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⭐ En Tránsito a Europa
por Rodriac Copen
Capítulo1. Parámetros Estables
La nave era un emblema de la marina danesa. Bautizada como “HDMS Fjarsjon” no aceleraba por
impulsos, sino que empujaba de forma constante.
Un flujo sostenido, casi silencioso, que no se interrumpía nunca. La
propulsión nuclear trabajaba sin pausas, picos ni descansos. En el interior, la
tripulación no tenía sensación de velocidad, solo la certeza que cada segundo
sumaba distancia. A una velocidad crucero de casi veinte kilómetros por
segundo. Una cifra fría, repetida en la bitácora, sin un significado real para
quienes viajaban en su interior.
La luz en la sala de comando era estable. Sin variaciones. Los paneles
respondían sin demora. No había alertas.
—“Estado general.”— fue la
escueta indicación del piloto Lars
Nygaard, que apoyó una mano sobre la consola central.
El ambiente de la sala de comando era distendido.
—“Todos los sistemas
normales, Lars.”— respondió tranquilamente Amundsen, la Inteligencia Artificial (IA) que controlaba los sistemas de la
nave —“Propulsión estable. Trayectoria
sin desviaciones.”—
Freja Madsen, la ingeniera
de a bordo y esposa de Lars, dejó escapar una leve exhalación.
—“Eso suena
sospechosamente bien.” —
—“No detecto
anomalías, Freja.”— observó la IA.
—“Lo sé, pero ahora me
preocupa la ley de Murphy”— bromeó ella.
Lars apenas
sonrió.
—“¿Estado del Reactor?”
—
—“Salida constante. No
hay fluctuaciones”— respondió Amundsen.
—“¿Consumo?”—
—“Dentro del rango
esperado para velocidad actual.”—
Freja deslizó los
dedos sobre su panel.
—“Diecinueve punto
ocho.”— dijo —“Ni siquiera redondea.”—
—“No es necesario.”— respondió Lars. Luego continuó —“¿Integridad estructural?”—
—“Cien por ciento.”— dijo la IA —“No
hay microfracturas detectadas.”—
Freja cambió de
pantalla.
—“¿Cómo están los pods
de hibernación?”—
—“Diez unidades en
estado estable.”— respondió Amundsen
—“Parámetros vitales dentro de rango.”—
—“¿Alguna desviación
menor?”— preguntó ella.
—“Variaciones normales
dentro de tolerancia.”—
Freja Madsen había
aprendido a pensar en términos de sistemas. No como una elección natural, sino
como una parte vital de su entrenamiento. Cada circuito tenía una función, y cada
error una causa. Detectar un desvío a tiempo les daba una corrección posible.
Durante los primeros meses del viaje, esa lógica había sido suficiente. La nave
respondía bien. Los números obtenidos de los cálculos iniciales cerraban. El
tiempo avanzaba preciso y el control habitual no dejaba espacio para
interpretaciones.
Pero el aislamiento no se comportaba como un sistema previsible.
Freja lo entendió
tarde. No fallaba de forma visible. No emitía alertas. Las consecuencias de ese
aislamiento se filtraban en decisiones pequeñas: un cálculo repetido más de lo
necesario, una verificación redundante, una pausa antes de responder algo
simple. Nada crítico ni peligroso. O que pudiera señalarse como error. Pero
suficiente como para alterar el ritmo interno con el que se trabajaba en el
viaje.
La Tierra quedó atrás sin demasiada ceremonia. No hubo un momento exacto en
que desapareciera de las pantallas, solo una transición lenta hacia la
irrelevancia.
El trayecto de ida de la nave HDMS
Fjarsjon se extendería un año
completo. Su destino era Europa, la luna de Júpiter. Una permanencia de un año
y medio en la superficie, bajo condiciones que nadie describiría en voz alta
más de lo necesario. Después, el regreso. Otro año de tránsito. Mismo
recorrido. Mismas reglas. Sin garantías.
Una parte de la tripulación no participaba del viaje. Diez tripulantes
permanecían inmóviles en las cámaras de hibernación, suspendidos en un estado
intermedio donde el cuerpo no envejecía. Diez cápsulas alineadas en un módulo
aislado.
Freja y Lars permanecerían de guardia durante
todo el trayecto de ida. El resto del equipo, un total de diez astronautas
científicos, hibernaba en los pods aguardando el arribo al destino final del
viaje.
La inmensidad de la nave dibujaba en la mente del matrimonio una pesada
imagen de aislamiento y soledad. Sectores completos permanecían vacíos,
iluminados solo por luces mínimas, aguardando algún movimiento que los sensores
detectaban para activar la iluminación plena. Largos pasillos donde el sonido
de los pasos de los robots de guardia y mantenimiento parecías ajenos. Había numerosos
rincones en donde robots y humanos podían estar sin ser vistos, incluso
sabiendo que las cámaras de los sistemas registraban cada movimiento. Esa
contradicción, de ser observados y, al mismo tiempo, sentirse invisibles, empezaba
a contaminar sus psiquis.
La ingeniera no pensaba en sí misma como alguien inestable. Más bien se
sentía cansada. Saturada o tal vez atrapada en una rutina letárgica que corría sin
ninguna fricción externa. Se repetía a sí misma que era circunstancial. Que no
había cambiado nada esencial desde el despegue. Que todo seguía bajo control.
