viernes, 17 de febrero de 2023

Historia: "El Último Envío de Aurora-9 ( Western Futurista )"

 


Western Futurista Scifi

 

El Último Envío de Aurora-9

por Rodriac Copen


El viento levantaba polvo azul cuando alguien llegaba a Prospect Ridge.

Las partículas del desierto de Aurora-9 siempre parecían brillar un poco al atardecer, como si el planeta estuviera cubierto de cenizas eléctricas. Las tormentas crepitaban a kilómetros de distancia, iluminando las montañas donde los mineros extraían oro, diamantes y los raros cristales energéticos que hacían rica a la colonia… al menos en teoría.

En la práctica, Prospect Ridge era un pueblo pequeño con pretensiones de ciudad.

La cantina tenía puertas automáticas que chirriaban como si fueran de madera.

Los mineros llegaban montados en caballos mecánicos o motos antigravedad llenas de polvo para ver a las chicas mostrar sus muslos en las danzas clásicas del lugar.

Y el banco —un cilindro metálico con antenas orbitales— era el único edificio realmente importante del lugar.

Todo lo demás existía porque ese banco estaba allí.

La tarde del día en cuestión, cualquiera se daría cuenta de que algo iba a salir mal.

Si alguien miraba al cielo, habría visto una nave. Negra como el infierno, si es que el infierno es negro.

No era una nave carguera. Tampoco minera.

Era definitivamente una nave de guerra.

Y nadie en una colonia tranquila traería una nave de guerra para saludar.

La noticia corrió rápido entre los que no estaban borrachos. Para conocer las últimas noticias, solo se debía entrar a la cantina. Allí es donde empezaban a correr los rumores.

Los mineros hablaban en voz baja, mientras el viejo piano automático intentaba tocar algo alegre y fracasaba miserablemente.

En la barra, totalmente impasible, estaba Mara Kellan, la sheriff del lugar.

La reconocerías incluso antes de ver la estrella que destacaba en su abrigo.

Estaba sola. Siempre estaba sola.

Decían que era viuda. Su marido había muerto defendiendo la colonia de piratas espaciales años atrás. Desde entonces Mara era la ley de Prospect Ridge con la ayuda de dos voluntarios… que tenían más entusiasmo que talento.

Un minero entró y se sentó dos taburetes más allá de la sheriff. Pidió whisky sintético. Y habló, sin mirar a Mara directamente. Simplemente dijo:

—“Esa nave no me gusta, sheriff.”—

—“A mí tampoco —respondió la mujer de la ley, mientras le miraba de reojo. —“¿La conoces?”—

El minero tomó un sorbo mientras respondía:

—“Ojalá no. Traerá problemas.”—

Entonces la cantina se abrió de golpe, y uno de sus ayudantes entró corriendo.

—“Sheriff… aterrizaron.”—

Hubo un silencio en el salón.

—“¿Cuántos?”— preguntó Mara.

—“Muchos.”—

El hombre miró el reflejo de la ventana.

La nave negra había descendido más allá del pueblo.

El minero supo exactamente quiénes eran. Solo dijo:

—“Son los Hijos del Vacío, sheriff. Estamos en problemas.”—

Eran forajidos espaciales especializados en algo muy concreto: robar colonias justo antes del envío de sus cargamentos.

Y hoy era día de envío en Prospect Ridge.

Unas horas después el pueblo estaba ocupado. Los forajidos patrullaban las calles con rifles de energía. Sus drones negros vigilaban los tejados.

El líder había enviado un mensaje claro:

—“El banco abrirá su bóveda antes del envío orbital. O Prospect Ridge dejará de existir.”—

Esa misma noche los dos ayudantes de Mara desaparecieron.

Huyeron definitivamente. Y nadie los culpó demasiado.

Pero la sheriff se había quedado sola. O bueno, casi sola.

El minero la encontró en la cantina otra vez. Ella levantó la vista cuando se acercó. El hombre le dijo a la sheriff:

—“No me gusta meterme en problemas.”— dijo.

