miércoles, 21 de octubre de 2026

Portada de la Web del Escritor Rodriac Copen

 




⭐
Acerca De Rodriac Copen

✔ ¿Quién Soy?
✔ El Diario de Rodriac
✔ Calendario 2026
✔ Contacta con Rodriac 
✔ Colabora con la Web
✔ Mapa del Sitio ⭐Recomendado
✔ Proyectos en Carpeta



⭐
Descargas

✔ Descargas Gratuitas
✔ Compra mis PDFs
✔ Rodriac en Archive.org



⭐
Novedades para Ti

✔ Ultimas actualizaciones
✔ Servicio para Lectores Premium
✔ Historias Premium Signature Stories
✔ Links Recomendados 



⭐
Cuentos por Género

✔ Cuentos: Amor y Drama
✔ Cuentos: Ciencia Ficción
✔ Cuentos: Conversaciones Imposibles (Humor)
✔ Cuentos: Humor
✔ Cuentos: Microrrelatos
✔ Cuentos: Policiales y Noir
✔ Cuentos: Pulp Fiction
✔ Cuentos: Suspenso y Espionaje


⭐ Sagas y Universos

✔ Saga Alexia Stevens (Espionaje)
✔ Saga BackStream (Espionaje, Conspiración)
✔ Saga Conversaciones Imposibles (Humor)
✔ Saga CyberSun Proyecto Inmortal (SciFi) 
✔ Saga Droven y Lyra – Viejo Futuro (SciFi, Romance) 
✔ Saga Leorin y Calyra Dastel (SciFi, Humor, Romance) 
✔ Saga Mara Vale (SciFi Noir) 
✔ Saga Misterios de Graciela Calvert ( Misterio )
✔ Saga Navegantes de la Frontera (SciFi Aventuras) 
✔ Saga Pólvora de Estrellas (Westerns Futuristas)
✔ Saga Resonancia Ártica (SciFi, Misterio) 
✔ Saga Steve Crettan & Sonja Holten ( SciFi Policial )
✔ Universo Cygnus 



⭐ No Ficción

✔ Actualidad para Escritores
✔ Biblioteca de Rodriac
✔ Ciencia Ficción Dura
✔ Curiosidades Históricas
✔ El Diario de Rodriac
✔ Ensayos de Rodriac
✔ La SciFi Que Nadie Te Contó
✔ La Trastienda Autoral
✔ Proyectos en Carpeta



⭐ Textos Varios

✔ Inspiracion y Espiritualidad
✔ Pequeñas Reflexiones
✔ Prosa Poética y Reflexiva
✔ Telón Abierto (Teatro)
✔ Textos de Amor

 

⭐ Servicios para Escritores

✔ Edición, Editorial, Servicios para Autores 
✔ Taller Gratuito de Ciencia Ficción
✔ Taller Gratuito de Escritura Creativa
✔ Taller Gratuito de Escritura Feroz 
✔ Taller Gratuito de Humor 
✔ Taller Gratuito para Escritores Modernos



⭐
Otras Webs de Rodriac

✔ Rodriac Copen en Inglés
✔ Historias Fantásticas de SciFi
✔ Rodriac Copen en InkSpired




⭐----------⭐----------⭐----------⭐

🎯 Gracias por Visitarme

Más de 2.200.000 lecturas en Inkspired... y creciendo.
Historias que exploran el futuro… y lo que significa ser humano.

⭐----------⭐----------⭐----------⭐


🔹 Ir a la Sección “Mapa del Sitio” 

🔹 Ir a la Sección “Novedades de Esta Web” 




   




🏷️ Tags:

#CienciaFicción
#ThrillerSciFi
#SciFiPsicológico
#Misterio
#Policial
#Espionaje
#Suspenso
#Drama
#Filosofía
#Existencialismo
#Distopía
#Futuro
#Amor
#Relaciones
#DilemasHumanos
#Soledad
#CienciaFicciónDura
#InteligenciaArtificial
#ViajesEnElTiempo
#RealidadesAlternativas
#Humor
#Sátira
#ComediaAbsurda
#RodriacCopen
#RicardoPonce
#EscritorIndie
#Mendoza
#Argentina 



martes, 20 de octubre de 2026

La SciFi Que Nadie Te Contó: "Origenes de la SciFi Argentina"

 

👁️ La SciFi Que Nadie Te Contó

🍀 Origenes de la SciFi Argentina
por Rodriac Copen


Hay una pregunta que me gusta hacer cuando hablamos de innovación y creatividad, y que es la base de innovación de los grandes escritores de ciencia ficción: ¿Qué vio un escritor que los demás todavía no estaban percibiendo?

Y no me refiero a las historias que escribió, a cuántos libros publicó o cuántos premios recibió en su carrera.

Me refiero a algo bastante más difícil de detectar: ¿Qué posibilidad intelectual descubrió antes que los demás se dieran cuenta?

Porque escribir bien, en realidad, es -o debería ser- el equipamiento básico de todo escritor.

Un buen escritor sabe construir personajes, manejar el lenguaje, crear conflictos, mantener el interés y contar una historia.

Pero eso no necesariamente convierte a un autor en un escritor innovador.

La verdadera diferencia aparece cuando el autor mira la realidad de una manera que todavía no se ha convertido en literatura.

Y aquí aparecen personajes extraordinarios como Eduardo Holmberg.

Eduardo Ladislao Holmberg es considerado el gran pionero y uno de los fundadores de la ciencia ficción argentina, pero existen antecedentes documentados de una publicación de tipo SciFi anteriores a su obra.