Pero, de algún modo extraño, sentía que ya no confiaba del todo en esa
evaluación.
Lars Nygaard, su esposo y
piloto principal de la misión, no dudaba de sus propios procesos. Y nunca lo
había hecho. Para él, la nave no era un entorno hostil ni opresivo. Era un
sistema cerrado que debía mantenerse dentro de parámetros estrictos. Y mientras
esos parámetros se sostuvieran, todo lo demás era secundario.
Su forma de habitar el solitario espacio era diferente. No recorría la
nave; la supervisaba. Cada sector tenía un propósito, cada movimiento debía
poder justificarse. No había zonas neutras. No había tiempo muerto. Incluso el
descanso formaba parte de una estructura que debía respetarse.
Al principio, esa disciplina había sido compartida. Y había trabajado como
un lenguaje común entre ambos. No necesitaban explicarse demasiado. Bastaba con
ejecutar las órdenes y los procedimientos.
Pero con el tiempo, Lars empezó
a notar pequeñas variaciones en el desempeño de Freja.
No eran fallas evidentes ni graves. Eran desalineaciones. Cambios mínimos
en los patrones. Horarios que ajustaba sin notificación. Visitas a sectores que
podían resolverse sin abandonar el puente de mando. Respuestas que llegaban una
fracción de segundo más tarde de lo habitual.
El piloto no interpretó esas señales como un problema
emocional. No en un principio. Lo registró como una anomalía operativa.
La
alerta fue breve. Un pulso ámbar en el panel secundario.
Lars
había dejado su puesto por un par de minutos. Freja, que permanecía a cargo, ya estaba de pie antes de que Amundsen terminara de procesar el
evento.
—“Hay una desviación en una
válvula de regulación térmica.”— dijo la IA —“El margen permanece
dentro del rango de tolerancia.”—
Freja
no esperó.
—“Reduce el flujo en un dos por
ciento.”—
—“No es necesario.”— respondió
Amundsen impasible —“El sistema puede compensar…” —
—“Prefiero no dejarlo escalar.”—
Freja no dejó a la IA terminar la frase.
Sus
dedos se movieron rápido sobre el teclado.
—“Ajuste aplicado.”— confirmó
la IA —“Estabilidad recuperada.”—
La
alerta desapareció. Lars entró unos
segundos después.
Miró
el panel. Luego a Freja.
—“¿Qué pasó?”—
—“Nada.”— dijo
ella —“Una desviación menor.”—
—“Ya está resuelto.”— agregó
Amundsen.
Lars
se acercó. Revisó los registros.
—“Reduciste el flujo.”—
—“Dos por ciento.” —
—“Pero estaba dentro del margen.”—
—“Ahora está mejor.” —
Hizo
una pausa. Lars sostuvo la vista en
los datos un segundo más, luego intentó explicarse.
—“Sí…”— dijo
al final —“Pero en estos casos debes
revisar la aceleración. A veces las válvulas térmicas se sobrecargan dentro de
márgenes aceptados, sobre todo cuando se producen aceleraciones compensatorias
que mantienen la velocidad constante. Al compensar el trabajo de las válvulas,
impides al motor acelerar porque al caer la presión debe hacerlo por más tiempo
para lograr el mismo resultado.”—
Freja respondió:
—“No lo sabía. Lo siento.”—
—“No tenías que saberlo. Es muy
técnico. Amundsen intentó decirlo, pero no dejaste que te explicara.” —
Lars
asintió apenas. Se tomó un microsegundo para dar por finalizada la
conversación.
—“No es un problema. Pero la
próxima vez espera que Amundsen explique todo el panorama antes de tomar una
decisión.”—
Freja
apoyó las manos en la consola.
—“Entendido. Solo que no quería
esperar.”—
Freja
no sonrió. Amundsen no dijo nada
más.
Y
Lars dio por terminado el episodio. El
día terminó sin incidentes.
Lars, como buen
piloto, no confrontaba. Su trabajo no buscaba evaluar sospechas específicas. Consistía
en mantener la coherencia. Y cuando la coherencia empezaba a fallar, no
cuestionaba el sistema. Ajustaba las variables porque en el espacio hay que ser
expeditivo.
Freja era una
variable.
Y las variables se ajustan.
El vínculo amoroso y emocional entre ambos seguía ahí, sostenido por la
costumbre, por la historia compartida, por una cercanía que no requería
demostraciones constantes. Pero había perdido algo más difícil de medir en
condiciones extremas: sincronía.
Ya no se movían al mismo ritmo.
En otro contexto, esa diferencia habría sido menor. Incluso natural. Pero
dentro de la nave, donde todo dependía de la precisión y la previsibilidad,
cualquier desviación adquiría peso.
Freja empezaba a
dudar de sí misma.
Lars empezaba a
dejar de hacerlo respecto a ella.
Y entre ambos, sin necesidad de palabras, comenzaba a formarse un espacio
nuevo. No vacío ni del todo visible. Pero lo suficientemente real como para
alterar todo lo demás.
Capítulo 2: Inferencia
El episodio ocurrió a los seis meses de la partida de la HDMS Fjarsjon de la Tierra.
