Conexión Pandora
La lluvia tamborileaba suavemente
contra los ventanales de la pequeña cafetería en el corazón de Londres. El
local, decorado con lámparas de estilo industrial y mesas de madera reciclada,
desprendía un aroma cálido a café recién molido y pan dulce. A esa hora de la
tarde, el bullicio habitual de la ciudad parecía quedar afuera, como si el
mundo exterior no pudiera irrumpir en la tranquilidad del lugar.
Alexia Stevens estaba sentada en una de las mesas junto a la ventana, cruzando elegantemente sus piernas. Vestía un traje pantalón de color gris oscuro que realzaba su figura atlética, combinado con una blusa blanca de seda que se ajustaba suavemente a su piel. Los tacones negros completaban un estilo moderno y profesional, mientras que su cabello castaño, recogido en una coleta alta, resaltaba sus rasgos. Aunque su aspecto destilaba seriedad, el brillo en sus ojos delataba una chispa de humor constante.
-"Llegas tarde, Marcus."- Dijo, levantando la vista de la taza de capuchino que sostenía entre las manos. Su voz tenía un tono grave, pero su rostro delataba la observación a su jefe como una broma cargada de ironía.
Marcus Davenport, director de la oficina de Londres del MI6, se dejó caer en la silla frente a ella con un suspiro exasperado. Era un hombre de unos cuarenta y tantos, con una barba bien recortada y un estilo clásico que delataba su preferencia por los trajes a medida. Se quitó el abrigo mojado y le lanzó una mirada de advertencia, también en broma.
-"No todos podemos darnos el lujo de estar tan deslumbrantes y puntuales como tú, mi hermosa Alexia."- Respondió, sacándose las gafas con un resoplido mientras las limpiaba con un pañuelo.
Alexia sonrió, inclinándose ligeramente hacia él. -"Eso suena a un cumplido. Estás mejorando. A este ritmo, podrías incluso invitarme a cenar alguna vez."- Le dirigió un beso soplado desde la palma de su mano.
Marcus bufó, pero no pudo ocultar una sonrisa. -"En otro mundo, Stevens, no te dejaría escapar. Ahora escucha. Tenemos un problema serio."-
El cambio de tono fue suficiente para que Alexia enderezara la espalda y adoptara una expresión más concentrada. Marcus sacó un sobre del interior de su chaqueta y lo colocó sobre la mesa.
-"Ha habido una filtración masiva de datos."- Comenzó a explicar en voz baja. -"Agentes encubiertos en toda Europa han quedado expuestos. Identidades, ubicaciones, operaciones. Todo está en riesgo."- Hizo un gesto de hastío, como abarcando el mundo.
Alexia frunció el ceño mientras abría el sobre y revisaba las notas que contenía. Fotografías, nombres, ubicaciones. -"¿Cuál es la magnitud?"-
-"Catastrófica."- Respondió Marcus. -"Los altos mandos han activado la operación 'Pandora'. Tu misión es identificar la fuente de la filtración y neutralizarla a como dé lugar. La operación se llama así porque pensamos que una hacker conocida por Pandora está detrás de esto."-
Alexia se inclinó hacia adelante. -"¿Y por dónde empiezo?"-
-"Tu primer contacto será un hombre llamado Luca Moretti. Trabaja en una biblioteca histórica de Italia. Según nuestras investigaciones, la firma donde trabajaba anteriormente estuvo vinculada al ataque, aunque él no figura directamente en los archivos. Necesitamos que lo investigues. Si encuentras algo, quizá él pueda ayudar para llevarte a Pandora."-
Alexia se recostó en la silla y sonrió con suavidad. -"Italia, bibliotecas, arte renacentista. Parece que alguien al fin me asignó algo con estilo."-
Marcus rodó los ojos. -"No subestimes la situación. Está en juego la seguridad de decenas de agentes. Necesito que te concentres... y que regreses entera. No sé qué haría si te pasara algo..."-
La mujer guiñó un ojo mientras le coqueteaba abiertamente. -"¿Cuándo no lo hago?"-
Dos días después, Alexia Stevens caminaba por el majestuoso vestíbulo de la Biblioteca Histórica de Florencia. Había cambiado su traje profesional por un vestido sencillo y elegante, de lino beige, que se ajustaba a la perfección a sus curvas. Sus ojos brillaban con un interés fingido mientras observaba los techos altos y las estanterías repletas de libros antiguos.
