jueves, 9 de abril de 2026

Diario de Rodriac: "Escribiendo en Soledad"

 



Diario de Rodriac

Escribiendo en Soledad
por Rodriac Copen


Aquí estoy (o eso creo) escribiendo en la única oficina que nunca cierra: la de mis propios pensamientos.

Después de una vida entera improvisando prioridades, persiguiendo urgencias ajenas y postergando las propias, al fin tengo tiempo para hacer lo que amo. Qué ironía: uno conquista sus horas justo cuando el reloj decide apurar el paso.

La vida, lo sospeché desde temprano, es una montaña que no firma devoluciones.

Se asciende a fuerza de entrenamiento, disciplina, tozudez y esa obstinación casi infantil que algunos llaman determinación.

Subes, resbalas, vuelves a subir. Y un día, sin fanfarrias ni testigos, vislumbras aquello que soñaste desde siempre: un paisaje prometido, una meta que parece saludarte con un “buen intento”.

Pero entonces ocurre lo impensado: descubres que se te está agotando el tiempo.

Y dudas.

Porque más allá de la cima no hay premios ocultos, dioses inventados ni ángeles vengadores. No te esperan coros de serafines ni claves para el resto del trayecto. Más allá sólo hay viento. Y con suerte, un silencio lo bastante amable como para escucharte.

Así que miras hacia atrás, intentando entender en qué se te fue la vida.

En qué momento bordaste esos sueños que primero te impulsaron y después te persiguieron.

Y estás solo. Una soledad curiosa, casi cordial. En paz con tu propia alma, disfrutas del cielo y de un aire que (como todo lo valioso) se vuelve más escaso a medida que asciendes.

Comprendes entonces que aquello que creías imprescindible ya no pesa.

Ese es un momento de claridad ligeramente incómoda. Descubres que la vida es devenir, es mutar, y para mutar hacen falta sueños... aunque luego debamos renegociarlos con nosotros mismos.

La naturaleza es sabia precisamente porque no explica nada. No entrega manuales.

La sabiduría se construye por dentro, golpe a golpe, risa a risa, error a error.

Y en ese reconocimiento, algo se acomoda.

Aprendes a valorar cada instante porque, te guste o no, todos ellos te trajeron hasta aquí. Incluso los ridículos. Sobre todo los ridículos.

Y sí, la vida es solitaria. No trágica: solitaria.

Al final del camino te quedas solo, como quien apaga la luz de un teatro vacío.

No importan esposas, compañeros o amigos: cada uno se detiene donde su fuerza afloja.

En los momentos más intensos (esos que no se publican en redes) nadie te acompañará.

Nadie te alentará. No por falta de cariño o empatía, sino porque cada quien arrastra su propia montaña.

En la escalada final estarás solo.

Y en la última acometida brindarás en solitario con tu cantimplora tibia, murmurando entre resignación y humor: “Bien por tí, hasta aquí llegaste”.

Porque, seamos honestos, pocos creyeron realmente en ti.

Pero aquí está el giro inesperado: tampoco era necesario.

La única fe que valía algo era la tuya.

La que te sostuvo cuando nadie miraba, la que te trajo hasta esta altura absurda desde la cual (paradoja o no) todo, incluso la soledad, finalmente adquiere sentido.

 




🔹 Ir a la Sección "Diario de Rodriac"

🔹 Ir a la Sección “Mapa del Sitio” 

🔹 Ir a la Sección “Novedades de Esta Web” 




   




🏷️ Tags:

#DiarioDeRodriac
#ReflexiónPersonal
#EscrituraEnSoledad
#VidaInterior
#MontañaDeLaVida
#SabiduríaCotidiana
#TiempoYDestino
#SoledadElegida
#FilosofíaCotidiana
#PensamientosNocturnos
#VidaAdultayMás
#AutoExploración
#CrecimientoPersonal
#ClaridadInterior
#CrónicasDeUnEscritor
#RodriacCopen


 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario