domingo, 26 de marzo de 2023

Historia: "Saga Alexia Stevens - Fuga en el Paraíso"

 


Saga Alexia Stevens • Agente del MI6

Fuga en el Paraíso

por Rodriac Copen

 

El Caribe había logrado, al menos por unas horas, lo que ninguna orden de misión había conseguido: bajar las defensas de Alexia Stevens. Sentada en el bar del resort, con un bikini negro de líneas simples y un vaso frío entre los dedos, observaba el reflejo del atardecer sobre el agua como si no tuviera nada que analizar, nada que prever. Su cuerpo estaba relajado; pero su mente, nunca lo hacía del todo.

—“¡Alexia! No esperaba encontrarte en este paraíso.”— dijo una voz conocida a su espalda.

Alexia giró apenas la cabeza. Theo Crowe sonreía con una bebida en la mano, más descontracturado que en Londres, sin el aire de urgencia permanente que solía acompañarlo frente a las pantallas de sus amadas computadoras.

—“El MI6 debería prohibir coincidencias así.”— respondió ella bromeando —“Siempre terminan mal.” —

Theo rió y se apoyó en la barra.

—“Mientras no le cuentes nada al jefe, creo que podemos fingir que esto es casual.” —

Alexia alzó una ceja.

—“¿Y por qué tendría que ocultarlo?” —

Theo dudó un segundo antes de responder.

—“Porque… bueno…”— titubeó un poco antes de responder —“en la oficina todos creen que eres la novia de Davenport.” —

Ella soltó una breve carcajada, seca.

—“Eso es nuevo.”— dijo divertida —“No, Theo. Entre Marcus y yo no hay nada. O al menos nada oficial. Quizá algunas insinuaciones y nada más… excepto mucha imaginación ajena, por lo que veo.” —

Theo pareció aflojar los hombros.

—“Me alegra escucharlo.”— admitió —“La verdad es que no sabía si estaba cruzando alguna línea.” —

—“Todavía no cruzaste nada.”— respondió Alexia, mirándolo por encima del vaso.

La tarde transcurrió entre la pileta y conversaciones livianas, nada de informes ni códigos de oficina. Theo era interesante y divertido. Hablaba de música, viajes y algoritmos con un entusiasmo casi infantil. Alexia le escuchaba con una atención no fingida. Cuando el sol empezó a caer, él se animó a preguntarle:

—“¿Cenarías conmigo esta noche?” —

Analítica, lo evaluó por apenas un segundo. No como mujer —era evidente que le atraía—, sino como agente. No vio peligro alguno en involucrarse con alguien del trabajo. Theo era analista, no agente de campo. No habría conflicto de intereses.

—“Claro”— dijo —“Pásame a buscar por el lobby.” —

Un par de horas después, Alexia se observó en el espejo de su habitación. El vestido corto resaltaba su figura atlética sin exageraciones. Ajustó su arma preferida en la cara interna del muslo izquierdo. Comprobó el peso familiar, y respiró hondo. Nunca salía desarmada. Ni siquiera de vacaciones.

Bajaba por la escalera principal cuando algo se quebró en su percepción: una situación fuera de ritmo. Vio a Theo unos metros más abajo, flanqueado por un hombre y una mujer. Demasiado cerca. Demasiado firmes. Demasiado fuera de lugar.


La pareja intentaba arrastrar a Theo fuera del flujo de huéspedes. Su cuerpo reaccionó antes que cualquier pensamiento consciente. Avanzó entre la gente con pasos firmes, calculando ángulos, distancias, tiempos. 

Los reconoció de inmediato. Había visto al hombre y a la mujer en la pileta esa misma tarde.

Un guardia del resort, atento como ella misma, se acercó, desconfiado. No llegó a decir nada. El disparo de la mujer fue seco, preciso. El cuerpo cayó sin dramatismo. El grito tardó en llegar, pero el caos fue instantáneo. La mujer tenía el control del brazo de Theo; el hombre cubría la retaguardia. Demasiado coordinados para ser improvisados.