El encargado la guio hasta una mesa donde un hombre de cabello desordenado y gafas de montura fina revisaba cuidadosamente un manuscrito. Luca Moretti tenía una apariencia relajada, con una camisa blanca arremangada y una chaqueta azul marino colgando del respaldo de su silla.
-"Señor Moretti."- Comenzó Alexia con una sonrisa encantadora, extendiendo su mano. -"Soy Emilia Clarke, profesora de historia en la Universidad de Cambridge. Me han otorgado un permiso para estudiar algunos de sus textos renacentistas."-
Luca levantó la vista, visiblemente sorprendido. Apretó su mano brevemente y le devolvió una sonrisa educada. -"Bienvenida, profesora Clarke. Siempre es un placer recibir académicos interesados en nuestro patrimonio. ¿Hay algo en particular que está buscando?"-
-"Quizá pueda orientarme usted mismo."- Respondió Alexia, tomando asiento frente a él. -"Me han dicho que es un experto en códices y manuscritos renacentistas."-
Luca soltó una risita modesta. -"Exageran, pero haré mi mejor esfuerzo."-
Mientras Alexia sacaba una libreta y comenzaba a hacer preguntas aparentemente inocentes sobre los textos, evaluaba cada uno de sus movimientos. Sus respuestas eran fluidas, sus gestos naturales, pero había algo en sus ojos, una sombra de reserva que la hizo sospechar que no le estaba contando todo lo que sabía.
-"¿Está segura que es solo historia lo que la trae hasta aquí?"- Preguntó Luca de repente, sus ojos clavándose en los de Alexia.
Ella mantuvo su sonrisa intacta, aunque su corazón dio un leve vuelco mientras se encendían las alarmas. Nunca pensó que su contacto pudiera sospechar algo. Trató de preguntar inocentemente. -"¿Por qué lo dice?"-
Luca se encogió de hombros, volviendo su atención al manuscrito frente a él. -"Solo una sensación. Las historias siempre tienen más de un capítulo, ¿no cree?"- No era solo un cerebrito destacando por su inteligencia. Su intuición estaba muy refinada. Tendría que tener mucho cuidado al tratar con Luca.
Después de unos días, Alexia se había instalado en la biblioteca histórica de Florencia, intentando forjar un vínculo con Luca Moretti. Bajo la identidad de una académica interesada en textos renacentistas, se las arreglaba para verlo casi a diario. Luca era un hombre de mediana estatura, cabello oscuro algo despeinado y gafas que acentuaban su aire intelectual. Y era el encargado de custodiar los libros que Alexia había solicitado.
El primer día, su conversación había sido breve, pero Alexia, con su sonrisa cautivadora y comentarios perspicaces, había conseguido que Luca hablara de su amor por la historia.
Poco a poco, mientras revisaban manuscritos antiguos juntos, Alexia fue sonsacándole fragmentos de su vida. Descubrió que Luca tenía un título como profesor de historia y que, años atrás, daba clases en una pequeña universidad. Sin embargo, las malas condiciones económicas lo habían llevado a buscar alternativas. Así fue como se sumergió en el mundo de la programación.
—"Era eso o seguir comiendo pasta barata enlatada"— Bromeó Luca una tarde, mientras colocaba un libro frente a Alexia.
—"¿Y qué tal te fue en esa transición?"— Preguntó ella, inclinándose ligeramente hacia él, fingiendo un interés puramente académico.
—"Sorprendentemente bien. Terminé trabajando para una de las empresas tecnológicas más importantes de Europa. Al principio todo parecía perfecto, pero... bueno, digamos que el ambiente se volvió algo complicado."-
Luca reveló cómo su equipo había desarrollado algoritmos agresivos que rastreaban y cruzaban datos obtenidos de redes sociales. Estas herramientas exponían detalles personales como contactos, direcciones, trabajos, teléfonos. A través de la triangulación, comenzaron a detectar patrones que sugerían la existencia de identidades falsas con documentación oficial. A pesar de su fascinación inicial, Luca empezó a notar algo que había comenzado a inquietarle: su trabajo había atraído la atención de individuos oscuros y peligrosos.
