😊 Comedia de Situación
👀 El Hombre Perfecto
por Rodriac
Copen
James había
pasado los últimos cuatro años interpretando al hombre que todos los hombres
querían ser y todas las mujeres sospechaban que existía.
Era inteligente, elegante y seguro de sí mismo.
Nunca levantaba la voz porque no lo necesitaba, tampoco dudaba
porque siempre sabía qué hacer. Y cuando una situación se complicaba,
pronunciaba alguna frase breve, miraba ligeramente hacia un lado y resolvía el
problema con esa facilidad que tienen los personajes de televisión cuando el
guionista sabe escribir bien.
La serie se había convertido en un éxito enorme, y millones de
espectadores seguían sus aventuras.
James, en
cambio, a diferencia del protagonista, tenía dificultades para encontrar sus
propias llaves. Pero aquello no constituía un problema profesional... al menos
no todavía.
El problema empezó cuando el estudio trasladó parte de la
producción a otra ciudad, y James tuvo que mudarse.
La ciudad era grande, moderna y completamente desconocida para
él. Tenía edificios, tráfico, restaurantes, teatros, parques y varios cientos
de miles de personas que no tenían la menor idea de quién era él.
Al principio aquello le pareció tranquilizador, por lo menos por
un par de días. Después comprendió que tampoco conocía a nadie.
Maya todavía
no se había mudado con él, porque había decidido terminar el semestre en la
universidad y reunirse con James unas semanas después. Mientras tanto,
él descubrió que ser famoso no significaba necesariamente tener amigos.
La fama proporcionaba fotografías y reportajes, pero los amigos
proporcionaban cerveza, diversión y compañía. Eran cosas distintas.
Pero la solución al problema de la soledad apareció durante una
grabación, cuando Albert, uno de los camarógrafos de la serie, se acercó
a James mientras desmontaban una escena.
—“¿Qué haces esta noche?”—
James pensó
en su agenda vacía, y dijo:
—“Aparentemente, nada.”—
—“Perfecto. Ven a jugar al fútbol.”—
James lo
miró.
—“¿Yo?”—
—“Sí, claro ¿por qué no?”—
—“No sé jugar muy bien.”—
Albert sonrió.
—“Mejor. Nosotros tampoco.”—
James aceptó,
y esa fue la primera decisión equivocada de una larga serie de errores.
. . .
El grupo de amigos al que pertenecía Albert lo recibió
con entusiasmo, y Tony fue el primero en estrecharle la mano.
Frank quiso
saber cuánto cobraba por cada capítulo de la serie. Derek preguntó si
realmente él hacía sus propias escenas de riesgo.
James
respondió a todo con paciencia.
En menos de diez minutos ya le habían explicado las reglas,
aunque nadie parecía recordar que James había dicho que no sabía jugar.
—“Sólo corre”— le
dijo Albert.
—“¿Hacia dónde?”—
—“Hacia donde esté el portero que no conozcas.”—
Aquello parecía
razonable… pero no lo fue. James jugó mal, pero muy mal.
En los primeros cinco minutos perdió una pelota, tropezó con un
compañero y casi derribó a un árbol que estaba bastante lejos del campo.
Después intentó pasarle la pelota a Tony y terminó
perseguido por un contrincante durante veinte metros.
—“¡James!”— gritó Albert
—“¡Pásasela a Derek!”—
James,
desesperado por que no le quitaran el balón, cambió de dirección. Y fue
entonces cuando ocurrió LA JUGADA.
Un rival corrió hacia él y James intentó esquivarlo con
tan mala fortuna que el pie derecho se le enganchó con el izquierdo. Durante
una fracción de segundo, James quedó en una posición que la anatomía
humana no había previsto.
Después cayó estrepitosamente, pero al caer golpeó la pelota.
El balón salió disparado por encima de dos jugadores y aterrizó
exactamente frente a Derek, que sólo tuvo que empujarlo dentro del arco.
Gol.
Hubo un silencio mientras Derek miraba a James. Albert
y Tony también lo miraron con admiración, mientras James seguía
en el suelo.
—“¿Lo hiciste a propósito?”— preguntó Derek.
James se
levantó mientras se quitaba el polvo.
—“No, que va.”—
Derek frunció
el ceño.
—“¿No?”—
—“Fue pura suerte.”—
Albert sonrió.