El almuerzo transcurría
con normalidad en el salón. Freja y Lars estaban sentados cerca del
convertidor de energía. La mujer empujaba distraída un trozo de proteína
reconstituida mientras miraba el panel mural apagado. Lars comía sin apuro, revisando datos en una tableta secundaria.
—“Deberíamos
variar la textura.”— dijo ella.
—“Es eficiente
así, pero es cierto. Se hace algo aburrido. Esta tarde ajustaré los controles
para una variación en los menús disponibles.”—
—“Gracias.
Estoy algo cansada del menú actual.”—
Lars no respondió,
pero le sonrió comprensivo. Por la tarde se ocuparía.
El zumbido constante
del reactor llegaba amortiguado hasta el comedor. Siempre estaba ahí. Como
fondo. Se había vuelto una referencia.
—“Freja. Lars.”— dijo Amundsen por los parlantes de
comunicación.
No había urgencia en
la voz. Nunca la había. Ambos levantaron la vista.
—“Se ha
detectado una anomalía en el pod de hibernación siete.”—
Freja dejó el
utensilio sobre la bandeja.
—“¿De qué tipo?”—
—“Hay una inestabilidad
en el relé de regulación de flujo de aire. Genera un comportamiento errático
del circuito de control.”—
Lars ya se estaba
poniendo de pie.
—“¿La
provisión de aire es la adecuada?” —
—“Se deteriora
rápido. Hace treinta segundos estaba compensado. Pero ahora está generando
picos fuera de la tolerancia aconsejada en ciclos intermitentes.”—
Hubo un silencio breve
entre la pareja.
—“Vamos al
control.”—dijo él.
La sala de control trabajaba
sin sobresaltos ni alarmas visuales persistentes. Solo un registro activo en el
panel de hibernación y una luz amarilla en el control del pod 7.
Freja se inclinó
sobre la consola.
—“Muéstrame la
señal, Amundsen.”—
Un gráfico irregular
apareció. La mayor parte de los picos y caídas se mantenían dentro de los
rangos máximos y mínimos de compensación, pero desde un par de minutos, algunas
de las anomalías salía de la franja recomendada.
Esto generaba intervalos
sin un patrón claro.
—“No es un
fallo limpio.”— murmuró ella.
—“No.”— dijo Lars —“Los relés no suelen fallar del todo. Empiezan con microcortes y comportamiento errático.”—
—“El relé no
mantiene la cadencia de dos a seis respiraciones por minuto recomendadas en
hibernación.”— agregó Amundsen
—“La estabilidad del flujo de aire no
está garantizada. Si falla más de lo recomendado, tengo orden de despertar al
pasajero aún sin supervisión humana.”—
Freja abrió el
esquema del sistema.
—“Si baja en
el momento incorrecto…”—
—“Hipoxia. A
partir de allí, Amundsen actuará sin necesidad de pedir autorización.”— completó Lars.
Verificando el manual
en la consola, ella preguntó:
—“¿Algún
circuito redundante para derivar el control?”—
—“No hay
alternativas disponibles.”— respondió la IA
—“Es un componente crítico sin línea
paralela.”—
Freja y Lars cambiaron de pantalla. Buscaron rutas
alternativas.
—“Podemos desviar la señal
desde el nodo secundario.”— señaló ella.
—“No alcanza.
Mira el amperaje.”— dijo Lars —“No sostendrá la carga mucho tiempo.”—
—“¿Y si
forzamos más pulsos, aumentamos la frecuencia?”—
—“Es un relé
que falla. Se terminará quemando no importa lo que hagamos.”— dijo Lars.
El gráfico volvió a
caer. La luz amarilla parpadeó pero ahora, una pequeña alarma indicó que la
interrupción del pulso estaba por debajo de dos respiraciones por minuto.
—“Tiempo estimado
para falla total.”— preguntó Lars.
—“Indeterminado.”— respondió Amundsen —“La falla es errática. Estoy listo para reanimar de emergencia.”—
Freja apretó los
labios.
—“Necesitamos
estabilizar el flujo.”— dijo tozudamente.
—“No hay forma.”— dijo Lars.
—“Deberemos
reemplazarlo entonces”— dijo ella.
—“Sí.”—
—“Pero no con
él adentro.”—
Lars asintió.
Freja exhaló lento.
—“No podemos
esperar a que falle del todo.”—
—“No.”— dijo Lars. Hizo una pausa y ordenó:
—“Inicia
procedimiento de despertar, Amundsen.”—
—“Inicio
protocolo de despertar para el pod siete.”— confirmó la IA.
El panel cambió de
estado.
El nombre del ocupante
apareció completo en la pantalla principal: Søren Halberg.
Freja lo leyó en
silencio.
—“¿Cuál es el
perfil del ocupante del pod siete?”— preguntó.
—“Psicólogo de
la misión.”— respondió Amundsen.
El gráfico del relé
seguía oscilando. Pero ya no importaba.
Freja y Lars se dirigieron a la sala de
hibernación.
El psicólogo tardó un par de minutos en orientarse.
—“¿Cuánto tiempo…?”— preguntó, con
voz seca.
—“Seis meses.”— dijo ella.
—“Diablos. No hemos
llegado. ¿Qué ocurrió?”—
—“Una falla de un relé
crítico en tu pod. Puedo arreglarlo, pero no contigo dentro.” —
Él asintió lento.
