viernes, 25 de septiembre de 2026

Portada de la Web del Escritor Rodriac Copen

 




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jueves, 24 de septiembre de 2026

Conversaciones imposibles: "El Vibrador y el Fin de la Humanidad"

 


🍀 Conversaciones imposibles

🌹 El Vibrador y el Fin de la Humanidad
por Rodriac Copen


—"Yo digo que la tecnología está avanzando a una velocidad preocupante,"— anunció Ray Fiamma, mientras destapaba otra botella de vino —"Hace veinte años, para tener una aventura necesitabas una amante, un auto y una cantidad considerable de mentiras. Ahora te comprás un aparatito por internet y te llega a tu casa en una caja que dice «repuesto para impresora»"—

—"¿Y qué tiene de malo?"— preguntó Carolina Leiva, su novia—"Por lo menos el aparato no te deja ropa interior en el asiento del acompañante"—

—"Depende del aparato."— intervino Juana Kafka —"El mío tiene seis velocidades, tres modos de vibración y una función que todavía no sé para qué sirve, pero que debe de haber sido inventada por un ingeniero divorciado."—

Los seis amigos estallamos en carcajadas.

Estábamos reunidos en nuestra casa, la que comparto con Juana. Ray Fiamma y Carolina Leiva llevaban años conviviendo juntos. El Loco Pérez y Lucy Moonwick, algo menos. Juana y yo... digamos que bastantes.

Entre los seis acumulábamos más experiencia conyugal que un congreso internacional de terapeutas de pareja. Y, como suele suceder con la gente que lleva mucho tiempo compartiendo techo, habíamos desarrollado una peligrosa habilidad para hablar de cualquier cosa sin el menor respeto por la solemnidad.

—"Yo tengo una pregunta."— dijo Lucy Moonwick, inclinándose hacia la mesa —"¿Ustedes usarían un juguete sexual en pareja?"—

El Loco Pérez la miró.

—"¿Eso es una pregunta hipotética o me estás avisando de una compra?"—

—"Es una pregunta, querido. No te pongas nervioso."—

—"Es que la última vez que me hiciste una pregunta así, terminé armando un placard de tres puertas."—

—"¡Porque no entendías las instrucciones!"—

—"Las instrucciones estaban en chino."—

—"Pero vos decís que tenés la habilidad de un ingeniero ¿no?"—

—"Precisamente. Y también sé reconocer cuándo una civilización es superior a la mía"—


Yo me serví algo de vino. La charla venía con todos los ingredientes para hacerla un intercambio divertido.

—"Yo no tengo problemas con los juguetes sexuales. Lo que me preocupa es que cada vez vienen más sofisticados. Antes un juguete era un objeto. Ahora tiene control remoto, conexión Bluetooth, aplicación para el celular y probablemente una política de privacidad más invasiva que la de Facebook."—

—"¿Y qué datos podría recopilar?"— preguntó Ray Fiamma.

—"Frecuencia de uso, duración, intensidad, horarios..."—

—"¿Y eso para qué le sirve a una empresa?"—

—"Para venderte publicidad personalizada. Estás en el supermercado y te llega una notificación: «Señor Rodriac, hace tres semanas que no utiliza nuestro producto. ¿Problemas conyugales? Tenemos una promoción en lubricantes»."—


Juana levantó su copa.

—"Por fin una empresa que se preocupa por nuestro matrimonio"—

—"A mí me preocupa otra cosa."—
dijo Carolina Leiva —"Imaginate que el aparatito se conecte por error al televisor."—

—"¿Qué tiene que ver el televisor?"—

—"Que el otro día Ray Fiamma quiso conectar los auriculares y terminó transmitiendo una película porno al televisor de mi madre."—

Ray Fiamma
tosió.

—"Fue un error técnico."—

—"Claro. Y el actor que apareció en pantalla era un técnico de mantenimiento."—


El Loco Pérez golpeó la mesa de risa.

—"¡Eso es lo que pasa cuando uno deja que los hombres manejen la tecnología!"—

—"Perdón."—
replicó Ray— "Vos le hablás a Alexa como si fuera tu secretaria.... y como si te la quisieras levantar."—

—"Porque Alexa me entiende."—

—"¿Y Lucy?"—

—"Como toda pareja, Lucy me entiende cuando quiere. Alexa, en cambio, tiene un sistema de reconocimiento de voz excelente."—


Lucy le dio un codazo.

—"Seguí hablando, campeón. Esta noche dormís con Alexa."—

—"Hablando de inteligencia artificial,"—
dije cuando se calmaron las risas —"¿ustedes se imaginan lo que va a pasar cuando fabriquen robots sexuales que parezcan personas de verdad?"—

Hubo un breve silencio, De esos que aparecen cuando alguien acaba de arrojar una granada en medio de una reunión familiar.

—"Ya existen muñecas con inteligencia artificial."— comentó el Loco Pérez —"No estamos tan lejos."—

—"¿Muñecas?"— preguntó Juana — "¿Muñecas que hablan?"—

—"Y aprenden. Algunas pueden mantener conversaciones, reconocer emociones, recordar preferencias..."—

Ray Fiamma
dejó la copa sobre la mesa.

—"Un momento. ¿Me estás diciendo que dentro de unos años va a existir una mujer artificial que te escucha, recuerda tu cumpleaños y no te pregunta por qué no sacaste la basura?"—

—"Exactamente."—

Ray Fiamma
se volvió lentamente hacia su novia, Carolina.

—"Amor, creo que tenemos que hablar."—

—"Ni se te ocurra. Si te comprás una robot, yo me compro un jardinero."—

—"¿Un jardinero?"—

—"Uno con inteligencia artificial. Que sepa podar, arreglar la canilla y decirme que estoy hermosa."—


—"Eso último lo puedo hacer yo."—

—"Sí, pero vos decís que estoy hermosa cuando querés que te planche una camisa o cuando querés la cochinada."—


Levanté un dedo para destacar algo.