Y esta distinción es importante, sobre todo porque una cosa es el primer texto conocido que hoy podemos clasificar como ciencia ficción y otra, el primer escritor que desarrolló el género de manera reconocible.

Según el historiador y especialista Luis Pestarini y la Science Fiction Encyclopedia, el primer relato rioplatense de SciFi se publicó en junio de 1816, poco antes de la declaración de independencia argentina. Era una sátira de costumbres ambientada en un Buenos Aires futuro, concretamente en 1880. Se lo considera el primer relato argentino conocido que puede encuadrarse dentro de la ciencia ficción.

Es por eso que si preguntamos quién escribió el primer texto argentino conocido de ciencia ficción, la respuesta apunta a un autor anónimo de 1816. Si preguntamos quién fue el primer gran autor y fundador reconocible del género en Argentina, Holmberg es la respuesta más aceptada.

Y hay un detalle que me parece especialmente interesante para esta serie de notas sobre ciencia ficción: la historia del género argentino no comienza necesariamente con un escritor que se propuso escribir ciencia ficción, sino con un relato anónimo cuya clasificación como tal llegó después. 

Esta es una buena manera de recordar que los géneros literarios no nacen siempre el día en que alguien decide ponerles nombre.



⭐
Una historia SciFi publicada antes de la independencia

Cuanto más se investiga la publicación de «Delirio», más interesante resulta. No tanto porque sea una obra maestra olvidada —el especialista Luis Pestarini la considera literariamente poco relevante—, sino porque permite descubrir una ciencia ficción argentina anterior a la independencia nacional y medio siglo anterior a las obras más conocidas de Holmberg. 

Y hay una particularidad que merece atención: «Delirio» no parece ciencia ficción en el sentido contemporáneo de la palabra. Es, ante todo, una sátira política y social que utiliza una situación fantástica para poner en evidencia los defectos de la sociedad de su época.

El relato se publicó en dos partes: el 11 de junio de 1816 en el número 39 y el 18 de junio de 1816 en el número 40 a través de "La Prensa Argentina", semanario político y económico de Buenos Aires. El relato fue atribuído a Antonio José Valdés, periodista y editor nacido en Cuba, aunque el relato apareció anónimamente.

El relato se ambiente en Buenos Aires, hacia el año 1880, unos 64 años después de su publicación. 

El detalle cronológico es notable. El cuento apareció menos de un mes antes de la declaración de independencia del 9 de julio de 1816. La Argentina todavía no existía como Estado independiente, pero ya había alguien imaginando una sociedad futura para criticar la presente.

Hay que marcar una precisión histórica, porque lo correcto es hablar de un relato publicado en territorio argentino, que  entonces era parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Llamarlo «el primer relato de ciencia ficción argentina» es una clasificación retrospectiva, no una etiqueta que sus contemporáneos necesariamente hubieran utilizado.

La historia presenta a dos personajes fabulosos: el gigante Tremebundo y su escudero Chilibrán, que llegan a Buenos Aires y se encuentran con un anciano llamado Souloulou. Los viajeros quedan horrorizados ante el aspecto de la ciudad y deciden transformarla mediante sus poderes mágicos.

Lo que sigue es una reforma urbana y social bastante expeditiva: el gigante mejora el puerto, remodela calles y edificios, elimina pantanos, reorganiza espacios públicos y modifica instituciones. También critica la educación, las cárceles, la industria, el periodismo y la abundancia de abogados, oficinistas y clérigos. 

La ciudad es el verdadero protagonista del relato. Los personajes fantásticos funcionan como instrumentos para que el autor examine las costumbres y deficiencias de la sociedad porteña.

Hay tres elementos del relato que son especialmente significativos.

✔ La sátira del progreso: El relato imagina una ciudad mejorada mediante intervenciones extraordinarias. Pero no se limita a describir edificios hermosos: también cuestiona la organización social, la educación y la administración pública.

✔ La mirada del extranjero: Antonio José Valdés, el autor al que se atribuye el texto, había nacido en Cuba y llegado a Buenos Aires en 1815. Según Pedro Luis Barcia, esa posición de alguien llegado de fuera pudo ayudarlo a observar con distancia crítica las costumbres locales. 

✔ La independencia como telón de fondo: Los gigantes se interesan por Buenos Aires porque sus habitantes están luchando por liberarse de una dominación. Esa referencia vincula la fantasía con el momento político en el que fue escrito el cuento.

¿Dónde se puede leer?

En "La Prensa Argentina", disponible en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Allí puedes buscar el número 39 del 11 de junio de 1816 y el número 40 del 18 de junio de 1816.

O en este mismo artículo, que tiene disponible el número 39 y número 40 del semanario "La Prensa Argentina" de 1816. 



⭐
Eduardo Ladislao Holmberg 

Eduardo Homberg fue un escritor argentino que, entre otras cosas, tuvo la curiosa capacidad de hacer ciencia ficción antes de que la ciencia ficción existiera como género reconocible.

Y eso nos obliga a cambiar el tipo de pregunta que habitualmente hacemos sobre los escritores.

No deberíamos preguntarnos si fue Holmberg el primer escritor argentino de ciencia ficción. La pregunta más interesante sería ¿Cómo se escribe ciencia ficción cuando todavía no existe la ciencia ficción?

Cuando Holmberg publicó "Dos partidos en lucha" y "Viaje maravilloso del señor Nic-Nac" en 1875, la literatura todavía no tenía una casilla llamada "ciencia ficción".

La etiqueta "science fiction" aparecería muchas décadas después.