—“Interesante. Bueno,
gracias por rescatarme.”—
El piloto lo observaba mientras se recuperaba.
—“Para eso estamos de
guardia.”— dijo
—“¿Me asignarán un rol?”— preguntó.
—“Podemos darte tareas
para que no te aburras.”— dijo el piloto—“pero
lo más importante es no interferir con la misión.”—
El psicólogo sonrió apenas.
—“Claro.” — dijo e hizo
una pausa.
Miró a Freja.
Ella no sostuvo la mirada.
Al principio, Søren Halberg no
interfería con la rutina del trabajo diario, al menos, no de forma visible.
Trató de adaptarse lo más rápido que pudo. Cumplía horarios. Intentó
asimilar algunas funciones y respondió gentilmente ante cada pedido del
matrimonio. No ocupaba espacios innecesarios y observaba más de lo que hablaba.
Lars registró eso
desde el primer día.
No había nada concreto, ni ninguna acción que justificara un pedido o un
apercibimiento por parte del piloto. Pero algo en la forma en que Søren se movía y comportaba dentro de
la nave no terminaba de encajar. Era correcto. Quizá demasiado correcto. Como
si cada gesto estuviera medido.
Y aun así, lo hacía.
El piloto no lo confrontó. No lo consideró necesario. Se contentó con
observarlo detenidamente, analizando su comportamiento.
Freja, en cambio, trataba
de evitarlo.
Seguía con sus tareas, revisiones, mantenimiento. Seguía los protocolos.
Todo dentro de lo correcto, que es lo que se esperaba de ellos. Pero había
momentos en los que su atención se desplazaba de modo imperceptible. Lo
observaba un segundo más de lo habitual. Cuando hablaban, solía hacer algunas
pausas incongruentes.
La ingeniera no lo asociaba a nada concreto. O prefería no hacerlo.
La recorrida semanal no se había modificado.
Freja la realizaba
sola desde los inicios del viaje. Y era una parte importante del control físico
de la nave. Un recorrido largo por sectores alejados. Y la verificación de sistemas
que no siempre enviaban toda la información durante los test a distancia. Era una
rutina silenciosa.
—“Voy a hacer la ronda”— dijo ella,
sin dirigirlo a nadie en particular.
Lars levantó la
mano como un acuse de recibo. Estaba concentrado en la consola de mando. Søren levantó la vista interesado.
—“¿Puedo acompañarte?”—
Freja dudó un
instante antes de responder:
—“Es simple rutina.”—
—“Entiendo, pero me
interesa conocer la nave.”— respondió él —“Ya
sabes. Desde adentro.”—
Hubo un silencio breve.
—“No es necesario. Tal
vez Lars te necesite.”—
—“Preguntémosle. Lars
¿Me necesitas para alguna tarea”—
El piloto levantó la vista de la consola antes de responder.
—“No está bien. Ve con
Freja.”—
Freja miró a Søren una fracción de segundo más de lo
habitual. Luego asintió resignada.
—“Está bien.” —
Lars fingió volver
a la consola. Pero cuando salieron, los siguió con la mirada hasta que salieron
del campo de visión.
Los pasillos eran largos y su iluminación era mínima hasta que los sensores
detectaban movimiento. A medida que avanzaban, se encendían las luminarias a
luz plena. Y al seguir avanzando otra vez se apagaban.
Caminar dentro de los inmensos pasillos y espacios de la astronave tenía
algo de artificial. Como si la nave reaccionara a la presencia humana.
Søren avanzaba al
lado de Freja. Sin invadir su
espacio ni quedarse atrás.
—“La nave es mucho más
grande de lo que imaginaba.”— dijo.
—“Así es.” —
—“Y mucho más
silenciosa.”—
—“Lo sé. Puede ser
intimidante al principio.” — dijo la mujer.
—“Se siente… como vacía.”—
Freja no respondió
de inmediato.
—“No lo está.”—
—No, claro. Pero se
percibe así.”— dijo Søren.
Freja giró apenas
la cabeza.
—“Amundsen registra
todo lo que pasa.”—
—“Lo imaginé. Cámaras,
sensores, audio…”—
—“Sí.”— dijo Freja.
Søren desvió la
vista por un segundo, fingiendo mirar los paneles laterales mientras observaba
la actitud de la mujer.
—“Vaya… estar siendo
grabados en todo momento ¿no lo sienten invasivo?”—
La mujer tardó un segundo en responder.
—“No… De todos modos
las cámaras tienen sectores con cobertura parcial.”— lo miró por
un segundo y luego siguió avanzando.
—“¿Te refieres a zonas
ciegas?”—
Freja movió
afirmativamente la cabeza.
—“Si. Zonas con limitaciones
técnicas. Por eso el recorrido.”—
Søren asintió
mientras decía:
—“Entiendo.”—
No dijo nada más. Caminaron unos metros en silencio.
—“Podrías mostrarme esas
zonas ciegas.”— dijo él, sin mirarla.
Freja no se detuvo.
—“No forman parte de la
recorrida.”—
—“No lo decía por seguir
el protocolo, sino por saber en dónde están.”—
Hubo una pausa. Ella siguió avanzando.
