✨ La Trastienda Autoral
🔥El Mercado de las Recomendaciones
por Rodriac Copen
Hay algo curiosamente humano en nuestra manera de arruinar las cosas que funcionan.
No solemos destruirlas porque sean malas. Muchas veces las destruimos precisamente porque funcionan demasiado bien.
✔ Una recomendación puede ayudar a vender un libro. Entonces alguien descubre que puede fabricar recomendaciones.
✔ Un buen número de seguidores puede indicar que una persona tiene algo interesante que decir. Entonces alguien descubre que puede comprar seguidores.
✔ Una reseña honesta puede ayudar a decidir si vale la pena comprar un producto. Entonces alguien descubre que puede conseguir cincuenta reseñas de cinco estrellas.
✔ Un ranking puede orientar al público hacia aquello que otros consideran valioso. Entonces alguien descubre cómo manipular el ranking.
Y así comienza el proceso.
Primero aparece la herramienta. Después aparece la picardía o la avivada. Finalmente aparece la desconfianza.
Y cuando la desconfianza alcanza determinado nivel, la plataforma deja de preguntarse quién está actuando de buena fe y empieza a preguntarse cómo detectar a los que podrían estar engañándola.
Ese cambio parece pequeño. Pero puede transformar completamente las reglas del juego.
Hoy en día cientos de autores sufren la eliminación de reseñas de sus libros en Amazon.
Pero el ejemplo vale para cientos de cosas.
Los seres humanos somos excelentes para arruinar todo lo que tocamos.
🎯 El problema de convertir una señal en un objetivo
Las reseñas son un buen ejemplo.
En teoría, una reseña tiene una función muy sencilla: alguien compra un producto, lo utiliza y después cuenta qué le pareció.
No debería ser demasiado complicado.
Pero una reseña positiva tiene un valor económico. Puede convencer a otro comprador. Puede mejorar la posición de un producto. Puede modificar la percepción de un autor.
Y en cuanto una señal adquiere valor, aparece la tentación de manipularla.
Entonces empiezan las variantes:
✔ El autor pide reseñas a sus amigos.
✔ Lectores reciben un ejemplar gratuito y tienen cierta obligación de devolver el favor.
✔ Alguien ofrece intercambios de reseñas.
✔ Otros directamente compran reseñas.
✔ Algunos crean cuentas específicas para inventar reseñas.
✔ Otros buscan grupos especializados que venden servicios.
Y algunos intentan encontrar sistemas cada vez más sofisticados para conseguir que una actividad artificial parezca espontánea.
Amazon, de hecho, prohíbe actualmente las reseñas de familiares, amigos cercanos, socios comerciales o personas con determinados vínculos con el autor, además de las reseñas compensadas o incentivadas. La plataforma considera que esas relaciones pueden constituir un conflicto de interés que afecta la confiabilidad del sistema. [1]
La lógica es bastante razonable.
El problema es que probablemente no apareció de la nada.
Los sistemas de control suelen volverse más sofisticados a medida que aumenta la cantidad de gente que intenta burlarlos.
Y ahí aparece una paradoja: Los tramposos obligan al sistema a desconfiar también de los honestos.
🎯 El escritor que quería "ayudar" a su libro
Hay una ironía particular en el caso de los autores.
La mayoría no empieza pensando “Voy a destruir el sistema de reseñas”
Empieza pensando algo mucho más inocente como "Necesito algunas reseñas para que mi libro tenga visibilidad.”
Es comprensible. Claro que si.
Un escritor desconocido publica un libro y descubre que compite contra miles de títulos que ya tienen cientos o miles de opiniones.
Entonces busca una manera de conseguir las primeras opiniones sobre su trabajo.
Una reseña. Después otra. Molesta a un amigo. Jode a un compañero de grupo. Presiona a un lector al que le regaló el libro. Busca un un "intercambio inocente" de reseñas entre autores. Crea una promoción.
Nada parece demasiado grave. El problema aparece cuando todos los autores hacen lo mismo.
Porque una práctica que individualmente puede parecer insignificante puede convertirse, cuando se multiplica por miles, en un problema estructural.
La reseña deja entonces de ser una señal de experiencia del lector. Y se convierte en una herramienta de promoción de editores y autores poco éticos.
Y cuando eso ocurre, pierde precisamente aquello que le daba valor.
¿Y que era lo que le daba valor? Su autenticidad.
🎯 El extraño destino de las "herramientas útiles"
Lo mismo ocurre fuera del mundo editorial.
Durante años, tener muchos seguidores podía ser una señal razonable de que alguien tenía una audiencia.
Después aparecieron los seguidores comprados. Los intercambios. Las cuentas falsas. Las granjas de cuentas. Los bots.
Los perfiles creados exclusivamente para amplificar determinados mensajes.
Y llegó un momento en que el número dejó de significar exactamente lo que alguna vez había significado.
Hoy podemos encontrarnos con una cuenta que tiene cientos de miles de seguidores y preguntarnos: ¿Cuántas personas hay realmente detrás de ese número?