—"Empecé a notar que mis mensajes eran interceptados, rostros desconocidos que me seguían por la calle... Era como vivir en una película de espías"- Admitió Luca con un tono de voz sombrío.
Alexia, que aún mantenía su identidad como Emilia Clarke, había escuchado cada palabra con atención. Y no pudo evitar sentir una mezcla de empatía y deseo de protegerlo de algún modo. Su papel era claro: debía ganarse la confianza de Luca para llegar a la verdad. Pero no contaba con que sus emociones y sentimientos empezaran a traicionarla.
Las tardes en la biblioteca se alargaban, y Alexia descubría que disfrutaba más de lo esperado de la compañía de Luca. Él tenía una manera sutil de hacerla reír, con observaciones irónicas sobre los manuscritos o anécdotas de sus días como profesor.
Una noche, después de que Luca insistiera en acompañarla a su alojamiento para asegurarse de que llegara a salvo, se encontraron bajo las luces cálidas de una pequeña plaza. La música de un violinista callejero llenaba el aire, y el aroma de jazmines parecía envolverlos.
—"Debo admitirlo, Emilia"— Dijo Luca mientras se detenían junto a una fuente —"Tienes algo enigmático. Una académica inglesa que parece tan... fuera de lugar, pero al mismo tiempo encaja perfectamente aquí. Es curioso."-
Alexia sonrió, inclinando la cabeza. De cierto modo, le dolía mentirle diciéndole que su nombre era Emilia Clarke.
—"Quizá sólo soy buena adaptándome. Y tú tampoco eres exactamente lo que imaginé cuando pensé en un archivista."-
—"¿Eso es un cumplido?"— Preguntó Luca con una ceja levantada, aunque su sonrisa lo delataba.
—"Totalmente"— Respondió Alexia, con una voz más suave de lo normal.
Los momentos como ese se hicieron más frecuentes, y Alexia comenzó a sentir una conexión que no esperaba. Cada vez que sus manos se rozaban al pasarle un libro o al caminar juntos, sentía una chispa. Sabía que estaba jugando con fuego, pero no podía evitarlo.
En los días siguientes, Alexia y Luca comenzaron a compartir pequeños rituales que parecían marcar el inicio de algo más profundo. Desde el café temprano en la terraza del apartamento hasta las cenas improvisadas en las trattorias escondidas de Roma, sus interacciones adquirieron una calidez inesperada. A menudo, Alexia lo observaba mientras él hablaba apasionadamente sobre historia y sus manos se movían con entusiasmo al explicar algún detalle renacentista. Luca, en esos momentos, era un hombre despojado de sospechas o miedo, simplemente un ser humano al que ella comenzaba a valorar más de lo que debería. Y aunque Alexia sonreía y reía con él, en su interior crecía una sombra: la certeza de que estaba construyendo algo que en algún momento tendría que destruir.
Cuando Luca se inclinó sobre la mesa para besarla por primera vez, en la biblioteca vacía, Alexia sintió que el mundo se detenía por un instante. El calor de sus labios, la suavidad de su toque... todo era tan real que por un momento permitió que el olvido la consumiera. Pero cuando el beso terminó, la realidad regresó como un golpe. Luca pensaba que ella era alguien que no existía, y mientras más se entregaba a él, más le dolía la inevitable revelación. Sin embargo, no podía detenerse; no quería detenerse. Era como si estuviera atrapada en una dulce mentira, una que sabía que no podría durar.
Para Alexia, la relación con Luca se había convertido en un refugio extraño, un remanso de paz en medio de la tensión de su misión. Cada caricia y cada sonrisa de él eran como un bálsamo, pero también una herida. En las noches, cuando Luca dormía a su lado, ella se quedaba despierta mirando el techo, sopesando las mentiras que lo mantenían cerca y las verdades que algún día lo alejarían. No podía evitar preguntarse si era egoísta al permitir que el vínculo creciera, pero tampoco podía detenerlo. Cada vez que intentaba marcar distancia, una simple mirada de Luca hacía que todo se desmoronara.