—“Después.”—
No sonó como una promesa, pero tampoco como una negativa.
Mientras los días pasaban, la ingeniera se acostumbraba al nuevo compañero.
En otro recorrido, Søren estaba
animado, hablando de sicología:
—“El aislamiento suele
intensificar impulsos que en la Tierra ignoraríamos…”—dijo mirando
un punto detrás de ella.
—“¿Me estás dando una
clase?” — dijo algo divertida.
—“No. Solo hablo del contexto.
Y la soledad.”—
Remarcó la palabra soledad mirándola a los ojos.
—“No estoy…”—
—“No dije nada.”—
Freja no respondió.
Capítulo 3: Sospecha
El puente de mando estaba en silencio.
No había alertas ni variaciones del curso. Solo el constante flujo de datos
y los mensajes normales que emitía el sistema.
Lars llevaba horas
sin levantarse de su puesto.
Revisaba, comparaba datos y efectuaba pequeñas correcciones asistidas por Amundsen. Todo rutinario y en orden.
Freja se había
retirado hacía un par de horas. Dijo estar cansada y que necesitaba dormir.
Él no lo cuestionó.
Søren no estaba en
el puente, ni figuraba en los registros inmediatos de tareas activas. Eso no era
extraño porque no tenía funciones asignadas de forma permanente.
Siguió trabajando, pero en algún punto el agotamiento lo venció. Se estiró
un poco y dejó de leer la consola.
La pantalla seguía ahí, junto con los datos. Pero ya no los procesaba con
la misma claridad y delegó por unos momentos el control a la IA.
Se recostó en la butaca de mando. Cerró los ojos unos segundos. Y se le
antojó un café.
Se levantó. Fue hasta el módulo de cocina y sirvió dos cafés. A Freja le gustaba con crema. Tomó ambas
tazas.
Cruzó el pasillo hasta encontrar la puerta del dormitorio, que se abrió sin resistencia.
La iluminación se activó. Pero la cama estaba intacta.
No se movió por unos instantes.
Miró las dos tazas humeantes en sus manos. Luego miró el espacio vacío de
la cama matrimonial.
Giró y salió de la habitación, cerrando la puerta nuevamente.
Regresó al puente silencioso y pensativo.
Cuando llegó a su puesto, apoyó una de las tazas sobre la consola.
La otra la sostuvo un instante más, dudando imperceptible.
Luego inclinó la taza sobre el módulo de desecho. El líquido cayó sin hacer
ruido. Unas volutas de vapor se elevaron, y el residuo oscuro desapareció por
la rejilla.
Esperó a que terminara.
Dejó la taza en el sistema de limpieza. La observó girar un segundo. Luego
la retiró, la secó cuidadosamente y la devolvió a su lugar.
Volvió a su asiento para observar la consola de comandos por unos segundos.
Retomó su labor.
Pasaron unos minutos, y Freja
entró al puente sin prisa.
—“Volví.”— dijo.
Lars no se giró de
inmediato.
—“Bien.” — dijo,
haciendo una pausa —“¿Descansaste?” —
Freja se sentó en
el sillón de su puesto mientras respondía:
—“Sí. Dormí bien.”—
Hubo un silencio.
—“¿Fue reparador?”— preguntó Lars
sin levantar la vista de su equipo.
Ella asintió levemente.
—“Si. Dormí hasta
recién.”—
—“Me alegro.” — dijo el
piloto.
Freja estaba
controlando un panel de seguridad, subida sobre una escalerilla mientras Søren hablaba con ella sobre cómo
debían ser los perfiles de los astronautas como ellos.
—“Hay perfiles especiales,
como los comandantes y pilotos, que reaccionan con violencia cuando pierden
control…”— dijo Søren,
que oficiaba de ayudante y en ese momento le entregaba un data logger.
Ella lo escuchaba mientras activaba el dispositivo y grababa los múltiples
datos del panel.
—“Lars no es violento.”— dijo.
—“No dije que lo sea.
Hablo en general.”—
—“Pero lo estás
sugiriendo.”—
—“Estoy describiendo
patrones.” — hizo una pausa –“¿Te
incomoda?”—
—“No.”— respondió
ella mientras le pasaba de regreso el data
logger.
Cuando estaba descendiendo uno de los peldaños, resbaló.
Søren la atrapó por la cintura, evitando la caída y
atrayéndola hacia él.
El corazón de Freja latía
locamente. Hubo un silencio embarazoso mientras Søren la mantenía entre sus brazos.
El hombre hizo el gesto de besarla.
Ella apretó los labios mientras le apartaba.
—“Las cámaras.”— dijo.
Las fallas empezaron poco después de ese incidente.
—“Hay una anomalía en una
válvula secundaria del pasillo cuatro.”— dijo la IA.
—“No tiene sentido.”— murmuró la
ingeniera—“Apenas la revisé ayer. Estaba
con Søren cuando cargué los datos.” —
—“La anomalía ha sido
compensada. El sistema está equilibrado”— dijo Amundsen.
Un poco más tarde, Lars revisó
el data logger que Freja debería haber usado durante la
revisión.
No tenía datos grabados. Se lo dijo.
—“Debe ser una falla
de la batería. Registré la información.”— dijo ella.
Silencio.