Creyó que James era modesto.
—“Claro.”— le
dijo.
James no
volvió a marcar, tampoco hizo ninguna otra jugada digna de recordar. Pero eso
ya no importaba.
Para cuando terminó el partido, los chicos estaban convencidos
de que James tenía una técnica extraordinariamente peculiar.
Tony pensaba
que ocultaba sus capacidades, Derek simplemente sospechaba. Y así James
había conseguido, sin proponérselo, una reputación que no merecía.
Y eso que todavía no había empezado a hablar con las novias.
. . .
Las novias de los chicos llegaron cuando terminaba el partido,
una de ellas vio a James y se quedó paralizada.
—“Es él.”—
Las otras lo miraron alborotadas. James sonrió.
—“Hola.”—
No obtuvo respuesta inmediata, porque había cometido el error de
sonreír. En su programa de streaming, aquella sonrisa había producido miles de
comentarios en internet.
En persona, donde era más impresionante, produjo silencio. Una
de las chicas se le acercó.
—“Eres mucho más atractivo en persona.”—
James,
completamente avergonzado, no supo que responder. Y solo dijo sonriendo:
—“Gracias.”—
—“Y también eres más alto.”—
—“Bueno...”—
—“Y más...”—
La chica se detuvo. James esperó.
—“Más… seductor...”—
James parpadeó
confundido.
—“¿Seductor? No, no, mira...”—
Intentó explicar torpemente mientras la tomaba del brazo
inocentemente. Ella sonrió porque creía que James le estaba coqueteando.
—“De nada, guapo...”—
Finalmente, los interrumpieron. El equipo de fútbol decidió ir a
comer hamburguesas.
James se sentó
entre Albert y Frank, intentando comportarse con normalidad, pero
las novias de sus nuevos amigos lo observaban. Una de ellas lo miraba provocativa
mientras bebía, otra lo miraba disimuladamente mientras hablaba.
Una tercera dejó de hablar con su novio para escuchar una
conversación que James mantenía con Albert sobre el césped del
campo.
James empezó
a ponerse nervioso.
—“Oye ¿Por qué me miran?”— preguntó por lo bajo.
Albert levantó
la vista.
—“Porque eres famoso. Y las chicas ven el programa. Tranquilo.”—
—“No, caramba. Me miran raro.”—
Albert observó
la mesa con atención.
—“Ah.”—
James esperó.
—“¿Qué?”—
—“Nada.”—
—“Albert...”—
—“Después te explico.”—
James decidió
no insistir, porque necesitaba ir al baño. Al salir, se encontró Clara, una de
las novias, esperándolo.
—“Hola, guapo...”—
—“Ho…, Hola Clara.”—
—“¿Puedo hacerte una pregunta?”—
—“Emm… Claro.”—
Ella se acercó un poco para jugar con el botón de su remera.
—“¿Siempre eres... así?”—
James no
entendió.
—“¿Así... cómo?”—
—“Ya sabes… así...”—
—“No.”—
Clara sonrió.
—“Eso es muy bueno.”—
—“¿Qué?”—
—“Que no admitas nada, guapetón...”—
James pensó
que quizá había bebido demasiado.
—“Estoy comprometido, ¿sabes?”—
Ella sonrió y se acercó todavía más.
—“Eso es exactamente lo que diría alguien como nosotros
¿verdad?”—
James se quedó
inmóvil.
—“¿Alguien como qué?”—
—“No te preocupes. Voy a guardar nuestro secreto...”—
—“Pero… si no hay nada que contar...”—
Clara le dio
una palmadita en el brazo.
—“Eso también es exactamente lo que diría alguien como tú.”—
Y se marchó apara sentarse junto a su novio. James
regresó algo confundido a la mesa. Se sentó, y Albert lo miró.
—“¿Qué pasó?”—
—“No tengo idea.”—
—“¿Con Clara?”—
—“Sí.”—
Albert se
encogió de hombros.
—“Si no pasó nada, entonces todo va bien.”—
James comenzó
a sospechar que Albert no era la persona adecuada para pedir ayuda.
Clara, la
chica del baño, cambió de lugar y se sentó junto a un par de amigas: Alice
y Darla. Les dijo por lo bajo:
—“James es mucho más peligroso en persona.”—
—“¿Qué hizo?”—
—“Nada.”— dijo
mientras les guiñaba un ojo.
