como absolutamente carente de sentido puede entrar en conflicto con el instinto de supervivencia.
El organismo desea vivir, pero si la mente no encuentra una respuesta al actual sufrimiento, aparece una fractura terrible.
Sabemos que el ser humano puede sacrificar su propia existencia por algo que considera superior a su supervivencia.
✔ Un padre puede morir por su hijo.
✔ Un soldado puede morir por sus compañeros.
✔ Un mártir puede morir por su fe.
✔ Un revolucionario puede morir por una causa.
✔ Un explorador puede arriesgarse hasta la muerte por descubrir algo.
Desde una perspectiva puramente biológica, parecen conductas absurdas. Pero desde la perspectiva del individuo, pueden tener perfectamente sentido porque existe una jerarquía de valores:vida → familia → dignidad → verdad → libertad → sentido...
Y llegado cierto punto, la persona puede considerar que vivir contradiciendo aquello que considera esencial es peor que morir.
Por eso creo que el misterio de la felicidad y el misterio del suicidio están sorprendentemente relacionados.
Ambos nos dicen que para el ser humano la mera conservación biológica no basta.
La vida biológica tiende a conservarse. Pero el ser humano necesita además encontrar una razón para querer vivir.
Y quizá por eso la pregunta fundamental no sea "¿Por qué queremos ser felices?" sino:
"¿Qué tiene que ocurrir dentro de una conciencia para que la existencia misma llegue a parecernos deseable?"
⭐ El ser humano no quiere placer. Quiere plenitud
Hay una diferencia fundamental entre placer y felicidad.
Los humanos pueden comer algo delicioso y sentir placer. Cinco minutos después ya no significa nada. Puede comprar algo que desea y experimentar euforia. Una semana después eso mismo forma parte del mobiliario.
Pero determinadas experiencias tienen otra cualidad. Por ejemplo contemplar algo hermoso, amar a alguien, crear algo, comprender algo, ayudar a otra persona, superar una dificultad, descubrir una verdad.
Un animal puede luchar por sobrevivir.
Pero el ser humano puede llegar a preguntarse para qué quiere sobrevivir.
En el ser humano, una vez que aparece la conciencia reflexiva, la supervivencia deja de ser suficiente.
Podemos imaginar perfectamente una vida en la que tengamos absolutamente todo lo necesario para sobrevivir y, sin embargo, una persona puede pensar que no quiere vivir así.
Eso explica fenómenos aparentemente absurdos como personas que abandonan carreras exitosas, matrimonios estables, fortunas enteras, posiciones sociales de poder o comodidades para empezar de nuevo.
Visto desde fuera parece irracional. Pero observado desde dentro puede ser perfectamente racional porque quizá eso no es la vida que la persona quiere.
⭐ La felicidad parece apuntar hacia fuera del individuo
Cuanto más pienso en esto, más sospecho que la felicidad tiene una característica paradójica.
Cuando el ser humano persigue directamente a la felicidad, ésta suele escaparse.
✔ "Quiero tener dinero." → Lo consigue
✔ "Quiero reconocimiento." → Lo consigue
✔ "Quiero encontrar pareja." → Lo consigue
✔ "Quiero viajar." → Viaja
Y después aparece nuevamente el vacío.
Pero cuando el ser humano está profundamente absorbidos por algo, como crear, amar, descubrir, enseñar, conversar, contemplar, resolver un problema, muchas veces deja de pensar en la felicidad propia.
Y justamente entonces aparece.
Es casi como si la felicidad fuera un subproducto de estar orientados hacia algo que consideramos valioso o superior.
⭐ Aristóteles
Aristóteles tenía una intuición extraordinariamente moderna: la felicidad (eudaimonía) no era simplemente una emoción agradable.
Era el el sentido de una vida realizada, que no significaba simplemente "sentirse bien".
Significa, aproximadamente, llegar a ser aquello que uno puede llegar a ser. Algo parecido a la plenitud del ser.
Quizás el hombre no desea simplemente "sentirse feliz". Tal vez su programación (si la tiene) le lleva a buscar realizar el máximo de sus posibilidades.
✔ El escritor quiere escribir.
✔ El músico quiere hacer música.
✔ El científico quiere comprender.
✔ El padre quiere criar.
✔ El amante quiere amar.
✔ El aventurero quiere explorar.
Y cuando una persona siente que está haciendo aquello para lo que considera que existe, aparece una felicidad muy diferente del placer efímero.
⭐ ¿Por qué tenemos esa necesidad?
Podemos explicar evolutivamente muchas cosas como el hambre, el sexo, el miedo, la cooperación.
Pero hay algo más difícil de comprender y es el por qué una criatura biológica necesita significado.
¿Por qué al ser humano le atormenta la sensación de estar desperdiciando la vida?
¿Por qué las personas pueden sufrir no porque les falte algo material, sino porque sienten que sus existencias no significan nada?
Y aquí la ciencia puede describir bastante bien los mecanismos neuronales asociados a recompensa, motivación, apego, etc.
Pero describir el mecanismo no necesariamente responde la pregunta filosófica.
Es como explicar perfectamente cómo funciona un violín y creer que con eso hemos explicado por qué alguien lloró al escuchar la música.
⭐ El bien efímero y el bien último
Hay una idea tomista que me parece particularmente poderosa, y es que el hombre puede confundir el objeto de su deseo con aquello que realmente busca.
🔹 Busca dinero, pero quizá está buscando seguridad.
🔹 Quiere reconocimiento, pero tal vez busca dignidad.
🔹 Busca sexo, pero quizá necesita intimidad.
🔹 Quiere poder, pero quizá busca sentir que su existencia importa.
🔹 Busca entretenimiento, pero tal vez busca escapar de sí mismo.
Y entonces ocurre la tragedia porque el hombre confunde el instrumento con el fin.
Obtenemos los instrumentos y descubrimos que seguimos teniendo hambre porque no hemos explorado el fin último que ese instrumento nos proporciona.
Eso podría explicar buena parte de la insatisfacción humana.
⭐ La felicidad tal vez no es sentirse bien
Tal vez la pulsión universal hacia la felicidad no significa que todos los seres humanos quieran sentirse bien.
Tal vez significa que quieren que la existencia sea buena, plena.
No simplemente agradable. Buena. Plena.
El ser humano tal vez quiere poder mirar su propia vida y decir que sí, que su vida mereció ser vivida.
Eso explicaría por qué la felicidad está relacionada con cosas tan distintas como el amor, la verdad, la belleza, la creación, la amistad, el sacrificio, la aventura, la familia, la libertad y hasta la espiritualidad.
Son caminos completamente diferentes que, sin embargo, parecen producir una misma sensación fundamental. Hacen sentir al individuo que está en el lugar que debe estar.
Y ahí aparece una pregunta inquietante: ¿por qué las personas tenemos esa sensación de "deber estar" en algún lugar?
Un animal puede querer estar a salvo. Pero el ser humano quiere estar en el lugar correcto dentro de la existencia.
Quizá ese sea el verdadero misterio de la felicidad.
Mencionado en el Artículo:
✔ Jack Vance
✔ Cugel El Astuto
✔ La Tierra Moribunda
✔ Los Ojos del Sobremundo
✔ The Matrix

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