domingo, 23 de julio de 2023

Historia: "El Gallo que Sabía Demasiado ( Saga de Leorin & Calyra Dastel )"

 


Saga de Leorin & Calyra Dastel - SciFi Humor

🎯 El Gallo que Sabía Demasiado
por Rodriac Copen

 

El Bazar de los Disparates ocupaba casi un tercio de la vieja Plaza Imperial de Zyrbassa, aunque nadie recordaba ya cuál de las trescientas plazas imperiales había sido la auténtica.

Durante una semana al año, aquel inmenso mercado reunía cuanto charlatán, inventor, alquimista, artista ambulante, timador, científico fracasado, sacerdote sin templo y comerciante sin escrúpulos pudiera pagar el alquiler de un puesto.

El aire olía simultáneamente a especias, carne asada, pólvora, perfume barato y algún compuesto químico cuya sola existencia parecía ofensiva para la naturaleza.

Un enorme cartel daba la bienvenida:

EL BAZAR DE LOS DISPARATES.
Si sobrevive, vuelva el próximo año.

Leorin lo leyó con entusiasmo.

—“¡Qué honestidad comercial! Eso inspira confianza.”—

Calyra observó el cartel unos segundos.

—“Mmm. Yo tendía cuidado con las billeteras.”—

Mientras caminaban, un vendedor ofrecía paraguas ignífugos para días soleados. Otro aseguraba vender mapas absolutamente exactos de tesoros inexistentes.

Más allá, un hombre discutía con una estatua porque, según él, le había devuelto mal el cambio. En fin... nada extraño.

Era Zyrbassa.

Entre una tienda de pócimas explosivas y un puesto que alquilaba maldiciones por hora apareció un gran espejo enmarcado en oro falso.

El cartel anunciaba:

ESPEJO DE LA BELLEZA.
Descubra cómo lo ven los demás.

Leorin sonrió entusiasmado.

—“Esto promete.”—

Se colocó delante, y la superficie líquida comenzó a brillar. En lugar de su silueta alta y desgarbada, apareció un guerrero legendario de armadura brillante.

Mostraba una espada gigantesca y cabellos ondeando salvajemente al viento.

Una capa roja de proporciones heroicas revoloteaba furiosa. Y detrás de él, miles de personas vitoreaban su nombre.

Leorin abrió mucho los ojos.

—“¡Mira eso!”—

Calyra parecía algo sorprendida. Luego dijo, con absoluta serenidad:

—“Curioso.”—

—“¿Qué?”—

—“El espejo parece proyectar aspiraciones.”—

Leorin carraspeó.

—“No necesariamente...”—

—“Yo creo que sí.”—

—“Quizá esa sea la percepción objetiva de la sociedad.”—

—“No lo creo.”—

Entonces ella ocupó su lugar. El espejo apenas emitió un pequeño destello. Y mostró exactamente a Calyra.

La misma elegancia impecable. La misma belleza serena. La misma expresión. Ni una arruga diferente, ni un detalle añadido.

Leorin sonrió con orgullo.

—“¿Lo ves?”—

Ella giró la cabeza extrañada.

—“¿Qué debo ver?”—

—“Que funciona, claro que sí.”—

La observó de arriba abajo.

—“Te muestra como la mujer más hermosa de Zyrbassa.”—

Sintiendo un ligero rubor, Calyra bajó la vista, sin responder. Pero una diminuta sonrisa apareció por un instante en sus labios.

El siguiente puesto al que llegaron, era una tienda cubierta de terciopelo púrpura. Dentro,  esperaba un anciano rodeado por cartas que flotaban a su alrededor.

Leorin tomó asiento mientras el hombre mezclaba lentamente la baraja.

Sacó una carta, luego otra. Y otra más.

Frunció el ceño mientras se concentraba y finalmente habló:

—“Veo riqueza.”—

Leorin dio un pequeño salto.

—“¡Excelente!”—

El anciano reveló la última carta.

—“...en manos de otra persona.”—

Leorin quedó inmóvil y decepcionado.

—“Bueno... sigue siendo riqueza.”—

El anciano ya observaba a Calyra.

Sacó cuatro cartas. Luego otras cinco. Después una docena… y finalmente dejó la baraja.

—“No consigo leer su destino.”—

Calyra respondió con absoluta naturalidad.

—“Soy un androide.”—

El anciano asintió lentamente.

—“Eso explica la suerte de su esposo.”—

Leorin, profundamente ofendido decidió que aquel hombre no era un profesional serio.

Siguieron caminando hasta una fachada que prometía:

La Casa del Terror

¡MÁS DE TRES DESMAYOS GARANTIZADOS!

Leorin desenvainó inmediatamente la espada.

—“Quédate detrás de mí.”— declamó pomposamente.

Calyra obedeció. Con más curiosidad que por necesidad.

Entraron, y el primer monstruo robótico apareció rugiendo. Tenía cuatro brazos y cinco ojos. Y una motosierra.

Sus furiosos ojos miraron a Leorin. Y después a Calyra.

