✨ Diario de Rodriac
💪 El fin de las ideologías
por Rodriac Copen
Hay algo extraño ocurriendo en la política.
Durante mucho tiempo nos acostumbramos a pensar que las sociedades se desplazaban de un lado al otro del espectro político. Unas veces ganaba la izquierda, otras la derecha. Unos jóvenes heredaban las ideas de sus padres y otros las rechazaban. Pero, en el fondo, seguíamos jugando al mismo juego: elegir una ideología y colocarnos dentro de ella.
Quizá ese juego esté llegando a su final.
No significa que las personas hayan dejado de tener ideas políticas. Tampoco que la izquierda o la derecha hayan desaparecido. Significa algo más sutil: cada vez resulta más difícil convencer a una persona de que debe aceptar todo el paquete ideológico.
Y quizá eso explique algunas de las cosas que estamos viendo.
Hace unas horas leía un artículo sobre el creciente rechazo al feminismo entre una parte de los jóvenes [0]. El texto planteaba una cuestión interesante: escuchar a esos jóvenes, intentar comprender qué malestar existe detrás de sus posiciones y distinguir entre quien simplemente expresa una opinión, quien busca un culpable para sus problemas y quien realmente está entrando en un proceso de radicalización.
Estoy de acuerdo.
Pero creo que podemos ir un poco más lejos.
Porque quizá la pregunta no sea solamente por qué algunos jóvenes están abandonando determinadas posiciones progresistas.
Quizá debamos preguntarnos por qué están abandonando las recetas ideológicas en general.
🎯 Cuando la realidad contradice la receta
Durante décadas las ideologías ofrecieron explicaciones generales.
- El marxismo explicaba la desigualdad a través de las relaciones económicas y de clase.
- El liberalismo confiaba en el mercado y en la iniciativa individual.
- El feminismo explicaba determinadas desigualdades a partir de las relaciones históricas de poder entre hombres y mujeres.
- El conservadurismo encontraba parte de las respuestas en la tradición, la familia, el orden y la continuidad social.
Cada una de estas corrientes podía ofrecer respuestas valiosas a determinados problemas.
El problema aparecía cuando la explicación se convertía en una receta universal.
Porque entonces llega un momento en que una persona mira su propia vida y pregunta: ¿Y esto qué ha solucionado?
Puedes explicarle durante horas las estructuras económicas que producen la desigualdad.
Pero si no puede comprar una vivienda, la explicación empieza a resultar insuficiente.
Puedes hablarle de igualdad mientras encadena empleos precarios.
Puedes hablarle de progreso mientras siente que su generación tendrá menos oportunidades que la anterior.
Puedes explicarle que determinadas políticas representan una conquista histórica mientras él siente que su propia vida no mejora.
Y entonces ocurre algo inevitable: la experiencia empieza a competir con la teoría.
Cuando la teoría y la experiencia chocan durante demasiado tiempo, la teoría pierde autoridad.
🎯 Argentina: del hartazgo de la izquierda al desencanto con la derecha
Argentina ofrece un ejemplo extraordinariamente interesante.
Durante años, buena parte de la sociedad acumuló un enorme cansancio con el peronismo y con una forma de entender la política que había dominado durante décadas.
Entonces apareció Javier Milei.
Su discurso no fue simplemente una propuesta política más.
Fue una impugnación completa del sistema.
El Estado era presentado como el problema. La política tradicional como parte del problema. El gasto público, la burocracia, la intervención estatal y buena parte de las estructuras existentes debían ser demolidas.
Milei consiguió convertir ese hartazgo en una fuerza electoral extraordinaria.
Pero ahora aparece la otra cara del fenómeno.
En 2026, diferentes encuestas muestran un aumento significativo del descontento con la situación económica argentina y una caída de la valoración del Gobierno. El deterioro de salarios, empleo y expectativas empieza a pesar sobre una sociedad que esperaba una transformación profunda. [2]
Y aquí aparece algo fascinante.
Una sociedad puede pasar de decir: "La izquierda no funciona".
a decir: "La derecha tampoco está resolviendo mi vida".
Eso no significa necesariamente que vuelva a la izquierda.
