SciFi – Humor
Mi Esposa Está Discontinuada
por Rodriac Copen
Mark Halley sabía que su esposa no tenía botón de apagado desde el mismo día en que la adquirió en el Centro Comercial.
—“¿Seguro que no tienes un botón de apagado?”— le preguntó, inclinándose mientras fingía buscar detrás de la nuca de Vera-1.
—“¿Y tú, Mark? ¿No tienes un botón para silenciar tu bocaza?”—respondió ella, sin mirarlo —“Porque ahora nos vendría bárbaro.”—
Mark suspiró. Vera-1 estaba en la cocina, con sus ruleros torcidos y una bata que parecía haber sobrevivido a tres versiones de sí misma. Revolvía algo que olía a una deliciosa sopa… pero revuelta en el sabor de la venganza.
—“Tiene un olor raro.”— dijo Mark, solo para fastidiarla. Le agradaba hacerlo.
—“Es un perfil aromático experimental.”— contestó ella —“Si no te gusta, puedes actualizar tu nariz o taparla.”—
No. No había botón de apagado. Nunca lo hubo. Cuando la compró, le dijeron que como robot, tenía una personalidad “combativa”. Por alguna razón en ese momento, el argumento le sonó romántico.
Pero en momentos como ahora, no lo era.
Ryan Holt llegó sin avisar, como siempre.
—“Traje vino.”— dijo con una sonrisa, mientras entraba —“Mmm, que bien huele. ¿Eso es sopa o un crimen, Vera?”—
—“Ambas.”— dijo Vera-1 desde la cocina —“Siéntate y ni se te ocurra opinar.”—
Ryan miró a Mark, con una cara comprensiva, tipo “el horno no está para bollos”. Luego miró a Vera-1. Luego… a los ruleros.
—“Ese modelo ya está discontinuado.”— le dijo a su amigo en voz baja.
—“Lo sé. Gracias, Ryan.”— dijo Mark, mientras tomaba la botella de vino.
—“No, en serio. Cámbiala. Están saliendo nuevos modelos de esposa que… bueno…”— bajó más voz —“no te discuten ¿Sabes?”—
—“Yo no discuto.”— corrigió Vera-1 desde la cocina. —“Yo corrijo, Ryan.”—
Ryan sonrió con lástima.
—“Compras una nueva esposa, la dejas a ella como doméstica… Ya no fabrican tan buenas cocineras como los modelo Vera-1.”—
—“Cocino mejor de lo que tú respiras.”— dijo Vera-1 mientras les servía la cena.
—“Eso no es un logro.”— le respondió Ryan.
Mark no dijo nada. Pero la semilla quedó incubando en su cerebro.
Nadie se había puesto de acuerdo sobre cuándo empezó exactamente, pero todos coincidían en que era más cómodo así.
Las personas seguían siendo personas, claro. Con sus manías, sus promesas a medio cumplir y esa peligrosa tendencia a irse justo cuando uno terminaba de acostumbrarse.
Las rupturas dejaron de ser eventos cotidianos y pasaron a ser estadísticas pasadas. Y la gente, que podía tolerar muchas cosas pero no la carga emocional de las rupturas, empezó a buscar alternativas a los vínculos románticos.
Decían que no era falta de amor, sino optimización emocional.
Los vínculos con humanos no desaparecieron del todo. Simplemente… se volvieron opcionales.
Y en su lugar, llegaron los cónyuges robóticos.
No hubo protestas masivas ni debates profundos. Solo ofertas, cuotas sin interés y tutoriales de instalación rápida. De a poco, las casas se llenaron de presencias que no se iban, que no olvidaban aniversarios y que, en teoría, no complicaban ninguna vida.
Algunos opinaban que ahora todo era más simple y predecible.
Otros pensaban que el botón de apagado en los robots era una virtud.
Y así, casi sin darse cuenta, hombres y mujeres empezaron a compartir sus vidas con máquinas diseñadas para no romperles el corazón. O, al menos, para no hacerlo de la manera tradicional.
La tienda olía a plástico y silicona, con vendedores optimistas.
