SciFi Humor
La Máquina del Sueño
por Rodriac Copen
Capítulo 1: Olga y Andrey
Olga tenía alrededor de cuarenta y cinco años. Y estaba casada con Andrey desde hacía veinte. Entre los dos conformaban una pareja normal, con sus cosas buenas y malas. Andrey era un hombre amable, tranquilo y cariñoso, pero al mismo tiempo su esposa le consideraba muy aburrido. Olga trabajaba como directora en una empresa de publicidad, y estaba acostumbrada a un ritmo de vida activo y lleno de estímulos.
Los días de la mujer eran intensos, con poco espacio para el hastío. Entre llamadas de teléfono, mensajes y la faena diaria de dirigir a un grupo numeroso de personas, tenía la mala costumbre de contrastar su día laboral con su sufrido marido.
El pobre Andrey era un oficinista contable, y lo más arriesgado que afrontaba en su vida se limitaba a una planilla de cálculo en su trabajo y a las tareas del hogar que nunca dejaban satisfecha a su inconformista esposa.
Su anhelo secreto era agradar a Olga y ser a sus ojos un buen esposo, pero, al contrario de lo que podrías pensar, no era el servilismo lo que le impulsaba, sino su buen corazón.
La rutina monótona que daba a su vida matrimonial provenía de su deseo de brindar tranquilidad y evitarle sobresaltos su adorada pero irascible esposa Olga.
Así es que el matrimonio entre Olga y Andrey transcurría con grandes problemas de comunicación entre ambos. Mientras la mujer acostumbraba a tomar precipitadamente la iniciativa en todo, no hacía otra cosa que desplazar constantemente a su esposo, que aceptaba con pasmosa tranquilidad el segundo y aburrido plano que su mujer le había dado en el matrimonio.
Nunca Olga tenía la amabilidad de consultarle nada. Impulsiva, decidida y con un karma muy masculino propio de su personalidad, extendía el liderazgo laboral a su vida cotidiana.
Así el pobre Andrey no tenía ninguna posibilidad de ponerse a la par de su mujer, que arremetía una y otra vez tomando todas las decisiones sin consultarle nada. Olga era, pues una mujer moderna, empoderada y completamente masculina.
Su paciencia no era precisamente demasiada y solía montar rápidamente en cólera cuando las cosas no salían como pretendía.
Todo esto resentía el matrimonio y su esposo, con mucha paciencia y algo de resignación, sufría el matrimonio más que disfrutarlo como todo buen esposo hubiera querido.
Habían muchas cosas de Andrey que le molestaban a Olga, que con esas actitudes menoscababa a un marido que ya estaba próximo a cansarse.
En opinión de su esposa, Andrey era casi un perro lujurioso porque pretendía tener sexo una a la semana:
-"Vaya... ¿pero cómo se te ocurre?¿No te das cuenta que estoy cansada?"- Solía increparle irritada cuando su marido quería demostrarle tímidamente su amor.
Las negativas se iban multiplicando con el tiempo y ya el pobre hombre casi no quería pedir por sexo.
Pero una de las cosas que a Olga le resultaban más molestas de su marido, eran sus ronquidos nocturnos. Juan roncaba. Y lo hacía fuerte: rrrrrrrrrrrrr, rrrrrrrrrrrrr, como un serrucho.
Los sonidos eran tan altos que Olga no podía dormir, por lo que estaba constantemente cansada y más irritable que lo habitual.
Andrey había probado de todo: cambio de posiciones, almohadas especiales, aparatos bucales, bandas antirronquidos, etc. Pero nada había funcionado en el pobre oficinista, que casi tenía que disculparse a diario por su miserable existencia.
Olga había intentado usar tapones para los oídos y estaba evaluando dormir en otra habitación. El caso es que nada había funcionado con los ronquidos de su esposo. Una noche, Olga estaba tan cansada que fue a dormir al sofá. Al principio, se sintió un poco culpable, pero al fin pudo descansar una noche entera.
Al día siguiente, Olga le contó a Andrey lo que había hecho y, si bien su esposo se decepcionó, también se mostró comprensivo. Y le dijo que iría al médico para ver si podía solucionar el problema de su ronquido.
Allá fue Andrey al médico para ver si lo suyo era apnea del sueño. El sabía que la apnea era un trastorno peligroso, y que podía exponerle a accidentes cerebrovasculares y otras complicaciones.