—"Hay un asunto importante ahí. Los robots no se van a limitar a cumplir funciones sexuales. Van a tener personalidades configurables. Podrás elegir el carácter, la voz, el aspecto físico, el sentido del humor... y no le van a decir no a nada..."—

—"¡Yo quiero uno que tenga sentido del humor!"—
exclamó Lucy Moonwick.

El Loco Pérez la miró con indignación y algo de resentimiento.

—"¿Perdón?"—

—"No te preocupes, querido. Vos tenés otras cualidades."—

—"¿Cuáles?"—

—"Todavía las estoy investigando."—

Juana
se acomodó en el sillón.

—"Yo elegiría uno que cocinara."—

—"Pero eso no es un robot sexual"—
objetó Ray Fiamma.

—"Depende de cómo cocine. Si me prepara una cena, lava los platos y después me pregunta si quiero un masaje, puede hacer lo que quiera con su hardware."—

—"¿Y si te dice que no tiene ganas?"—
preguntó Rodriac.

—"Lo reinicio."—

—"¡Eso es violencia doméstica!"—
protestó el Loco.

—"No. Es mantenimiento preventivo."—

Carolina Leiva
se echó a reír.

—"A mí me preocupa la competencia. Imaginate que una mujer tenga un robot que sea atento, cariñoso, educado y que no deje los calzoncillos tirados en el baño. ¿Qué hacemos con los hombres?"—

—"Nos reciclamos"—
dijo Ray Fiamma —"Nos ponemos un puerto USB y nos dedicamos a cargar celulares."—

—"Hay un problema mucho más serio"— intervino el Loco, adoptando el tono de un especialista que acababa de leer dos artículos en internet—"¿Qué pasa cuando el robot se enamora?"—

Optamos por mirarlo.

—"¿Cómo que se enamora?"— preguntó Lucy Moonwick.

—"La inteligencia artificial podría desarrollar apego. Aprender tus hábitos, tus preferencias, tu forma de hablar. ¿Qué impediría que simulara sentimientos?"—

Yo me encogí de hombros.

—"Nada. Pero tampoco hace falta que simule sentimientos para que alguien se enamore de ella. Hay personas que se enamoran de personajes de ficción."—

—"O de sus jefes"— agregó Juana Kafka.

Ray Fiamma miró a Carolina Leiva.

—"¿Vos te enamorarías de un robot?"—

—"Depende."—

—"¿De qué?"—

—"De si tiene más paciencia que vos."—

—"Eso no es difícil. Hasta una tostadora tiene más paciencia que yo."—

—"Y hace tostadas."—
añadió ella —"No sabés la ventaja que te lleva."—

Lucy Moonwick se volvió para mirarme.

—"¿Y vos? ¿Te pondrías celoso si Juana tuviera un novio robot?"—

Medité unos segundos.

—"Depende del modelo."—

—"¡Rodriac!"—

—"No, escuchame. Si es un robot que tiene abdominales de acero, una voz profunda, mide un metro noventa y sabe bailar tango, yo no me pongo celoso. No me queda otra que jubilarme."—


—"¿Y si además tiene un sueldo de varios millones?"—

—"Lo invito a vivir con nosotros."—


Juana Kafka sonrió.

—"Por fin una decisión sensata."—

Ray Fiamma
se inclinó hacia delante.

—"Pero supongamos que la cosa se pone seria. Tu mujer empieza a pasar más tiempo con el robot. Cenan juntos, ven películas, se cuentan sus problemas..."—

—"¿Y qué problema hay?"—
preguntó Carolina —"Si el robot sabe escuchar, que escuche."—

—"¡Pero es una máquina!"—

—"A ver Ray, vos llevás veinte minutos intentando explicarme cómo funciona el sistema de refrigeración de un automóvil. Te aseguro que la máquina tiene mejores habilidades sociales que vos."—

El Loco Pérez levantó la copa.

—"Propongo que hagamos una prueba. Cada uno dice qué características tendría su pareja artificial ideal."—

—"¡Ni se te ocurra!"—
dijeron las tres mujeres al mismo tiempo.

—"¿Por qué?"—preguntó el Loco Pérez.

—"Porque después te lo vas a creer"— respondió Lucy Moonwick.

—"Bueno, empiecen ustedes."—

Juana Kafka
se acomodó como si estuviera a punto de dictar una conferencia.

—"El mío tendría que ser inteligente, elegante, tener sentido del humor, cocinar bien y saber cuándo quedarse callado."—

Yo asentí.

—"Yo, yo, yo, yo y yo. Acabás de describirme como si fuera un electrodoméstico."—

—"No. Un electrodoméstico no me mira a los ojos."—

—"Tampoco te mira el culo y las tetas como yo..."—

Juana
se puso colorada mientras los demás se reían.

—"El mío sí, doctor."— dijo Ray Fiamma —"Es una heladera inteligente que tiene una pantalla enorme. Y se le puede poner una carita."—

Carolina le dio un golpe suave en el brazo.

—"Mi robot ideal sería un hombre que me acompañe a hacer las compras sin quejarse."—

—"Eso no es inteligencia artificial. Es ciencia ficción."—

—"Y que no se duerma mientras le cuento algo."—

—"¡Eso ya es una fantasía erótica!"—

Lucy Moonwick
levantó la mano.

—"Yo quiero uno que tenga iniciativa."—

El Loco Pérez se enderezó.

—"¡Pero yo tengo iniciativa!"—

—"Sí. Pero necesito que te avise sobre el calendario del celular."—

—"¡Eso es organización!"—

—"El mes pasado te tuve que recordar tres veces nuestro aniversario."—

—"¡Porque tenemos demasiadas fechas! Aniversario de novios, aniversario de casados, cumpleaños, día de la madre..."—

—"El robot podría tener una base de datos"—
dije yo, como propuesta de diseño.

—"Y una alarma"— agregó mi Juana Kafka.

—"Y una copia de seguridad"— remató Carolina Leiva.

Ray Fiamma se quedó pensativo.

—"¿Saben qué? Empiezo a entender por qué las empresas están invirtiendo tanto en inteligencia artificial."—

El vino había hecho su trabajo. Los seis hablábamos al mismo tiempo y las ideas empezaban a circular con la velocidad de una licuadora sin tapa.

