lunes, 27 de marzo de 2023

Historia: "Café Para Dos ( SciFi Humanista )"

 


🎯 SciFi Humanista

🔥 Café Para Dos
por Rodriac Copen


La lluvia golpeaba suavemente los ventanales del café.

A esa hora de la tarde apenas había algunos clientes. Un hombre de cabello canoso escribía en una libreta mientras removía distraídamente el café. A los ojos de cualquiera era un escritor más, uno de esos individuos silenciosos que hablan poco porque gustan de observar a los demás.

La puerta se abrió y una ráfaga de aire frío otoñal entró por un momento, refrescando el interior.

Entró otro hombre, algo más joven que el escritor. Vestía una gabardina oscura. Se acercó sin preguntar y ocupó la silla frente a él.

—"Llegas algo tarde."—

—"Si, lo siento. El tránsito humano sigue siendo una de las experiencias más absurdas de este planeta."—

El escritor sonrió.

—"Si tuvieran mejores vehículos, podrían ahorrarse años de aburrimiento en los traslados."—

Los dos rieron. Permanecieron unos segundos en silencio cuando el mozo se acercó a ellos.

"Café para dos, por favor."— pidió el escritor.

Siguieron en silencio por algunos momentos esperando que el mozo se marchara.

No era un silencio humano. Era el silencio de dos seres que habían vivido millones de años observando civilizaciones nacer y desaparecer.

—"Bien."— dijo el recién llegado —"El Consejo quiere escuchar tu informe preliminar. ¿Merecen ayuda?"—

El escritor miró por la ventana mientras respondía.

—"Esa pregunta es más difícil de responder ahora que al momento de llegar."—

—"¿Por qué?"—


—"Porque los humanos son infinitamente más complejos de lo que imaginábamos."—

El visitante asintió.

—"Casi siempre es así. Ninguna especie compleja es simple. Explícate."—

—"Empecemos por lo obvio: observa su política como especie."—

—"Por lo que pude ver, son un desastre."—

—"Sí. Pero advierte que son un desastre interesante."—

—"¿Interesante?"—


—"Se pasan siglos intentando organizarse y cada sistema que intentan, termina produciendo corrupción. Monarquías, imperios, democracias, dictaduras, repúblicas. Cambian las etiquetas pero conservan los mismos impulsos."—

—"Son primitivos. Tienen hambre de poder."

—"No solo poder. Buscan prestigio, miedo, tribalismo."—

—"Eso no los hace muy prometedores."—


—"No, claro. Si esa fuese toda la historia... pero no lo es."—

El joven visitante arqueó una ceja en un gesto de intriga.

—"Continúa."—

—"Cada generación intenta corregir los errores de la anterior. Fracasan, por supuesto. Pero luego, vuelven a intentarlo. En un ciclo sin fin."—

—"Eso parece ineficiente. Quizá persistentes, pero ineficaces."—

—"Si. Pero también demuestra un carácter algo extraordinario."—

—"¿Por qué lo dices?"—

—"La persistencia que muestran nunca claudica. Aún en las condiciones más adversas"—

El visitante permaneció pensativo.

—"Nunca había considerado eso en esta especie."—

—"Yo tampoco. Los humanos resultan ser una especie que tropieza constantemente con la misma piedra y, sin embargo, conserva la esperanza de que algún día dejarán de hacerlo. Los cambios sociales tardan mucho tiempo en impulsarlos. Cuando fracasan, intentan de nuevo."—

El visitante revisó la pequeña pantalla de su teléfono celular.

—"Háblame de las guerras."—

El escritor suspiró intentando encontrar palabras.

—"Las guerras y las matanzas son el argumento más fuerte para negarles ayuda."—

—"Coincido contigo."—

—"Se matan por recursos básicos, por ideologías, por fronteras imaginarias, por dioses que ellos mismos inventan."—

—"También se matan por orgullo."—

—"Si. Y yo diría que sobre todo por orgullo."—


El visitante observó a una pareja, que discutía en una mesa cercana.

—"¿Y eso? ¿Qué es?"—

—"Una muestra de orgullo en escala doméstica."—

—"¿Las parejas funcionan así?