Pero eso no significa que nadie hubiera imaginado viajes a otros mundos, máquinas extraordinarias, futuros posibles o sociedades diferentes.

Ya existían antecedentes: Julio Verne, Edgar Allan Poe, Mary Shelley.

Había literatura fantástica, relatos de aventuras, novelas científicas, viajes imaginarios, utopías, literatura gótica y toda clase de especulaciones sobre los descubrimientos científicos.

El problema es que todavía no existía una conciencia clara de que todas esas cosas podían formar una misma tradición literaria.

La ciencia y la literatura todavía estaban buscando su relación.

Y Holmberg entró precisamente por esa grieta.

No llegó diciendo "voy a escribir ciencia ficción" porque no podía decirlo. La categoría todavía no existía.

Él llamó a "Viaje maravilloso del señor Nic-Nac" una "fantasía espiritista". La propia portada de la edición de 1875 lo presenta de esa manera.

Y "Dos partidos en lucha" llevaba otro nombre extraordinariamente revelador:"Fantasía científica". 


Holmberg todavía no tenía el nombre del género, pero ya estaba experimentando con su ADN.



⭐
¿Qué era lo normal?

Para entender la innovación de Holmberg hay que hacer algo que muchas historias literarias olvidan, y es volver al mundo anterior al innovador.

La ciencia del siglo XIX estaba transformando la imaginación occidental. Darwin había publicado "El origen de las especies" en 1859. La geología estaba modificando la percepción de la edad de la Tierra.

La astronomía ampliaba brutalmente las dimensiones del universo. La medicina estaba cambiando la concepción del cuerpo humano. La electricidad, el ferrocarril, el telégrafo y la industrialización estaban demostrando que aquello que parecía imposible podía convertirse en realidad.

Pero la literatura todavía podía tratar esos descubrimientos como simples decoraciones.

Una máquina podía ser una maravilla. Un viaje podía ser una aventura. Un descubrimiento podía ser el argumento. Holmberg hizo algo más interesante.

Convirtió las ideas científicas en motores narrativos.

La ciencia dejó de ser simplemente el escenario. Empezó a convertirse en una forma de producir conflictos.



⭐
La verdadera anomalía de Holmberg

Holmberg no descubrió simplemente que podía poner científicos dentro de una novela.

Su verdadera intuición fue comprender que si la ciencia cambia nuestra manera de entender la realidad, también puede cambiar la manera en que contamos historias.

Parece una diferencia pequeña, pero en definitiva, no lo fue.

Supongamos que un escritor descubre una nueva teoría científica. Puede hacer dos cosas. Por un lado, introducirla en una historia como quien introduce una pistola, un automóvil o un castillo.

O puede preguntarse ¿Qué pasaría con nuestra forma de pensar si esta teoría fuera cierta?

Esta segunda pregunta es la que abre la puerta de la ciencia ficción. Y Holmberg estaba caminando por ese sendero.



⭐
Marte no era solamente Marte

En "Viaje maravilloso del señor Nic-Nac", publicada originalmente en entregas entre 1875 y 1876, un hombre viaja a Marte mediante una especie de desplazamiento astral y descubre allí otro mundo, con habitantes, instituciones, costumbres y conflictos.

Pero lo verdaderamente interesante no es simplemente que Holmberg imaginó vida en Marte. Porque eso habría sido quedarse en la superficie.

Marte se convierte en un espejo. Los habitantes marcianos permiten observar a los seres humanos desde afuera. La sociedad terrestre puede ser examinada mediante una sociedad extraterrestre.

Y ahí aparece una de las herramientas fundamentales de la ciencia ficción que es crear una realidad imposible para hablar de una realidad cercana.

Holmberg no necesitaba viajar realmente a Marte, le bastaba con inventar un Marte desde el cual pudiera mirar Buenos Aires.

La novela utiliza las instituciones, costumbres y preocupaciones de ese mundo imaginario para satirizar aspectos de la sociedad argentina de su tiempo ( Leer esto ). Incluso aparecen paralelismos entre ciudades y estructuras marcianas y realidades políticas y sociales terrestres.

Eso es muchísimo más importante que el simple hecho de haber imaginado extraterrestres. Holmberg descubrió que un mundo alienígena podía funcionar como espejo social.

Y esa herramienta sería utilizada por innumerables escritores posteriores.



⭐
La ciencia como máquina de extrañamiento

Aquí aparece una palabra que debería interesarnos mucho como escritores: extrañamiento.

Una de las herramientas más poderosas de la ciencia ficción consiste en conseguir que el lector mire algo conocido como si fuera desconocido.

Holmberg lo comprendió muy bien.

👉 ¿Queremos hablar de la política? → Inventemos una sociedad marciana.
👉 ¿Queremos hablar de la ciencia? → Inventemos científicos enfrentados.
👉 ¿Queremos hablar de la evolución? → Imaginemos sus consecuencias sociales.
👉 ¿Queremos hablar de la relación entre materia y espíritu? → Inventemos máquinas, autómatas, experimentos y fenómenos que obliguen al lector a preguntarse dónde termina lo material y comienza lo humano.

La ciencia deja entonces de ser información y se convierte en una herramienta para deformar la realidad.

Y cuando deformamos suficientemente la realidad, podemos verla mejor.



⭐
Darwin también podía convertirse en argumento

En "Dos partidos en lucha: fantasía científica", publicada en 1875, Holmberg utilizó el darwinismo y los debates científicos de su tiempo como material narrativo. La novela imagina una disputa entre facciones científicas y utiliza esa lucha para satirizar también las pasiones políticas y sociales de la Argentina de entonces.