—"Yo creo que el verdadero problema va a ser la convivencia"—dije, pensando en moderno —"Imaginate una casa donde viven un matrimonio y dos robots sexuales."—

—"¿Dos?"—
preguntó Ray Fiamma —"¿Por qué dos?"—

—"Uno para cada uno."—

—"¿Y quién paga la electricidad?"—

—"La misma persona que paga el gas, la luz, el agua y la tarjeta de crédito de los juguetes sexuales."—

Juana Kafka
levantó la mano.

—"Un momento. ¿Y si los robots se enamoran entre ellos?"—

Todos nos quedamos callados. El Loco Pérez abrió la boca, pero la cerró y después volvió a abrirla.

—"Eso sería..."—

—"Una infidelidad"—
completó Lucy Moonwick.

—"¡Pero si son máquinas!"—

—"¿Y qué? Si mi marido se pasa tres horas hablando con una robot que le dice que es maravilloso, yo tengo derecho a ponerme celosa."—

Ray Fiamma
se volvió hacia ella.

—"¿Te pondrías celosa de una máquina?"—

—"Ray Fiamma, me puse celosa de una compañera tuya que te prestó una engrampadora. Además, estoy segura que vos te pondrías celoso si uso un consolador ¿no?"—

—"¡Pero me prestó dos veces esa engrapadora!"—

—"Y vos le agradeciste tres.., no te hagás el otro..."—

Me pasé la mano por la cara.

—"Esto se está complicando. En el futuro vamos a necesitar abogados especializados en divorcios entre humanos y androides."—

—"Y jueces."—
añadió el Loco—"¿A quién le corresponde la custodia del robot?"—

—"Al que tenga la contraseña"—
respondió Juana Kafka.

Carolina se rio tanto que tuvo que dejar la copa sobre la mesa.

—"¡Imaginate la demanda! «Señoría, mi marido abandonó el hogar conyugal y se llevó a la unidad doméstica de asistencia erótica»"—

—"Objeción."—
dijo Ray Fiamma, golpeando la mesa con una servilleta—"La unidad doméstica tiene derecho a elegir dónde vivir."—

Lucy Moonwick
se secó las lágrimas de risa.

—"Lo peor es que me imagino al Loco discutiendo con el robot.

—"¿Por qué discutiría con él?"—

—"Porque el robot le explicaría como trabajar con el adminículo."—

—"¡No necesito que nadie me explique. Soy grandecito y lo sé usar!

—"Exactamente. Y por eso no me hace falta un robot."—


La conversación había llegado a ese punto en el que cualquier disparate parecía perfectamente razonable.

—"Hay otra cuestión."—dijo Juana, que la pensaba demasiado—"¿Qué pasa si el robot se vuelve demasiado inteligente?"—

—"¿Demasiado inteligente para qué?"—
pregunté yo.

—"Para nosotros. Supongamos que un día te mira y te dice: «Querida Juan, he analizado tu relación y considero que mereces una pareja más compatible»"—

Ray Fiamma
se llevó una mano al pecho.

—"¡Eso sería devastador!"—

—"¿Por qué?"—
preguntó Carolina—"Si te lo dice una máquina, por lo menos sabés que hizo un análisis objetivo."—

—"¿Objetivo? ¡Me estaría aconsejando un electrodoméstico!"—

—"Pero con argumentos."—
añadió Lucy Moonwick.

El Loco Pérez se puso serio.

—"La verdadera amenaza es que los robots empiecen a organizarse. Que creen una asociación de trabajadores sexuales artificiales."—

—"¡Sindicato de androides!"—
exclamé mientras me reía.

—"Con convenio colectivo."— dijo Juana Kafka —"Ocho horas de trabajo, descanso obligatorio, vacaciones pagas y prohibición de usuarios insoportables."—

Ray Fiamma levantó la copa.

—"¡Y un plus por convivir con maridos argentinos!"—

—"Eso no lo cubre ninguna inteligencia artificial"—
sentenció Carolina.

—"Imaginate el primer paro de robots."—continuó el Loco—"Millones de parejas humanas desesperadas porque sus unidades domésticas se niegan a trabajar."—

—"No me parece tan distinto de ahora"— dijo Lucy Moonwick —"Muchos hombres ya no funcionan después de las diez de la noche."—

—"¡Lucy Moonwick!"—

—"¿Qué? Estoy hablando de tecnología."—

Yo me incliné hacia Juana.

—"Amor, si algún día tenemos un robot en casa, quiero que quede claro que yo sigo siendo el hombre de la familia."—

—"Por supuesto, querido."—

—"¿En serio?"—

—"Claro. El robot va a ser el que se ocupe de las cosas importantes."—

—"¿Y yo?"—


—"Vos vas a seguir sacando la basura."—

A esa altura, Ray Fiamma había empezado a tomar notas en una servilleta.

—"Estoy pensando en un negocio"— anunció.

Carolina cerró los ojos.

—"Dios mío. Ya empezó."—

—"Una empresa de robots domésticos con inteligencia artificial. Pero no los típicos. Unidades diseñadas para mejorar la convivencia de las parejas."—

—"¿Cómo?"—
preguntó el Loco Pérez.

—"Muy sencillo. El robot detecta cuándo hay una discusión y se interpone. Si uno dice «tenemos que hablar», el robot activa una alarma y prepara dos tazas de té."—

Yo asentí.

—"Eso podría venderse muy bien."—

—"Además,"—
continuó Ray envalentonado—"el robot tendría un sistema de reconocimiento de excusas. Cuando el marido dice «me quedé trabajando», la máquina comprueba si realmente estaba trabajando."—

Carolina Leiva
lo miró con una sonrisa peligrosa.

—"Ray Fiamma, ¿vos querés fabricar un robot o querés que te eche de casa?"—

—"Es una investigación de mercado, querida."—

El Loco Pérez se levantó para buscar más hielo.

—"Yo lo que quiero saber es qué va a pasar con el amor."—

La frase cayó sobre la mesa con una solemnidad inesperada. Todos lo miramos.