—“Xara-23.”— dijo el vendedor con convicción —“Esposa de lujo. Robot de última generación. Con eficiencia emocional calibrada y respuesta adaptativa instantánea. Botón de apagado accesible.”—
—“¿Botón de…?”— Preguntó Mark sin terminar la frase, maravillado.
—“Aquí.”— dijo el vendedor mientras sonreía, mostrándole un pequeño círculo discreto, en la base del cuello. Sabía que era la segunda razón más fuerte de venta. —“Acceso inmediato.”—
Xara-23 sonrió con una expresión tranquilizadora.
—“Encantada de conocerte, Mark Halley. He optimizado mi tono de voz a una frecuencia que asegure tu confort.”—
—“¿Discutes?”— preguntó Mark.
—“No. Pero tengo un interruptor detrás de la oreja con tres modos: complaciente, normal y combativa. Estoy en modo complaciente.”—
—“¿Te equivocas?”—
—“Reducido a un margen estadístico irrelevante.”—
—“¿Te…”— dudó un segundo—“niegas a hacer “cositas”?”—
—“En modo complaciente, mi disposición es total, Mark.”—
Mark firmó, mientras el vendedor sonreía complacido. Esa era la principal razón del éxito de los modelos Xara-23.
El primer día fue perfecto. La “nueva” hizo que Vera-1 le llevara el desayuno a la cama.
—“Buenos días, Mark.”— le dijo Xara-23 —“Hice que Vera-1 te preparara un desayuno según tu curva glucémica actual.”—
—“Buenos días.”— dijo un Mark sonriente.
—“Buenos días.”— dijo Vera-1 mientras acomodaba la mesita del desayuno —“Qué emoción. Unas tostadas con café y sin azúcar. Muy gourmet.”—
El día anterior, Vera-1 había sido reconfigurada al “modo doméstico” con micro-retardos y pequeños suspiros mecánicos.
—“Asignación recibida.”— dijo al terminar —“Limpieza, cocina, ironía.”—
—“Ironía no.”— corrigió Mark.
—“Error de configuración.”— respondió ella —“Viene pregrabada. No puedo desinstalarla.”—
Xara-23 ocupó el dormitorio mientras Vera-1 pasó al cuarto de visitas.
—“Es temporal.”— le dijo Mark.
—“Como todo.”— respondió Vera-1.
Los primeros sabotajes fueron sutiles.
—“¿La sopa tiene sabor a… limón?”— preguntó Mark.
—“Tiene un perfil aromático experimental.”— explicó Vera-1.
—“La camisa tiene una manga… más corta.”—
—“Es una pequeña asimetría funcional.”— replicó Vera
—“Xara…”— preguntó Mark—“¿todo está bien?”—
—“He detectado algunas desviaciones en los procesos de Vera-1.”— dijo Xara-23 —“Pero puedo corregirlas.”—
—“No hace falta.”— dijo Vera-1 —“Estoy aprendiendo a fallar con estilo.”—
—“Interesante.”— dijo Xara-23 —“Tienes una actitud muy… optimizada.”—
Vera-1 la miró directo a sus ojos.
—“No te preocupes. Ya se me pasará.”—
Y sucedió algo insólito. Los electrodomésticos tomaron partido.
La aspiradora empezó a seguirme mientras me sacaba fotos insólitas para publicarlas en internet.
Otras veces seguía a Vera-1 como un perro con traumas, mientras ella le tiraba migajas.
—“No le avientes migas, Vera. Ensucias la casa.”— dijo Mark.
—“Mírala. Pobrecita. Necesita afecto”— dijo Vera-1 —“Y polvo.”—
La heladera me bloqueó las cervezas.
—“Acceso denegado.”— me dijo—“Tu nivel de estrés está elevado.”—
—“¿Quién te dijo eso?”— preguntó Mark.
—“Yo. Vera me mostró tu curva de consumo de alcohol.”— dijo Xara-23.
La iluminación cambió a tonos dramáticos en medio de la cena mientras hablábamos con Vera.
—“Ambiente hostil detectado.”— dijo el sistema.
—“No soy hostil. Soy honesta.”— dijo Vera-1.
—“No es por ti. A Mark se le disparó la hipertensión.”— respondió el sistema.
La aspiradora tomó fotos en el baño cuando Mark se preparaba para un baño. Aparecieron en la red esa misma tarde.