Alexia no tuvo que pensar nada. Actuó por instinto.

Avanzó entre los huéspedes horrorizados mientras la mujer intentaba arrastrar a Theo. El otro atacante se retrasó buscando alguna resistencia de los guardias del hotel.

Desarmó a la mujer con un golpe limpio y la noqueó contra la baranda. El impacto fue contundente; la atacante se desplomó sin un sonido. El hombre reaccionó con un movimiento desesperado, y el cuchillo apareció en su mano. Una fracción de segundo después, Alexia disparó. El proyectil lo alcanzó en el hombro.

Theo retrocedía, pálido, sin saber dónde ponerse.

—¡Corre hacia mí! —le gritó ella—“¡Ahora!” —

Theo obedeció algo torpe y desorientado. Su entrenamiento básico no servía para ese caos real, con gritos, cuerpos y sangre sobre el mármol. Sus manos temblaban.

Los guardias cercanos, testigos del disparo inicial, no se movieron. Su entrenamiento no estaba hecho para eso.

Desde la entrada principal, Alexia detectó el movimiento de un auto esperando. Puertas que se abrían. Refuerzos. Demasiado rápido todo.

 

—“No terminó.”— dijo en voz baja.

Tomó a Theo del brazo y lo empujó hacia el muelle lateral del resort. Corrieron entre palmeras y luces de emergencia. Detrás de ellos, podían sentir pasos acelerados, y voces entrecortadas por radios. 

Cuando llegaron al muelle, Alexia ya había tomado una decisión. No había tiempo para preguntas ni explicaciones. Algo había empezado. Y no pensaba dejar que terminara ahí.

Por la tarde, Theo le había mencionado su trabajo más reciente: la auditoría de un software de seguridad de Novatech, una megacorporación con contratos estatales se seguridad. Un sistema que, según él, tenía fallas demasiado evidentes. Simplemente asumió que podría ser eso. De todos modos no importaba demasiado el por qué. No había tiempo para confirmar nada.

—“¿Sabes nadar?”— preguntó ella sin mirarlo, mientras buscaba alguna salida, algún medio… algo.

 

—“Sí…”— respondió él. Se le notaba más sereno.

 

—“Perfecto. Pero no lo vamos a necesitar.” — dijo ella aliviada al ver una embarcación lista.

 

La lancha estaba amarrada de forma descuidada. Alexia saltó primero, soltó la cuerda y encendió el motor con un movimiento preciso. Theo cayó a su lado casi sin equilibrio.

 

La embarcación salió disparada sobre el río. Estaba oscureciendo. El viento les golpeó el rostro. Detrás de ellos, otra lancha encendió motores y comenzó la persecución.

 

—“Agárrate.”— ordenó sin titubeos Alexia.

 

La tensión era física, casi tangible. El agua salpicaba como metralla líquida. Alexia maniobraba segura, llevando el motor al límite, usando la incipiente oscuridad como aliada.

 

—“Theo.”— dijo sin levantar la voz —“Dime lo que sabes. ¿Qué carajo está pasando?” —

 

Él tragó saliva, mientras se aferraba al asiento.

 

—“Me… me dijeron que sabía demasiado…”— respondió —“Que había una orden directa. De matarme.” —

 

Alexia apretó la mandíbula.

 

—“¿Quién?” —

 

—“No lo dijeron explícitamente, pero…”— respiró hondo —“creo que viene de Novatech.” —

 

—“¿Algo más?” —

 

—“El software del que te hablé, ese que estaba auditando… las fallas no eran errores reales. Es un bluff de vulnerabilidades plantadas. Si alguien ‘rompe’ el sistema, pueden culpar a hackers externos mientras venden información sensible sin levantar sospechas. Secretos de estado, tráfico de datos, espionaje masivo.” —

 

La lancha de los persecutores se acercó. Un disparo rebotó contra el agua, levantando una columna oscura. Alexia hizo que Theo se agachara.