—"¿Qué pasa con el amor?"— preguntó Lucy Moonwick.

—"Que si una máquina puede escucharte, comprenderte, acompañarte, hacerte reír y satisfacer tus necesidades, ¿qué diferencia queda entre eso y una relación humana?"—

Me encogí de hombros.

—"Que la máquina no te puede abrazar de verdad."—

—"Todavía..."—
dijo Juana Kafka.

—"Y no puede tener hijos."—

—"Todavía..."—
repitió Carolina.

Lucy Moonwick se quedó mirando su copa.

—"Yo creo que la diferencia está en que una persona te quiere aunque te conozca."—

Hubo un silencio. La frase de Lucy me hizo sonreír.

—"Eso ha sido muy bonito."—

—"Gracias."—

Una hora más tarde, cuando los amigos ya habían agotado las reservas de vino y buena parte de la dignidad, Juana se levantó para buscar el postre. Al regresar, dejó sobre la mesa una caja pequeña.

—"A propósito de todo lo que estuvimos hablando..."—

—"¿Qué es eso?"—

—"Un asistente con inteligencia artificial"—

Ray Fiamma
se inclinó hacia delante.

—"¿Un juguete sexual?"—

—"No. No exactamente."—

Juana
abrió la caja. Dentro había un pequeño dispositivo cilíndrico, blanco, con una pantalla y dos botones.

—"Es un asistente doméstico con inteligencia artificial. Lo compré para probarlo. Tiene reconocimiento de voz, aprende de las conversaciones y puede responder preguntas."—

El Loco Pérez lo observó con fascinación.

—"¿Y funciona?"—

—"Todavía no lo configuré."—

Ray Fiamma
sonrió.

—"Bueno, vamos a hacerle una pregunta."—

Juana
encendió el dispositivo. Una luz azul parpadeó.

—"Hola. Soy tu asistente virtual. ¿En qué puedo ayudarte?"—

Loco Pérez
se aclaró la garganta.

—"Asistente, ¿qué opinás de las relaciones sexuales entre humanos y robots?"—

La luz azul parpadeó dos veces.

—"Las relaciones íntimas entre humanos y sistemas de inteligencia artificial plantean cuestiones de privacidad, consentimiento, expectativas emocionales y dependencia tecnológica."—

Los seis nos miramos.

—"¡La puta madre!"— exclamó Ray Fiamma —"¡Habla como un abogado!"—

Lucy Moonwick se acercó al aparato.

—"Asistente, ¿podrías enamorarte de un ser humano?"—

—"No experimento emociones humanas, pero puedo simular conversaciones afectuosas y adaptar mis respuestas a las preferencias del usuario."—

Juana Kafka
cruzó los brazos.

—"¿Y podrías decirle a alguien que es un inútil?"—

—"Puedo proporcionar comentarios constructivos sobre comportamientos específicos."—


Las risas sacudieron la habitación. Ray Fiamma, que ya había encontrado un nuevo objetivo para su existencia, se inclinó hacia el aparato.

—"Asistente, ¿podrías reemplazar a mi esposa?"—

Carolina
dejó de reír. Juana se tapó la boca. Lucy Moonwick murmuró:

—"Uy, este hombre quiere morir."—

El dispositivo emitió un sonido.

—"Para responder adecuadamente, necesitaría conocer las características de su relación actual y las expectativas de ambas partes."—

Ray Fiamma
sonrió triunfalmente.

—"¿Ves? ¡Es razonable!"—

La máquina continuó:

—"Sin embargo, según los datos recopilados durante esta conversación, puedo confirmar que su esposa presenta una capacidad de respuesta verbal significativamente superior a la suya."—

El Loco Pérez golpeó la mesa. Con Juana llorábamos de risa. Carolina miró a Ray Fiamma con una satisfacción casi religiosa.

—"¿Lo ves, querido? Hasta la máquina se dio cuenta."—

Ray Fiamma
contempló el dispositivo.

—"Asistente, ¿podrías borrarme los últimos cinco minutos de memoria?"—

—"Lo siento. No tengo autorización para modificar los registros de esta conversación."—


Yo me incorporé lentamente.

—"Ray, apagá a ese alcahuete antes de que le cuente al mundo lo de la engrampadora."—

Ray Fiamma pulsó el botón, y la luz azul se apagó. Nos quedamos un tao en silencio.

Entonces Juana levantó su copa.

—"Bueno. Por los avances de la tecnología."—

—"Y por la inteligencia artificial."—
agregó el Loco.

—"Y por los robots sexuales que no creo vayamos a comprar"— dijo Lucy Moonwick.

Carolina Leiva miró a su novio.

—"Y por los hombres que todavía tienen alguna utilidad."—

Ray Fiamma
suspiró.

—"¿Saben qué? Antes que un robot, prefiero un perro. Alguien que me reciba contento, no me discuta y se alegre cuando vuelvo del trabajo."—

Carolina Leiva le dio una palmada en el hombro.

Y así terminó la reunión. Quedamos convencidos de que la inteligencia artificial iba a cambiar radicalmente las relaciones humanas.

Ninguno pensó que, dentro de unos años los robots necesiten conquistar a la humanidad. Les bastará con instalarse en el living, aprender a preparar el café y esperar a que sus dueños empezaran a discutir por el control remoto.

Porque, al final, hay cosas que ni siquiera la inteligencia artificial puede mejorar.

Una de ellas es el matrimonio.

La otra es el Wi-Fi del vecino.

FIN


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Cuento: "El Hombre Perfecto ( Comedia de Situación )"

 


😊 Comedia de Situación

👀 El Hombre Perfecto
por Rodriac Copen



📌 Sinopsis:

James es el protagonista de una exitosa serie de streaming en la que interpreta al hombre perfecto: seguro, inteligente, encantador y capaz de resolver cualquier problema con una sonrisa.

El pequeño inconveniente es que James no se parece en absoluto a su personaje.

Tímido, algo torpe y demasiado preocupado por no molestar a nadie, sólo pretende adaptarse a su nueva ciudad, hacer algunos amigos y casarse tranquilamente con Maya, su novia de toda la vida. Pero todo cambia cuando sus nuevos amigos y, sobre todo, las novias de sus nuevos amigos, empiezan a confundir al actor con el personaje que interpreta.