Esto resulta especialmente interesante porque Holmberg no se limita a decir "Darwin tenía razón."

Hace algo literariamente mucho más productivo, imagina qué ocurre cuando una teoría científica entra en contacto con seres humanos. Y ahí aparecen las contradicciones.

La ciencia puede ser racional, los científicos no necesariamente. La ciencia puede buscar la verdad, pero las instituciones científicas pueden estar atravesadas por egos, intereses, rivalidades y luchas de poder.

La razón puede ser utilizada por personas profundamente irracionales. Y eso sigue siendo material de ciencia ficción.

Y también sigue siendo material de literatura.



⭐
Después llegó Horacio Kalibang

Cuatro años más tarde, Holmberg volvió a adelantarse a su época.

En 1879 publicó "Horacio Kalibang o los autómatas."

El cuento gira alrededor de autómatas y de la posibilidad de construir seres artificiales. La obra enfrenta además dos posiciones intelectuales de su época: materialismo y espiritualismo. 

Hoy podemos leerlo como una historia sobre robots, pero sería mucho más interesante leerlo como una historia sobre la frontera de lo humano.

Porque la pregunta importante no es ¿Podemos construir una máquina que se mueva como una persona?

La pregunta verdaderamente poderosa es ¿Cómo sabríamos que esa máquina no es una persona?

Observa que esa pregunta ya no pertenece al siglo XIX, es una pregunta del siglo XXI.



⭐
El truco más moderno de Holmberg

Hay otro aspecto de Holmberg que me parece especialmente fascinante.

En "Viaje maravilloso del señor Nic-Nac", el relato no se presenta simplemente como una verdad incuestionable.

La narración introduce dudas sobre lo sucedido. El viaje puede haber ocurrido, pero también puede haber sido producto de la imaginación o de la locura del protagonista. Un análisis académico ha señalado precisamente esa ambigüedad: el relato queda colocado en una situación en la que los hechos parecen haber ocurrido y, al mismo tiempo, no haber ocurrido. (lea esta referencia)

Esto es extraordinariamente moderno. Porque Holmberg está jugando con una pregunta que la ciencia ficción explotaría muchísimo después:

¿Quién tiene derecho a decidir qué es real?

🔹 El científico...?
🔹 El narrador...?
🔹 El protagonista...?
🔹 El lector...?
🔹 La institución...?


¿Y qué ocurre cuando cada uno posee una versión diferente de la realidad?

Holmberg no solamente inventaba mundos. También inventaba incertidumbre alrededor de esos mundos.



⭐
Lo que Holmberg vio antes

Si alguien tuviera que condensar la anomalía intelectual de Holmberg en una sola frase, sería esta: "Comprendió que la ciencia no era solamente un tema sobre el cual escribir: era una nueva manera de mirar la realidad."

Y eso cambia toda las perspectivas previas. Porque una vez que entendemos esto, los autores podemos hacer ciencia ficción con casi cualquier cosa.

✔ No necesitamos naves espaciales.
✔ No necesitamos extraterrestres.
✔ No necesitamos robots.
✔ No necesitamos viajes temporales.

Necesitamos una pregunta capaz de modificar nuestra percepción de lo cotidiano.

Holmberg podía partir de Darwin, o de Marte, de los autómatas o del espiritismo.

Pero lo verdaderamente importante era la operación intelectual de tomar una idea que estaba transformando el mundo y preguntarse qué ocurriría si la lleváramos hasta sus consecuencias narrativas.

Y eso es la esencia de la ciencia ficción, incluso cuando todavía no se llamaba ciencia ficción.



⭐
¿Quién heredó esa mirada?

Me parece que Holmberg no debe ser presentado como si todos los escritores posteriores hubieran copiado directamente sus obras, porque la historia es más compleja que eso.

Pero sí puede hablarse de una tradición rioplatense que continuó explorando la relación entre ciencia, imaginación, evolución, conocimiento y realidad.

Leopoldo Lugones es un caso evidente.

Su colección "Las fuerzas extrañas", de 1906, retomó la fascinación por la ciencia, los experimentos, el conocimiento y aquello que ocurre cuando los límites del saber humano son puestos a prueba. Estudios sobre la literatura especulativa rioplatense señalan expresamente a Holmberg como precedente de Lugones y de Horacio Quiroga. ( Revistas de la Universidad de Murcia )

Y la línea continúa.

Más adelante, la literatura fantástica argentina desarrollaría otra de las grandes intuiciones de esta tradición haciendo que lo extraordinario no necesite vivir en otro universo. Puede instalarse tranquilamente en Buenos Aires.

Allí aparecerían Borges, Bioy Casares y una tradición en la que la ciencia, la filosofía y la especulación funcionan muchas veces como instrumentos para alterar nuestra percepción de la realidad. La literatura fantástica argentina posterior desarrolló precisamente ese tipo de ficción intelectual, en la que lo extraordinario aparece dentro de marcos racionales y especulativos. (Literatura fantástica argentina)

Pero hay una diferencia importante entre todos esos autores, porque Holmberg estaba allí antes. Antes de que la tradición estuviera formada y antes de que existiera una etiqueta suficientemente diferenciada para este género.



⭐
El verdadero aprendizaje para un escritor

Y aquí llegamos a la parte que más me interesa de toda esta nota. Porque estudiar a estos autores y a Holmberg como precursos, solamente sería una curiosidad histórica que desperdiciaría su mayor enseñanza.