Pero todos los estudios que le hicieron descartaron el problema. Lo suyo eran ronquidos. Molestos, pero ronquidos al fin.
Con estos resultados, Andrey se sinceró con el médico y al comentarle su problema marital, el doctor no hizo otra cosa que recomendarle para Olga una máquina de terapia de luz.
Le explicó que estas máquinas proporcionan luz de baja intensidad durante la noche. Y que pueden ayudar a regular el ritmo circadiano mientras mejoran la calidad del sueño.
Allá fue el oficinista a comprar la máquina de luz para su esposa. Al llegar a casa, durante la cena le comentó a Olga sus hallazgos del día y la recomendación del médico.
Olga estaba algo sorprendida con los acontecimientos, pero decidió ser abierta al respecto y probar durante la noche la dichosa máquina para ver si obtenía algún resultado.
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Capítulo 2: Soñando con Fedor
Por la noche, Olga preparó la máquina. Una máquina de terapia de luz es un dispositivo que proporciona una luz de baja intensidad durante la noche. Esto estimula la producción de melatonina, una hormona que ayuda a regular el ritmo circadiano, que regula los patrones de sueño y vigilia.
Las máquina que Andrey le había comprado, tenía un panel de control para ajustar la intensidad y el color de la luz. La mujer le reguló suficiente para estimular la producción de la hormona, pero no tan alta como para interferir con el sueño. Tenía varios colores para elegir, pero finalmente se decidió por la luz rojiza porque el manual decía que era la más efectiva.
Olga intentó relajarse lo mejor posible mientras el sueño acudía a encontrarle. Muchas veces antes de dormir, solía imaginar escenas que nunca protagonizaría en la vida real. Esa noche eligió imaginar una escena con Fedor, el marido de su mejor amiga, Irena.
Fedor era un hombre que siempre la había atraído en secreto. Y era la antítesis de su aburrido marido.
Relajadamente, empezó a imaginar mientras el suave murmullo de la máquina le envolvía. Curiosamente hoy su marido Andrey no roncaba y descansaba plácidamente a su lado. Cerró los ojos mientras la escena se volvía vívida y los sonidos parecían alejarse lentamente.
Era un viernes por la noche, y la ciudad estaba llena de gente. Olga se encontraba sentada en una mesa con Fedor. Estaban en un bar alejado del centro, en una calle poco transitada. Habían quedado allí para tomar una copa, pero no querían que ningún conocido les viera.
El hombre vestía casualmente mientras Olga llevaba una provocadora blusa que dejaba ver generosamente sus pechos.
Olga y Fedor, así como sus respectivos esposos Andrey e Irena, se habían conocido desde hacía muchos años, durante la época de la universidad, así es que desde entonces habían sido amigos.
Olga se había enamorado de Andrey, que en esa época era mucho más atrevido que ahora y Fedor se había emparejado con Irena. La situación se hacía cada vez más vívida mientras la mujer se relajaba más y más.
Durante los últimos meses, los sentimientos de Fedor hacia ella habían cambiado, y después de algunos coqueteos discretos, había insistido para salir juntos. Olga, con alguna resistencia de su parte, finalmente había cedido y estaban empezando a salir juntos.
La cita se estaba haciendo difícil porque ambos estaban nerviosos, y no sabían muy bien qué decir. Tomaron una copa de vino, y hablaron de sus trabajos, sus familias y sus amigos. Pero se sentían incómodos, como si estuvieran siendo observados.
Fedor había terminado de pagar las copas con su tarjeta de crédito cuando de repente, Olga vio a una amiga suya entrar en el bar. Se tapó rápidamente la cara con la mano, y le hizo señas a Fedor para que le siguiera.
Se levantaron precipitadamente de la mesa, y en un movimiento rápido, a Fedor se le cayó de las manos su tarjeta de crédito. Olga la tomó rápidamente y con un movimiento la guardó en su cartera. Ante la urgencia, se escabulleron por la puerta trasera.
Corrieron por la calle, hasta que llegaron a un parque cercano. Se sentaron en un banco, y respiraron hondo. Olga y Fedor habían olvidado el episodio de la tarjeta.
—"Es un alivio"—dijo Olga—"No quería que me viera"-
—"A mí tampoco" —dijo Fedor—"Me sentía muy observado"-
Se quedaron en silencio un rato, mirándose a los ojos. Luego de unos momentos, empezaron a hablar de nuevo. Esta vez, más relajados, hablaron durante un par de horas, hasta que el cielo se puso oscuro. Entonces, se levantaron y se despidieron.