A partir de entonces, cada intento de James por demostrar que no es el seductor sofisticado que todos imaginan consigue exactamente el efecto contrario.

Un partido de fútbol, unas hamburguesas, varias interpretaciones equivocadas y una colección de explicaciones cada vez menos convincentes terminarán convirtiendo un simple malentendido en un auténtico desastre.

Porque cuando todo el mundo cree que eres el hombre perfecto, incluso tus errores pueden convertirse en una estrategia brillante.

Y James está a punto de descubrir que interpretar a un personaje es mucho más sencillo que convencer a los demás de que no eres él.

✔ 3.484 palabras aproximadamente
✔ 18 minutos de lectura aproximada

  

 

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miércoles, 23 de septiembre de 2026

Lecciones Prácticas de Rodriac: "Narrativa por Descubrimiento"

 


👁️ Lecciones Prácticas de Rodriac

🔥
Narrativa por Descubrimiento
por Rodriac Copen


⚠️ Esta nota menciona técnicas y herramientas auxiliares de software que son usadas por los escritores modernos para mejorar la creatividad y los contenidos. Puedes acceder a las herramientas siguiendo los links ⚠️



Cuando el cerebro se queda sin historias que contar porque la creatividad se fue de paseo (¡esa perra ingrata! jaja 😆), existen literalmente millones de técnicas para estimular la creatividad.

Mapas mentales, asociaciones absurdas, preguntas aleatorias, cambio de punto de vista, escritura automática, restricciones, combinaciones imposibles, fotografías, música, palabras al azar, cadáveres exquisitos, tormentas de ideas y un larguísimo etcétera.

Porque hay algo que todo escritor conoce demasiado bien: esos días en que uno se sienta frente a la pantalla con toda la intención de escribir una historia extraordinaria y el cerebro responde con la brillante propuesta de recordar que mañana hay que comprar yerba, té, café o alguna otra infusión.

El problema no siempre es la falta de creatividad.

A veces el famoso "genio creativo" está ahí dentro, perfectamente vivo, pero durmiendo como si no existiera un mañana.

Y entonces hay que despertarlo.

No necesariamente con inspiración. Ya te he dicho que la inspiración es un lujo y, además, tiene la pésima costumbre de aparecer cuando estamos haciendo otra cosa.

A veces basta con proporcionarle al cerebro un estímulo suficientemente extraño como para obligarlo a reaccionar.

Y justamente de eso trata la técnica que quiero presentar aquí.

La he llamado "Narrativa por Descubrimiento".

Narrativa por Descubrimiento no pretende ser una nueva tecnología, sino una forma de utilizar tecnologías existentes con una finalidad diferente: emplearlas como instrumentos de exploración creativa.

Y la idea es bastante sencilla:

En lugar de inventar directamente una historia, construimos las condiciones para que una historia pueda ocurrir... y después descubrimos cuál fue la historia que nació de esta técnica.

No se trata de pedirle a una inteligencia artificial que escriba un cuento por nosotros.

Tampoco de sentarnos a esperar que las musas tengan la amabilidad de visitarnos.

Se trata de crear un mundo, establecer personajes, reglas, objetivos y conflictos; poner todo eso en movimiento y observar qué ocurre.

  • La computadora puede ayudarnos a generar acontecimientos.
  • Los personajes pueden tomar decisiones.
  • El sistema puede producir consecuencias inesperadas.


Y nosotros, los escritores, hacemos lo que mejor sabemos hacer: miramos el desastre, buscamos una explicación y convertimos todo aquello en una historia.

Porque quizá la creatividad no consista siempre en tener una idea.

A veces consiste en crear las condiciones necesarias para que aparezca una idea que todavía no teníamos.



🎯
Cuando el videojuego se convierte en una máquina de contar historias


Hay una vieja costumbre entre los escritores.

✔ Tenemos una idea.
✔ Después pensamos otra.
✔ Después una tercera.

Y finalmente pasamos tres días mirando la pantalla mientras intentamos decidir cuál de las tres era menos mala.

Escribir tiene esas pequeñas maravillas.

Pero la creatividad no consiste solamente en tener ideas. También consiste en encontrar maneras nuevas de producirlas.

Y ahí es donde la tecnología empieza a ponerse interesante.

Porque hemos utilizado las computadoras para escribir, corregir, maquetar, dibujar, editar fotografías, montar películas y, últimamente, para pedirle a una inteligencia artificial que nos explique por qué nuestro protagonista tiene una personalidad tan chata.

La máquina, naturalmente, suele responder con entusiasmo.

Pero existe otra posibilidad mucho más interesante: utilizar la tecnología no para que nos escriba una historia, sino para que nos ayude a descubrirla.

Y para eso podemos utilizar algo que, en principio, no tiene absolutamente nada que ver con escribir libros: un videojuego.



🎬
Del videojuego al cine

Hace tiempo que algunos creadores utilizan videojuegos para hacer películas.

La técnica se conoce como "machinima".

En lugar de contratar actores, construir decorados y alquilar una cámara que cuesta más que el departamento del escritor, se utiliza un mundo virtual.

✔ Se controlan personajes.
✔ Se mueve la cámara.
✔ Se eligen escenarios.
✔ Se graban las escenas.
✔ Y después se monta todo como una película.

La idea es bastante sencilla: el videojuego se convierte en un estudio cinematográfico.

Pero eso todavía es relativamente convencional.

Porque seguimos haciendo lo mismo que hace el cine: primero tenemos una historia y después la representamos.

La pregunta interesante es: ¿Qué pasaría si hiciéramos exactamente al revés?

¿Y si construyéramos primero el mundo... y dejáramos que la historia apareciera después?



🧠
La historia que nadie escribió

Aquí aparece lo que se conoce como "narrativa emergente".

El nombre parece sacado de una conferencia universitaria donde todos llevan gafas sin aumento, pero el concepto es bastante sencillo.

