✨ Romance - Drama - Venganza
🔥 La Trastienda Autoral: Revancha
por Rodriac Copen
Capítulo1. Alina
Alina vivía en la región montañosa de
Salzkammergut, Austria, a las
orillas del lago Hallstatt. La bella mujer
había nacido muy cerca de allí, en Sankt
Georgen im Attergau, que quedaba un poco más al norte. Pero en su juventud
había conocido el lago y siempre le atrajo la vida tranquila y agradable de ese
pintoresco pueblo, rodeado de pinos y montañas que parecía encapsular el valle.
Ahora estaba esperando relajada al
camarero en el interior del salón de un pequeño café del pueblo. Estaba sentada
en una cómoda mesita justo al lado de unos grandes ventanales. Era un día frío
y húmedo. Desde su lugar podía observar el lago, cubierto de una mezcla de neblina y una fina lluvia que caía
mientras daba un tono melancólico al paisaje.
Parecía que la tristeza le había
invadido su alma. Se sentía nostálgica y en la soledad del momento no dejaba de
reflexionar. Absorta en sus pensamientos, apenas escuchó al mesero, que cortésmente
le dejó una taza humeante de café acompañado de un par de bocadillos de chocolate.
El hombre le dirigió una leve reverencia, y
mostrando una suave sonrisa se alejó para dejarla nuevamente con sus
pensamientos.
Calladamente decidió esperar a que las gotas dejaran de caer antes
de partir a su trabajo. Pensó en la
noche anterior, en la que su recato habitual se había visto desbordado por el
deseo y la lujuria acumulados en las semanas que habían precedido al desenlace
inesperado.
Había pasado la noche con Alphonse, el marido de su amiga de toda
la vida, Lena. Sentía
una mezcla de suciedad, desencanto y sobre todo, incomodidad. Tal vez a su amante ocasional le pasaba algo parecido.
Pensó en los acontecimientos que le habían desbordado. Retrocedió a la mañana temprano, cuando el día había
iniciado con un cielo claro y despejado. Completamente
desnuda, se había despertado muy temprano, casi de madrugada.
Había deslizado su cuerpo silenciosamente entre las sábanas para no despertar a
Alphonse, se había duchado y, una
vez cambiada, abandonó la casa. No dejó ninguna nota. Miró
por unos instantes al hombre y supuso que
entendería. En todo caso, ya se verían más tarde o más temprano.
No tenía ninguna idea sobre lo que sucedería a partir de allí. En realidad, no le importaba demasiado. Alina estaba casada desde hacía muchos años con Johann. Se
habían conocido con Lena en la época de estudiantes de facultad. Juntas, habían crecido y luego de conocerlos, se comprometieron con
sus actuales maridos. Los cuatro se habían vuelto inseparables. Hasta ahora,
pensó amargamente.
Un dejo de dolor le atravesó el alma al entender que todo había cambiado
en unos instantes para su pequeño universo de cuatro.
Tomó un sorbo de café mientras
recordaba algunas escenas de la noche anterior. Le venían imágenes que al azar
daban vueltas en sus pensamientos. No podía dejar de pensar en las caricias
lascivas que se propinaron con Alphonse.
Nunca se lo habría imaginado en ese rol.
Simplemente había sucedido. Se había asombrado tanto de las cosas que había
hecho espontáneamente, que llegó a pensar en sí misma como en otra persona.
Johann nunca le había hecho sentir lo que experimentó la noche anterior.
Sin quererlo ni planearlo, se estaba
excitando nuevamente. Trató de pensar en otra cosa.
Lejos de mejorar, el clima había
empeorado. Sintió la vibración de su teléfono. Miró el display y la foto de un sonriente Alphonse le invitaba a hablar. Ignoró al dispositivo sin molestarse en contestar. Seguramente tendrían mucho tiempo para hablar. Sólo que no
quería hacerlo ahora. No deseaba sentirse presionada. Por ahora, tenía muchas
cosas para pensar.
Le pareció que el camarero le observaba
demasiado. Sonrió para sí misma. Una conciencia culpable era difícil de
controlar. Pensó en lo difícil que podía ser llevar una doble vida. Las
emociones que un alma transitaba mientras los acontecimientos y el azar precipitaban
todo tipo de pensamientos. La fragilidad de la vida, los pequeños detalles que
finalmente se descontrolaban para dejar pequeños indicios aquí y allá. La
catarata de conclusiones que se generaban con esos minúsculos indicios
cotidianos que terminaban destrozando tantas vidas.