Puede significar algo mucho más importante: que ha dejado de creer en las soluciones empaquetadas.
Y ahí está la diferencia.
🎯 Bolivia: cuando una hegemonía se agota
Bolivia ofrece otro ejemplo todavía más contundente.
El Movimiento al Socialismo dominó la política boliviana durante aproximadamente dos décadas. Sin embargo, las elecciones de 2025 terminaron con esa larga hegemonía y llevaron a la presidencia a Rodrigo Paz, en un contexto marcado por la crisis económica, la división interna del MAS y una fuerte demanda de cambio. [3]
No hace falta interpretar aquello como una conversión masiva de Bolivia hacia una nueva ideología.
Puede interpretarse de otra manera: Una sociedad que había confiado durante años en una determinada fórmula decidió probar otra.
Y eso es precisamente lo que hacen las sociedades cuando empiezan a desconfiar de las recetas: prueban.
Y si la nueva receta tampoco funciona, volverán a cambiar.
🎯 Brasil: el espejo incómodo
Brasil resulta todavía más interesante porque demuestra que la historia no consiste simplemente en un desplazamiento de izquierda hacia derecha.
Lula continúa siendo una figura política extraordinariamente fuerte y encabeza las encuestas de cara a las elecciones de 2026, pero el bolsonarismo conserva una enorme capacidad de movilización. Las encuestas recientes muestran una disputa muy estrecha entre Lula y Flávio Bolsonaro. [4]
Y hay un dato todavía más interesante.
Una investigación reciente sobre los votantes de Lula y Bolsonaro encontró que ambos grupos son bastante menos radicales y más parecidos entre sí de lo que sus respectivos adversarios imaginan. Existe un importante «perception gap»: cada grupo tiende a exagerar el radicalismo del otro. [5]
Quizá eso sea una pista.
Tal vez millones de personas no estén tan separadas como creen.
Tal vez sean los discursos políticos los que necesiten que estén separadas.
🎯 No quieren cambiar de ideología. Quieren cambiar de vida.
Y aquí vuelvo al principio.
Cuando un joven dice que ya no se siente representado por el feminismo, podemos explicarle que está siendo manipulado por la extrema derecha.
Pero también podemos preguntarle: ¿Por qué?
✔ ¿Qué esperaba?
✔ ¿Qué problema intentaba resolver?
✔ ¿Qué le prometieron?
✔ ¿Y qué recibió?
Porque quizá descubramos algo incómodo.
Que detrás de muchas posiciones políticas aparentemente contradictorias existe exactamente la misma frustración.
✔ Un joven que no puede emanciparse.
✔ Una mujer que tiene miedo de perder su empleo.
✔ Una familia que no puede pagar una vivienda.
✔ Un trabajador que siente que cada año tiene menos capacidad adquisitiva.
✔ Un inmigrante que intenta construir una vida digna.
✔ Un empresario pequeño que siente que está asfixiado.
Personas diferentes, con problemas diferentes.
Pero una misma sensación: el futuro se ha vuelto demasiado difícil de imaginar.
Y cuando el futuro desaparece, las sociedades buscan culpables.
Entonces aparece la tentación de decir que sobran los inmigrantes.
✔ O que sobran las mujeres que han conseguido determinados derechos.
✔ O que sobran los ricos.
✔ O que sobran los pobres que reciben ayudas.
✔ O que sobra el Estado.
✔ O que sobra el mercado.
Cada ideología ofrece un culpable diferente.
Pero quizá el problema sea que estamos intentando resolver problemas comunes enfrentando a personas que tienen muchos más intereses compartidos de lo que imaginan.
🎯 El problema de las etiquetas
Quizá estamos entrando en una época política distinta.
✔ Una persona puede defender la sanidad pública y al mismo tiempo querer reducir impuestos.
✔ Puede defender la igualdad entre hombres y mujeres y criticar determinadas políticas feministas.
✔ Puede apoyar una inmigración regulada y rechazar el racismo.
✔ Puede defender la libertad económica y reclamar protección laboral.