El fenómeno de las redes automatizadas y las granjas de bots ha llegado incluso al terreno político. Investigaciones recientes en Argentina y otros países latinoamericanos han vuelto a poner sobre la mesa el uso de redes coordinadas para amplificar mensajes y generar artificialmente determinadas percepciones públicas. [2]
Pero aquí conviene detenerse en algo.
El problema no son solamente los bots. Los bots son apenas una tecnología.
El problema profundo es otro: la tendencia humana a convertir cualquier mecanismo de confianza en un mecanismo de manipulación.
🎯 El mercado necesita señales
Toda actividad comercial necesita señales.
✔ Si quiero comprar un restaurante, necesito saber qué opinan sus clientes.
✔ Si quiero contratar a un profesional, necesito alguna referencia.
✔ Si quiero comprar un libro de un autor desconocido, necesito una reseña.
✔ Si quiero seguir a una persona en redes, el número de seguidores puede ser una señal.
✔ Si quiero comprar un producto, las opiniones de otros compradores pueden orientarme.
No podemos probar personalmente todo lo que consumimos. Por eso necesitamos confiar parcialmente en la experiencia de los demás.
El problema aparece cuando alguien descubre que puede fabricar esa experiencia. Entonces el sistema empieza a deteriorarse. Y cuando se deteriora demasiado, aparecen las medidas defensivas.
Las medidas anti-avivadas son: Algoritmos, Filtros, Verificaciones, Restricciones, Moderación automática, Limitaciones para publicar, Suspensiones, Eliminación de contenido.
Y, en algunos casos, verdaderas barridas de contenido que pueden afectar también a personas que no estaban intentando hacer trampa.
Amazon explica precisamente que sus controles sobre las reseñas buscan preservar la confianza del sistema y que puede suprimir contenido o limitar la capacidad de determinados usuarios para publicar cuando detecta comportamientos que vulneran sus políticas. [3]
Es una consecuencia bastante lógica.
Pero también bastante triste. Porque sabemos que la estupidez humana es la que arruina todo.
🎯 Cuando la plataforma empieza a sospechar de todos
Imaginemos un pequeño pueblo, en el que durante años existe un mercado en el que todos se conocen.
- Un vendedor dice “Este producto es bueno.”
- Y el comprador sabe que probablemente puede creerle. Hasta que alguien empieza a mentir.
Claro, al principio nadie se preocupa porque solo hay un mentiroso.
Después varios comerciantes hacen lo mismo. Finalmente casi todos exageran y mienten. Entonces el comprador deja de confiar en los vendedores. Y el mercado comienza a desarrollar mecanismos para comprobar cada afirmación.
Se crean Certificado, Sellos, Auditorías, Inspectores, Documentación, Controles.
Tal vez los conoces como Normas IRAM, normas ISO. Controles de Calidad, Certificaciones, etc
El resultado es paradójico: La mentira de unos pocos termina encareciendo la honestidad de todos.
Eso es lo que muchas veces olvidamos cuando hablamos de plataformas digitales. Las reglas no aparecen únicamente porque las grandes empresas sean malvadas, arbitrarias o burocráticas.
En ocasiones aparecen porque millones de usuarios idiotas han demostrado que, si existe una grieta, alguien intentará utilizarla. Y si la grieta permite obtener dinero, prestigio o visibilidad, seguramente aparecerán miles de estúpidos que las usarán.
🎯 El problema de la “pequeña” trampa
Existe además una característica muy particular de la picaresca.
La persona que hace una pequeña trampa rara vez piensa que está participando en un fenómeno colectivo.
Piensa ¿Qué daño puede hacer una reseña?, ¿Qué importa que tenga veinte seguidores comprados?, Todos lo hacen ¿Por qué no yo?, Estoy ayudando a mi amigo.
O la clásica “Después de todo, mi libro realmente es bueno.”
Y probablemente tenga razón en una cosa: una sola acción casi nunca cambia el sistema.
El problema es que el sistema no está compuesto por una sola acción. Está compuesto por millones. Y si diez mil autores consiguen artificialmente veinte reseñas, ya no tenemos un pequeño favor entre amigos.
Tenemos doscientas mil señales artificiales.
Si miles de cuentas compran seguidores, el número de seguidores deja de funcionar como indicador.
Si miles de personas utilizan bots para amplificar determinados mensajes, las redes empiezan a parecer mucho más pobladas de lo que realmente están.
Y cuando una plataforma detecta eso, tiene un problema.
Porque ya no puede distinguir fácilmente entre: “Esto PARECE artificial.” y “Esto ES artificial.”
Entonces aparecen los algoritmos. Y los algoritmos no tienen amigos.
🎯 La paradoja de la confianza
Quizás esta sea una de las grandes paradojas de nuestra época digital.
- Hemos construido sistemas capaces de mostrarnos lo que otras personas piensan.
- Pero inmediatamente comenzamos a intentar engañar al sistema sobre lo que esas personas piensan.
✔ Hemos construido herramientas para medir popularidad. Y empezamos a falsificar la popularidad.
✔ Herramientas para medir reputación. Y empezamos a fabricar reputación.
