✨ Diario de Rodriac
🌹 Chesterton y el problema de la razón
por Rodriac Copen
⚠️ Estás leyendo una Entrada de mi Diario Personal. Esto no es una declamación destinada a convencer a nadie, sino una auto reflexión personal. ⚠️
Este artículo también se podría haber llamado "por qué terminé siendo, casi sin proponérmelo, el anti-Chesterton".
Hay algo que siempre me ha resultado particularmente interesante de G. K. Chesterton: no llegó al catolicismo simplemente porque alguien le dijera que debía creer.
Su conversión fue, en buena medida, el resultado de un recorrido intelectual honesto. Chesterton comparó ideas, examinó el cristianismo, buscó una explicación que pudiera integrar las contradicciones de la existencia humana y terminó considerando que el catolicismo ofrecía la estructura intelectual que mejor encajaba con aquello que observaba.
No llegó a Roma porque hubiera encontrado una ecuación que demostrara la existencia de Dios.
Llegó allí porque encontró una explicación del mundo que, para él, resultaba suficientemente convincente.
Y ahí es donde aparece mi pequeño problema con Chesterton.
Porque, si tuviera que definir mi propio recorrido en una sola frase, podría decir que hice aproximadamente el camino contrario.
Soy, por decirlo con cierta ironía, "el anti-Chesterton".
Empecé siendo católico. Estudié por más de una década y en tres instituciones diferentes Teología . Profundicé mucho más que la mayoría de los que se auto perciben como "pensadores" que conozco. Después me expandí al mundo: conocí otras religiones, otras formas de interpretar la existencia, otras explicaciones sobre Dios, el hombre, el pecado, la trascendencia y el destino después de la muerte.
Y cuanto más comparaba, más me interesaba otra cosa: la ciencia. Y no estoy hablando de la Cienciología, ese culto de bajo nivel para cerebros apagados.
Hablo de la ciencia real. No porque la ciencia pueda responder absolutamente todas las preguntas. No puede. Siempre está en pleno desarrollo.
Sino porque tiene una virtud que me resulta difícil reemplazar: intenta que nuestras explicaciones estén subordinadas a la realidad y no que la realidad sea acomodada a nuestras explicaciones.
Y justamente ahí comenzó mi problema con las religiones.
🍀 Una idea puede ser poderosa sin ser verdadera
Chesterton era extraordinariamente hábil construyendo lo que podríamos llamar "ideas-fuerza".
Una idea-fuerza es una explicación capaz de organizar una enorme cantidad de experiencias humanas alrededor de un principio.
Por ejemplo: el cristianismo puede ofrecer una interpretación de la naturaleza humana, del bien y del mal, de la culpa, del sufrimiento, de la libertad, de la esperanza y de la muerte.
Es una construcción intelectual formidable.
Pero existe una diferencia entre que una explicación sea poderosa y que sea verdadera.
Una novela puede explicar perfectamente la vida de un personaje, pero eso no convierte al personaje en una persona real.
Una teoría filosófica puede ser elegante, coherente y capaz de organizar nuestra experiencia, pero eso tampoco demuestra que describa correctamente la estructura del universo.
Aquí aparece una diferencia que considero fundamental entre las ideas-fuerza y la ciencia.
La ciencia no pregunta solamente «¿Esta explicación resulta convincente?»
Pregunta algo mucho más incómodo de responder como «¿Qué evidencia podría demostrar que esta explicación es incorrecta?»
Y esa diferencia cambia completamente las reglas del juego.
Una religión puede interpretar un acontecimiento de muchas maneras y encontrarle significado.
La ciencia, en cambio, intenta establecer qué ocurrió independientemente del significado que nosotros queramos darle.
Porque la realidad no necesita que la interpretemos para existir.
🍀 La realidad no sabe en qué creemos
Supongamos que dos personas observan exactamente el mismo fenómeno.
✔ Una cree que fue causado por Dios.
✔ La otra piensa que se trata de un fenómeno natural.
El fenómeno no cambia.
El universo no se detiene para preguntarnos qué religión profesamos antes de decidir cómo funcionan las leyes físicas.
Una estrella explota independientemente de que quien la observe sea católico, musulmán, judío, budista, ateo o alguien que jamás haya pensado en Dios.