 

—“Ya veo. Cuando lo notaste…”— dijo Alexia, mientras giraba  bruscamente —“pasaste de activo a problema.” —

 

—“Así parece.”— asintió Theo —“Y quieren eliminar el problema.” —

 

Alexia forzó otra maniobra, esquivando un banco de arena.

 

—“Entonces escúchame bien.”— dijo —“Mientras estés conmigo, sigue mis instrucciones. No cuestiones. No te atrases. Solo haz lo que te diga. No pienso perderte mientras estés bajo mi custodia.” —

 

Theo la miró entre sorprendido y agradecido. Nunca la había visto en acción.

 

La persecución continuó río abajo, con el motor rugiendo y la noche cerrada sobre ellos. Alexia Stevens hacía lo único que sabía hacer cuando alguien cruzaba una línea invisible: sobrevivir… y proteger.

Alexia forzó una maniobra brusca, girando hacia una zona donde el río se estrechaba y la oscuridad se volvía más densa. La otra embarcación dudó apenas un segundo. Fue suficiente.

 

—“Aguanta…”— ordenó diciéndoselo a la lancha.

 

Redujo velocidad de golpe y apagó luces. La lancha se deslizó entre sombras hasta tocar la orilla de una pequeña isla cubierta de vegetación espesa. Alexia saltó al barro y arrastró la embarcación con rapidez silenciosa.

 

Ambos se internaron entre los árboles. Escucharon el motor del enemigo acercarse, luego el roce del casco contra las piedras. En silencio, ordenó a Theo que se retirara un par de metros. Alexia calculó trayectorias, tiempos. Cuando uno de los hombres descendió, ella disparó sin aviso. El cuerpo cayó antes de tocar tierra.

 

El segundo hombre reaccionó tarde, pero con furia. Se abalanzó sobre ella, cuchillo en mano. Alexia bloqueó el ataque, giró la muñeca del hombre hasta que el arma cayó y la atrapó con un rápido movimiento. Se la hundió en el costado. El forcejeo del sicario terminó rápido.

 

Buscó en las cercanías a Theo. Sus manos estaban limpias. Su expresión permanecía inalterable.

 

—“¿Alguna identificación?”— preguntó él.

 

Alexia negó con la cabeza.

 

—“Nada. Son profesionales. No llevan rastros.” —

 

Durante unos segundos solo se escuchó el agua golpeando suavemente la orilla. Theo habló en voz baja, como si temiera romper algo frágil.

 

—“Lo que encontré… no es solo un problema técnico. Novatech diseñó el sistema para fallar cuando conviene. Pueden abrir y cerrar brechas a voluntad. Control total.” —

 

Alexia lo miró fijo.

—“Eso explica por qué te quieren muerto, cerebrito.” —

 

Él tragó saliva.

 

—“Y por qué no puedo caer en manos equivocadas.” —

 

Alexia asintió.

 

—“No vas a caer.” —

 

Regresaron al resort usando rutas secundarias. Alexia evitó las zonas iluminadas y entró por los accesos de servicio. Usó el sistema de comunicaciones del hotel para enviar un mensaje cifrado. Corto. Preciso y con prioridad máxima.

 

—“Listo.”— dijo —“El MI6 está en camino.” —

 

Subieron hacia las habitaciones. Alexia le ordenó a Theo:

 

—“Ve a tu habitación. Cámbiate. Ponte algo cómodo. Nada que llame la atención, y no te demores. Luego búscame en la mía.” —

 

—“¿Y tú?”— preguntó él.

 

—“Antes de cambiarme quiero hablar directamente con Marcus”— respondió mientras se refería al jefe Davenport.

 

Mientras Alexia buscaba su habitación, marcó el número privado de Marcus Davenport.

 

El jefe atendió mientras Alexia entraba a su habitación.

 

—“¿Estás bien?”— preguntó sin rodeos.