"Esto no puede durar…" se repetía Alexia mientras caminaba por las calles de Roma, dejando que el bullicio de la ciudad ahogara sus pensamientos. Pero incluso mientras intentaba convencer a su mente, su corazón latía con fuerza al recordar la risa de Luca o la forma en que él le tomaba la mano como si no quisiera soltarla nunca. Había algo devastadoramente humano en él que la hacía bajar la guardia, y eso era un lujo que no podía permitirse. Cada vez que él la miraba como si fuera su mundo entero, Alexia sentía que una parte de ella se rompía. Porque, aunque quisiera quedarse, sabía que su vida estaba hecha de despedidas.
En la penumbra de la noche, mientras el viento agitaba las cortinas de la ventana, Alexia observaba a Luca dormir. Había algo desgarrador en su paz, como si él no pudiera imaginar que la mujer a su lado llevaba secretos tan pesados como los que a él le habían hecho huir. Alexia sabía que nunca podría ser su novia oficial, nunca podría compartir con él algo más allá de este paréntesis en sus vidas. Y aunque cada fibra de su ser deseaba quedarse, la agente en ella sabía que tendría que partir. Pero, ¿cómo explicarle a su corazón que este amor era solo un préstamo, una felicidad robada?
Finalmente, una noche tras compartir una copa de vino, Alexia decidió que no podía seguir ocultándole la verdad. Había algo en la manera en que Luca la miraba, con confianza y curiosidad, que la hizo sentir que debía ser honesta.
—"Luca, necesito que me escuches con calma."- Dijo, tomando sus manos entre las suyas —"No soy Emilia Clarke. Trabajo para el MI6. Mi nombre es Alexia Stevens."-
Luca parpadeó, sorprendido, pero no apartó las manos.
—"Eso explica muchas cosas que se me cruzaban por la cabeza."— Respondió después de unos segundos. Algo parecía haberse roto dentro de él.
A partir de ese momento, Luca comenzó a colaborar activamente con Alexia en la investigación. De cierto modo, la revelación de la verdadera identidad de la agente, le había aliviado de la sensación de fragilidad en la que había vivido en los últimos meses. Luca le proporcionó información clave sobre su antigua empresa.
Después de obtener la información que necesitaba, Alexia decidió que era hora de solicitar un equipo de apoyo. Su sola presencia no podía en modo alguno garantizar el éxito de la misión.
La habitación estaba oscura, iluminada solo por el brillo parpadeante de varias pantallas. Alexia estaba rodeada por un equipo de hackers del MI6 que se había trasladado a Roma. Habían montado un centro de cómputo improvisado, en un apartamento seguro en medio de la ciudad de Florencia. Stevens pacientemente observaba cómo cientos de líneas interminables de código eran desencriptadas por los programadores del MI6. Cada nuevo archivo que aparecía reforzaba la hipótesis más inquietante: Pandora no era una sola persona.
-"Este trabajo no puede ser obra de una persona. Es una red."- Murmuró uno de los técnicos, ajustándose los auriculares. -"Hay patrones de acciones demasiado complejos, flujos de datos que no pueden venir de una única fuente."-
Alexia se inclinó hacia adelante, mientras apretaba su mandíbula. Luca, que permanecía conectado desde una ubicación segura para su seguridad, aportaba detalles cruciales sobre los sistemas de su antigua empresa, confirmando que muchos de los nombres vinculados al ataque coincidían con sus antiguos colegas.
-"Espera, detente ahí."- Dijo Alexia, señalando un punto de la pantalla.
El hacker, un joven con cabello rubio y gafas gruesas, detuvo la pantalla. -"Este proceso permite conectar directamente con varias redes sociales... y exportar los datos a la base de datos de la empresa de Luca."- Señaló con voz tensa.