La gravedad tampoco hace excepciones doctrinales. Y esto puede parecer una obviedad, pero tiene consecuencias bastante profundas.
Porque la realidad es objetiva mientras que la interpretación que hacemos de ella es subjetiva.
Nosotros vivimos dentro de la realidad, pero además construimos historias sobre esa realidad.
Y esas historias están hechas de muchas cosas: experiencias personales, educación, tradición, miedo, esperanza, cultura, familia, conocimientos, prejuicios, deseos, errores, intuiciones y, ocasionalmente, pensamiento crítico.
El problema es que solemos confundir ambas cosas.
Confundimos el mundo con la historia que hemos construido acerca del mundo.
🍀 El accidente de nacimiento
Aquí es donde las religiones me plantean una dificultad todavía mayor.
Imaginemos a una persona que nace en una familia profundamente católica.
Desde pequeño aprende que el catolicismo es verdadero.
✔ Sus padres se lo enseñan.
✔ Sus profesores se lo enseñan.
✔ Su comunidad se lo confirma.
✔ Sus libros lo explican.
✔ Sus sacerdotes lo ratifican.
Toda su cultura religiosa funciona como una enorme máquina de confirmación.
Pero ahora hagamos exactamente lo mismo con un niño nacido en una familia musulmana.
→ O judía.
→ O hindú.
→ O perteneciente a cualquier otra tradición religiosa.
Ese niño recibe otra explicación del universo.
Y probablemente crecerá considerando que la explicación que recibió desde pequeño es la verdadera.
No porque haya investigado personalmente todas las religiones existentes, simplemente porque nació allí.
Y aquí aparece una pregunta que me resulta mucho más difícil de aceptar que cualquier discusión sobre teología:
¿Puede un Dios justo condenar eternamente a una persona por haber nacido en la familia equivocada?
No estoy preguntando si una determinada religión afirma exactamente eso. Las distintas tradiciones tienen doctrinas diferentes sobre la salvación, la condenación, la ignorancia invencible, la responsabilidad personal y muchas otras cuestiones.
Estoy planteando el problema en términos más generales.
Si la salvación depende de pertenecer a la religión verdadera, entonces una parte considerable de la humanidad empieza la partida con una desventaja que jamás eligió.
✔ No eligió a sus padres.
✔ No eligió su país.
✔ No eligió su cultura.
✔ No eligió la religión que le enseñaron.
Y, sin embargo, podría terminar siendo juzgada por no haber elegido correctamente.
Eso me resulta conceptualmente difícil de conciliar con la idea de un Dios perfectamente justo.
Porque entonces estaríamos ante una especie de lotería metafísica: naces aquí y recibes una verdad; naces allá y recibes otra.
Y después, aparentemente, debes descubrir cuál era la correcta.
Buena suerte con eso.
🍀 El problema de la convicción
Aquí regreso a Chesterton.
Chesterton encontró en el catolicismo una explicación que consideró verdadera.
Pero millones de personas han experimentado exactamente lo mismo con otras religiones.
✔ Un musulmán convencido puede considerar que ha encontrado la verdad.
✔ Un judío religioso puede pensar lo mismo.
✔ Un hindú puede encontrar una explicación profunda y coherente en su propia tradición.
✔ Un budista puede llegar a conclusiones radicalmente diferentes y considerar que ha comprendido algo fundamental sobre la existencia.
- Y todos pueden presentar argumentos.
- Todos pueden encontrar experiencias personales que confirmen sus creencias.
- Todos pueden construir una interpretación coherente de su existencia.
Pero la convicción personal no convierte automáticamente una interpretación en realidad objetiva.
Éste es uno de los motivos por los que desconfío de las certezas religiosas.
No porque todas las personas religiosas sean irracionales, ni porque la ciencia haya demostrado que Dios no existe.
No lo ha hecho.
El problema es otro.
Los seres humanos somos extraordinariamente buenos construyendo explicaciones convincentes a partir de información incompleta.
Y somos todavía mejores creyendo nuestras propias explicaciones.
🍀 La verdad no necesita nuestra protección
Por eso prefiero hablar de búsqueda de la verdad antes que de posesión de la verdad.
Incluso puedo estar equivocado. De hecho, esa posibilidad me parece intelectualmente saludable.