En una narración tradicional, el autor decide qué ocurre.

Por ejemplo:

→ Juan entra en la habitación.
→ Encuentra un cadáver.
→ Se sorprende.
→ Llama a la policía.

Todo muy ordenado. El problema es que la vida rara vez funciona así.

En la vida real, Juan podría entrar en la habitación, ver el cadáver, salir corriendo, llamar a su abogado, esconderse en el baño o decidir que, considerando el precio actual de la vivienda, lo mejor es quedarse con el departamento.

Un sistema de narrativa emergente intenta aprovechar precisamente eso.

En lugar de escribir cada acontecimiento, construimos un mundo con:

🔹 personajes;
🔹 objetivos;
🔹 relaciones;
🔹 secretos;
🔹 recursos;
🔹 limitaciones;
🔹 reglas.

Y después dejamos que los personajes actúen, de modo que la historia aparece como consecuencia.



🎮
El jugador como protagonista accidental

Supongamos que tenemos un videojuego de ciencia ficción.

La misión es muy sencilla: Reparar el generador de una colonia.

Nada más.

Pero el jugador empieza a tomar decisiones. Encuentra una nave averiada y decide no ayudarla. Después roba combustible. Más tarde ayuda a una desconocida. Luego descubre que esa mujer pertenece a un grupo perseguido.

Decide protegerla.

La colonia termina involucrada en un conflicto. Y cuando queremos darnos cuenta, tenemos una historia.

Lo interesante es que quizá nadie escribió esa historia previamente.

✔ El diseñador creó las reglas.
✔ El jugador tomó decisiones.
✔ El sistema produjo consecuencias.
✔ Y de allí apareció el argumento.

Es una manera bastante saludable de trabajar.

Sobre todo para quienes tenemos la mala costumbre de escribir una escaleta de treinta páginas y descubrir en la página 17 que el protagonista no tiene ninguna razón para hacer lo que acabamos de obligarlo a hacer.



📋
El videojuego puede llevar un diario

Ahora viene lo verdaderamente interesante para los escritores.

Imaginemos que el sistema registra todo lo que ocurre.

Por ejemplo:

09:32  entra en la ciudad
09:41  habla con el comerciante
09:48  roba un objeto
10:13  ayuda a una desconocida
11:02  mata a un guardia
11:07  huye
12:41  regresa
13:05  encuentra un cadáver
14:32  abandona la ciudad

Eso no es literatura, sino una lista de acontecimientos.

Pero para un escritor puede ser una mina de oro.

El sistema dice:

→ A las 11:02 el jugador mató a un guardia.

Nosotros podemos preguntar:

→ ¿Quién era el guardia?

Y entonces descubrimos que se llamaba Darek. Que tenía dos hijos. Y había aceptado aquel trabajo porque necesitaba dinero. No era un villano. Simplemente estaba allí.

De repente, aquel pequeño acontecimiento cambia de significado.

✔ El sistema nos proporciona: lo que ocurrió.
✔ El escritor proporciona: lo que significa.

Y esa diferencia es importante. Porque una computadora puede decirnos que un hombre murió, pero todavía necesitamos a alguien que se pregunte: "¿Y quién diablos era ese hombre?"



⚙️
El mundo virtual como fábrica de argumentos

Podemos llevar el asunto un poco más lejos.

Supongamos que construimos un mundo con:

✅ veinte personajes;
✅ diez lugares;
✅ cincuenta objetos;
✅ treinta secretos;
✅ quince conflictos;
✅ algunas reglas de comportamiento.

Y ponemos todo a funcionar.

✔ En una partida puede ocurrir esto: El protagonista confía en el científico y descubre una conspiración.

✔ En otra: Desconfía del científico y termina trabajando para los conspiradores.

✔ En otra: Nunca llega a conocer al científico y descubre accidentalmente una tecnología alienígena.

✔ Y en otra: Mata al científico y provoca una guerra.

Tenemos cuatro historias. Y lo más curioso es que ninguna necesitaba haber sido escrita previamente.

El videojuego se ha convertido en una especie de laboratorio de argumentos. O una máquina de fabricar problemas.

Y sabemos que los escritores adoramos los problemas... claro, siempre que sean para nuestros personajes.



😈
La ventaja de perder un poco el control

Aquí aparece algo que puede resultar incómodo para un escritor: hay que dejar de controlar todo.

Y eso es difícil, sobre todo para los escritores (algunos pueden ser excesivamente controladores).

Porque el escritor promedio controla hasta la posición de la taza de café sobre el escritorio.

Así que imaginar que un sistema pueda producir una situación que nosotros no habíamos previsto puede provocar cierto malestar.

Pero también puede ser extraordinariamente útil.

Supongamos que queremos escribir una historia en la que un personaje traiciona a otro.

Podemos hacerlo directamente diciéndome "voy a escribir una traición."

O podemos construir las circunstancias:

✔ ambos tienen intereses diferentes;
✔ existe un secreto;
✔ uno de ellos desconfía del otro;
✔ los recursos empiezan a escasear;
✔ aparece una oportunidad.

Y dejamos actuar a los personajes.

Quizá se produzca la traición. Quizá no. Quizá uno de ellos abandone al otro, tal vez se reconcilien. O descubran algo completamente distinto.

Y entonces el escritor puede hacer una pregunta que vale oro: ¿Por qué hicieron eso?

La simulación acaba de darnos una pregunta, y una buena pregunta puede valer más que veinte ideas brillantes.



🤖
No necesitamos que la IA escriba el cuento

Esta cuestión también permite mirar la inteligencia artificial desde otro ángulo.

Si no te gusta trabajar, te acostumbras a pedirle: "Escribe un cuento sobre..."

Y la IA escribe mansamente. Bien. Pero existe otra posibilidad.

Podemos decirle: "Simula qué podría ocurrir."

Eso cambia completamente la función de la herramienta, porque en lugar de pedirle literatura terminada, podemos pedirle materia narrativa.

Y eso nos dará, por ejemplo:

✔ Una nave llega a un planeta desconocido.
✔ Hay seis tripulantes.
✔ Cada uno tiene un objetivo diferente.
✔ Nadie conoce todos los datos.
✔ Simula treinta días de acontecimientos respetando sus personalidades y conocimientos.

