✨ Trastienda de "Cúpulas de Érebos"
🔥 Cúpulas de Érebos: cuando sobrevivir deja de ser suficiente
por Rodriac Copen
Cuando escribí Cúpulas de Érebos, no quería contar solamente una historia sobre un planeta inhabitable, una colonia humana aislada durante siglos y el encuentro entre dos grupos de seres humanos que habían evolucionado de maneras diferentes.
Tampoco quería escribir solamente una historia de amor.
Todo eso está en la novela. Y es, probablemente, lo primero que encontrará el lector.
Pero debajo de esa historia hay otra: Una pregunta.
Una pregunta que, cuanto más la pienso, más incómoda me resulta: ¿Hacia dónde estamos llevando a la humanidad?
🎯 Dos humanidades
Érebos es un experimento extremo.
Una parte de la humanidad queda aislada durante más de seiscientos años en un planeta cuya superficie es prácticamente inhabitable. Obligados a vivir bajo tierra, los seres humanos terminan adaptándose física, psicológica y socialmente a unas condiciones que nosotros consideraríamos intolerables.
Así nacen los hipogeos.
Pero los hipogeos no son monstruos ni una humanidad inferior.
Son seres humanos.
Simplemente son seres humanos que han vivido bajo unas condiciones diferentes.
Y ahí aparece uno de los temas que más me interesaban al escribir la historia: la plasticidad humana.
Somos capaces de adaptarnos muchísimo más de lo que imaginamos.
Nuestro cuerpo cambia. Nuestra conducta cambia. Nuestros valores cambian. Nuestra organización social cambia.
Incluso aquello que consideramos natural puede dejar de serlo cuando cambian radicalmente las condiciones en las que vive una sociedad.
Por eso Ruth resulta tan importante.
Ella no descubre solamente una civilización diferente. Descubre que podría haber muchas maneras diferentes de ser humano.
🎯 Pero ¿qué significa progresar?
Aquí comienza la segunda lectura de la novela.
Los hipogeos han construido una sociedad extraordinariamente eficiente.
Todo tiene una función. Todo está organizado. Todo está orientado hacia la supervivencia de la comunidad.
El trabajo tiene sentido. La reproducción tiene sentido. La alimentación tiene sentido. La organización social tiene sentido.
Incluso el cuerpo humano ha sido moldeado por esa necesidad.
Desde nuestra perspectiva podemos considerar que han llevado demasiado lejos la lógica de la utilidad.
Pero entonces aparece una pregunta todavía más incómoda: ¿Estamos nosotros tan lejos de ellos?
Nuestra civilización ha conseguido cosas extraordinarias: Tenemos tecnología, Medicina, Transporte, Comunicación instantánea. Acceso a cantidades de información que ningún ser humano de otra época podría siquiera imaginar.
Producimos mucho más que nuestros antepasados.
Vivimos, en muchos aspectos, rodeados de comodidades que durante siglos fueron privilegios reservados a una minoría.
Todo eso debería conducir a una consecuencia bastante sencilla: más bienestar.
Si somos capaces de producir más con menos esfuerzo, deberíamos disponer de más tiempo para vivir. Más tiempo para estar con nuestros hijos, para conversar, para caminar, para leer.
Para hacer música, para pintar, para escribir, para viajar.
Para enamorarnos, para aburrirnos.
Incluso para no hacer absolutamente nada.
Porque una civilización no debería existir únicamente para producir. Debería existir para que los seres humanos puedan vivir mejor.
Y aquí es donde aparece la paradoja.
🎯 El progreso que no libera
En buena parte del mundo contemporáneo, el desarrollo económico no parece traducirse necesariamente en una vida más libre.
Para sostener determinado nivel de consumo y de ingresos, muchas personas necesitan trabajar cada vez más.
Hay familias en las que trabajan todos sus integrantes porque un solo salario ya no alcanza.
Hay personas que necesitan más de un empleo. Hay trabajadores que pasan una parte enorme de su vida trasladándose entre el hogar y el trabajo.
Y mientras tanto, el tiempo disponible para aquellas actividades que no tienen una utilidad económica inmediata se reduce.
El arte se convierte en un lujo. El ocio se convierte en un lujo. El descanso se convierte en un lujo. La conversación se convierte en un lujo. Incluso la posibilidad de pensar parece convertirse en un lujo.
Y entonces aparece el paralelismo con Érebos. Porque los hipogeos sacrificaron muchas cosas para sobrevivir.
Nosotros corremos el riesgo de sacrificar muchas cosas para producir.
La diferencia entre nuestra sociedad y los hipogeos parece enorme. Pero quizá no lo sea tanto.
🎯 ¿Y si estamos construyendo nuestros propios Hipogeos?
Esta es, probablemente, la idea más importante que quise esconder dentro de la novela.
Los hipogeos no representan solamente una posible humanidad futura: también representan una posibilidad de nuestra humanidad presente.
Una sociedad puede alcanzar un enorme desarrollo tecnológico y, al mismo tiempo, empobrecer la experiencia humana.