Recordó los terremotos pasionales, los gritos histéricos y las
escenas dantescas que no pudieron explotar. Y la sensación de impotencia y
cólera que le había envenenado el alma. Experimentaba en carne propia el amargo
sabor de los engaños y las heridas que tardarían un tiempo en cerrar. Todo eso
había sido inevitable. Las cosas habían terminado explotando, mientras se
rompía el armónico orden natural en el que vivía.
Ninguna mentira persiste indefinidamente. Puede parecer que el
final está lejos y que tarda mucho tiempo en llegar. Pero
como Alina había experimentado, todo llega. Y como la última parada de
un viaje, todo camino llega a un final. Y así las vidas se
terminan transformando.
Alina nunca pensó que acabaría siendo amante de Alphonse. Simplemente sucedió. Dos
almas inmensamente solitarias y desdichadas se habían encontrado. Y ahora su
conciencia no le dejaba en paz.
No se sentía sucia ¿Por qué debería sentirse así? Irónicamente su alma
apenas podía sentir algo de culpa. Se preguntaba honestamente si deseaba
enamorarse nuevamente. ¿O simplemente se había dejado llevar por un momento de
lujuria?
Tendría que averiguarlo. Se habían producido muchas heridas hasta ahora
como para lastimar también a su casual amante de una noche. Era por eso que no
quería hablarle.
Capítulo2.
Sospecha
Las sombras habían ganado nuevamente
el cielo de la mañana. Miró
distraídamente el reloj y decidió que aún tenía tiempo para seguir disfrutando
de su frugal desayuno. Podía ver a través delas ventanas cómo se había levantado
una brisa y según veía las reacciones de la gente, pensó que la temperatura
había disminuido. Pequeñas gotas de llovizna habían comenzado a caer.
Un poco más abajo, después de un
pequeño jardín, podía ver la vereda detrás de una pequeña y grácil
barandilla. La ventana que estaba junto a su mesa, estaba algo sobre elevada con
respecto a la vereda. El jardín que se extendía entre la pared del café y la
barandilla se veía bellamente alfombrado por césped. Desperdigadas aquí y allá podían
verse cúmulos de flores multicolores que completaban un paisaje romántico y
bucólico.
Las personas apresuraban sus pasos, tratando
de soportar mejor las ráfagas de viento que los envolvían, en un intento de
protegerse del agua y del frío.
Bebió un sorbo de café y tomó un
pequeño bocado de chocolate. Le hubiera gustado tener compañía porque sentía que la soledad le
invadía. No era una sensación nueva. Muy
pocas amigas, un marido poco presente. Sí. Definitivamente su vida era
solitaria.
Miró el reloj de su celular y pensó
que era hora de partir a su trabajo. Se enfundó en su campera arrebujándose lo
mejor que pudo. Volvió a sentir la vibración de la llamada de Alphonse. Volvió a ignorarlo con un
dejo de fastidio. Le incomodaba que intentaran apresurar sus decisiones. Pensó
en la noche de sexo. En las caricias. Y trató de ser comprensiva con la
psicología masculina. De alguna manera, su amante pensaba que habían
formalizado algún tipo de vínculo. Lo cierto es que para ella, sólo había sido
sexo. Lujurioso probablemente, pero sólo sexo.
Todo era muy reciente y se negaba a
comprometerse en una nueva relación.
Alina era una notable concertista y profesora de
piano, además de poseer una gran belleza y un notable carisma. Enseñaba en un
conservatorio local y solía alternar las clases con conciertos públicos y
privados en diferentes localidades e instituciones del centro europeo.
A través de sus años de carrera, había
logrado forjarse una reputación y su carácter alegre y amable le había
permitido tener la simpatía de muchos colegas. Se involucraba con la comunidad
y en varias ocasiones había ofrecido conciertos a beneficio de diversas
instituciones.
Gran parte de su tiempo enseñaba en el
conservatorio local y el resto del día se dedicaba a ensayar en su hermoso
piano Blüthner, del que era una
orgullosa propietaria. Había adquirido el instrumento con sus primeros ingresos,
recién llegada a la ciudad. En su casa solía recibir a algunos estudiantes
privados, deseosos de mejorar su técnica y lograr consejos para mejorar la
calidad de sus interpretaciones.