Los sensores del monstruo parpadearon mientras un segundo robot salía por detrás.

También la vio. Y se produjo un silencio extraño. Los dos monstruos comenzaron a retroceder lentamente, y luego huyeron despavoridos. Uno incluso chocó contra una pared intentando escapar.

Leorin levantó orgulloso la espada.

—“¿Lo viste?”—

Calyra lo observó divertida.

—“¿Qué debería ver?”—

—“¡Les di tanto miedo que escaparon!”—

Ella asintió con absoluta solemnidad.

—“Es verdad.”—

Leorin sonrió.

—“¿Lo reconoces?”—

—“Claro que si. Me protegiste, leal caballero.”—

Él infló discretamente el pecho.

Muy atrás, los robots gritaban despavoridos:

—“¡¡¡ES ELLA!!!”—

—“¡¡¡CIERREN LA PUERTA!!!”—

—“¡¡¡NO LE DIGAN QUE ESTAMOS AQUÍ!!!”—

La mayor multitud del bazar rodeaba una enorme carpa con un cartel que decía “El Oráculo Emplumado”.

Un cartel advertía:

"LA EMPRESA NO SE RESPONSABILIZA POR
LOS DIVORCIOS OCASIONADOS
ANTE LAS RESPUESTAS DEL ORÁCULO."

Delante del escenario un voceador gritaba con energía inagotable.

—“¡¡Acérquense, damas y caballeros!!”—

—¡¡Ante ustedes... el único... el incomparable… ¡¡ORÁCULO EQUIPADO CON EL DECODIFICADOR GALLOMÁNTICO Z300!!”—

Una máquina imposiblemente grande ocupaba medio escenario. Estaba llena de bobinas, tubos, palancas , luces y engranajes.

Tal era el caos que los cables que no parecían conducir a ninguna parte.

Y en el centro...un gallo. Que llevaba un casco lleno de antenas y varias luces de colores. Un cable lo conectaba a un inmenso parlante.

Como era habitual en Zyrbassa, nadie encontró sospechoso que el destino universal dependiera de un gallo. Pero Leorin quedó maravillado.

—“¡Había oído hablar del Z200!”—

Miró la máquina como un niño frente a un tesoro.

—“¡Jamás imaginé que existiría un Z300!”—

Una serena Calyra examinó el aparato por unos segundos.

—“¿Y qué ocurrió con el Z299?”—

El feriante tosió al contestar:

—“Un... pequeño incidente profético.”—

—“¿Hubo consecuencias?”—

—“El oráculo quedó desplumado. Tuvimos que hacer una actualización tecnológica.”—

—“Comprensible.”—

Pagaron la entrada. Y esperaron casi media hora. Finalmente entraron, mientras el gallo los miraba con expresión aburrida.

Leorin hizo su primer pregunta. Se acercó al micrófono para decir:

—“¡Oh, sabio gallo!... ¿Mi esposa me ama verdaderamente?”—

El gallo cerró un ojo mientras la respuesta salía por el parlante:

—“Muchísimo.”—

Leorin sonrió triunfante.

—“¡Que bien!”—

El gallo bostezó al continuar:

—“Aunque se pregunta constantemente cómo lograste mantenerte vivo antes de conocerla.”—

Calyra emitió una pequeña risita:

—“Es una duda razonable.”—

En ese momento toda la consola comenzó a lanzar chispas, mientras una voz metálica anunciaba:

—“El Z300 necesita recalibrar los flujos gallománticos.”—

Un técnico salió corriendo detrás de la cortina. Golpeó dos veces una caja mientras pateaba otra. Luego cambió un cable de lugar. La multitud comenzó a silbar y el técnico saludó como si aquello formara parte del espectáculo.

Le tocó el turno a Calyra:

—“¿Quién es más inteligente?”—

El gallo los observó mientras picoteaba por el suelo.

—“Pregunta ambigua.”— sonó la voz en el Z300.

Leorin preguntó sin entender:

—“Explícate, ¡oh oráculo gallináceo!”—

—“Entre ustedes dos...ella.”— el gallo señaló a Calyra.

Leorin hizo un gesto resignado.

—“Era esperable.”—

Pero el gallo no había terminado:

—Pero entre Leorin… y el caballo de ese carruaje… hay debate.”—

Leorin sonrió.

—“¡Que bien! ¡Hay debate!”—

El gallo picoteó un grano de maíz y dijo:

—“Y el caballo va ganando.”—

Leorin respiró hondo.

—“¿Hay algo que mi esposa nunca me haya contado?”—

—“Muchísimas cosas.”—

Leorin giró lentamente e interrogante hacia Calyra.

Su esposa respondió con total tranquilidad:

—“La mayoría son el precio real de las cosas que compras.”—

El gallo asintió:

—“Es cierto.”—

Leorin abrió la boca para responder. Lo pensó y la cerró. Volvió a abrirla. Finalmente decidió que era mejor no preguntar más.

De repente el gallo comenzó a cacarear frenéticamente. Batió las alas. La consola lanzó humo y una voz automática anunció:

—“No acerquen imanes al gallo.”—

Un niño escondió discretamente un enorme imán detrás de la espalda.