Luca, al otro lado de la llamada, habló rápidamente -"Ese es un programa que lo usábamos para análisis de comportamiento de usuarios. Después fue reconfigurado para permitir acceso a las identidades falsas."-
A medida que descubrían los secretos del sistema, la mente de Alexia empezó a unir piezas. La empresa había sido el campo de entrenamiento perfecto para espiar sin dejar rastro, y los responsables habían estado escondidos a plena vista.
-"Pandora no es una persona"- Explicó Alexia en voz alta, haciendo que todos en la sala se giraran hacia ella. -"Es una red. Una red compuesta por antiguos empleados de esta empresa."-
Luca, desde la conexión remota, interrumpió con urgencia -"Eso explica por qué algunas de las herramientas que usaron en el ataque me resultaban familiares. Fueron diseñadas por nuestro equipo para modelar datos, no para espionaje."- Alexia asintió mientras Luca continuaba. -"Pero alguien tomó esos algoritmos y los adaptó para crear funciones de rastreo y verificación. Ahora están desmantelando identidades encubiertas en Europa, posiblemente vendiendo la información al mejor postor."- Había un tono sombrío en su voz, con una pizca de alarma. Alexia pensó en cómo los servicios de inteligencia europeos habían subestimado al enemigo.
A medida que el equipo profundizaba en los datos, más nombres familiares aparecían. Luca se quedó en silencio cuando vio uno en particular. -"Enzo Maletti."- Murmuró con un tono cargado de incredulidad. -"Trabajó conmigo en el desarrollo de algoritmos. Era brillante... pero siempre tenía un lado oscuro, como si estuviera esperando alguna oportunidad para capitalizar sus conocimientos."-
Alexia tomó nota rápidamente mientras opinaba al respecto. -"Enzo parece ser una pieza clave, pero no creo que trabaje solo. Los patrones de comunicación indican que esta red tiene más contactos de lo que imaginamos."- Su mirada se endureció mientras las implicaciones se hacían claras. Pandora era una hidra con muchas cabezas, cada una trabajando desde las sombras.
Mientras analizaban más información, Luca no pudo evitar sentir un peso en su pecho. -"Cuando empecé a sospechar, pensé que alejarme sería suficiente."- Admitió con una voz teñida de arrepentimiento. -"Pero ahora veo que ayudé, aunque sin querer, a crear las herramientas que esta red está usando."-
Alexia lo miró, con empatía. -"No te culpes, Luca. Sin tu ayuda, estaríamos ciegos. Lo importante es que ahora sabemos contra quién estamos luchando."- Pero, en su interior, Alexia sabía que esta revelación era solo el principio. Detrás de Pandora se escondía algo mucho más grande, algo que pondría a prueba no solo sus habilidades como agente, sino también sus límites emocionales.
El primer ataque directo ocurrió una tarde, cuando un automóvil intentó arrollar a Luca mientras cruzaba una calle cerca de la biblioteca. Alexia, que le acompañaba casi pegada a él, lo apartó justo a tiempo.
—"Esto ya no es un simple juego"— Murmuró Alexia, ayudándolo a levantarse del suelo. —"Van en serio porque no nos queda más tiempo. Debemos planificar la captura de todos los implicados con múltiples allanamientos."-
Decidida a protegerlo, la agente lo entrenó en tácticas básicas de evasión. Luca, aunque inicialmente torpe, demostró ser un aprendiz dedicado. La tensión de vivir constantemente al borde del peligro solo intensificó la atracción entre ellos.
Una noche, mientras se escondían de los agentes que buscaban la eliminación de Luca, la luna colgaba baja sobre el horizonte, lanzando un resplandor plateado sobre las colinas italianas. El pequeño departamento donde Alexia y Luca se habían escondido durante días estaba en silencio, salvo por el crujido ocasional de los viejos pisos de madera. Afuera, el viento susurraba entre los árboles, una melodía que parecía intensificar el aire cargado de tensión.
Alexia se encontraba junto a la baranda de la terraza, observando el paisaje oscuro, mientras su silueta era bañada por la luz de la luna. Luca, sentado en el sofá desgastado, la miraba con una mezcla de admiración y preocupación. -"¿Estás bien?"- Preguntó en voz baja, rompiendo el silencio.