✔ Herramientas para recomendar. Y empezamos a fabricar recomendaciones.
✔ Herramientas para identificar lo que interesa a la gente. Y empezamos a fabricar interés.
Al final, la plataforma tiene que defenderse. Y cuanto más se defiende, más complicado resulta utilizarla.
Es una especie de carrera armamentística.
✔ La plataforma crea una regla. Alguien descubre cómo esquivarla.
✔ La plataforma modifica el algoritmo. Alguien encuentra otra grieta.
✔ La plataforma agrega otra comprobación. Y así sucesivamente.
Hasta que el sistema que originalmente era sencillo termina convertido en una enorme maquinaria de vigilancia y detección.
🎯 Quizás el verdadero problema no sean los algoritmos
Existe una tendencia muy extendida a culpar a los algoritmos.
A veces con razón. Pero quizá el problema esté un poco antes.
El algoritmo no apareció porque los seres humanos fueran especialmente honestos.
Apareció porque necesitábamos manejar una cantidad gigantesca de información y detectar comportamientos que una persona no podría revisar manualmente.
El algoritmo es, en cierto sentido, la respuesta tecnológica a un problema humano.
Y cuanto más intentamos engañarlo, más sofisticado tiene que volverse.
Por eso existe una pregunta incómoda que pocas veces nos hacemos y es ¿Cuánto de la complejidad de Internet hemos creado nosotros mismos?
No necesariamente las empresas. Nosotros. Los usuarios. Los vendedores. Los autores. Los influencers. Los políticos. Los consumidores.
Todos aquellos que alguna vez pensamos que una pequeña ventaja obtenida mediante una pequeña trampa no tendría consecuencias.
🎯 La destrucción de las señales
Tal vez lo más importante que estamos perdiendo no sean las reseñas, los seguidores o los rankings.
Estamos perdiendo algo mucho más valioso, que no es otra cosa que la capacidad de interpretar esas señales con confianza.
- Un cinco estrellas ya no significa necesariamente lo mismo que antes.
- Un millón de seguidores ya no significa necesariamente un millón de personas interesadas.
- Una tendencia puede ser auténtica o fabricada.
- Una recomendación puede ser espontánea o comprada.
- Una multitud puede ser real o estar compuesta parcialmente por cuentas que nadie mira.
Y cuando las señales pierden valor, todos pagamos el precio.
- El buen escritor. El mal escritor.
- El buen producto. El mal producto.
- El creador desconocido. El creador famoso.
- El ciudadano que dice la verdad. El que fabrica una realidad.
Todos terminan navegando en el mismo océano de incertidumbre.
🎯 Hay una lección bastante antigua detrás de todo esto
El problema no es que Internet ha inventado una nueva clase de seres humanos tramposos.
La historia demuestra que no hacía falta Internet.
✔ Siempre hemos intentado encontrar ventajas.
✔ Siempre hemos exagerado.
✔ Siempre hemos comprado voluntades.
✔ Siempre hemos recomendado a nuestros amigos.
✔ Siempre hemos intentado influir en los demás.
✔ Siempre hemos sido tramposos por naturaleza
Lo que Internet hizo fue algo diferente como multiplicar la velocidad y la escala de esas conductas.
Una pequeña trampa que antes podía afectar a veinte personas hoy puede afectar a veinte millones. Y una práctica que antes resultaba demasiado costosa para ser masiva puede automatizarse.
Por eso la responsabilidad también cambia de escala.
Lo que individualmente parece insignificante puede ser colectivamente devastador.
🎯 El curioso castigo de las avivadas
Hay algo casi poético en todo esto.
- El que compra una reseña cree que está aprovechándose de Amazon.
- El que compra seguidores cree que está aprovechándose de las redes.
- El que utiliza bots cree que está aprovechándose del algoritmo.
- El que falsifica popularidad cree que está aprovechándose del sistema.
Pero todos ellos producen, lentamente, el mismo resultado haciendo que el sistema confíe menos. Y cuando el sistema confía menos, aparecen más controles. Y cuando aparecen más controles, todos tenemos menos libertad. Incluso aquellos que nunca hicimos trampa.
La pequeña avivada individual puede parecer inteligente. Pero multiplicada por millones puede convertirse en una estupidez colectiva.
Quizás esa sea una de las ironías más grandes de la economía digital, y es que intentando conseguir una ventaja sobre los demás, terminamos destruyendo precisamente el mecanismo que permitía obtenerla.
Y entonces todos volvemos a empezar. Con más filtros. Más verificaciones. Más algoritmos. Más restricciones. Más desconfianza.
Y menos capacidad para creer simplemente que, detrás de una reseña, un seguidor, una recomendación o una opinión, hay efectivamente una persona que quiso decir exactamente eso.
Porque algunas cosas funcionan únicamente mientras la mayoría decide no hacer trampa. Y quizás la confianza sea una de ellas.
Mencionado en el Artículo:
[1] Amazon Community Guidelines
[2] ¿Cómo funcionan las granjas de bots que se usan para desinformar a la población?
[3] How Amazon maintains a trusted review experience - Trustworthy Shopping at Amazon
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