Holmberg nos permite descubrir algo fundamental sobre la innovación literaria. Y es que un escritor innovador no necesariamente inventa algo que nunca existió. A veces simplemente conecta dos cosas que nadie había pensado conectar.

Holmberg tenía ciencia, literatura e imaginación.

Pero la innovación apareció cuando esas tres cosas comenzaron a trabajar juntas.

Mientras otros escritores podían ver la ciencia como conocimiento, maravilla o decoración narrativa, Holmberg comenzó a verla como una herramienta literaria capaz de alterar la percepción de la realidad.

Marte podía convertirse en un espejo, Darwin podía convertirse en conflicto, los autómatas podían convertirse en una pregunta sobre el alma y la ciencia podía convertirse en sátira.

Y la fantasía podía convertirse en una forma de investigar aquello que la ciencia todavía no sabía explicar.

Por eso, cuando miramos hacia atrás, podemos reconocer en Holmberg muchas cosas que posteriormente llamaríamos ciencia ficción.

Eduardo Holmberg fue un escritor que descubrió una posibilidad antes de que existiera el género capaz de nombrarla.

Y esa es, probablemente, una de las formas más puras de innovación literaria, porque cuando el género ya existe, uno puede aprender sus reglas tal cual lo hacemos los autores actuales.

Pero cuando el género todavía no existe... se hace necesario aprender a mirar sin reglas.



⭐
Conclusiones: la pregunta que dejan los precursores

Quizá esta sea la pregunta que deberíamos llevarnos como escritores: ¿Qué está ocurriendo hoy frente a nosotros que todavía no sabemos convertir en literatura?

Porque tal vez la próxima gran idea de ciencia ficción no esté en una galaxia lejana.

Tal vez esté escondida en una tecnología que usamos todos los días, en una teoría científica que todavía no comprendemos, en un comportamiento social que recién empieza a aparecer, en una contradicción que nuestra época considera normal.

O incluso en algo que todos vemos...pero que nadie se ha detenido todavía a mirar de otra manera.

Ahí es donde empiezan las miradas diferentes.

Y, algunas veces, también empieza la próxima ciencia ficción.



Mencionado en el Artículo

✔ Adolfo Bioy Casares y la literatura fantástica argentina
✔ Antonio José Valdés
✔ Cuento "Dos Partidos en Lucha" de Eduardo Ladislao Holmberg (1875)
✔ Cuento "Horacio Kalibang o los autómatas"
✔ Cuento "Viaje maravilloso del Señor Nic-Nac" de Eduardo Ladislao Holmberg (1875)
✔ Eduardo Ladislao Holmberg
✔ Eduardo L. Holmberg, Dos partidos en lucha. Fantasía científica
✔ El evolucionismo en la ficción fantástica y en los orígenes de la ciencia-ficción rioplatense: Leopoldo Lugones y Horacio Quiroga 
✔ Hemeroteca de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno 
✔ Horacio Kalibang o los autómatas (Referencia)
✔ La Prensa Argentina - Número 39 - (11 de Junio de 1816)
✔ La Prensa Argentina - Número 40 - (18 de Junio de 1816)
✔ Las fuerzas extrañas, de Leopoldo Lugones
✔ Luis Pestarini
✔ Pedro Luis Barcia
✔ Reflexividad en la obra de eduardo Holmberg: El rol de la ciencia ficción y la fantasía en la modernización y el control de las masas
✔ Semanario "La Prensa Argentina" (Todos los Números)
✔ Science Fiction Encyclopedia






 

 

 

 

 

 

 

🔹 Ir a la Sección "Diario de Rodriac (La SciFi Que Nadie Te contó)” 

🔹 Ir a la Portada de la Web

🔹 Ir a la Sección “Mapa del Sitio” 

🔹 Ir a la Sección “Novedades de Esta Web” 

 






🏷️ Tags:

#CienciaFicción
#SciFi
#CienciaFicciónArgentina
#EduardoHolmberg
#Delirio1816
#HistoriaDeLaSciFi
#LiteraturaArgentina
#AntonioJoséValdés
#LiteraturaEspeculativa
#CulturaArgentina
#HistoriaLiteraria
#FantasíaCientífica
#EscritoresArgentinos
#RodriacCopen 


viernes, 16 de octubre de 2026

La Biblioteca de Rodriac: "Todo lo que nos hizo escritores"

 

✨ La Biblioteca de Rodriac

📚 Todo lo que nos hizo escritores 
por Rodriac Copen


Hay un ejercicio al que siempre vuelvo cuando quiero comprender mejor cómo se construyen las historias: leer publicaciones de otras épocas.

No me refiero solamente a los libros. Hablo de revistas, periódicos, colecciones populares, publicaciones de entretenimiento, suplementos y toda esa variedad de materiales impresos que, mirados con los ojos del presente, parecen pequeñas ventanas abiertas a mundos que ya no existen. O que, al menos, han dejado de existir de la manera en las que los vimos.

Con los años he llegado a una conclusión: para entender cómo se hace un escritor, conviene mirar bastante más allá de sus libros favoritos, de sus citas y de lo que escribe. Se hace necesario investigar todo aquello que alimentó su imaginación antes de que descubriera que podía convertirla en un oficio.

Y en mi caso, la historia comienza mucho antes de que yo pensara en ser escritor.



⭐
Una infancia entre revistas y mundos posibles

Tuve una infancia maravillosa rodeado de publicaciones de toda clase. En mi familia se leía mucho, aunque no necesariamente lo que hoy consideraríamos lecturas formativas para un futuro escritor.