—“¿Sospechas que no
hice mi trabajo?”— preguntó Freja.
—“Revisaré la batería”
— respondió Lars, sin ofrecer
otra respuesta.
La anomalía de la válvula en el pasillo cuatro no dejó rastro.
Había existido. Amundsen la
había registrado. Una variación breve en el sistema de regulación secundaria.
Nada crítico. Se compensó en segundos.
Freja dijo que
había tomado la medición. Un poco más tarde, Søren confirmó que junto a la ingeniera, habían tomado la medición
y que el data logger funcionaba
bien.
Lars no respondió
en ese momento. El panel estaba en una zona ciega, donde las cámaras no
llegaban.
Asintió a la afirmación del sicólogo y siguió trabajando.
Unas horas después, volvió sobre el registro del sistema de la válvula
cuatro. La secuencia de eventos estaba completa. El dispositivo mostraba un
período errático previo al problema. Se produjo la falla, el sistema la detectó
y compensó en modo automática. La lectura se estabilizó.
Pero no había lectura manual. Nadie había conectado ningún data logger para grabar.
Se quedó mirando la pantalla un segundo más de lo necesario.
Freja había dicho
que había medido. Pero no había registrada ninguna conexión para extracción de
datos.
Cerró el registro, pensando que no era la primera inconsistencia.
Pequeñas cosas. Horarios desplazados. Respuestas demasiado rápidas o
demasiado tardías. Presencias en sectores que no requerían intervención.
Su carácter era expeditivo, por lo que Lars
no confrontó.
Abrió el sistema de monitoreo mientras llamaba a la IA:
—“Amundsen.”—
—“A tus órdenes,
Lars.”—
—“Muéstrame el recorrido
de Freja durante la última ronda.”—
—“Procesando.”—
La pantalla cambió para mostrar un trazo sobre el plano de la nave. Los sectores
recorridos. Los tiempos de permanencia.
Søren aparecía en
el mismo registro, sincronizado con la ingeniera durante gran parte del
trayecto.
Siguió observando.
—“Muéstrame el video
completo de este recorrido” —
—“Aplicado.”—
El video del recorrido volvió más preciso el panorama. Hubo una desviación
del recorrido habitual.
Un desvío breve.
Sobre un sector lateral, en un pasillo secundario.
Era una zona sin requerimientos, sin nada que revisar.
Lars acercó la
imagen.
—“Muéstrame el video
sobre ese sector.”—
—“No hay cobertura
visual disponible.”— respondió la IA
—“Es una zona con limitaciones de
monitoreo.”—
Hizo un silencio. Lars no apartó
la vista.
—“¿Hay sensores de
audio en ese sector?”—
—“Sí.”—
—“Reproduce el sonido
de ese pasillo durante la visita.”—
El sonido tardó un segundo en cargarse.
Un leve ruido de fondo del sistema de ventilación.
Unos pasos y luego, nada claro.
De pronto, un murmullo de baja frecuencia.
Lars no se movió.
Ajustó el volumen.
Otro sonido. Más cercano e irregular.
Una exhalación contenida.
Siguió un silencio… y después, algo más.
No era una palabra, tampoco ruido del sistema.
Lars dejó de
ajustar. No volvió a reproducirlo.
—“Fin del registro.”— dijo Amundsen.
Lars no respondió.
Se recostó apenas en su butaca.
Miró el recorrido una vez más.
El punto ciego. La desviación. La ausencia de datos.
No necesitaba más.
Cerró el sistema y volvió al trabajo.
Los recorridos de Søren junto a Freja eran habituales.
—“El deterioro
psicológico en aislamiento puede manifestarse como necesidad de control
extremo…”— dijo el psicólogo.
—“Está controlando
demasiado.”— dijo ella.
—“Está compensando.” —
—“¿Por qué?”—
—“Por lo que percibe
que pierde.” — dijo Søren.
Hubo un silencio.
—“¿Y qué pierde?”—
El psicólogo la miró.
—“Te está perdiendo a
ti.”—
Ella desvió la vista.
Freja regresó al
puente sin apuro.
Trato de imitar el mismo ritmo, su paso regular. La respiración controlada.
Se detuvo en su puesto y apoyó ambas manos sobre la consola para luego sentarse.
Lars no habló de
inmediato.
Terminó de revisar una línea de datos. La cerró y esperó un segundo más.
—“¿Dónde estuviste?”—
Freja no lo miró.
—“En la recorrida. En
el sector cuatro.”—
Hubo una pausa.
—“Con Søren.”—
No fue una pregunta.
Freja giró apenas
la cabeza.
—“Sí.”—
Lars apoyó los
dedos sobre la consola, sin teclear. Solo los dejó ahí.
—“Estuve revisando los
registros de la válvula secundaria de ese sector.”—
Freja no respondió.
—“Cada vez que van ahí,”— continuó —“aparece una lectura irregular.”—
La ingeniera lo miró.
—“¿Qué tipo de
lectura?”—
—“Inestabilidad breve.
Nada crítico. Compensable.”—
—“Entonces no es un
problema.”—
—“No el clásico
problema.”— dijo Lars —“Pero sí es un problema. Y se repite.”—
Freja sostuvo la
mirada.
—“Puede pasar.”—
Lars desplazó un
gráfico en la pantalla. No se lo mostró.