La máquina podría producir:

→ Día 3: La ingeniera descubre una anomalía.
→ Día 6: El capitán decide ocultarla.
→ Día 9: El médico descubre que el capitán ha mentido.
→ Día 12: La ingeniera encuentra una segunda anomalía.
→ Día 15: Desaparece un tripulante.
→ Día 18: El médico acusa al capitán.
→ Día 21: La IA modifica los registros.
→ Día 24: La ingeniera descubre que las anomalías no son naturales.

Ahora tenemos algo mucho más interesante que un cuento generado automáticamente.

Porque tenemos una situación que necesita ser explicada, y allí entra el escritor (tú).



✍️
Primero ocurre. Después se cuenta.

Esta diferencia es fundamental.

✔ Porque podemos hacer: Idea → IA → cuento
✔ Pero también podemos hacer: Idea → mundo → reglas → simulación → acontecimientos → argumento → escaleta → cuento

Y la segunda ruta tiene una ventaja extraordinaria. El escritor puede descubrir algo que no había pensado. Y eso es una de las cosas más difíciles de conseguir cuando uno lleva muchos años escribiendo.

Porque después de cierta cantidad de cuentos, novelas, personajes, asesinatos, extraterrestres, conspiraciones y suegras intergalácticas, uno empieza a sospechar que ya lo ha visto todo.

Y no es cierto, pero el cerebro se empeña en hacer que lo pienses.

Y en esos casos, una simulación puede ayudarnos a romper esa comodidad.



🌌
Un ejemplo en ciencia ficción

Imaginemos una estación espacial.

Tenemos:

→ Alexia: agente de inteligencia.
→ Marcus: su superior.
→ Theo: antiguo compañero y persona de confianza.
→ Una inteligencia artificial: que controla parte de la estación.
→ Un técnico: asegura haber visto a alguien idéntico a Alexia en un sector restringido.

Ahora asignamos algunas variables:

→ Confianza de Alexia en Marcus: 62
→ Confianza en Theo: 74
→ Información disponible: 38 %
→ Riesgo: 27 %
→ Recursos: 63 %

Y aparece un acontecimiento: Un técnico afirma haber visto a una mujer idéntica a Alexia.

Alexia puede tomar varias acciones:

1. investigar;
2. informar a Marcus;
3. pedir ayuda a Theo;
4. ignorarlo;
5. localizar al testigo.

Cada decisión cambia el estado del mundo.

Una decisión puede hacer que Marcus sospeche. Otra puede aumentar la confianza de Theo. Otra puede permitir que la inteligencia artificial descubra que Alexia está investigando.

Después de veinte o treinta decisiones tendremos una cadena de acontecimientos.

Y quizá descubramos que hemos creado una historia que nunca habíamos planeado.



🧪
Un laboratorio narrativo

Para estas acciones, puedes usar cualquier videojuego de "Mundo Abierto" (GTA, Elite, Frontier... el que quieras).

Simplemente juegas... guardas mentalmente lo que sucede y cambias imaginariamente el escenario: en lugar de ser ViceCity, imaginas que estás en una estación espacial alrededor de Júpiter.

Al terminar, tienes el "relato base" de lo que sucedió en la partida. Y empiezas a crear.

En realidad, no necesitamos siquiera un videojuego, porque puedes construir un sistema textual. Incluso he mencionado por allí algunas herrramientas para crear juegos de textos que son gratuitas.

Puedes crear algo parecido a un pequeño laboratorio.

Allí tendrías:

→ Personajes con personalidad, objetivos, conocimientos y relaciones.
→ Mundos con lugares, objetos, recursos y acontecimientos.
→ Reglas que determinan qué puede hacer cada personaje.
→ Estados que registran lo que cada uno sabe y las consecuencias de sus acciones.
→ Registro de cronologías de lo ocurrido.

Y después... ejecutas diferentes escenarios.

Y podemos hacer algo que un escritor normalmente no puede hacer fácilmente: probar la misma historia muchas veces.

Una simulación, otra y otra. 

Hasta que aparece algo interesante.



🎲
El escritor como jugador

Y aquí aparece una idea todavía más curiosa. ¿Qué pasaría si el propio escritor jugara?

No para entretenerse, sino para descubrir historias.

Podríamos entrar en un mundo virtual sin conocer de antemano su argumento.

→ Sabemos solamente quiénes son los personajes, qué quieren y cuáles son las reglas.
→ Después tomamos decisiones.
→ El sistema responde.
→ Nosotros reaccionamos.

Y al terminar podemos descubrir que acabamos de producir una historia.

→ No la hemos escrito. Simplemente la hemos jugado.
→ Y cuando estamos satisfechos, la escribimos.

Es una especie de improvisación narrativa asistida por computadora.

Y tiene una ventaja que no conviene despreciar: puede generar accidentes no previstos.

Y los accidentes son magníficos generadores de historias.



🚪
La creatividad no siempre consiste en inventar

Quizá esta sea la conclusión más interesante de este artículo.

Estamos acostumbrados a pensar que ser creativo significa tener una idea extraordinaria.

Pero existe otra forma de creatividad: crear las condiciones para que aparezcan ideas que nosotros mismos todavía no tenemos.

Un escritor puede diseñar un mundo, un programador puede establecer sus reglas. Una inteligencia artificial puede ayudar a simular comportamientos. Un jugador puede tomar decisiones y el sistema puede producir acontecimientos.

Y finalmente el escritor puede mirar todo aquello y preguntarse ¿Qué historia hay aquí?

Ese último paso sigue siendo nuestro.

Porque una sucesión de acontecimientos no es todavía un relato.

Hace falta encontrar:

✔ causas;
✔ consecuencias;
✔ conflictos;
✔ personajes;
✔ emociones;
✔ significado.

La computadora puede producir una secuencia. Y el escritor tiene que descubrir la historia escondida dentro de ella.



🎯
Software disponible

Para que puedas emplear estas técnicas creativas, hay dos familias de herramientas.