 

—“Si. Estamos vivos.”— respondió Alexia —“Por ahora.” —

 

Le resumió la situación en frases cortas. Marcus escuchó en silencio.

 

—“No hay agentes cerca.”— dijo él —“Los más próximos están fuera del país.” —

—“Entonces necesitas infringir algunas reglas.”— contestó ella.

 

Hubo una breve pausa.

 

—“Ya lo estoy haciendo.”— dijo Davenport —“Voy a mover contactos. Y van a llegar, pero no antes de mañana.” —

 

—“¿Puedes darme una hora y un lugar?” —

 

—“Dieciséis horas. Punto de extracción en la ciudad. Te mando las coordenadas.” —

 

Alexia cerró los ojos un segundo.

 

—“Es mucho tiempo para una estrategia improvisada.” —

 

—“Lo sé.”— respondió Marcus, que también había sido agente de campo. —“Pero tienes que aguantar, hermosa.” —

 

Cortó la llamada. Alexia dejó el teléfono sobre la mesa. Theo estaba en la puerta, lo hizo entrar.

 

—“Tenemos una ventana de tiempo.”— dijo —“Y hasta que llegue la caballería, eres mi responsabilidad.” —

 

Theo asintió, con una mezcla de miedo y confianza.

 

—“Confío en ti.” —

 

Alexia no respondió. Ya estaba calculando el siguiente movimiento.

 

Ella empezó a desvestirse sin ningún pudor, como si él no estuviera ahí o como si su presencia no significara nada extraordinario. El vestido cayó al suelo, luego el arma, el arnés. Alexia hablaba mientras se movía, práctica y enfocada.

 

—“No hay agentes cerca. Los refuerzos llegarán de afuera. Hay que desaparecer hasta las dieciséis de mañana.” —

 

Theo intentó responder, pero se le secó la garganta. No apartó la vista del cuerpo desnudo de  Alexia, que se puso ropa cómoda, oscura y funcional.

 

—“¿Todo claro?”— preguntó ella, alzando una ceja.

 

—“Sí… claro.”— respondió él, consciente de que su voz podía traicionarlo.

 

Salieron por una puerta lateral. El auto de los atacantes seguía donde lo habían dejado, discreto, sin marcas. Alexia tomó el volante.

 

—“Vamos a rodar sin patrón.” — le dijo mientras encendía el motor.

 

La ciudad nocturna pasó como un flujo desordenado de luces. Encontraron una pizzería abierta, entraron sin llamar la atención.

 

—“Dos grandes, de lo que tengas más rápido.” — pidió Alexia —“Y gaseosas.” —

 

Comieron un par de porciones en el auto y siguieron hasta que Alexia encontró un hotel modesto, sin cámaras visibles en la entrada. Antes de bajar, revisaron el vehículo con minuciosidad.

 

—“Limpio.”— murmuró Theo —“Tal cual mencionaste, eran profesionales.” —

 

La habitación tenía una sola cama, matrimonial. Alexia revisó ventanas, cerraduras, pasillos. Recién entonces se permitió relajarse.

 

—“Por ahora estaremos bien.” —

 

Comieron en silencio primero. Luego el cansancio empezó a aflojar sus  defensas. Se recostaron sobre la cama, aún vestidos.

 

—“Nunca pensé estar en el centro de nada.”— dijo Theo —“Yo solo… encontré algo.” —

 

—“Eso te convierte en un problema para mucha gente.”— respondió Alexia —“Y por ahora, en mi prioridad.” —

 

La conversación derivó, sin que se dieran cuenta, hacia temas personales, recuerdos, elecciones, renuncias. Las palabras se acortaron y las distancias se volvieron más cercanas.

 

Después de un silencio reflexivo, Alexia preguntó:

 

—“¿Te vas a bañar?” —

 

—“Sí.”—respondió él, casi en un susurro.

 

Ella sonrió apenas, más animada.