—“Entonces elegiste mal el planeta.”— respondió Mara mientras preparaba los proyectiles.

—“Puede ser.”— dijo sonriendo mientras se apoyaba en la barra. —“Pero odio más a los que roban mi dinero.”—

Mara le miró con calma.

—“¿Y qué esperas?”—

El hombre sonrió.

—“Deme un arma sheriff. Esto se va a poner intenso.”—

Hubo un pequeño silencio mientras lo estudiaba. Entonces ella suspiró.

—“No pareces un minero.”—

—“No lo soy.”—

—“¿Quién eres? ¿Por qué quieres ayudarme?”—

El hombre pensó por un segundo.

—“Soy Tucker, sheriff. En otro sistema, ya enfrenté a estos chicos.”— hizo una pausa —“Y le aseguro que no se van a detener después del Banco.”—

Ella alzó una ceja.

—“Eso no me tranquiliza.”—

—“Debería.”—

—“¿Por qué?”—

Tucker se inclinó un poco.

—“Porque sé cómo detenerlos.”—

Mara lo pensó un poco. Le dio un par de armas. Y le clavó una estrella en la chaqueta.

—“Tal vez nos maten esta tarde.”— dijo Mara Kellan, la sheriff del lugar.

—“Será por una buena causa.”— respondió el ahora ayudante Tucker.

El banco de Prospect Ridge parecía sencillo.

Solo tenía una bóveda y un ascensor orbital automático.

Cuando llegaba el día del envío, el cargamento subía al espacio y una nave lo recogía para llevarlo a la Tierra.

Simple. Pero había un detalle.

—“La bóveda solo puede abrirse desde dentro.”— le explicó Tucker a la sheriff.

Mara frunció el ceño mientras preguntaba:

—“¿Cómo diablos sabes eso?”—

—“Porque yo ayudé a asaltar una igual hace años, en Delta-7”—

La sheriff hizo silencio. Respiró hondo.

—“Entonces necesitan un rehén.”—

—“Exacto.”—

—“Y si lo consiguen…”—

—“La colonia se queda sin nada.”—

Mara miró por la ventana.

Los forajidos caminaban por la calle principal.

—“Deberemos pelear.”—

—“Exactamente.”— sonrió Tucker —“Me gustan los pueblos que pelean.”—

Los mineros no eran soldados. Pero tenían herramientas.

Y Tucker sabía improvisar.

En pocas horas Prospect Ridge empezó a parecer un arsenal improvisado.

Un minero montó un robot perforador como si fuera un caballo. Otro adaptó un taladro industrial para disparar fragmentos de cristal energético. Un tercero insistió en usar un rifle tan viejo que cada disparo reiniciaba su implante ocular.

—“¡Otra vez quedé ciego!”— gritaba cada vez.

—“Tal vez deberías dejar de disparar.”— dijo la sheriff.

—“¡Nunca!”—

Mara observaba a su único ayudante mientras él organizaba todo.

—“Hablas como si hubieras asaltado veinte bancos.”—

—“Veintidós, sheriff.”—

—“No es gracioso.”—

Tucker se encogió de hombros.

—“Era otra vida, sheriff.”—

Ella no respondió. Pero tampoco le disparó. Lo cual ya era una victoria.

Las emboscadas comenzaron al día siguiente. Decenas de drones de prospección vigilaban las calles.

Robots mineros patrullaban como torpes caballos metálicos. Tucker logró derribar tres patrullas en un día. Y cada vez que regresaba al refugio, Mara estaba allí.

A la noche, mientras las tormentas eléctricas iluminaban el desierto, ella le preguntó:

—“Realmente ¿Eras forajido?”—

Tucker suspiró:

—“Mi hermana estaba enferma. Por ella lo hice.”—

—“¿Cómo?”—

—“El contrabando paga bien. Y necesitaba el dinero para ella.”—

Ella te miró largo rato.