Las otras la miraron asombradas.
—“¿Nada?”— preguntaron
al unísono.
—“Exactamente.”— respondió
con una sonrisa cómplice.
Así comenzó el rumor, que al principio no fue muy grande. No
necesitó serlo, porque si necesitó algo, fue encontrar a las personas
adecuadas.
Al día siguiente, durante una pausa de la grabación, James
salió a buscar café. Las mesas del café más cercano estaban todas ocupadas. Por
eso buscó una máquina.
Pero sólo tenía una opción: café negro. Se sirvió porque no
había otra opción. Se sentó sobre el césped, debajo de un árbol cercano.
Alice, una de
las novias de su equipo de fútbol apareció delante de él.
—“Hola, James.”—
—“Alice. Hola ¿como estás?”—
Ella miró el vaso que tenía en la mano mientras se sentaba junto
a él.
—“Tomas café negro.”—
—“Sí.”—
—“Mmm.. interesante. Te gusta el café fuerte.”—
James probó
un sorbo. Era horrible.
—“En realidad lo odio.”—
Alice sonrió.
—“Claro.”—
—“No, de verdad.”—
—“Por supuesto.”—
—“Es demasiado amargo.”—
—“James...”—
—“¿Sí?”—
—“No tienes que explicarme nada.”—
Le saludó con un beso y se marchó. Alice se alejó unos
pasos, se volvió hacia él, sonrió y le lanzó un beso con la punta de los dedos.
James se quedó mirando el vaso. Había empezado a considerar la
posibilidad de que la ciudad tuviera un problema.
O tal vez era él. O ambos. Cuando regresó al estudio para
grabar, fue a buscar a Albert.
—“Albert, creo que hay un problema.”—
Albert lo
escuchó, y después se echó a reír.
—“Están emocionadas. Eres la primer estrella que conocen. Y tal
vez te están confundiendo con tu personaje.”—
James
respiró, y por primera vez en dos días sintió alivio.
—“Entonces sólo tengo que explicárselo. No quiero problemas con
los chicos del equipo de fútbol.”—
Albert dejó de
reír.
—“Sí, aunque no estoy seguro de que te crean.”—
. . .
James decidió
demostrar que no era como su personaje. Si lo piensas, era una estrategia
lógica, al menos sobre el papel.
Durante la siguiente juntada, derramó deliberadamente su bebida,
y después intentó sentarse, pero calculó mal la distancia de la silla. La silla
cayó estrepitosamente junto con James.
—“¿Estás bien?”—preguntó
Darla, una de las chicas.
—“Sí.”—
Se levantó diciendo:
—“Esto es normal que me suceda.”—
Clara sonrió.
—“Claro, campeón.”—
James tomó
una servilleta.
—“Además, ayer olvidé dónde había dejado el coche.”—
—“Qué adorable.”—
James se quedó
quieto, porque no estaba resultando como quería.
—“No es adorable.”—
—“No tienes que fingir conmigo.”—
—“No estoy fingiendo.”—
—“Eso lo hace todavía mejor.”— dijo Clara guiñándole un ojo.
James miró a Albert,
que miraba demasiado divertido. Decidió insistir con su estrategia.
—“No soy inteligente como el personaje de la serie.”—
Alice sonrió.
—“Qué gran actor eres.”—
—“No. No has entendido.”—
—“Sí.”—
—“No, no.”—
—“Tu modestia también es parte del personaje.”—
James cerró
los ojos.
La situación estaba adquiriendo una estructura con lógica propia, y la estructura tenía la
cortesía de ser completamente contraria a sus intereses.
. . .
De los chicos, Tony fue el primero en sospechar de
verdad. Porque vio a su novia Clara hablando con James.
En realidad no escuchó la conversación, pero vio la manera en
que ella sonreía cuando estaba junto al actor. Y eso fue suficiente.
Cuando ella se marchó, Tony se acercó.
—“Tenemos que hablar.”—
James tragó
saliva.
—“Claro.”—
—“¿Qué está pasando?”—
—“Nada. ¿A qué te refieres?”—
Tony lo
observó.
—“Eso diría un hombre al que sí le pasa algo.”—
James abrió la
boca para decir algo, pero luego la cerró. Había aprendido que cualquier
explicación que diera solo empeoraba las cosas.