Si existe un Dios y el universo tiene una dimensión trascendente, descubrirlo será mucho más interesante que haber ganado una discusión teológica.
Y si no existe, también prefiero saberlo.
La realidad no debería necesitar que yo la proteja.
Si una determinada creencia es verdadera, la evidencia debería poder sostenerla.
Si es falsa, prefiero descubrirlo.
Y si todavía no tenemos información suficiente, también puedo aceptar un «No lo sabemos.»
Para mí, ésa es una de las grandes virtudes de la ciencia.
La ciencia puede equivocarse, claro.
Pero su método contiene, al menos en principio, una herramienta extraordinariamente valiosa y es la posibilidad de corregirse.
Una teoría científica no debería ser verdadera porque millones de personas la heredaron de sus padres.
Debería ser aceptada porque la evidencia disponible la sostiene.
Y mañana puede aparecer una evidencia nueva que obligue a modificarla.
Eso no es una debilidad.
Es precisamente una de sus fortalezas.
🍀 La verdad siempre será más grande que cualquier religión
Hay una idea que resume buena parte de mi posición es que si Dios existe, la verdad no puede ser enemiga de Dios.
Si el universo fue creado por Dios, entonces las leyes físicas forman parte de esa creación.
Si la evolución describe correctamente la historia de la vida, entonces también forma parte de esa realidad.
Si algún día descubrimos vida extraterrestre, esa vida pertenecerá al universo creado, si es que hubo un creador.
Si descubrimos que nuestra comprensión actual de la conciencia es incompleta, también tendremos que incorporar ese conocimiento.
Y si algún descubrimiento futuro contradice una determinada interpretación religiosa (como los hay ahora... y muchos...), entonces el problema no estará en la realidad.
Estará en nuestra interpretación.
Porque un Dios que hubiera creado el universo no necesitaría que sus criaturas defendieran una explicación equivocada acerca de él.
Eso sería bastante extraño.
Sería como si un ingeniero construyera una máquina y después castigara a sus usuarios porque no adivinaron correctamente el manual que nunca les entregó.
🍀 Entonces, ¿qué importa?
Quizá por eso, con los años, me ha interesado menos saber quién tiene razón y más saber cómo buscamos la verdad.
Porque si existe una trascendencia, eventualmente sabremos.
Y si no existe, tampoco podremos saberlo.
Si tengo razón y después de morir simplemente dejamos de existir, no habrá una respuesta final esperando al otro lado.
✔ No habrá tribunal.
✔ No habrá revelación.
✔ No habrá «te lo dije».
Dormiremos para siempre y se terminó la discusión.
Pero si estoy equivocado y existe una realidad trascendente, entonces finalmente descubriremos qué había detrás de todo esto.
En cualquiera de los dos casos, mientras estamos vivos solamente disponemos de una herramienta bastante modesta y la llamamos BUSCAR.
Pero es un Buscar que compara, duda, aprende, corrige.
Y trata de no confundir nuestras historias personales con la realidad porque quizá ése sea el punto más importante de todos.
No importa demasiado que alguien haya nacido católico, musulmán, judío, hindú, budista o ateo.
Eso nos dice algo sobre su historia, no necesariamente sobre la verdad.
La verdad del universo no cambia porque alguien haya nacido en una familia determinada.
Una estrella no cambia su composición química porque la observe un creyente, la Tierra no modifica su edad para acomodarse a una doctrina.
Y una ley física no deja de funcionar porque contradiga una tradición milenaria.
La realidad simplemente está ahí.
Nosotros somos quienes llegamos después y tratamos de entenderla.
Algunos acertaremos, otros nos equivocaremos.
Y probablemente todos hagamos ambas cosas en algún momento.
Por eso no me preocupa demasiado equivocarme.
Me preocupa mucho más estar convencido de tener razón cuando todavía no tengo pruebas suficientes.
Chesterton encontró en su búsqueda una respuesta.
Yo encontré, hasta ahora, una pregunta. Y quizá la diferencia entre ambos no sea que uno buscó la verdad y el otro no.
Quizá sea simplemente que uno creyó haberla encontrado y el otro decidió seguir buscando.
Y, mientras haya algo que aprender, no me parece una mala manera de pasar la vida.
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