—"Fue una buena noche"—dijo Olga.
—"Sí, lo fue"—dijo Fedor—"Me gustaría repetirla"-
—"A mí también"—dijo Olga
Se dieron un beso, y luego se separaron. Olga se fue caminando hasta su auto mientras Fedor se quedó mirando cómo se alejaba. La mujer presintió que esa noche había sido especial. Había empezado algo nuevo, que podía cambiar su vida.
Al cabo de algunas horas, despertó.
Había descansado magníficamente como hacía tiempo no lo hacía. Olvidó por completo el sueño. Se levantó para ducharse y después de desayunar con su aburrido marido, se dirigió a la oficina.
Después de alrededor de una hora de estar en la oficina, abrió su cartera y lo primero que observó fue una tarjeta desconocida. Al sacarla, vio que era una tarjeta de crédito a nombre de Fedor. Un frío en la espalda le recorrió mientras todo el sueño de la noche anterior le volvía a la cabeza.
Mientras la confusión le tenía absorta en sus pensamientos, el celular comenzó a sonar. Miró el display y vió el nombre del marido de su amiga Irina. Fedor en persona le estaba llamando. A pesar del aturdimiento que sentía, contestó la llamada:
-“Hola Fedor, ¿Qué se te ofrece?”-Preguntó.
-“ Olga querida dime por favor, Cuándo escapamos anoche del bar recogiste mi tarjeta de crédito. ¿Aún la tienes?”- La voz sonaba sumamente preocupada. Su amigo nunca le decía "querida".
-“Si, claro”- Respondió confusa.-“La tengo en mis manos”- No podía creer lo que estaba sucediendo.
-“Mira… debemos ser muy discretos. Ahora mismo voy a buscarla por tu oficina. ¿Podemos encontrarnos afuera para que no nos vean?”- Preguntó Fedor.
-“Claro,te esperaré afuera del edificio.”-Respondió Olga visiblemente perpleja.
¿Cómo podía ser posible aquello? ¿Qué diablos había pasado?
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Capítulo 3: La cena
Cuando le entregó la tarjeta de crédito al marido de su amiga, se detuvo a conversar algunos minutos para intentar entender algo del lío que se estaba produciendo en su cabeza.
Al parecer, ella y Fedor se habían encontrado por casualidad en un café, pero no por las razones románticas que Olga había tenido en mente en su "sueño". Su encuentro había sido fortuito, y la precipitada huida del lugar se dio porque Fedor no quería que la celosa Irena malinterpretara la inocencia de un cruce casual con su amiga de toda la vida.
Al volver al trabajo, el cerebro de Olga corría a mil kilómetros por hora. Según veía, lo que había imaginado anoche en la intimidad de su cama, era una realidad diferente a lo que había experimentado el marido de Irena.
Continuó trabajando en un intento vano de despejar su mente de la confusión que le embargaba. Por la noche, llegó a su casa. Andrey estaba cocinando la cena.
El patán insoportable estaba cocinando pasta. Trató de serenarse. En realidad no sabía por qué la tomaba tantas veces con su marido. A veces era como si fuera una válvula de escape para las presiones del trabajo.
Andrey, que no le había visto en todo el día, le saludó con la exasperante sonrisa habitual y el buen humor que siempre tenía. Olga frenó el impulso natural de mandarle al carajo y respondió al saludo lo más amable que pudo.
-“Por cierto, amor… ¿ Cómo te fue anoche en la salida con tus amigas? ¿Te divertiste?”- Andrey no demostraba tener segundas intenciones. Tampoco parecía enojado.
Olga se atragantó con el vino que se había servido al llegar a la cocina. Prácticamente escupió todo lo que tenía en la boca al tiempo que le salía una expresión inteligible. Las pequeñas gotas de vino se esparcieron por todos los muebles y le salían por la nariz.
Andrey se echo a reír mientras buscaba un repasador y limpiaba el enchastre.
-"Que sensual te ves así, hermosa."- Se burló inocentemente su marido. Olga no respondió a lo que normalmente consideraría un ataque verbal.
El hombre limpió amablemente la ropa de su esposa y los muebles salpicados, mientras le daba un par de palmaditas en la espalda. Volvió a llenarle la copa amablemente.
-“¿De qué diablos estás hablando?”-Respondió Olga con expresión enojada.