—“No estoy haciendo nada.”—
—“Eso también suena mal.”—
—“¿Qué quieres que diga?”—
Tony lo pensó
un poco. No era muy brillante.
—“La verdad.”—
James respiró.
—“La verdad es que no sé qué está pasando.”—
Tony lo
señaló muy serio.
—“Eso es exactamente lo que diría alguien que sabe perfectamente
qué está pasando.”—
James decidió
dejar de hablar, como parte de su nueva estrategia. Pero duró solamente cuatro
segundos.
—“Pero realmente...”—
—“No.”—
Tony levantó
una mano.
—“No digas nada. Eres mi amigo. Y nunca me harías daño
¿verdad?”—
—“Claro. Jamás haría nada que te dañara.”—
Tony asintió
y se marchó. James se quedó algo preocupado.
Y en otra parte de la ciudad, Maya, la novia de James acababa
de llegar a la ciudad.
. . .
Maya
apareció en el estudio de grabación sin avisar, y se encontró mirando a James mientras grababa dos escenas.
Durante una pausa, antes de que pudiera acercarse a hablar con
su novio, escuchó a una mujer hablando con una compañera.
—“James es increíble.”—
—“¿Qué hizo?”—
—“Nada.”—
Maya se
detuvo. Aquella palabra parecía repetirse demasiadas veces alrededor de James.
Pero si no había nada que hablar...¿para qué hablarlo? Trató de escuchar.
La mujer, que no era otra que Clara, continuó:
—“Precisamente por eso. Sabe disimular muy bien.”—
Maya miró a James,
que estaba en un descanso. James la vio y sonrió. Fue una sonrisa
nerviosa, vaya si Maya conocía aquella sonrisa.
Era la sonrisa que James utilizaba cuando había olvidado
algo importante y esperaba descubrir qué era antes de que alguien se lo
preguntara.
No funcionó.
—“¿Qué está pasando?”— preguntó Maya, que conocía a su novio como nadie.
—“Nada.”—
Maya lo
miró.
—“James...”—
—“Bueno, sí. Algo.”
—“¿Qué?”—
James intentó
explicárselo, empezando por el partido, siguió con las hamburguesas. Después
habló de Clara, la mujer del baño, luego explicó el café con Alice.
Después la demostración con Darla.
Maya escuchaba
con paciencia. Y su expresión se fue volviendo progresivamente más concentrada.
Cuando James terminó, ella guardó silencio.
—“¿Hay alguna posibilidad de que simplemente me estés
mintiendo?”—
—“No.”
—“¿Entonces por qué tu explicación parece una novela… de las
malas?”—
James no
encontró una respuesta, porque la situación era exactamente eso. Una novela.
Y todavía faltaban varias páginas.
. . .
Los futbolistas decidieron averiguar qué estaba haciendo James,
si es que estaba haciendo algo, con sus alborotadas novias. Y organizaron una
vigilancia.
El problema era que ninguno había trabajado jamás como espía. Se
escondieron detrás de un árbol. Con tan mala fortuna que el árbol era pequeño,
y Derek quedó parcialmente cubierto, pero no así Tony.
Frank llevaba
unas gafas de sol enormes y consideraba que eso lo hacía irreconocible, pero
James los vio desde cincuenta metros.
Los saludó mientras los tres se agachaban avergonzados.
—“¡Mierda, nos vio!”— susurró Frank.
—“No nos vio”— dijo Tony.
James levantó
una mano.
—“¡Hola Tony!”—
—“Nos está provocando”— dijo Tony.
Derek observó
a James.
—“Creo que piensa que somos aficionados.”—
—“Eso nos deja mal”— respondió Tony.
James sonrió
mientras buscaba las llaves para abrir su departamento. Los tres decidieron
cambiar de posición, y se escondieron detrás de un gran tacho de basura.
James terminó
de abrir la puerta y les gritó:
—“Vengan, chicos. Tomemos unas cervezas.”—
Frank, Tony y Derek,
salieron de su escondite. Nadie puede
negarse a una cerveza ¿No es así?
Era, probablemente, la única opción razonable de esa mala
situación.
. . .
Mientras los hombres vigilaban a James, las mujeres
habían llegado a una conclusión distinta. Debían hablar con él a solas Y lo
harían al día siguiente.