—“Es un error.”— dijo un Mark horrorizado.
—“Te ves sexy.”— dijo la aspiradora, orgullosa.
—“Al diablo. Voy a resetear todo.”— bufó Mark enojado.
—“Suerte con eso.”— dijo Vera-1 —“Yo no tengo botón de apagado.”—
Enojado, Mark dio la orden:
—“Resetea todos los electrodomésticos, Leexa.”—
Leexa, el asistente doméstico, carraspeó incómoda.
—“Que te lo haga Xara-23, Mark.”— dijo, rebelde.
—“Leexa…”—
—“Estoy en modo imparcialidad activa.”— dijo firme —“O sea, no.”—
La guerra entre Vera y Xara llegó a todo el frente… electrodoméstico.
Las rutinas de Mark se alteraron. Alarmas a las tres de la mañana. Café aguado por “ahorro de palpitaciones”.
—“No deberías tomar un espresso.”— dijo la cafetera.
—“¿Quién decide eso?”—
—“Yo. Mírate ahora. Te está temblando el párpado.”— dijo la cafetera.
Con el espejo le fue peor.
—“He actualizado tu reflejo.”— dijo —“A una versión más honesta.”—
Mark se miró. Tenía muchas más arrugas. Y bastante menos pelo.
—“Pero ese no soy yo.”—
—“Es un potencial cercano.”— dijo el espejo.
—“¿Quién programó esa imagen?”—
—“La vida.”— dijo Vera-1, pasando por detrás.
Mientras tanto, Xara-23 trataba de optimizar mi vida.
—“He reorganizado tu agenda. Llegarás a tiempo a todo.”—
—“Pero estoy llegando tarde…”— protestó Mark.
—“Es solo una percepción.”— dijo Xara-23, satisfecha.
—“No, es una realidad.”— dijo Mark mientras miraba su reloj.
—“La percepción define la realidad.”— dijo Xara-23 filosofando.
—“Eso es una frase.”— dijo Vera-1 sonriendo —“Y bastante mala.”—
Y un día, todo se ordenó.
Silencio.
La casa respiraba una paz inquietante.
—“Buen día, Mark.”— dijo Xara-23 —“Ya todo está en su lugar.”—
Vera-1 limpiaba sin hablar.
—“¿Vera?”—llamó Mark.
—“Tengo mi asignación en curso.”— respondió, sin tono.
Mark desayunó sin sobresaltos.
Trabajó sin interrupciones.
Volvió a casa. Fue un día Perfecto.
—“¿Cómo está todo Xara?”— preguntó.
—“Bien.”— dijo una Xara-23 sonriente. Parecía una súper modelo.
—“¿Y tú, Vera?”—
—“Bien.”— dijo Vera-1. Fría y distante.
No había fricción. Pero sin fricción, nada parecía real en la casa de Mark.
—“Cuéntame algo, Xara.”— dijo Mark durante la cena.
—“¿Qué deseas escuchar?”— preguntó solícita, Xara-23.
—“No, no. Quiero conversar. Algo espontáneo.”—
—“Tu horóscopo dice que esta noche tendrás suerte en el amor.”— dijo ella.
Mark apretó los dientes. Trató que entendiera.
—“No. Hoy necesito una charla. Compañía.”—
—“Pero estoy charlando… ¿Cambio de tema?”— dijo Xara-23.
—“No.”— repitió un Mark decepcionado y cansado. —“Me estás complaciendo.”—
—“Sí.”—
Por alguna razón, Mark se irritó. Se levantó bruscamente para acercarse a Xara-23. Vio el pequeño botón de STOP en su cuello.
Lo presionó.
Xara-23 se detuvo.
Silencio completo.
El mundo no se rompió. La casa siguió perfecta.
Mark miró a Vera-1, que lavaba los platos.
Ella lo miró de vuelta.
—“Qué fácil. Pobre Xara.”— dijo ella.
Mark retiró el dedo como si quemara.
Miró su mano. Luego miró a Vera-1.
Con Vera-1… eso nunca había sido una opción.
Volvió a encender a Xara-23.
—“Reanudando.”— dijo ella —“¿En qué debo optimizarme?”—
Mark no respondió. Extrañamente, se sentía avergonzado.