—“La coincidencia es
posible.”— admitió —“Pero
la recurrencia empieza a ser… poco probable.”—
El silencio se tensó.
Freja se irguió en
el asiento.
—“¿Qué estás
insinuando?”—
Lars no respondió
de inmediato.
—“Que hay una
correlación.”—
—“Eso no es una
respuesta.”—
—“Es todo lo que tengo.”—
Freja apoyó las
manos con más fuerza sobre la consola.
—“¿Me estás acusando
de sabotaje?”—
Lars negó apenas.
—“Digo que hay un
patrón. Y que no puedo ignorarlo.”—
Freja se recostó
apenas. La tensión no bajó.
—“Es una falla menor.”— dijo —“Y ya la compensamos.”—
—“Sí.”—
—“Entonces estás
construyendo un problema donde no lo hay.”—
Lars no respondió.
Miraba la pantalla. Luego a ella.
—“Estoy evitando que
lo haya.”—
Freja desvió la
vista.
—“Søren no tiene
acceso a esos sistemas.”—
—“No dije que lo
tenga.”—
—“Pero lo estás
pensando.”—
—“Estoy considerando las
variables.”—
Freja dejó escapar
una exhalación breve.
—“Esto es ridículo.”—
—“Lo defiendes.”—
Freja sin
responder, volvió a su consola. No retomó el trabajo de inmediato.
Lars tampoco.
Entre ambos, el silencio ya no era el mismo.
Capítulo 4: Ruptura
—“No confía en ti.”— dijo Søren.
—“No confía en nadie.”—
—“Eso es aún peor.” —
—“¿Y tú?”— preguntó Freja.
—“¿Yo qué?”—
Hubo una pausa.
—“¿Accediste a la
esclusa?”—
—“Sí. Pero no tantas veces
como dice Lars. Una sola vez.”—
—“¿Por qué?”—
—“Simple curiosidad.”—
—“No es tu área.”—
—“Nada lo es.”—
Hubo una pausa.
—“¿Sabes que eso puede
interpretarse como sabotaje?”—
—“Todo puede.” — Søren le restó importancia.
La ingeniera empezó a fallar de manera reiterada.
Un cálculo mal hecho. Un retardo en una corrección menor. Nada fue crítico.
Pero acumulativo.
—“No eras así.”— dijo Lars.
—“Estoy cansada.” —
—“No creo que sea
cansancio.”—
—“¿Entonces?” —
Él la miró fijo.
—“Algún tipo de interferencia.”—
—“¿De qué?”—
—“Tu dime.” —
La zona no figuraba en ningún recorrido de control.
Era un tramo lateral, apenas iluminado, donde los sensores tardaban más en
reaccionar y las cámaras no tenían cobertura directa. Allí el aire era más
frío. Más quieto.
Freja no recordaba
en qué momento habían dejado de caminar.
Søren había tomado
la iniciativa.
En un momento, ambos habían quedado demasiado cerca. Y el contacto no fue
inmediato. Hubo un instante previo, como un cálculo silencioso que ninguno de
los dos formuló por anticipado.
Después, simplemente ocurrió.
Breve y contenido al principio. Como si ambos probaran un límite. Cuando se
separaron, no se alejaron del todo.
El espacio entre ellos seguía siendo mínimo.
Freja evitó mirarlo
directamente. Respiraba más rápido de lo habitual. No dijo nada durante unos
segundos.
—“¿Estás seguro?”— preguntó por
fin.
Søren no respondió
de inmediato.
—“¿De qué?” —
Ella levantó la vista apenas.
—“De Lars.” —
Un silencio breve. Luego, el psicólogo apoyó la espalda contra el panel,
sin apartarse.
—“No estoy seguro de
nada.”—
Freja frunció
levemente el ceño.
—“Antes lo estabas.”—
—“Nadie puede estar
seguro de nada. Antes había menos variables.” —
Ella hizo una pausa.
—“¿Y ahora?”—
Søren la miró a los
ojos.
—“Ahora no solo
desconfía de mí. Te incluye.”—
Freja tragó saliva.
El sistema de ventilación emitió un pulso leve detrás de los paneles.
El puente de mando seguía estable. Freja
trabajaba sobre un panel secundario. Lars
revisaba trayectoria. Amundsen
mantenía el flujo constante de datos sin interrupciones.
El incidente se produjo de repente.
—“Falla en la esclusa
del pasillo cuatro.”— dijo la IA
—“Despresurización parcial en curso.”—
La alerta no fue sonora. Se presentó como un cambio en la pantalla. Un
parpadeo de señales en amarillo intenso.
Lars levantó la
vista.
—“¿Cuál es el
origen?”—
—“Una manipulación de
la válvula secundaria del pasillo cuatro. La compuerta externa fue afectada por
una apertura no programada. Presión descendiendo.”—
Freja ya estaba de
pie.
—“¿Quién está en ese
sector?”—
—“El último registro
de presencia corresponde al astronauta Søren Halberg”—
—“¿Puedes cerrar la
esclusa, Amundsen?”—
—“Necesito que se
reajuste manualmente la válvula para aumentar la presión y así cerrar la esclusa.”