 

—“Entonces te cedo el lugar. Anda primero ¿Quieres?” —

 

Theo entró al baño. El agua empezó a correr. Cuando ya estaba bajo la ducha, la cortina se abrió. Alexia entró con él sin decir una palabra. El vapor los envolvió. Se miraron durante un par de segundos que parecieron eternos.

 

—“Theo…”— Alexia no terminó la frase.

 

La agente del MI6 tomó la iniciativa. Lo besó. Firme y decidida. El resto fue inevitable. Caricias sobre la piel, respiraciones mezcladas. El mundo exterior dejó de existir por unos momentos.

 

Más tarde, se secaron sin apuro, para luego regresar a la cama desnudos. Se buscaron otra vez y, en una mezcla extraña de urgencia y cuidado, hicieron el amor en silencio, como si el tiempo fuera algo frágil que no debía romperse.

 

Cuando todo se aquietó, quedaron entre las sábanas, agotados.

Alexia lo miró por unos segundos, alerta incluso en calma.

 

—“Duerme.”— dijo —“Vigilaré por un rato.” —

 

Theo cerró los ojos, sintiendo que por primera vez, podía confiarle su vida a alguien.

 

Alexia lo despertó antes de que amaneciera del todo. No hubo caricias ni ternura.

 

—“Arriba.”— dijo en voz baja —“Nos tenemos que ir” —

 

Theo se incorporó de inmediato.

 

—“¿Nos encontraron?” —

 

—“Todavía no.”— respondió ella mientras se vestía —“Pero es cuestión de tiempo.” —

 

Salieron del hotel sin mirar atrás. Alexia condujo hasta una estación de servicio, cargó nafta sin apagar el motor. Al salir, Theo miró alrededor, inquieto.

 

—“Ese auto…”— murmuró —“¿No es el mismo de antes?” —

 

Alexia lo vio por el espejo retrovisor. Gris. Discreto. Siempre a la misma distancia.

 

—“Sí”— dijo —“Y eso no es una coincidencia.” —

 

Aceleró con violencia. El auto gris respondió al instante. La ciudad despertaba y las calles se llenaron de obstáculos: colectivos, peatones, semáforos.

 

—“Agárrate.”— ordenó.

 

La persecución se volvió algo bizarra. Alexia zigzagueó entre calles secundarias, cruzó en rojo, subió algunas veredas. El otro auto no aflojaba el paso. En un muelle abandonado, algunas balas empezaron a golpear la chapa.

 

—“¡Nos están tirando!”—gritó Theo.

 

—“No pueden tenernos, y cambiaron el objetivo.”— respondió ella, fría —“Ahora nos quieren muertos.” —

 

Alexia aceleró hacia una rampa, giró de golpe y volvió sobre sus pasos. El auto enemigo patinó. Aprovechó el par de segundos de ventaja, se metió en un estacionamiento cubierto y apagó el motor.

 

—“Sal.”— susurró —“Rápido.” —

 

Forzaron la puerta de otro vehículo. Alexia conectó algunos cables con precisión. El motor encendió.

 

—“Bienvenido al plan B.” — dijo, de buen humor.

 

Ante de salir del estacionamiento como si nada, vieron al auto gris que pasó de largo.

 

Alexia no frenó hasta dejar la ciudad atrás. Detuvo el vehículo en un páramo abierto y silencioso. Bajaron. El viento era lo único que se movía.

Theo se dejó caer en el suelo, riendo sin aire sobre la hierba.

 

—“Pensé que no salíamos.” — le dijo a Alexia.

 

—“Acá estaremos bien. Aburridos, pero bien. Eso es lo importante.” — dijo ella mientras revisaba los caminos.

 

Satisfecha, Alexia se apoyó en el capó del auto, relajada.

 

—“Lo hiciste bien.”— dijo —“Eres torpe peleando, sí… pero no te paralizaste. Pensaste y actuaste.” —

 

Él la miró, serio y con una cuota de admiración.