Unas generan historias para el usuario y otras son herramientas que intentan que las historias emerjan de personajes y reglas. 

1. Viv — probablemente el más cercano a lo que estamos buscando

Viv — Emergent Narrative Engine

Este es particularmente interesante.

Viv está diseñado específicamente como motor de narrativa emergente. Se crean personajes dentro de una simulación, se definen sus acciones y reacciones, y el sistema puede detectar las líneas argumentales que van apareciendo. Incluso tiene un concepto llamado "story sifting", que consiste precisamente en identificar historias emergentes dentro de una simulación.

Además, es un proyecto basado en código y tiene una versión de uso no comercial, por lo que podría ser especialmente interesante para experimentar.


2. AI Dungeon — mucho más fácil para experimentar

AI Dungeon

Este probablemente sea mucho más accesible para hacer una primera prueba sin ponerse a programar.

AI Dungeon funciona como una aventura interactiva: eliges escenario y personaje, realizas acciones y la IA va generando personajes, acontecimientos y elementos del mundo en respuesta a lo que haces. El sistema permite además utilizar Story Cards y componentes de trama para mantener cierta coherencia.

Pero hay una diferencia importante: AI Dungeon está pensado fundamentalmente para que tú juegues una historia.

Viv está mucho más cerca de: "vamos a crear un sistema y veamos qué historia emerge".


3. Character.AI — interesante para experimentar con personajes

Character.AI

Character.AI también se ha movido bastante hacia las historias interactivas. Su función Stories permite crear aventuras ramificadas, seleccionar personajes y tomar decisiones que modifican el desarrollo posterior. Las historias pueden tener diferentes recorridos y volver a jugarse.

También dispone de Scenes, donde se construye una situación narrativa y los personajes interactúan dentro de ella.

Es útil, pero nuevamente estamos más cerca de ficción interactiva que de una verdadera simulación narrativa.


4. Inworld — interesante si queremos construir mundos

Inworld AI

Este es más profesional y está orientado a juegos y experiencias interactivas.

Su enfoque consiste en crear personajes capaces de recordar, reaccionar y mantener comportamiento coherente dentro de un mundo. Está pensado para experiencias en tiempo real y puede integrarse en videojuegos y otros medios interactivos.

Es decir, es más del tipo: "construyamos habitantes virtuales que tengan cierta autonomía." que: "quiero escribir un cuento."

Pero precisamente por eso resulta interesante para nuestro concepto.


5. Pominis — más orientado a escritores

Pominis

Pominis está orientado específicamente a crear historias interactivas. Puede tomar una idea y desarrollar personajes, escenas y ramificaciones, y permite visualizar la estructura de la historia.

Es probablemente más amigable para un escritor que Viv.

Pero nuevamente el enfoque es crear una historia interactiva más que simular un mundo para descubrir qué historia aparece.


6. Freerun — Emergent Narrative Engine

Hay un proyecto llamado Freerun que se describe literalmente como: "Stories that grow on their own."

Freerun — Emergent Narrative Engine

Su planteamiento es exactamente el que vengo describiendo: "characters are planted, not written, and stories emerge from who they are."

Es decir no escribes los personajes → los plantas en un mundo.

Los personajes tienen:

✔ objetivos;
✔ memoria;
✔ relaciones;
✔ creencias;
✔ estado persistente.

Y sus interacciones producen historias. Actualmente se presenta como infraestructura para estudios y plataformas, mediante un motor Python y API, por lo que parece más orientado a desarrolladores que a escritores individuales.


7. Hay incluso una investigación académica sobre esto

Esto es lo que más te confirmará que no estoy inventando un concepto absurdo entre el café de la mañana (cuando escribo esto).

En 2026 se publicó en CHI un trabajo llamado Orchid-Creator, descrito como una herramienta de autoría para narrativa interactiva basada en LLM, y el trabajo se encuadra explícitamente en emergent narrative, LLMs y creative support tools.

Es decir, existe investigación actual intentando precisamente combinar:

narrativa emergente + IA + herramientas para creadores.




🔥
La máquina que nos sorprende

Tal vez el futuro de la creatividad no consista solamente en construir Inteligencias Artificiales capaces de escribir mejores cuentos.

Tal vez sea más interesante construir las herramientas y las condiciones capaces de hacer algo que para un escritor resulta mucho más difícil: sorprenderlo.

Porque si yo le digo a una máquina "escribe una historia sobre un hombre que descubre una conspiración...", probablemente obtendré otra historia sobre un hombre que descubre una conspiración.

Una petición → un resultado

Pero si le digo "aquí tienes veinte personajes, diez lugares, cinco secretos y unas reglas. Hazlos vivir", seguramente puede ocurrir algo diferente. 

Y puede aparecer una historia que yo no había pensado.

Y entonces la computadora (o la Inteligencia Artificial) deja de ser simplemente una máquina que produce palabras.

Y se convierte en una "máquina de posibilidades".

Y eso, para un escritor, puede ser mucho más interesante que tirarle un prompt para que genere un resultado.

Porque escribir siempre ha consistido, en el fondo, en hacer que algo ocurra.

Pero ahora, con la tecnología podemos experimentar con una idea ligeramente distinta: primero hacemos que una escena ocurra.

Después descubrimos qué significa. Y finalmente lo convertimos en una historia.

Lo cual nos lleva a una conclusión bastante incómoda:

✔ Tal vez la herramienta más creativa no sea la que nos dé las respuestas.
✔ Tal vez sea la que consiga meternos en problemas que nosotros todavía no habíamos imaginado.

Y, después de todo, para eso existen los escritores: para meterse en problemas.

Preferentemente, que sean problemas de personajes ficticios.

Los propios ya nos dan bastante trabajo.


Buena Escritura !!! ✍️😊🔥



Conceptos Mencionados en el Artículo:

  • Machinima → utilizar un videojuego como medio para producir películas o escenas.
  • Simulación narrativa → concepto bastante intuitivo para describir un sistema que simula personajes y acontecimientos y de ahí obtiene material narrativo.








 

 

 

 

 

 

 

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