Ella se volvió hacia él, mientras sus ojos brillaban con algo más que cansancio. -"Tan bien como cualquier objetivo de una red de espías puede estar."- Respondió, con una sonrisa que no llegó a sus ojos.
Él se levantó y se acercó lentamente, deteniéndose a una distancia prudente. -"Esto... todo esto... no tengo forma de agradecerte la forma en que intentas proteger mi vida..."- Dijo con un tono cálido en su voz.
Alexia bajó la mirada, sintiendo el peso de sus palabras. -"Es mi trabajo, Luca. Mi deber. No puedo permitirme..."- Su voz se quebró ligeramente, y cuando levantó los ojos, la expresión en su rostro era una mezcla de vulnerabilidad y algo que no había permitido salir a la superficie hasta ese momento.
Finalmente la operación de captura, fue autorizada. Cinco grupos de agentes entrenados se distribuyeron en diferentes puntos de la ciudad de Florencia. Alexia se auto asignó al grupo encargado de capturar al cabecilla. Y Luca le acompañaría para identificarlo.
La villa histórica de Enzo Maletti se erguía imponente, con unos muros de piedra desgastados por el tiempo, pero aún poderosos como los oscuros secretos que protegían. Alrededor, el paisaje italiano parecía estar suspendido en el tiempo. Olivares que se extendían hasta el horizonte y una brisa suave que acariciaba las hojas doradas de los árboles. Sin embargo, dentro de la villa, el aire estaba cargado de tensión, como un pesado presagio de lo que estaba a punto de suceder.
Alexia se encontraba a la cabeza de un grupo de élite del MI6, con los nervios a flor de piel. En la pantalla de su dispositivo, la imagen termográfica de Enzo Maletti se actualizó una vez más. El líder de Pandora no era otro que el hombre que había comenzado una guerra encubierta para desestabilizar las relaciones mundiales y vender información sensible en la dark web. Había puesto en jaque a las principales agencias de inteligencia.
Después de unos días de vigilancia, el equipo de Alexia había logrado localizarlo. La operación clave que destruiría las operaciones globales del MI6 estaba a punto de ejecutarse en esa villa. Pero aún quedaba tiempo para detenerlo.
-"No vamos a tolerar fallas."- Murmuró Alexia a sus hombres con voz grave. Tenía la confianza que solo viene de un liderazgo en situaciones extremas. -"El agente chino ya está en camino. Si conseguimos a Maletti, el golpe a Pandora será definitivo. Si además atrapamos al agente chino, desarticularemos la red de espionaje más importante de los últimos años."-
En el exterior, la oscuridad ya había cubierto el cielo, y las sombras de los árboles se alargaban sobre los senderos de piedra. Alexia, con una máscara de frío profesionalismo, se acercó con paso firme hacia la entrada trasera de la villa, evitando las cámaras de seguridad con la precisión de un reloj. A su lado, Luca se mantenía alerta, al igual que el resto de los agentes del MI6, cada uno en su posición, con armas desenfundadas y ojos entrenados para detectar el más mínimo movimiento.
-"Maletti está en el salón principal."- Susurró uno de los agentes, mientras sus dedos corrían sobre el mapa digital en su dispositivo. -"Va a encontrarse con el chino en menos de diez minutos."-
Alexia asintió y, sin decir una palabra más, hizo una señal al grupo para avanzar. El equipo se dispersó rápidamente, entrando en la villa con total sigilo. Las luces tenues iluminaban el pasillo mientras avanzaban hacia el corazón del edificio. La tensión era palpable, cada uno de los miembros del equipo sabían que el tiempo era crucial.
El sonido de pasos apresurados rompió el silencio.
-"¡A la derecha!"- Gritó Alexia.
La explosión de disparos resonó a lo lejos. Los mercenarios de Maletti, apostados en puntos estratégicos, comenzaron a abrir fuego. Alexia se agachó rápidamente, deslizándose detrás de una columna de mármol, mientras las balas pasaban zumbando cerca de su cabeza. El sonido de los disparos era ensordecedor. Bajó la cabeza de Luca, dándole indicaciones de permanecer a cubierto mientras duraba la balacera.