—
Lars no lo dudó:
—“Sella el pasillo
para contener la pérdida. Voy en camino.” —
Ya se estaba moviendo.
—“Voy contigo.”— dijo Freja.
—“No.”—
—“Es mi sector.”—
Lars no respondió
a eso. Abrió un compartimento lateral. Sacó el arma reglamentaria. Verificó la carga.
Sus movimientos eran mecánicos y precisos.
—“Ahora estoy al mando.”—
No hizo falta levantar la voz.
Freja dio un paso
hacia él.
—“Te acompaño.”—
Lars cerró el
compartimento. Miró a Freja por la
ventana.
—“No. Uno de los dos
tiene que permanecer a salvo.”—
Ella retrocedió.
—“Podría ser una falla
técnica.”—
—“Podría. O quizá
no.”— Lars enfundó el arma.
El piloto la miró un segundo. Apenas.
—“Quédate. Y sella el
acceso al puente.”—
Freja no respondió,
mientras sostenía la mirada.
Se giró hacia la consola.
—“Sella el control de
mando, Amundsen.”—
Las compuertas del puente se sellaron con un sonido quieto y definitivo.
La comunicación con Lars se cortaba.
—“Puerta intermedia
bloqueada.”— dijo la IA.
—“Manual override.”— ordenó el
piloto.
—“Requiere de doble
autorización.”—
—“Autorizo.”— dijo el
piloto.
—“Segunda autorización
requerida.”—
Se hizo una pausa.
—“Ingeniera.”— dijo Lars.
Ella no respondió de inmediato.
—“Autorizo.”— dijo por fin Freja.
—“No abre.”— dijo él.
—“Presión inestable.”— respondió la IA.
—“¿Dónde está Søren?”— preguntó Lars.
—“No puedo verlo.”— dijo la
ingeniera desde el puente.
—“Su señal biométrica es
intermitente.”— intervino Amundsen.
Hubo una tensa pausa.
—“Abre.”— ordenó dijo
el piloto.
—“Hay riesgo de expulsión.”— advirtió la IA.
Lars no respondió
de inmediato:
—“Abre.”—
Las cámaras no pudieron filmar bien. El registro de voz mostró el ruido del
aire escapando al vacío.
Se sintió una voz distorsionada. Luego un golpe.
Tal vez un grito, que podría serlo o no.
Finalmente, nada.
Después de unos minutos, la compuerta del puente se abrió luego de anular
el sellado de seguridad.
Lars entró lentamente.
El traje aún llevaba restos de escarcha en las uniones. La presión interna de
la nave ya estaba normalizada, pero el frío parecía haber quedado adherido a la
superficie de su piel.
No miró a Freja.
Caminó directo al módulo de descontaminación. Selló. Esperó el ciclo
completo sin moverse.
Cuando salió, empezó a retirarse el traje.
Primero los guantes. Después los cierres del torso. El sistema liberó los
anclajes con un sonido seco. Cada pieza caía en su lugar asignado.
No hubo apuro.
El casco fue lo último. Lo dejó sobre la bandeja sin mirarlo.
Freja no dijo nada.
Lars se dirigió al
compartimento lateral. Abrió la gaveta. Sacó el arma de la funda. Verificó la
recámara, y la descargó con un movimiento limpio.
Guardó el cargador por separado. Luego el arma.
Y cerró.
—“Voy a descansar.”— dijo, sin
mirarla.
Freja permaneció
inmóvil en su puesto cuando Lars ya se estaba alejando.
—“Amundsen.” —
—“Sí, Lars.”—
—“Quedo fuera de
servicio temporal. Asume el mando.”—
—“Registro confirmado,
Lars.” —
Antes de que abandonara el control, la IA añadió:
—“Estuviste expuesto a
una despresurización crítica. El margen de supervivencia fue limitado.”—
Lars no respondió.
—“Es recomendable un
descanso inmediato.”—
Lars salió del puente sin volver la vista. La compuerta se cerró detrás de
él.
Freja quedó sola.
—“Evento de
despresurización en esclusa cuatro.”— leyó en el informe
generado por la IA. Continuaba diciendo: —“Fallo
técnico al manipular la válvula secundaria” —
Freja leyó en
silencio.
—“¿Algo más?”— le preguntó a
Amundsen.
—“El último registro
de proximidad corresponde a Søren Halberg.” —
—“¿Estás seguro?”— preguntó la
mujer.
—“Los hechos así lo
demuestran.”— respondió imperturbable la IA.
—“Entiendo.”— dijo ella.
Luego ordenó:
—“Dame los registros
de la esclusa cuatro.”—
—“El archivo está incompleto.”— dijo la IA.
—“¿Por qué?”—
—“Hay un segmento de
memoria corrupto.”—
—“¿Es recuperable?”—
—“No.”—
Hizo una pausa.
—“¿Quién accedió a
esos registros?”—
—“Acceso registrado
desde la cuenta del piloto.”—
Hizo un silencio.
—“¿Alguien más?”—
—“Acceso desde la
cuenta de Søren.”—
Un par de horas después, Lars entró sin hacer casi ruido.
—“¿Novedades?”— preguntó.
—“Ninguna.”—
—“Bien.”—
—“Estamos a dos semanas
de Europa.”— completó Freja.
La nave avanzaba. Constante e implacable.
FIN

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