—"Con frecuencia."—

—"Háblame sobre el amor humano."—

El escritor soltó una carcajada.

—"Después de treinta años aquí, sigo sin entenderlo del todo."—

—"Pero supongo que debes haber aprendido algo."—

—"He aprendido que los humanos confunden muchas cosas con amor."—

—"¿Por ejemplo?"—

—"Necesidad con costumbre. Deseo y genitalidad. Miedo a la soledad."—

—"¿Son incapaces de amar?"—

—"No diría incapaces. Diría que no conocen las formas más perfectas del amor. Los sentimientos de amor suelen estar restringidos a congéneres cercanos."—


-"Cercanos físicamente."—

-"No. A personas convivientes... o de su estrecha confianza. No son capaces de mostrar amor a otros miembros de su especie. Ellos le llaman empatía."—


El visitante inclinó la cabeza.

—"Interesante."—

—"Pero he visto personas cuidar durante décadas a miembros enfermos."—

—"Eso ocurre en otras especies."—

—"No de esta manera."—

—"¿Qué tiene de especial?"—

"Se sienten incómodos, incluso lo hacen a disgusto, pero lo hacen."—

"No parece muy extraordinario."—

—"Pero los humanos saben que sus vidas terminarán en algún momento."—

—"Nosotros también."—

—"No. Nosotros comprendemos que nuestra conciencia actual terminará, pero no nuestra existencia. Ellos sienten que la muerte es definitiva."—


El visitante guardó silencio.

—"¿Y eso cambiará algo de nuestro juicio?"—

—"Mucho."—


El escritor señaló a la pareja que estaba discutiendo.

—"Esos dos saben que van a morir."—

—"Todos los organismos biológicos mueren."—

—"Sí, pero ellos construyen hogares, escriben poemas, tienen hijos, plantan árboles y hacen promesas sabiendo que desaparecerán, creyendo que esta será la única forma de existencia que tendrán. Viven con esa desesperación desde la juventud."—

—"Eso es irracional."—

—"Exactamente."—

—"¿Y admiras eso?"—

—"A veces pienso que es admirable que a pesar de eso puedan crear arte."—


El visitante tomó una nota mental.

—"¿Que me dices de la economía?"—

—"Sus economías son sistemas de codicia organizada."—

—"Una definición breve."—

—"Y muy precisa."—


Los dos rieron.

—"¿Son codiciosos?"—

—"Muchísimo. Incluso desde pequeños."—

—"¿Todos son así?"—

—"No."—

—"Entonces no es un problema de especie."—

—"En este planeta nunca lo es."—

—"¿Qué los hace codiciosos entonces?"—

—"La conciencia."—

El visitante asintió.

—"¿Te refieres a los niveles de desarrollo interno?"—

—"Exacto."—


La conversación se interrumpió mientras una camarera traía dos cafés nuevos para dejarlos sobre la mesa.

Cuando se alejó, el visitante habló en voz más baja.

—"¿Que me dices de las religiones?"—

El escritor observó la espuma de su taza.

—"Las religiones son fascinantes."—

—"Pensé que las despreciarías."—

—"Algunas han causado guerras horribles."—

—"Eso es cierto. Lo hemos visto."—

—"Pero también son intentos primitivos de comprender la trascendencia."—

—"¿La Conciencia Universal?"—

—"Sí."—


El visitante sonrió.

—"Resulta curioso."—

—"¿Qué cosa?"—

—"Ellos imaginan a un anciano sentado en una nube."—

—"Sus cerebros necesitan una metáfora."—

—"No entiendo ese concepto de dios. Creen que existe una persona."—

—"Son primitivos. Asocian la existencia con personas."—

—"¿Crees que no pueden entender a una conciencia observándose a sí misma?"—

—"Exactamente."—

Durante algunos segundos ninguno habló. La lluvia había cesado.

Y las luces de la ciudad comenzaban a encenderse.

—"El Consejo también quiere tu opinión sobre su futuro."—

—"¿Qué futuro?"—

—"Están en una etapa nuclear."—


El escritor se recostó en la silla.