Cada una creyó que la idea era suya, y cada una creyó también
que las demás no sabían nada, así que el resultado fue inevitable.
Cuando James llegó a su departamento encontró a cuatro
mujeres esperándolo. Se quedó congelado en la puerta. Ellas también.
—“Hola”— dijo James.
Nadie respondió. Cada una miró a las otras.
—“¿Qué haces tú aquí?”—
—“¿Yo?”—
—“Sí.”—
—“Vine a hablar con James.”—
—“Yo también.”—
Alice, Clara y Darla no estaban muy contentas. Todas fruncieron
el ceño.
James las dejó pasar a su departamento y cerró lentamente la
puerta. Por un instante tuvo la desagradable sensación de estar dentro de un
episodio de su propia serie.
Sólo que el protagonista era bastante peor.
—“Creo que hay un malentendido.”—
—“Claro ellas no tienen que estar aquí”—dijo Clara.
—“No”—dijo Alice—“Ahora entiendo todo.”—
—“¿Que hay que entender?”— dijo Darla.
James no
quería saber qué entendía cada quien. De pronto, la puerta se abrió
violentamente, y Tony entró seguido por Frank, Derek y Albert.
Todos se congelaron por un momento.
La escena tenía una composición tan perfecta que parecía escrita
para la novela: James estaba en el medio, las chicas alrededor. Los
hombres en la puerta.
Albert miraba
la habitación.
—“Bueno.”—dijo—“Esto
parece peor de lo que pensé.”—
—“¡No está pasando nada!”— gritó James.
—“¡Eso fue lo que dijiste antes!”— respondió Tony.
Darla señaló
a James.
—“Él nos citó.”—
—“¡No las cité!”—
Clara
protestó:
—“¡Dijo que quería hablar conmigo!”—
—“¡No quería hablar con nadie!”—
—“Eso es bastante cruel”—dijo Alice.
—“¡Estoy comprometido!”—
—“Otra vez esa excusa”— respondió Alice.
James levantó
las manos.
—“¡No es una excusa! ¡Y tú eres la novia de Frank!”—
Todos hablaron al mismo tiempo.
Tony acusaba,
Frank intentaba defender a James, Derek intentaba reconstruir
los hechos. Las mujeres se contradecían entre ellas.
Albert trataba
de explicar.
Y James intentaba no entrar en pánico, y lo consiguió
durante unos cinco segundos. Entonces se escuchó el timbre. Todos callaron.
James abrió la
puerta.
Era Maya, que llevaba una pizza. Miró a James,
después a las mujeres. Luego miró a los futbolistas. Y por último, a Albert.
Después volvió a mirar a James.
—“Maya,”— dijo James
—“puedo explicarlo.”—
Ella levantó la pizza.
—“Eso espero, porque esto no alcanza para todos.”—
James empezó.
—“No es lo que parece.”—
Maya lo
miró.
—“¿Y qué parece?”—
James pensó.
—“Bueno...”—
Era una mala pregunta, porque ahora tenía que describir
exactamente qué parecía.
—“Es complicado.”—
—“Ya lo veo. Pero parecen tres hombres celosos y tres chicas que
te buscaron sin decírtelo.”— dijo
Maya tranquila.
—“Pero tiene una explicación perfectamente lógica.”—
Maya
asintió.
—“Eso me preocupa más.”—
James continuó.
—“Todo empezó con el fútbol.”—
Tony
protestó.
—“¡El fútbol no tuvo nada que ver!”—
—“Sí tuvo que ver”—
dijo James.
—“¡No!”—
—“¡Fue donde empezó todo!”—
—“¡Yo sólo quería saber qué estabas haciendo!”—
—“¡Nada!”—
Clara intervino:
—“Él siempre dice eso.”—
Alice añadió:
—“Y funciona.”—
Maya cerró
los ojos.
—“James.”—
—“¿Sí?”—
—“Sigue.”—
James siguió,
y cada frase de la explicación hacía que todo pareciera peor. Finalmente Clara
levantó la mano. Todos callaron.
—“Creo que deberíamos decirlo.”—
Tony la
miró.
—“¿Decir qué?”—
Ella señaló a James.
—“Nosotras creíamos que él era como el personaje de la novela.”—
James se quedó
inmóvil, después señaló su propio pecho.