-“Pues, disculpa. No sabía que no podía preguntarte por la salida de anoche.”- La expresión de Andrey dejó ver un rostro entre dolido y ofendido. Hizo un mutis y siguió concentrándose en la cena que preparaba.
-“¿Anoche?”- La mujer casi empezó a temblar. Ya eran demasiadas cosas extraordinarias para un solo día.
-“Bueno, pues se suponía que irías con tus amigas. Al menos eso me dijiste antes de irte. ¿Quizá no quieres hablar de eso? ¿O… no te encontraste con tus amigas?”- Andrey definitivamente había cambiado de humor.
Olga eligió cuidadosamente sus palabras:
-“Sí, sí. Me encontré con ellas, claro.”- Los nervios le secaron el gaznate instantáneamente. Carraspeó un poco y bebió algo de vino mientras miraba los gestos corporales de su esposo. No podía verle el rostro mientras cocinaba.
-“Te esperé lo más que pude, pero el sueño me venció…”-Terminó Andrey en un tono que Olga no pudo definir si era dolido o de otra índole.
La cena transcurrió sin mayores detalles, salvo que el trato de Olga se había endulzado notoriamente y contrastaba con su aspereza habitual. La enojona esposa intentó hacer buena letra durante el resto de la noche.
Al momento de acostarse un par de horas más tarde, las expectativas de Olga eran algo diferentes a lo que esperaba la primer noche con la máquina del sueño. Su cabeza parecía haber explotado con cientos de especulaciones.
Allí estaba ella, haciendo lo que hacía todas las noches. Es decir, imaginando inocentemente situaciones agradables y sensuales para conciliar el sueño. Pero con la aparición de la nueva máquina, se habían producido situaciones inexplicables.
Ella había imaginado una noche romántica con Fedor. Para Olga sólo había sido una situación imaginada. Pero el esposo de su amiga había vivido un encuentro real. Y la tarjeta de crédito había aparecido en su cartera personal.
De algún modo, también había sido real para Olga. Y no sólo eso. Andrey había vivido otra alternativa a la realidad: ella había salido a encontrarse con amigas a una reunión.
Estaba realmente confundida y su mente estaba hecha un embrollo. Aún no estaba muy segura sobre la confusa cita, la tarjeta de crédito, Fedor, y todo lo acontecido.
Ella recordaba la dichosa cita solamente como.. ¿un sueño?
Pero Andrey y Fedor también habían compartido esa experiencia, sólo que … de modos diferentes.
Cando se acostaron Olga y Andrey, la mujer simuló leer un libro mientras su irritable marido se le insinuaba sexualmente de nuevo. Lo ignoró como pudo y esperó hasta que estuviera apaciblemente dormido mientras pasaba las páginas de un libro cualquiera.
Esperó hasta que empezaron los ronquidos. El bastardo se dormía rápidamente. Y le envidiaba secretamente por eso.
Prendió la maquina del sueño, volvió a regularla y activó la luz roja. Con algo de duda, apagó la luz, cerró los ojos y a pesar de las dudas, se concentró en imaginar otra situación…
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Capítulo 4: La salida romántica
Obstinada como era Olga, necesitaba encerrarse nuevamente en ese submundo onírico en el que con su imaginación controlaba absolutamente todas las escenas que imaginaba.
Se decidió por imaginar una escena de erotismo…
Comenzó poco a poco a vislumbrar alguna situación. Mmm,. ¿qué podría ser…? Decidió que un buen argumento no era necesario (realmente estaba agotada con todo el ajetreo del día), así es que pensó que era una buena idea quitar del medio al zopenco de Andrey… ¡ Ya está ! Su jefe lo envía a un viaje de negocios por un par de días.
Regocijada, la pobre mujer no era feliz hasta controlar los más mínimos detalles. En fin… siguió con el hilo argumental de la noche anterior. Y decidió que en ese sueño imaginario Fedor le había pedido una cita al enterarse del viaje de su marido.
Mientras su mente se sumergía lentamente en el campo de los sueños, casi imperceptiblemente su cerebro siguió el hilo argumental paso a paso. El rumor tranquilo, suave y monótono de la máquina fue guiándola paso a paso. Nunca supo en qué momento se quedó dormida.
Pero ya todo estaba hecho y la máquina del sueño, de un modo completamente desconocido, tomó el control de sus pensamientos para sumergirla nuevamente en su onírica historia.