A mi padre le gustaban las historietas como El Tony y Dartagnan. Recuerdo las fascinantes lecturas de "El Príncipe Valiente", Johnny Hazzard, Modesty Blaise, Pepe Sánchez, Helena, Cuentos de Almejas y tantos otros que han ido relegando espacio en mi memoria para todo lo que vino después.

Mi madre leía una revista llamada "Radiolandia", como tantas personas de aquella época. También le gustaban las revistas de modas. Entre sus múltiples profesiones estaba la de costurera, y disfrutaba confeccionando sus propios vestidos. Aquellas revistas no eran solamente una colección de fotografías: contenían modelos, tendencias, formas de vestir y maneras de entender un mundo que llegaba hasta nosotros a través del papel. Y allí estaba yo: leyendo todos esos temas como si fuera un adulto. Me acuerdo de la revista Burda que compraba mi madre. De las historias de estrellas del espectáculo. De las comidillas y cotilleos inocentes de los creadores del periodismo del espectáculo. Una forma cuidadosa y delicada de comunicar que contrasta con el bizarro y muchas veces malintencionado periodismo de espectáculo actual.

En una época en la que ir al cine no era tan frecuente —resultaba caro y no sobraban precisamente los recursos—, publicaciones como "Radiolandia" nos acercaban a las grandes estrellas del cine argentino y estadounidense. Podíamos conocer sus rostros, sus películas, sus historias y hasta algunos detalles de sus vidas. La revista nos permitía asomarnos a un universo que, de otro modo, habría permanecido bastante más lejos.

Mi abuelo paterno leía "Selecciones del Reader's Digest". Cada fin de semana, cuando iba a comer a su casa, yo aprovechaba para leer los chistes. Recuerdo especialmente la sección de humor militar. No sé cuánto podía comprender entonces de sus mecanismos cómicos, pero sí recuerdo el placer de encontrar algo que me hiciera reír.

Mi abuelo materno, ya te lo he contado, me dejaba leer las historias de Marcial Lafuente Estefanía. Y mi madre me permitía disfrutar de las novelas de Corín Tellado.

Visto desde cierta perspectiva, aquello era una biblioteca bastante peculiar. Había humor, aventuras del Oeste, romances, moda, cine y entretenimiento popular. No existía un programa de lecturas ni un adulto empeñado en convertirme en escritor. Simplemente, los materiales estaban allí, al alcance de mi curiosidad.

Y yo leía.

Leía porque me gustaba. Porque aquellas páginas me permitían salir de los límites de mi propia experiencia y entrar en vidas, lugares y situaciones que no habría conocido de otra manera.

Con el tiempo comprendí que, sin proponérselo, mi familia me había proporcionado algo mucho más importante que una colección de lecturas: me había abierto una puerta a la diversidad de la imaginación humana.



⭐
El escritor que todavía no sabía que estaba escribiendo

Cuando uno analiza cómo se forma un escritor, descubre que existe una enorme cantidad de trabajo previo que casi nunca aparece en las biografías literarias.

Nos gusta imaginar que un autor descubre una idea extraordinaria, se sienta ante una máquina de escribir y produce una historia. Es una imagen muy atractiva. También es bastante incompleta.

Antes de esa primera página hubo años de lecturas, conversaciones, experiencias, observaciones, errores, curiosidades y costumbres. Hubo historias que nos emocionaron, personajes que recordamos sin saber muy bien por qué, finales que nos decepcionaron y soluciones narrativas que, de alguna manera, se quedaron dando vueltas en nuestra cabeza.

También hubo lecturas que aparentemente no tenían ninguna relación con lo que terminaríamos escribiendo.

¿De qué le sirve a un escritor de ciencia ficción haber leído una revista de modas de hace sesenta años? ¿Qué puede aportar a una novela de misterio una colección de chistes militares? ¿Qué relación existe entre una vieja novela del Oeste y una historia ambientada en otro planeta?

A primera vista, ninguna.

Pero esa primera impresión suele ser una pésima consejera cuando se trata de la imaginación.

Una revista antigua nos muestra cómo se vestía, qué se consideraba elegante, qué preocupaba a la gente, de qué se reía, qué admiraba y qué daba por sentado. Una novela popular nos enseña, incluso sin proponérselo, qué conflictos emocionaban a sus lectores, qué personajes resultaban reconocibles y qué mecanismos narrativos permitían mantener el interés capítulo tras capítulo.

Cada publicación es una pequeña cápsula cultural. Y cada cápsula contiene algo más que información: contiene una manera de mirar el mundo.

El escritor que se acerca a esos materiales no encuentra necesariamente ideas para copiar. Encuentra algo mucho más interesante: posibilidades que su propia época quizá haya dejado de considerar.



⭐
Leer el pasado para comprender el presente

Las publicaciones antiguas tienen una virtud que a menudo pasa inadvertida. Nos permiten observar el mundo antes de que se convirtiera en lo que hoy conocemos.

Podemos descubrir qué cosas han cambiado, cuáles permanecen y cuáles nos parecen extrañas únicamente porque hemos nacido en otro momento histórico.

También podemos reconocer que muchas de nuestras supuestas novedades tienen antepasados bastante antiguos. Cambian los formatos, los lenguajes y las tecnologías, pero ciertas preocupaciones humanas sobreviven a las décadas con una tenacidad admirable. El amor, el miedo, la ambición, la soledad, el deseo de pertenecer, la necesidad de reconocimiento y la eterna dificultad de comprender a los demás siguen encontrando formas de expresarse.

Para quien escribe ficción, todo eso constituye un material extraordinario.