Puede aumentar su capacidad de producción y disminuir el tiempo disponible para vivir.
Puede multiplicar los bienes materiales y reducir los espacios destinados a aquello que no produce nada.
Puede convertirse en una civilización extraordinariamente eficiente formada por personas agotadas.
Y entonces aparece la pregunta que Ruth empieza a descubrir: ¿Para qué sirve todo esto?
Porque hay cosas que no sirven para sobrevivir.
No sirven para producir. No sirven para ganar dinero. No sirven para mejorar una estadística. No sirven para aumentar el producto interno bruto.
Y, sin embargo, son precisamente algunas de las cosas que hacen que la vida merezca ser vivida.
Una conversación con un amigo. Una tarde junto al agua. Un libro. Una canción. Una pintura. Una caminata sin destino. Una comida compartida. Una caricia. Un enamoramiento. Una historia contada alrededor de una mesa. Una hora perdida mirando el cielo.
Son cosas aparentemente inútiles. Pero quizá sean las cosas más humanas que tenemos.
🎯 Las “cosas innecesarias”
Por eso una de las ideas centrales de "Cúpulas de Érebos" está contenida en algo aparentemente insignificante: las cosas innecesarias.
Ruth comienza perteneciendo a una sociedad donde todo debe justificarse por su utilidad.
Y poco a poco descubre que los seres humanos de la Tierra hacen cosas que no necesitan hacer.
Phillip tiene una amiga. No porque necesite reproducirse con ella. No porque exista una obligación social. No porque la relación tenga una función económica.
Simplemente porque la quiere.
Ruth descubre el descanso. Descubre el juego. Descubre el placer. Descubre la intimidad. Descubre que puede existir una relación humana que no esté determinada por la reproducción.
Y finalmente descubre algo todavía más importante: puede elegir.
🎯 La verdadera rebelión de Ruth
Ruth no se rebela contra su sociedad con violencia. No intenta destruirla. No organiza una revolución. No pretende demostrar que los hipogeos están equivocados.
Hace algo mucho más pequeño. Y, para ella, mucho más extraordinario.
Toma una decisión que no le ha sido impuesta.
Cuando decide marcharse con Phillip, esa decisión no responde a una necesidad biológica, económica o colectiva.
No es una orden. No es una obligación. No es una función.
Es simplemente una elección personal.
Por primera vez, Ruth hace algo porque ella quiere hacerlo.
Y ese es, en realidad, el momento más importante de la novela.
No abandona solamente Érebos.
Abandona una determinada concepción del ser humano.
🎯 El futuro que deberíamos querer
No pretendo que "Cúpulas de Érebos" sea una alegoría contra el trabajo, contra el desarrollo económico o contra la tecnología.
Sería demasiado estúpido que alguien lo piense de ese modo.
El problema no es que trabajemos. El problema aparece cuando el trabajo deja de ser un medio para vivir y se convierte en el PROPOSITO DE VIVIR.
El problema no es el desarrollo. El problema es un desarrollo que no consigue transformar su enorme capacidad productiva en bienestar humano.
El problema no es la tecnología. El problema es utilizarla para producir más y más, sin preguntarnos si aquello que producimos nos permite vivir mejor.
Porque quizás hayamos cometido un error fundamental.
Quizás hayamos confundido progreso con producción.
Y quizás una civilización verdaderamente avanzada no sea aquella que produce más, consume más o trabaja más.
Quizás sea aquella que consigue que sus seres humanos tengan cada vez más tiempo para hacer aquello que no necesitan hacer.
Aquello que no produce nada. Aquello que no sirve para sobrevivir.
Aquello que, precisamente por ser inútil, nos recuerda que estamos vivos.
🎯 Érebos está más cerca de nosotros de lo que parece
Por eso los hipogeos no son solamente una humanidad futura.
Son una advertencia. Una posibilidad. Un espejo deformado de nuestro futuro.
Ellos tuvieron que sacrificar una parte de su humanidad para sobrevivir a Érebos.
Nosotros corremos el riesgo de sacrificar una parte de la nuestra para sostener nuestro modelo de desarrollo.
Ellos dejaron de mirar el cielo porque no podían hacerlo.
Nosotros todavía podemos.
La cuestión es si tendremos tiempo para hacerlo.
Y quizás esa sea la pregunta que finalmente quería dejar al lector:
Si el objetivo de la civilización es mejorar la vida humana, ¿qué sentido tiene una civilización que nos obliga a sacrificar la vida para mantenerla funcionando?
Ruth encuentra su respuesta cuando decide marcharse.
No sabe qué encontrará al otro lado. No sabe si será feliz. No sabe siquiera si ha tomado la decisión correcta. Pero por primera vez la decisión es suya.
Y quizá esa sea la verdadera medida del progreso.
No cuánto somos capaces de producir. No cuánto podemos acumular. No cuánta tecnología conseguimos desarrollar.
Sino cuánto espacio somos capaces de dejarle al ser humano para ser, sencillamente, humano.
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