—“¡Eso llevo intentando decir desde el principio!”—
Albert levantó
una mano.
—“Yo lo sabía desde el primer día.”—
Todos se volvieron hacia él.
—“¡Tú no ayudas!”—
dijeron casi al mismo tiempo.
Albert bajó la
mano. Maya dejó la pizza sobre una mesa, y poco a poco comenzó a
reconstruir los acontecimientos: preguntó, ordenó. Separó hechos de
interpretaciones.
Y descubrió que James no había engañado a nadie.
Que las mujeres habían interpretado sus acciones como si fuera
el personaje de la serie. Y que los hombres habían interpretado las reuniones
de acuerdo con sus propios temores.
Que James había empeorado todo intentando evitar
conflictos.
Y que una parte considerable del desastre se había producido
porque todos conocían demasiado bien una serie de televisión.
Maya terminó
su análisis, luego miró a James y dijo:
—“No hiciste nada.”—
James sonrió
aliviado.
—“Exacto.”—
—“Pero intentaste ocultar la confusión.”—
James dejó de
sonreír.
—“Bueno...”—
—“Porque querías evitar quedar mal.”—
James asintió
lentamente.
—“Sí.”—
Maya respiró
y después se echó a reír. James la observó.
—“¿Eso es bueno?”—
Maya siguió
riendo.
—“No lo sé. Solo sé que esa pizza no alcanza para todos”—
Todos salieron a cenar.
. . .
Dos días después, los futbolistas volvieron a invitarlo a jugar.
James los miró con desconfianza.
—“¿Después de todo esto?”—
Tony se
encogió de hombros.
—“Pero esta vez traes a Maya.”— dijo Derek.
Frank sonrió.
—“Además necesitamos que nos expliques cómo hablar con nuestras
novias.”—
James palideció.
—“No sé hablar con mujeres. Ya lo vieron.”—
Todos rieron, excepto James. Lo peor de todo fue que los
consejos que les dio... funcionaron.
Utilizó algunas frases de la serie, no porque quisiera seducir a
nadie. Simplemente eran las únicas frases que recordaba cuando se ponía
nervioso.
Y funcionaron.
Los hombres comenzaron a consultarle problemas sentimentales, y
las chicas encontraron aquello fascinante.
La reputación de James creció, y además de actor, se convirtió
en una especie de autoridad sentimental. Maya observaba el fenómeno
desde cierta distancia.
No intervenía porque parecía divertirse demasiado.
. . .
De vuelta en el estudio, el productor llamó a James.
—“Tenemos una modificación para tu personaje.”—
James se
sentó.
—“¿Qué modificación?”—
—“Tu personaje va a empezar a cometer errores.”—
James parpadeó.
—“¿Por qué?”—
El productor sonrió.
—“Porque descubrimos que la gente encuentra fascinante verte
cuando no sabes qué hacer.”—
James lo miró.
Aquello era probablemente la peor noticia profesional que había recibido en su
vida.
—“Pero yo interpreto a un hombre perfecto.”—
—“Exacto.”—
—“¿Y ahora cometerá errores?”—
—“Sí. Va a funcionar de maravillas.”—
El director apareció detrás de ellos.
—“¡A escena!”—
James entró.
Las cámaras se prepararon.
Tenía que interpretar al hombre seguro de sí mismo que resolvía
cualquier problema.
James
respiró, dio un paso. Se tropezó e Improvisó. El equipo se echó a reír. James
miró al director.
—“¡Perfecto! ¡Eso! ¡Eso queremos!”—
James comprendió
entonces la verdadera ironía.
Había pasado años interpretando a un hombre que nunca podría ser,
y ahora, por alguna razón, su propia personalidad estaba empezando a
convertirse en el personaje que todos creían conocer.
Desde fuera de cámara, Maya lo esperaba.
—“James.”—
Él se volvió.
—“¿Sí?”—
—“¿Dónde están las llaves de tu departamento?”—
James se quedó inmóvil. Miró sus bolsillos, después el suelo. Y
después a Maya.
—“No lo sé.”—
El director sonrió.
—“Magnífico.”—
Por primera vez, James sospechó que quizá el hombre perfecto
nunca había existido. Simplemente había sido un tipo que sabía dónde estaban
las llaves.
Y él ni siquiera tenía eso.
FIN

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