Alina estaba casada con Johann, al que conocía desde su juventud. La relación de ambos parecía lo
suficientemente armónica como un cuento de hadas, pero toda esa imagen
fantástica en algún momento se quebró de un modo que nunca nadie hubiera
imaginado.
Desde unas semanas atrás, Alina
comenzó a notar pequeñas señales que le indicaban que algo andaba mal en el
matrimonio. Johann habitualmente llegaba tarde a casa del trabajo, pero
últimamente se mostraba distante y alejado. Sus horarios ya no eran regulares y
definitivamente pasaba menos tiempo con
ella.
Al principio pensó que podía ser sólo una fase o el estrés laboral
por los proyectos que llevaba adelante, pero su intuición le decía que había
algo más. La mirada de su esposo había perdido franqueza y diafanidad. Sonaba
ridículo, lo sabía, pero no lograba acallar la alarma que resonaba en el
interior de sus pensamientos.
Una tarde, venciendo sus objeciones mentales, decidió seguir a Johann sin que él lo
supiera. Lo vio entrar a un café y, sin pensarlo demasiado, decidió entrar
detrás. Allí, ocultos entre las sombras,
observó a su esposo abrazar y besar a su amiga de toda la vida, Lena. La escena le había roto el
corazón en mil pedazos. Al asumir lo que sucedía, las lágrimas cayeron
silenciosamente mientras una sensación de rabia se apoderaba de su ser.
En lugar de confrontar a su esposo y a Lena en ese momento, Alina
decidió guardar esa información y planear su venganza. Quería que ambos
sintieran el mismo dolor que ella estaba sintiendo en ese momento.
Durante semanas se sumergió en la oscuridad de su despecho y
comenzó a tramar un meticuloso plan. Investigó a través de internet los
diversos medios que tenía para controlar el paradero de los amantes. Descubrió sus
horarios, exploró sus debilidades y hurgó tratando de llegar a sus secretos más
profundos. Investigando un poco por aquí y por allá, creyó entender que
Alphonse, el marido de Lena, desconocía todo el asunto.
Llegó a considerar cuidadosamente hacerle partícipe del secreto,
pero se convenció a sí misma de la necesidad de contar con más pruebas que un
abrazo, un beso y un café. Así fue que terminó sumergiéndose en sus propias
pasiones y descubrió nuevas habilidades que le ayudaron a continuar con un plan
doloroso pero necesario.
Capítulo 3. Las
pruebas
De alguna manera Alina trató de
mantener la calma para saber qué acciones tomar. Sabía que quería confrontar a
los amantes, pero en primer lugar no quería quedar expuesta como una loca. Sin pruebas,
seguramente eso pasaría.
Tenía que manejar la situación fría y emocionalmente. Necesitaba darles un
escarmiento. No sólo por rencor liso y llano, sino por la profunda decepción
que había resultad o de la deslealtad de su esposo y su amiga de toda la vida.
Podía llegar a entender un engaño de Johann, pero ¿con su amiga más cercana?
¿Qué clase de cerdo egoísta podía llegar a ese extremo?
Por supuesto sabía que Lena no era mejor. ¿Qué clase de perra se abría de
piernas con el marido de una amiga de tantos años? Pensaba honestamente hablar
con Alphonse, pero necesitaba
pruebas contundentes. No podía llegar a él con chismes y suposiciones. Alina se
caracterizaba por ser una persona analítica y práctica. Lo primero que
necesitaba era controlar de alguna manera el derrotero de su esposo y Lena.
Lo primero que hizo fue comprar dos localizadores GPS a través de internet.
Como dirección de entrega fijó su oficina en el conservatorio. Eso evitaría que
su marido sospechara. Tuvo que esperar menos de veinticuatro horas. Con los
dispositivos en su poder, esperó a estar sola y tranquila en casa para mirar
unos videos de configuración. Pudo comprobar que no le generarían ninguna
dificultad.
Al otro día se dirigió a un comercio para adquirir dos chips de telefonía
celular, cuidándose muy bien de pagar con la tarjeta que Johann no podía
controlar. Insertó cuidadosamente los chips en los rastreadores y esperó por la
activación de los números. Activados los chips, verificó el contacto con los
dispositivos mediante mensajes de texto.