—"Van a estar muy cerca."—

—"¿De destruirse?"—

—"Creo que sí."—

—"Y tú que piensas ¿Lo harán?"—

—"Honestamente no lo sé."—

—"Tú vives aquí. Nadie puede tener un mejor juicio."—

—"Oscilan constantemente. No son racionales."—

—"Su desarrollo me dice que lo son."—

—"No lo entiendes. Solo llevan 200.000 años de cerebro racional. Apenas inician el despegue."—

—"Entonces son irracionales."—

—"No exactamente."—
el escritor sonrió. —"Todavía no controlan sus emociones."—

—"Y... ¿sobrevivirán?"—

—"Creo que tienen posibilidades, si."—.

—"¿Por qué lo dices?"—


—Porque han sobrevivido a todo: epidemias, imperios, colapsos, fanatismos, guerras, exterminios."—

El visitante entrecerró los ojos.

—"En eso pensamos. Son capaces de destruirse a sí mismos. Y seguramente a otras civilizaciones."—

—"Pero deberías observar la historia humana."—

—"Lo hice."—

—"Entonces ya conoces la capacidad de recuperación que tienen. Y como tratan de evitar errores del pasado."—


El visitante bebió el último sorbo de café en silencio. Luego preguntó:

—"Hay algo más que no entiendo."—

—"¿Qué cosa?"—

—"¿Por qué decidiste vivir como escritor?"—


El hombre sonrió.

—"Porque aquí los escritores son espías naturales."—

—"¿Espías?"—

—"Escuchan conversaciones. Estudian emociones. Analizan mentiras. Intentan comprender a las personas."—

—"¿Para qué lo hacen?"—


—"Porque la búsqueda es más importante que la respuesta. Y además cuando escriben, pueden influenciar en los demás de un modo inadvertido."—

El visitante permaneció inmóvil. Luego apagó su dispositivo.

—"Bien."—

—"¿Ya tienes suficiente para tu informe?"—

—"Creo que sí."—

—"¿Y cuál será tu recomendación?"—


El visitante observó la ciudad por un momento. Los automóviles. Los edificios. La gente caminando bajo las luces.

La pareja había dejado de discutir. En la vereda exterior, un hombre y una mujer tomaban de la mano a un niño, que caminaba alegre entre sus padres.

Toda aquella extraña especie discutía, amaba, odiaba, rezaba, mentía, creaba música y construía telescopios para mirar las estrellas.

—"Mi recomendación será continuar observando, sin revelarnos."—

—"Pero ahora muchos sospechan de nuestra existencia. Y no saben de nuestras intenciones."—

El visitante que había sido enviado por el Consejo sonrió.

—"No saben quiénes somos. No saben qué es el universo. Creen en el tiempo. No comprenden la conciencia."—

—"Todo lo que dices es cierto. Entonces ¿por qué no revelarnos? Les ayudaríamos en su evolución."—

—"Tal vez como especie tengan algo de esperanza. Si creen que los estamos observando, seguirán buscando evolucionar."—


El escritor terminó su café.

—"Sí. ¿Y tú crees que merecen nuestra ayuda?"—

El visitante miró el cielo que comenzaba a despejarse.

—"No lo sé. Si fracasan, tal vez tengamos que limpiar el planeta y empezar de nuevo."—

—"Esa respuesta no le gustará al Consejo."

—"Tal vez. Por eso aconsejaré esperar otro par de milenios."—

—"¿Y qué pondrás en el informe?"—


El visitante sonrió por última vez.

—"Pondré que los humanos son peligrosos, contradictorios, violentos, irracionales y extraordinariamente inmaduros."—

—"Eso no suena muy alentador."—


El visitante se levantó.

—"Si tuviéramos que decidir ahora, deberíamos exterminarlos."—

El escritor permaneció en silencio.

—"Por eso..."— 

El visitante miró la inmensidad del cielo nocturno.

—"...aconsejaré darles algo más de tiempo. Algún día puede ser que estén listos para unirse a nosotros."—

 

FIN

 

 
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