—“¿Y por qué no te quedaste en ese negocio?”—

—“Le envié todo lo que pude juntar. Y la salvaron. Ya no tenía sentido seguir en esa vida.”— hizo una pausa –“A veces uno se cansa de ser el villano.”—

Mara apoyó la espalda en la pared.

—“Yo me cansé de ser la mujer fuerte.” —

Por un segundo ninguno dijo nada. Entonces otra explosión sacudió el pueblo. Un beso inició un romance de frontera… interrumpido por disparos.

Al otro día los Hijos del Vacío lanzaron el asalto final.

Antes que empezara la balacera, Tucker se decidió a contar toda la verdad.

—“Conozco a su líder —dijo.

Mara se quedó quieta.

—“¿Cuánto?”—

—“Mucho. Alguna vez fui parte de ellos.”—

—“¿Eras parte de su banda?”—

—“Sí.”—

Ella le miró como si evaluara dispararle.

—“¿Y ahora?”—

—“Vamos a usar eso a nuestro favor.”—

Una tormenta electromagnética llegó justo cuando el banco cayó. Rayos azules cruzaron el cielo. Y el oro del planeta reaccionó con la energía.

Las armas empezaron a fallar. Los rifles láser chisporroteaban. Los proyectiles cinéticos se desviaban.

Los mineros terminaron peleando con taladros, picos y dinamita gravitacional. Fue la pelea más extraña del universo.

Y casi funcionó. Porque los forajidos lograron entrar al banco. Tomaron algunos rehenes. Y activaron el ascensor orbital.

El cargamento comenzó a subir.

Pero Tucker entró al banco por un conducto de mantenimiento. La bóveda brillaba llena de lingotes y cristales, pero el líder de los forajidos lo estaba esperando.

—“Sabía que estabas aquí, Tucker. “—

—“Siempre fui bastante predecible.”—

—“Deberías haber vuelto con nosotros.”—

—“Esa vida acabó para mí, Will.”—

Tucker había activado el panel, sin abrir la bóveda. Eso permitió redirigir el ascensor orbital. El cargamento completo salió disparado al espacio antes  que nadie pudiera tocarlo.

La riqueza de la colonia se salvó.

—“Siempre fuiste un traidor.”— gruñó Will, el forajido.

—“Siempre fuiste un mal parido, Will.”— Tucker disparó más rápido.

Mientras tanto, afuera…

El polvo azul se levantaba en la calle principal. La sheriff Mara Kellan enfrentaba al líder de los Hijos del Vacío con dos pistolas láser.

Un disparo, y el líder cayó. Silencio absoluto.

La sheriff ganó.

Días después el mensaje llegó desde órbita. El cargamento del banco había llegado a la Tierra. La colonia estaba salvada.

Prospect Ridge comenzó a reconstruirse.

Tucker se preparaba para irse, pero Mara lo encontró en el puerto.

—“Podrías quedarte.”—

—“En la mina conocen mi pasado. Me despidieron.”—

Ella sacó una estrella metálica.

—“Podrías ser mi ayudante.”—

Tucker miró el pueblo. Las casas dañadas. Los mineros reparando robots.

La cantina volviendo a abrir con las chicas.

Sonrió.

—“Bueno…”—

Tomó la estrella y la colocó en su chaqueta, mientras le decía a la sheriff:

—“Alguien tiene que enseñarte a pensar como un criminal.”—

Mara notó algo extraño en su cinturón.

—“Esa bala dorada…”—

La miró de cerca. Era una bala de oro. ¿Robada?

Suspiró.

—“Empiezo a arrepentirme.”—

Tucker sonrió.

—“Tranquila, sheriff. La hice con mi propio oro.”—

Tucker tomó a Mara de la cintura y la atrajo hacia él.

El viento volvió a levantar polvo azul. Y por primera vez en mucho tiempo…

Prospect Ridge tenía un nuevo ayudante de la ley.

Y aunque el ayudante tenía un pasado dudoso, Mara Kellan parecía dispuesta a darle una nueva oportunidad.

 

FIN


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