En su ¿imaginación?, ella y Fedor estaban enamorados y siempre buscaban oportunidades para pasar tiempo juntos. Esa noche decidieron ir a cenar a un restaurante elegante. Habían reservado una mesa para dos en un rincón discreto, con velas y música suave.
Al llegar al restaurante, fueron recibidos por un camarero amable que los llevó a su mesa. Fedor le pidió una botella de vino de excelente calidad y el menú.
La pareja empezó a hojear la carta, pero pronto se distrajeron el uno con el otro. Olga les imaginaba mirándose a los ojos mientras Fedor se reía de las tonterías que se decían. Vaya de pronto le cruzó por la mente la imagen del lambisco de su esposo Andrey. ¿Por qué Fedor se comportaba como su esposo? Trató de alejar de su cabeza esa imagen perturbadora. Brrr... ¡Que asco!
Cuando el camarero llegó con la botella de vino, la destapó para que Fedor la aprobara y, después de llenar un par de copas con el líquido, les sirvió el vino y se alejó.
Olga y Fedor levantaron sus copas y brindaron por su amor.
-"Por nosotros"- Dijo el marido de su amiga.
-"Por nosotros"- Respondió Olga, que se sentía encantada. Ojalá el cretino de Andrey tuviera un gesto parecido. Ajjj.. ¿por qué sigo pensando en ese zoquete?. Algo molesta consigo misma, trató de alejar la imagen de su esposo para seguir disfrutando del... ¿sueño?
Se bebieron su vino y empezaron a cenar. La comida que habían elegido era deliciosa y el ambiente romántico. Pero de pronto, las cosas empezaron a salir mal. Fedor se derramó un poco de vino en la camisa. ¡Mierda! Tan patoso como Andrey.
Algo irritada, intentó evitar que Fedor se manchara los pantalones y por mala fortuna, quiso hablar antes de terminar de masticar el trozo de carne que comía.
Se atragantó y se quedó sin poder respirar, haciendo señas para indicar que se había atorado.
Pero el estúpido de Fedor estaba más pendiente de no arruinar sus pantalones que de ella. El mozo, atento a los clientes del restaurante, se dio cuenta de inmediato de su percance y corrió para ayudarle, pero con tan mala fortuna que se tropezó con la mesa y derramó el agua sobre el hermoso vestido de Olga.
Se puso detrás de ella, le atrajo rápidamente contra sí y le apretó rápidamente el abdomen para hacerle la maniobra de heimlich. Mala suerte. Para el espanto de la pobre mujer, el trozo de carne salió disparado junto con una sonora ventosidad que todos los presentes tuvieron la decencia de ignorar ante una situación de vida o muerte.
El rostro de Olga estaba rojo cuando le agradeció al mozo el bello gesto de salvarle la vida. De su parte, el amable hombre no mencionó el cuesco. Sintió algunas risas en el fondo del salón. Literalmente, quería morirse.
No podía creer lo que estaba pasando. A esta alturas no estaba ni enterada de estar transitando un sueño. Se sentía real. Y también era real la vergüenza que le inundaba. Su rostro estaba escarlata. Quería que la tierra le tragara de inmediato.
-"Carajo, este es el peor intento de una cena romántica que he visto en mi vida"- La mujer ya había perdido la compostura y se había montado en la cresta de una de sus habituales rabietas.
Algo contrariado, el anteriormente elegante Fedor estaba de pie. La mancha de vino en sus pantalones le hacía ver como si se hubiera meado.
-Vámonos, Fedor"- Dijo terriblemente avergonzada. -"Tratemos de salvar la noche con la poca dignidad que me queda"- Olga estaba muy contrariada.
Pagaron la cuenta y salieron. Buscarían comida por allí. Daba igual un restaurante o un puesto de panchos.
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Capitulo 5: Amor salvaje
El tozudo subconsciente de Olga, la increíble máquina del sueño o vaya a saber qué, había tomado el control argumental de sus pensamientos. Y parecía que no quería dejarlo.
La pareja se alejó del restaurante y después de cenar algo por ahí, se dirigieron a la casa de Olga para pasar un rato más edificante. Entraron en la habitación mientras se daban un fogoso beso en los labios. Fedor fue al baño a cambiarse. Olga se desvistió para lucir su mejor ropa interior de encaje.