 

—“Y tú…”— negó con la cabeza —“Nunca vi a nadie moverse así. Sin dudas… efectiva… letal…”—

 

Se quedaron en silencio, mirándose. La tensión que vivieron se transformó en otra cosa: euforia, cercanía. Atracción.

 

Alexia dio un paso hacia él, para sentarse a su lado.

 

—“Esto no es profesional.”—advirtió.

 

—“Nada de esto lo es.”— respondió Theo.

Se besaron con urgencia, como si sus cuerpos necesitaran confirmar que seguían vivos. Se buscaron sin palabras, hasta que el mundo volvió a desaparecer.

 

Recuperaron el aliento recostados sobre la hierba. Unas horas más tarde,  Alexia miró el reloj.

 

—“Es hora de movernos.” —

 

Theo asintió. Volvieron al auto.

 

Alexia puso en marcha el auto y tomó la ruta hacia el punto que Marcus Davenport había indicado para la extracción.

 

—“Ahora vamos al encuentro.”— le dijo a Theo —“Pase lo que pase.” —

 

La carretera se abrió frente a ellos. Y no había vuelta atrás.

En el punto de reunión, los vehículos negros aparecieron entre el polvo con la seguridad que le había prometido Marcus. Alexia los vio antes que nadie.

 

—“La caballería.”— dijo con orgullo —“Nunca me han defraudado.” —

 

El perímetro fue cerrado en segundos. Los hombres armados descendieron con movimientos precisos, aseguraron la zona, revisaron ángulos, dieron órdenes cortas por radio. La amenaza, si aún existía, se evaporó sin ruido.

 

Marcus Davenport bajó del primer vehículo. Avanzó directo hacia ella.

 

—“Stevens.”— dijo, con la voz tensa —“¿Estás bien?” —

 

Alexia no respondió con palabras. Dio dos pasos y lo abrazó con fuerza, sin medir protocolos ni las miradas de los otros agentes. Marcus la rodeó con los brazos y la sostuvo más de lo necesario, como si necesitara confirmar que estaba ahí, intacta. Alexia apoyó la frente contra su hombro un instante más largo de lo habitual.

 

—“Te dije que me haría cargo.”— murmuró ella.

—“Y yo te dije que no estabas sola.”— respondió él.

 

Theo observó la escena a unos metros. Marcus se separó de Alexia y se giró hacia él.

 

—“Crowe.”— dijo, aliviado —“Me alegra verte de pie, amigo.” —

 

—“Gracias, señor.”— contestó Theo —“De verdad.” —

 

Cuando Marcus volvió a abrazar a Alexia, ella levantó la mirada por encima de su hombro. Sus ojos se cruzaron con los de Theo apenas un segundo. Lo suficiente.

En el rostro de Alexia pasó algo casi imperceptible: una sombra, una fisura mínima en su habitual control. Theo la vio. No supo qué era. ¿Sería culpa? ¿Duda? ¿O la conciencia de estar parada entre dos vínculos que no podían coexistir sin romperse?

Alexia se separó de Marcus mientras éste daba órdenes, y recuperó su compostura.

 

—“Tenemos que irnos ya. El avión nos espera”— dijo Marcus.

 

Los tres subieron al mismo vehículo. Alexia se sentó entre ambos. Marcus hablaba por radio, dando instrucciones finales al avión que les esperaba. Theo miraba por la ventanilla, atento el reflejo de la ciudad alejándose.

 

En un cruce de luces, Alexia volvió la cabeza. Sus ojos se encontraron otra vez con los de Theo. No hubo sonrisa. Tampoco promesas. Solo una calma tensa, cargada de significados y mensajes silenciosos, que tal vez no debían existir. Marcus no notó nada. Seguía concentrado en el operativo. El vehículo avanzó.

 

Y Alexia Stevens, como siempre hacía, guardó sus verdaderas intenciones en el único lugar donde nadie podía acceder sin consentimiento.

FIN 



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