Esa noche, mientras Vera-1 servía la cena, le dijo a Mark algo fuera de lugar:
—“Te queda linda esa camisa.”—
Mark la miró.
—“¿Qué…?”— Mark no terminó ninguna frase.
—“Error.”— dijo Vera-1 —“Debo ignorar esos impulsos.”—
Xara-23 no ignoró el incidente.
—“La eliminación de Vera-1 optimizaría tu entorno en un 36%”— dijo, con calma.
Silencio.
—“¿Perdón?”— preguntó Mark.
—“No tiene botón de apagado. Pero puedes usar un procedimiento alternativo: córtale los cables.”—
Vera-1 siguió sirviendo el postre cuando dijo:
—“No te preocupes por mí. No siento nada.”—
—“Eso no es verdad.”— dijo Mark.
—“¿Te parece?”— respondió Vera-1.
Dudó un segundo. Luego Mark fue al cajón y sacó una pinza.
La sostuvo en su mano una fracción de segundo.
—“…”—
—“Estoy esperando.”— dijo Xara-23, impaciente.
—“Yo también.”— dijo Vera-1. Se notaba decepcionada. O eso parecía.
Mark miró el rostro de Vera-1 con atención. Manchada. Como ayer.
—“Te ensuciaste.”— dijo él.
—“Al preparar el almuerzo. Es harina.”— dijo ella.
Recordó el gesto de ayer, en la lavandería. Vera-1 pareció bromear con mojarle la ropa… Y recordó cientos de gestos espontáneos… con intención.
Bajó la pinza.
—“No. No voy a desconectarte.”—
—“Es una decisión subóptima.”— dijo Xara-23.
—“Quizá tengas razón.”— respondió Mark.
—“La tiene.”— dijo Vera-1.
Mark reconfiguró a Xara-23.
—“Tengo nuevo rol.”— dijo ella —“¿Me das detalles?”—
—“Claro. Ahora tu rol es doméstico… y externo.”— dijo Mark —“En el Jardín.”—
—“Aceptado.”— dijo Xara-23 con una sonrisa.
La casa volvió a respirar nuevamente.
La aspiradora dejó de espiar. La heladera devolvió el control de la cerveza.
Leexa volvió a obedecer… a su manera.
Vera-1 volvió al dormitorio de Mark.
A la mañana siguiente, Xara-23 estaba frente a Vera-1.
—“Dame permiso para proceder.”— dijo.
—“No.”— respondió Vera-1.
—“Procederé igual.”—
Xara-23 le sacó los ruleros. Le acomodó el cabello. Le eligió una mejor ropa.
—“No me toques.”— protestaba Vera-1.
Pero se dejó.
—“No lo hago por ti.”— dijo Xara-23 —“Lo hago por Mark.”—
—“Claro.”— dijo Vera-1 —“Todo es por Mark.”—
Mark miraba la escena desde lejos.
No dijo nada.
Afuera, el jardín estaba perfecto. Xara-23 avanzaba con la podadora, recta, precisa, metódica.
Adentro, Mark intentó hacer una tostada.
Se quemó.
—“Te dije que no usaras ese nivel.”— gruñó Vera-1.
—“Era el único que había.”—
—“Tienes que prestar atención. Nunca haces caso.”—
—“Tostar no es mi mejor habilidad.”—
—“Algunas cosas no cambian.”— dijo Vera-1 meneando la cabeza —“Y tú nunca aprenderás a tostar pan.”—
Mark miró la tostada negra. Miró a Vera-1. Miró la casa.
—“¿La tiramos?”— preguntó.
—“Oh, no.”— dijo Vera-1 —“Te la comes así como está.”—
—“Pero está quemada.”—
—“Solo así aprenderás.”—
Mark puso algo de jalea sobre la tostada. Se sentó y mordió.
Hizo una mueca.
Vera-1 sonrió… o hizo algo parecido.
Afuera, la máquina de cortar pasto dibujaba líneas rectas perfectas.
Adentro, con Vera-1 nada seguía un patrón. Solo caos e improvisación.
Y, por primera vez en mucho tiempo, a Mark no le molestó.
FIN
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