Estudiar publicaciones de otras épocas permite, además, escapar de una trampa muy común: creer que las personas del pasado eran versiones menos desarrolladas de nosotros mismos. Pues te lo digo: no lo eran. Vivían con otras herramientas, otros conocimientos y otras limitaciones, pero también tenían imaginación, humor, contradicciones y una vida interior que no cabe en una caricatura histórica.

Y hay otra ventaja: el pasado no está obligado a pensar como nosotros.

Sus prejuicios, sus ingenuidades, sus certezas y sus errores pueden resultarnos incómodos. Precisamente por eso conviene leerlo. No para idealizarlo ni para condenarlo desde una cómoda superioridad retrospectiva, sino para comprender cómo se construyen las mentalidades y cómo las personas interpretan la realidad desde el lugar que les ha tocado ocupar.

Un escritor que solo conoce su propio tiempo corre el riesgo de confundir las costumbres de su generación con las leyes universales de la humanidad.

Y después se pregunta por qué sus personajes parecen personas contemporáneas disfrazadas con ropa de otra época.



⭐
Roy Batty y las cosas que no queremos perder

Hay una escena de "Blade Runner" a la que regreso mentalmente con cierta frecuencia: el monólogo final de Roy Batty.

En él hay una tristeza que va mucho más allá de la muerte de un personaje. Está la conciencia de que una experiencia puede ser inmensa para quien la vive y desaparecer después sin dejar una huella proporcional a su importancia.

He pensado muchas veces en cuántas cosas de nuestro pasado se han perdido. Revistas que nadie conservó, relatos que dejaron de reeditarse, autores que fueron populares durante unos años y después desaparecieron de la memoria colectiva. Historias que hicieron reír, soñar o emocionarse a miles de personas y que hoy quizá sobrevivan apenas en el recuerdo de unos pocos.

Me produce cierta melancolía pensar en ello.

Pero no puedo permitirme ser completamente pesimista. El optimismo ha sido una de las constantes de mi vida, y no por desconocer las dificultades. Más bien por haberlas conocido. He atravesado momentos en los que mantener la convicción de que todavía podía suceder algo bueno no era un lujo filosófico, sino una forma de seguir adelante.

Por eso, cuando pienso en todo lo que se ha perdido, también pienso en lo que todavía podemos recuperar.

Hoy tenemos archivos digitales que nos permiten recorrer publicaciones que antes solo estaban al alcance de quienes conservaban sus ejemplares originales o podían visitar una hemeroteca. Podemos consultar colecciones digitalizadas, comparar décadas, rastrear autores olvidados y asomarnos a la vida cotidiana de generaciones que nos precedieron.

De vez en cuando regreso a esos archivos. La Hemeroteca del Museo Mariano Moreno. El Archivo Histórico de Revistas Argentinas y repositorios como Internet Archive son algunas de las puertas por las que vuelvo a entrar en ese universo.

No siempre busco algo concreto. A veces basta con recorrer las páginas, detenerme en un anuncio, leer una noticia antigua o descubrir una ilustración que parece haber esperado durante décadas a que alguien vuelva a mirarla.

Y entonces ocurre algo maravilloso: el pasado deja de ser una fecha y vuelve a convertirse en experiencia.

Una revista recuperada no devuelve la vida a quienes la leyeron. Pero permite que una parte de su mundo vuelva a circular. Alguien puede descubrir hoy lo que otro leyó hace cincuenta, sesenta o setenta años. Una historia puede despertar una nueva curiosidad. Una imagen puede inspirar una escena. Un detalle olvidado puede encontrar un lugar en una ficción futura.

Quizá no podamos impedir que todo desaparezca. Pero podemos evitar que desaparezca pronto.


⭐
No somos una página en blanco

A veces se habla de la originalidad como si un escritor debiera crear desde la nada. Como si las influencias fueran una sospecha y las lecturas anteriores, una especie de contaminación que hubiera que eliminar para alcanzar una voz propia.

Nunca he creído demasiado en esa idea que hay entre los jóvenes.

Cada escritor es el resultado de una combinación irrepetible de factores: sus lecturas, su entorno, sus experiencias, sus conocimientos, sus obsesiones, sus errores, sus afectos y hasta sus distracciones. También de aquellas cosas que leyó sin prestarles demasiada atención y que, muchos años después, reaparecen transformadas en un personaje, una situación o una manera de resolver una historia.

No podemos identificar siempre el origen de nuestras ideas. Ni falta que hace. La mente no funciona como un archivador en el que cada ocurrencia lleva una etiqueta con el nombre de su procedencia.

Absorbemos, relacionamos, olvidamos, recuperamos y transformamos. A veces conscientemente; muchas otras, sin advertirlo.

De ese proceso emerge nuestra voz.

Por eso dos escritores pueden leer los mismos libros y terminar escribiendo obras completamente diferentes. No basta con recibir influencias: importa qué hacemos con ellas, cómo las interpretamos y con qué otras experiencias las combinamos.

La originalidad no exige carecer de antecedentes. Exige transformar lo recibido en algo que lleve nuestra marca.

Y esa transformación comienza mucho antes de que decidamos dedicarnos a escribir.

En mi caso, una parte de Rodriac Copen nació entre las revistas de mi madre, los chistes de "Selecciones" que leía en casa de mis abuelos, las novelas de Marcial Lafuente Estefanía, las historias de Corín Tellado y las revistas de historieta que leía mi padre. No porque todas esas publicaciones me enseñaran directamente a escribir, sino porque ampliaron el territorio de lo que podía imaginar.