Enviando un mensaje a cualquiera de los chip del rastreador, éstos le devolvían
las coordenadas de su posición actual. Tenía la opción de contratar un servicio
de seguimiento satelital para saber exactamente el destino de los amantes, pero
por ahora eso era suficiente. Generalmente los encuentros amorosos, según
pensaba, se producían mediante el quiebre de los horarios habituales de Johann.
Conocía bien los horarios de su esposo y no le fue difícil sonsacar los
horarios de su ahora ex amiga mediante conversaciones cuidadosamente dirigidas.
Conocía los horarios de trabajo de la perra y no fue difícil sacarle los
horarios del gym y del salón de belleza al que solía asistir. Un par de
llamadas a Alphonse fingiendo no
encontrarla en la casa, le sirvieron para corroborar los dichos de Lena. No
tenía certeza sobre si Lena decía la verdad y hablar con el marido le confirmó
que al menos en eso, la mujer no le había mentido.
Colocar el rastreador en el auto de Johann fue ridículamente fácil. El idiota
pensaba que tenía una mujer estúpida y relajado, no estaba alerta ni cuidaba
sus movimientos. Si no calculaba mal, Alina pensó que esta situación llevaba
alrededor de unos seis meses.
Esperó paciente en la cama a que su esposo
durmiera profundo y silenciosamente, se deslizó fuera de la cama, para ir hasta
el garaje. Abrió el maletero y levantando la alfombra desde un borde, ubicó el
rastreador debajo. Miró cuidadosamente y una vez satisfecha, cerró el maletero.
Volvió al lado de su compañero.
Instalar el dispositivo en el auto de Lena no fue tan sencillo, pero
tampoco demasiado complicado. Esperó hasta forzar un encuentro “casual” con Alphonse cuando éste salía de su
oficina. Sabía que su trabajo le llevaba frecuentemente a realizar trámites
externos. Con la excusa de inscribirse en un gimnasio, le preguntó al marido de
Lena en dónde estacionaba su auto, fingiendo que pensaba ir al mismo gym y usar
el mismo estacionamiento. Sin sospechar lo más mínimo, Alphonse le dio la información.
Hasta allí fue Alina. Usando su
encantador carisma y armando una buena historia, terminó contratando un espacio
de parking en el edificio, justo en el tercer piso, el mismo en donde Lena tenía el espacio para su vehículo.
Pagó en efectivo y por supuesto, dio un nombre falso.
Lo que vino después de eso, fue fruto de una investigación relativamente
sencilla. Johann al parecer, estaba tan confiado o tan excitado que no tenía
imaginación para esforzarse demasiado inventando coartadas creíbles. Alina pudo comprobar que cada vez que
su marido rompía la rutina, el horario coincidía con la hora de gym de su
amiga. A través del seguimiento del GPS pudo comprobar que mientras Lena dejaba
el auto en el estacionamiento, su marido entraba al edificio para pasarle a
buscar discretamente.
Por las coordenadas vio que se dirigían a un hotel en las afueras de la
ciudad. Después de una o dos horas, Johann
dejaba nuevamente a Lena en el estacionamiento y ambos retornaban a sus
casas. Esto sucedía entre una o dos veces por semana. Con razón el follón decía
que estaba “cansado”. Fornicaba como conejo con su amiga y por supuesto, sólo
le quedaban fuerzas para “cumplir” durante el fin de semana. Menuda mierda de
persona.
Alphonse permanecía
totalmente ajeno a estos horarios porque claro, Lena le hacía creer que estaba en el gimnasio cuando se revolcaba
con Johann. Necesitaba pruebas.
Consiguió una peluca y unos buenos anteojos. No tenía problemas económicos que
le impidieran seguir con su plan. Contrató un utilitario por treinta días y lo
pagó a través de su cuenta personal. Se aseguró que los vidrios estuvieran
espejados.
Usando la cochera, se aseguró de llegar y aparcar en su espacio media hora
antes que llegaran los amantes. Su perra amiga iba al gym los martes y los
viernes. Los mismo días en los que su esposo “tenía problemas” para
llegar a horario. Fotografió el momento en el que Johann se besaba en la boca
con Lena. Esperó unos segundos y después los siguió. Llegó al hotel justo
cuando la pareja estaba entrando en el auto de su esposo.