✔ Puede ser partidaria de determinadas tradiciones y, al mismo tiempo, defender derechos que sus abuelos jamás imaginaron.
Entonces ¿Dónde colocamos a esa persona?
- ¿En la izquierda?
- ¿En la derecha?
Probablemente "no encaja" en ninguna parte.
Y quizá ese sea precisamente el futuro: La gente está empezando a desmontar las ideologías pieza por pieza.
Ya no compra necesariamente el paquete completo.
Acepta una idea. Rechaza otra. Cambia de opinión. Prueba. Se equivoca. Rectifica.
Y vuelve a empezar cuando descubre que esa ideología no le sirvió.
Eso puede resultar desconcertante para los partidos políticos, porque los partidos necesitan identidades estables. Necesitan saber quiénes son «los nuestros» y quiénes son «los otros».
Pero quizá el ciudadano del futuro quiera ser simplemente ciudadano. Y con su voto elegir la propuesta que más le satisface.
Wow... ¡Hemos descubierto la esencia de la DEMOCRACIA!
🎯 Las opiniones cambian
Por eso aquella frase del artículo me parece tan importante: las opiniones cambian.
✔ Una persona que fue progresista puede convertirse en conservadora.
✔ Una persona conservadora puede hacerse progresista.
✔ Un joven que apoyó una causa puede terminar cuestionándola.
✔ Un votante de izquierdas puede votar a la derecha.
✔ Un votante de derechas puede terminar votando a la izquierda.
Y quizá el error sea pensar que siempre tiene que estar regresando a alguna parte.
Tal vez no quiera volver. Tal vez esté buscando algo nuevo.
Porque si las posiciones han cambiado en una dirección, también pueden cambiar en la contraria.
Pero quizá exista una tercera posibilidad: que dejen de cambiar de ideología y empiecen a cambiar de criterio.
Que ya no pregunten: "¿Qué piensa mi partido sobre esto?"
sino: "¿Esto funciona?"
Puede parecer una diferencia pequeña.
Pero no lo es: Es una revolución política.
🎯 ¿El fin de las ideologías?
Tal vez todavía sea demasiado pronto para decir que las ideologías han muerto.
La izquierda existe. La derecha existe. El liberalismo existe. El socialismo existe. El conservadurismo existe. El feminismo existe. El nacionalismo existe.
Pero quizá esté muriendo otra cosa: la obediencia intelectual de las personas a la ideología.
La idea de que para defender una causa hay que aceptar necesariamente todas las respuestas que vienen dentro del mismo paquete... quizá se ha vuelto obsoleta.
Quizá las nuevas generaciones estén empezando a decir:
- «No sé si soy de izquierdas.»
- «No sé si soy de derechas.»
- «Sé que quiero una vivienda.»
- «Sé que quiero trabajar.»
- «Sé que quiero seguridad.»
- «Sé que quiero libertad.»
- «Sé que quiero un futuro.»
Y entonces la política tendrá que enfrentarse a una pregunta mucho más difícil que ganar unas elecciones: ¿qué puede ofrecer realmente?
Porque las personas pueden cambiar de opinión.
Pueden cambiar de partido. Pueden cambiar de ideología.
Pero hay algo que no cambia tan fácilmente: la necesidad de vivir una vida digna.
- Quizá el verdadero fin de las ideologías no sea que dejemos de creer en ellas.
- Quizá sea que dejemos de creer que una sola de ellas tiene todas las respuestas.
Y quizá eso no sea el final de la política. Quizá sea el final de la política ACTUAL.
Quizá sea el comienzo de una política diferente. Una política en la que primero estén las personas. Y después, las etiquetas.
Mencionado en el Artículo
[0]: Artículo de Nieves Botella: "Las Opiniones Cambian"
[1]: As Milei's aura fades, Argentina starts to look for a third way
[2]: Los salarios y el empleo son las nuevas preocupaciones de los argentinos, según los sondeos
[3]: Back to the Future? Bolivia after the 2025 elections
[4]: BTG/Nexus: Lula estabiliza, e Flávio oscila para cima nos dois turnos
[5]: Lulistas e bolsonaristas são menos radicais que o rival supõe, diz pesquisa
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