La mujer completó el atuendo con un negligé negro transparente que le llegaba hasta el muslo. El contraste con su ropa interior roja y la piel casi blanca no le convencía. Pero no tenía nada mejor a mano. Se recostó sugerente sobre la cama, esperando a que Fedor saliera del baño para iniciar una noche de amor salvaje.
En el patio se escuchaban los desesperados ladridos de Toby, el golden retriever de Andrey. Perro de mierda, pensó la mujer.
Al cachorro le gustaba jugar saltando sobre las personas mientras daba tarascones cariñosos. A Olga le tenía un especial afecto a pesar de su carácter agrio. Andrey solía bromear al respecto diciendo que la mascota detectaba su malhumor e intentaba alegrar el día a su modo perruno.
Ni modo, pensó la mujer. La puerta del patio estaba cerrada. No había de qué preocuparse respecto a Toby. Se quedaría en el patio hasta que terminara de hacer el amor. Espera al latoso de tu dueño, pensó despectivamente refiriéndose a su marido.
Fedor salió del baño sólo con un boxer. Su sugestivo cuerpo, estilizado en el gimnasio y la pileta, contrastaba con el fláccido físico de su marido. Evidentemente Fedor y Andrey habían envejecido de modos diferentes.
Se sintió algo culpable por engañar a su esposo, pero después de un par de instantes decidió que se merecía algún premio de consolación por aguantar tantos años al patán. ¡Vaya! Otra vez pensando en el tontolaco de su marido.
Fedor apagó la luz de la habitación y se quitó el boxer mientras se acercaba sugerente a la cama. Comenzó a deslizarse por encima de Olga que, boca arriba, esperaba las caricias de su amante. Cuando el hombre estuvo encima suyo, le deslizó las manos suavemente por la nalgas que tan bien torneadas tenía el marido de su amiga Irena.
Fedor estaba apunto de darle un beso en la boca cuando se sintió un fuerte ruido en el piso de abajo. Al principio Olga no pudo identificar lo que era, hasta que sintió el jadeo de Toby que corría escaleras arriba buscando la habitación en donde la pareja estaba a punto de hacer el amor.
-“¡¡¡Qué demonios!!!”- Alcanzó a decir Olga mientras se enderezaba como podía para mirar por encima de la espalda del hombre que tenía encima de ella. El endemoniado perro había abierto la puerta del patio por sus propios medios.
Olga pudo ver las nalgas de Fedor contrastadas con la cara de Toby que se abalanzaba con sus ojos desorbitados mediante un salto descomunal. Las mandíbulas abiertas del can estaban listas para morder. La baba chorreaba del hocico. La escena era dantesca.
El robusto Toby se estampó sobre el cuerpo de Fedor mientras su hocico atenazaba la nalga derecha del hombre, que se arqueó como si fuera un contorsionista.
El pobre desafortunado dejó escapar un grito de terror mezclado con dolor. Toby tenía los dientes extremadamente afilados. Y los había hincado en el culo del ahora ex amante.
Forcejeando frenéticamente para salvar sus nalgas, Fedor zafó del hocico del alegre y enloquecido animal. El marido de Irena saltó instintivamente fuera de la cama para alejarse de la mascota de la familia.
Sus partes íntimas se balanceaban alocadamente. Para su terror, Toby ahora quería hincarle el diente a sus pelotas. Según parecía le había gustado el culo y ahora iba por más. El ahora no tan apuesto Fedor no tenía ninguna intención de dejar a Toby seguir jugando.
Fedor gritaba. Olga gritaba. El perro ladraba y terminó atrapando el hermoso negligé de la afligida dueña. Comenzó a tirar de la prenda y Olga terminó despatarrada en el suelo de la habitación mientras sus posaderas se daban un tremendo golpe contra la alfombra de la habitación.
Para cuando Toby terminó de agasajar a los amantes, Fedor ostentaba una marcas de dientes en el culo, Olga tenía todo el cabello revuelto y había quedado cubierta por jirones del otrora hermoso negligé. Había baba en varias partes de su hermoso cuerpo. Y no era de Fedor.
Olga se despertó gritando. Tardó unos segundos en darse cuenta de su pesadilla. Andrey estaba a su lado e intentó reconfortarla. Estaba completamente sudada. Todo había sido tan real…
El corazón le galopaba alocadamente en el pecho. Después de un rato, arrancó la máquina del sueño de la mesita de luz y terminó arrojándola a una esquina. La máquina se hizo pedazos.
Un poco más tranquila, se dejó consolar por su marido. Por primera vez se relajó en los brazos de Andrey.