Siguió la rutina por dos o tres encuentros, lo suficiente como para reunir
material fotográfico que mostrarle a Alphonse. Alina sabía que ahora vendría la
parte dura. Y lo lamentaba por Alphonse, al que consideraba una buena persona.
Capítulo 4. Revancha
No fue fácil, pero Alphonse, igual que Alina, tenía algunos indicios que indicaban que algo no iba bien en
su matrimonio. No estaban pasando por un buen momento.
Es cierto que no esperaba esta revelación. Y mucho menos los
videos de sus pareja engañándolo. Juntos
pudieron seguir las coordenadas de los GPS y todos los movimientos de los
amantes, constatando el horario y los días que se encontraban en el
estacionamiento para ir a los hoteles que solían elegir para sus encuentros.
Permanecían en las habitaciones por alrededor de una hora y
emprendían el regreso al estacionamiento. Desde allí partían cada uno a sus
casas. La pianista tenía varias filmaciones que mostraban la entrada y salida
de los hoteles y algunos videos de los besos que se daban. No tenían filmaciones
dentro de las habitaciones, pero eso no era necesario. Había suficiente
evidencia de muchos actos ocultos que indirectamente relataban los fragmentos
que faltan de esa película bizarra y asquerosa.
Alphonse
necesitó de uno o dos días para reponerse y empezar a pensar en qué haría al
respecto. Le había afectado de igual modo que a Alina. Lo más doloroso era la
deslealtad. Ambos podían entender una infidelidad, pero lo que hacía
intolerable al acto en sí mismo, era el haberlo hecho frente a sus caras,
fingiendo inocencia durante las veladas que habían pasado juntos. Las
reuniones, las charlas, las sonrisas y el ambiente de amistad.
Todo eso había sido saboteado y mancillado por un par de
irresponsables y habían vuelto intolerable la situación que en cierta forma los
había herido como una afrenta.
La pianista había tenido más tiempo para reflexionar, y de cierto
modo tenía un plan en mente para tomarse
revancha en esta traición. Los amantes habían dejado al descubierto un conjunto
de heridas que necesitaban cicatrizar mientras las emociones y los sentimientos
que habían despertado se enfriaban poco a poco.
La idea era sencilla. Alina
y Alphonse forzaron una última cena
de amigos con sus parejas. Fingieron haber pagado un viaje para los cuatro a un
destino turístico por un fin de semana. Una salida conjunta a un destino de
placer. La “sorpresa” era que, después
de cenar, debían ir al aeropuerto para embarcarse a su destino.
Cenaron, fingieron y al terminar la velada, Alphonse y Alina, que
habían empaquetado todas las pertenencias de sus parejas en simples maletas, dejaron
las valijas fuera de la casa con la excusa de esperar al taxi. Lena y Johann se mostraron perplejos cuando les cerraron las puertas en la
cara. Y mucho más cuando los videos y las fotos llegaron a sus celulares
exponiendo el juego de los desleales amantes.
Alina y
Alphonse disfrutaron por unos
momentos de su pequeño triunfo.
Por supuesto que eso no había terminado. Todos los amigos y los
conocidos de ambas parejas terminaron recibiendo un mensaje y algunos videos
que los pusieron en conocimiento de las novedades.
El resto de la noche, Alina
y Alphonse hablaron como nunca
lo habían hecho hasta entonces. La conversación necesariamente derivó en
aspectos sentimentales. Consolaron mutuamente sus corazones destrozados. Y el
comienzo de una relación que mezclaba empatía, compasión y sentimientos
encontrados, fue girando lentamente a un modelo de consuelo que desde la ruptura
les mostraba una nueva sensación de libertad.
Pasaron la noche juntos. A la mañana siguiente Alina había deslizado su cuerpo
silenciosamente entre las sábanas para no despertar a Alphonse. Se duchó y, una vez cambiada, abandonó la casa sin dejar
ninguna nota. Miró por unos instantes al hombre desnudo y
supuso que entendería. En todo caso, ya
se verían más tarde o más temprano.
Probablemente sus vidas seguirían
enlazadas en las manos del destino. Destino que les había unido prometiendo un
futuro más venturoso que el pasado. El nuevo día hacía parecer la noche
anterior muy, muy lejana.
FIN

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