-"¡Cubran la entrada principal!"- Ordenó, señalando a un par de agentes que avanzaban por el pasillo opuesto. -"Nosotros nos encargamos del salón."-
Con un movimiento ágil, Alexia salió de su cobertura, disparando dos veces. Un mercenario cayó al suelo, y el otro se desplomó contra una mesa de madera antes de caer inerte. Los agentes del MI6 continuaron avanzando, deshaciéndose de cualquier resistencia con precisión letal.
-"¡Detrás de la puerta!"- Gritó Luca, señalando la figura de un hombre que intentaba escapar por una salida lateral.
Alexia cubriéndose cuidadosamente, comenzó a avanzar. Las puertas de madera antigua se abrieron con un crujido, y al instante, otro intercambio de disparos los recibió. Pero Alexia no dudó ni por un momento. Enfocada, ejecutó cada movimiento con la rapidez de un rayo. -"¡A por él!"- Rugió, mientras avanzaba con movimientos seguros.
En cuestión de segundos, Maletti se vio rodeado. Su rostro, de alguna manera se mostraba tranquilo. Sabiendo que el fin estaba cerca, intentó mostrarse seguro con una sonrisa irónica. -"No esperé que llegaran tan rápido."- Dijo con voz rasposa, levantando lentamente las manos.
-"No tienes otras opciones, Maletti."- Dijo Alexia, apuntando directamente hacia su pecho. -"Y no tienes idea de lo que has desatado."-
Antes que pudiera continuar, una figura apareció detrás de él: un asiático de complexión robusta, que intentaba escapar. Un agente reaccionó rápidamente. Mientras sonaba un disparo, el agente chino encargado de comprar la información a Maletti, cayó al suelo. Una mancha de sangre se extendió por su pierna.
-"¡No más secretos, Maletti!"- Gritó Alexia, mientras algunas sirenas de la policía comenzaban a sonar en la distancia, alertando de que la operación debía terminarse rápido.
Maletti, con una mirada de furia, intentó hacer un movimiento. Pero antes de que pudiera dar un paso, Alexia se adelantó y lo noqueó con un golpe directo a la mandíbula. -"No tan rápido."-
Un equipo de refuerzo llegó a la villa, apuntando sus armas hacia los mercenarios que aún resistían. La batalla había terminado. El líder de Pandora había sido capturado, y con él, la red de espías que había amenazado con destruir el equilibrio global.
El sol comenzaba a asomar sobre el horizonte cuando Alexia miró hacia atrás, observando a Luca mientras preparaba sus cosas para regresar a su vida normal. La noche anterior la villa había quedado asegurada, y los agentes del MI6 se encargaban de la escena recolectando toda la información posible. Alexia había cumplido su misión, pero algo dentro de ella se sentía vacío.
-"Te va a ir bien, Luca."- Le dijo ella, con voz suave. -"Finalmente todo ha terminado."-
Luca la miró por un largo momento, como si intentara decir algo que no se atrevía a pronunciar. -"No sé cómo agradecerte por todo, Alexia. No solo por la misión, sino por lo que has hecho por mí."-
Ella sonrió tristemente. -"No necesitamos palabras, Luca. Lo sabes."-
El asintió y después de un beso de despedida, se alejó rumbo a la estación de tren que lo llevaría lejos, a una vida que ella no podría compartir. Alexia observó cómo se perdía entre la multitud, y por un breve momento, deseó que las circunstancias fueran diferentes. Pero sabía que no lo serían.
Con un último vistazo, Alexia volvió a su coche. Debía volver a Londres. Una parte de ella sabía que la historia con Luca, aunque fugaz, quedaría marcada en su memoria.
La puerta se cerró con un suave clic. La misión había terminado, pero para Alexia, el verdadero sacrificio acababa de comenzar.
Respiró hondo, como si estuviera debatiendo consigo misma. -"No soy buena para esto..."- Confesó Alexia con un susurro, para sí misma.
FIN
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