Se sintió bien. Se sintió protegida.
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Capítulo 6:
El experimento
El aprendiz cuyo nombre era Levir estaba perplejo. Parado frente a una mesa retroiluminada, dialogaba con su maestro Bolzano, que le miraba benévolamente. Estaban dentro de una nave cercana a la Tierra, en órbita geoestacionaria.
Se ubicaban exactamente al cenit de la casa de Olga y Andrey. En esos momentos analizaban los resultados del uso de la máquina de los sueños, como le llamaban.
La nave era invisible óptica y electrónicamente. Era una nave de estudio y observación diseñada para estudiar a los belicosos humanos.
El aprendiz tendría el aspecto de un joven de 20 años. El maestro Bolzano era un anciano que ostentaba una larga cabellera y barbas blancas.
-“Maestro, el experimento ha terminado precipitadamente, pero no hemos obtenido los resultados esperados.”- Levir se notaba preocupado como todo joven impaciente.
-“¿Qué te hace pensar eso?”- Preguntó Bolzano.
-“Porque esperaba que la máquina ayudara a los sujetos a cumplir sus sueños, sus anhelos más profundos. Pero no lo hizo.”-Fue la respuesta del joven.
-“¿Y qué observaste?”- Preguntó el anciano
-“La máquina debía influir a los dos sujetos, pero sólo actuó sobre la mujer. Y ella quedó visiblemente insatisfecha.”- Razonó Levir.
-“¿Y tus conclusiones?”- Bolzano esperó pacientemente a que el joven ordenara sus pensamientos.
-“La máquina hacía exactamente lo contrario a lo que la mujer quería. Le resultó frustrante.”- Según Levir la hipótesis funcional de la máquina estaba equivocada.
-“No necesariamente. Es posible que tu hipótesis fuera correcta, pero que los sujetos no estuvieran preparados para responder de la manera que esperabas.”- Dijo el anciano
-“Pero eso no tiene sentido.”- El joven arrugó sus cejas
-“Sí lo tiene. La psicología humana es una ciencia compleja, y a veces los resultados de los experimentos no son los que esperamos. La simpleza es sinónimo de evolución y como aprenderás, la psicología humana es muy compleja.”- Dijo benévolamente el anciano
-“¿Cómo es eso?”- Se interesó el aprendiz.
-“Has descubierto algo nuevo sobre la psicología humana.”- Le sonrió el maestro.
-“¿Qué es?”-Preguntó el joven
-“Los seres humanos tienen algo que llaman subconsciente. Es el impulsor de sus actos más primitivos. Y a nivel cotidiano no siempre se comportan de la manera que su subconsciente necesita.”- Explicó Bolzano.-“Eso les frustra casi permanentemente.”-
-“Pero a la humana Olga no le gustó la ayuda de la máquina…”- Razonó Levir.
-“En apariencia, Levir. Ella en realidad no aborrece a Andrey. Tampoco quiere engañarle ni que desaparezca de su vida.”-Explicó el anciano.
Continuó:
-“En realidad Olga vive permanentemente frustrada. Cuando está con Andrey, usa al pobre humano como una válvula de escape y apunta todo la angustia, aborrecimiento y negatividad hacia él. Es una forma que tiene su subconsciente de liberar toda esa carga negativa que acumula y que no sabe expresar productivamente. Pero Andrey está ahí para soportar esa frustración. Y soporta todo porque sabe que es la persona que debe brindar previsibilidad a la vida de Olga. Sin él, la mujer estaría perdida. El hombre sabe que debe estar allí para ella, sin importar lo que pase.”- Terminó de explicar Bolzano.
-“¿Entonces es el propio subconsciente de Olga el que boicoteaba a Fedor?”- Se extraño el joven.
-“Así es.”- El anciano cerró la idea. –“Muchos humanos buscan cosas que creen pueden darles la felicidad. Pero la felicidad no están en nada exterior, Levir.”-
-“¿Y por qué a Andrey no le afectó la máquina?”- Preguntó el aprendiz.
-“¿Quién dijo que no lo hizo? Andrey sólo quería la entrega de Olga. Quería ser valorado por la humana. Finalmente la máquina terminó llevándole a sus brazos.”- concluyó Bolzano.
El aprendiz se levantó y salió del laboratorio. El maestro le observó irse, con una sonrisa en la cara. Levir tenía muchas cosas que aprender de los humanos.
FIN
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