Fueron parte de la materia prima. Después llegaron otras lecturas, otros intereses, otros conocimientos y muchas horas de trabajo. Pero la historia había comenzado mucho antes de que yo pudiera reconocerla.



⭐
Nadie se hace escritor a solas

Hay algo que me parece importante recordar, especialmente en una época que tiende a presentar al individuo como una unidad autosuficiente.

Nadie se salva solo. Y nadie se hace escritor completamente solo.

Detrás de cada autor hay una multitud de personas, obras, circunstancias y descubrimientos que han contribuido a su formación. Algunos fueron importantes y otros parecían insignificantes. Algunos llegaron por elección y otros por simple casualidad. Algunos nos enseñaron qué hacer y otros, quizá más valiosos, nos mostraron qué preferíamos no hacer.

Somos el resultado de una conversación interminable con el mundo, incluso cuando escribimos encerrados en una habitación y creemos que estamos solos frente a la página.

Por eso me interesa tanto volver a las publicaciones de otras épocas. No solamente porque me permiten descubrir historias, costumbres o formas de narrar, sino porque me recuerdan de dónde venimos. Me ayudan a reconocer que la literatura no es una sucesión de genios que aparecen espontáneamente, sino una enorme cadena de experiencias humanas que se transmiten, se modifican y vuelven a empezar.

Cada generación recibe algo de las anteriores, lo mezcla con sus propias circunstancias y entrega una versión distinta a quienes vienen después.

En ese proceso, cada escritor es al mismo tiempo heredero y transformador.

No podemos saber qué detalle de una vieja revista terminará convirtiéndose en la chispa de una historia. Tampoco qué lectura aparentemente olvidada reaparecerá cuando más la necesitemos. Lo único que podemos hacer es mantener abierta la puerta de la curiosidad.

Leer mucho. Leer cosas diferentes. Leer sin despreciar de antemano lo que no pertenece a nuestro tiempo, a nuestro género favorito o a nuestra idea de lo que merece llamarse literatura.

Y recordar que, antes de ser escritores, fuimos lectores. Antes de construir mundos, alguien nos mostró que existían otros. Antes de inventar personajes, conocimos innumerables formas de ser humano.



⭐
Lo que todavía puede suceder

Cuando vuelvo a aquellas publicaciones, no siento que esté mirando un mundo muerto. Siento que estoy recuperando piezas de una historia mucho más grande que la mía.

Quizá por eso nunca termino de perder el optimismo. Siempre queda algo por descubrir, alguna página por leer, alguna relación que todavía no hemos establecido entre dos ideas que parecían no tener nada en común.

Roy Batty lamentaba la desaparición de experiencias que no podrían repetirse. Nosotros, por fortuna, disponemos de herramientas que permiten conservar y compartir una parte de lo vivido. No es una victoria definitiva sobre el olvido, pero tampoco es poca cosa lo que hemos logrado.

Y, mientras haya alguien dispuesto a abrir una revista antigua, leer un relato olvidado o preguntarse qué clase de mundo había detrás de una fotografía, una pequeña parte de aquel pasado seguirá teniendo futuro.

Al fin y al cabo, eso hacemos los escritores: recogemos fragmentos de lo que hemos vivido, leído, aprendido e imaginado; los mezclamos con nuestras propias contradicciones y tratamos de construir algo que antes no existía exactamente de esa manera.

No partimos de la nada, hombre. Nunca lo hicimos.

Somos la culminación provisional de innumerables factores que nos han convertido en individuos únicos, particulares e irreemplazables. Y lo que escribimos lleva, aunque no siempre podamos reconocerlo, las huellas de todas esas vidas que de alguna manera pasaron por la nuestra.

Quizá la mejor manera de honrar ese legado no sea intentar ser originales a toda costa, sino continuar la conversación.

Leer lo que otros escribieron. Comprender de dónde venimos. Aprender de quienes nos precedieron. Y después, con todas esas voces resonando en algún rincón de nuestra cabeza, sentarnos a escribir nuestra propia historia.

Porque todavía quedan mundos por imaginar.

Y, por suerte, todavía quedan muchas páginas por leer y por escribir.


Buena Escritura !!! ✍️😊🔥



Mencionado en el Artículo:

✔ Archivo Histórico de Revistas Argentinas
✔ 
Columberos: Historietas de la Editorial Columba
✔ Corin Tellado
✔ Cuentos de Almejas
✔ Dartagnan
✔ El Principe Valiente
✔ El Tony
✔ Helena
✔ Hemeroteca Digital de la Biblioteca Mariano Moreno
✔ Johnny Hazard
✔ Lágrimas en la lluvia (Monólogo Final de Ray Batty)
✔ Links de Interés para Escritores
✔ Marcial Lafuente Estefanía
✔ Modesty Blaise
✔ Pelicula "Blade Runner" (1982)
✔ Pepe Sánchez
✔ Radiolandia
✔ Readers's Digest
✔ Revista Burda
✔ Revista Radiolandia







 

 

 

 

 

 

 

🔹 Ir a la Sección "Diario de Rodriac (La Biblioteca)” 

🔹 Ir a la Portada de la Web

🔹 Ir a la Sección “Mapa del Sitio” 

🔹 Ir a la Sección “Novedades de Esta Web” 

 






🏷️ Tags:

#RodriacCopen 
#LaBibliotecaDeRodriac 
#Escritores 
#EscrituraCreativa 
#OficioDeEscritor 
#HistoriaDeLaLiteratura 
#RevistasAntiguas 
#HemerotecasDigitales 
#MemoriaLiteraria 
#InfluenciasLiterarias 
#FormaciónDelEscritor