Le tocó el turno a Calyra:

—“¿Leorin ha amado alguna vez a otra mujer más que a mí?”—

—“Claro.”— dijo el gallo.

Leorin casi se atragantó. Su rostro pasó por todos los colores conocidos.

—“¡Jamás de los jamases!”—

El gallo continuó con absoluta calma:

—“A su difunta madre.”—

Leorin dejó escapar el aire.

—“Ah...”—

Calyra tomó su mano al decir:

—“Respuesta aceptable.”—

Leorin carraspeó cuando lee preguntó al gallo:

—“¿Mi esposa solo tiene ojos para mí?”—

—“No.”—

El mundo dejó de girar, mientras el rostro de Leorin quedaba completamente blanco.

El gallo añadió:

—“También te observa con sus sensores infrarrojos.”—

El heredero de la casa Dastel respiró otra vez.

—“Claro...”—

—“Y con visión térmica.”

—“Eso también cuenta.”—

Detrás de la cortina alguien susurró.

—“¡Vamos! ¡Necesito más chismes!”—

Calyra giró apenas la cabeza. Sus sensores auditivos aumentaron automáticamente la ganancia. Pero no dijo nada… todavía.

Leorin volvió al micrófono.

—“¡Oh, sabio Oráculo! ¿Qué piensa mi esposa de mí en este preciso instante?”—

El gallo respondió inmediatamente.

—“Está pensando que el puesto de empanadas cobra demasiado caro.”—

Toda la sala estalló en carcajadas. Solo Calyra permaneció inmóvil.

—“En realidad… estoy pensando otra cosa.”—

Todos dejaron de reír. Leorin la miró.

—“¿En qué?”—

—“En cómo funciona ese amplificador.”—

Ella levantó lentamente la vista hacia el inmenso parlante. Y luego señaló la cortina.

—“En cambio… el vendedor de empanadas lleva cinco minutos quejándose del precio exactamente detrás de esa tela.”—

Todos giraron asombrados la cabeza.

Calyra sonrió divertida al decir:

—“El oráculo no está leyendo pensamientos.”—

Leorin frunció el ceño.

—“¿Y qué está haciendo entonces?”—

—“Escuchando chismes.”—

Una señora protestó.

—“¡Mentira!”—

Otro hombre gritó:

—“¡A mí me adivinó el nombre de mi suegra!”—

Desde detrás de la cortina alguien susurró desesperado:

—“¡¡Niños!! ¡Necesito más información!”—

Todos quedaron inmóviles.

Otra voz respondió.

—“¡Te dije que no mencionaras las empanadas!”—

Silencio absoluto. Una tercera voz murmuró:

—“Muchachos… creo que nos descubrieron.”—

Un segundo después toda la multitud rugió al unísono.

—“¡¡¡¡AGÁRRENLO!!!!”—

La cortina explotó hacia afuera. El timador salió corriendo. Detrás de él tres chicos. Y medio bazar los perseguía.

La persecución atravesó puestos de serpientes, carruseles gravitatorios, vendedores de pólizas contra fantasmas y un camello mecánico que decidió unirse espontáneamente a la estampida.

Leorin cruzó los brazos con satisfacción.

—“¡Lo sabía!”—

Calyra arqueó una ceja divertida.

—“¿Qué sabías?”—

—“¡Que ese hombre estaba engañando al verdadero oráculo!”—

El gallo hizo:

—“Cocorocó.”—

Leorin sonrió.

—“¿Ves?”—

El gallo volvió a hacer:

—“Cocorocó.”—

Ya no quedaba nadie en la carpa. Entonces el enorme parlante dijo con absoluta claridad:

—“Por fin se fueron todos los idiotas.”

A lo lejos, el técnico gritó horrorizado.

—“¡¡¡NOOOOOOO!!!”—

Cuando abandonaban la feria, Leorin encontró un pequeño puesto. Un cartel prometía:

RECUERDOS PERFECTOS.
Si su vida fue mediocre, podemos mejorarla.

—“¡Esto te encantará!” —dijo Leorin.

Pagó unas monedas. Calyra se colocó un casco metálico.

La máquina comenzó a zumbar mientras las luces cambiaban de color. Unos engranajes giraron. Después de un par de segundos, la máquina expulsó las monedas.

Una luz verde se encendió y en la pantalla apareció un mensaje:

NO PUEDO CREAR UN RECUERDO MÁS

HERMOSO QUE LOS QUE YA TIENES.

Leorin frunció el ceño.

—“¿Está rota?”—

El vendedor leyó el mensaje, mientras parpadeaba un par de veces asombrado.

—“Qué extraño...”—

—“¿Qué significa?”—

—“No tengo la menor idea.”—

Se rascó la cabeza.

—“Es la primera vez que responde eso.”—

Leorin resopló.

—“¡Qué decepción! ¡Quería un bonito recuerdo para ti!”—

Calyra no dijo absolutamente nada.

Simplemente lo observó durante unos segundos.

Con esa expresión que muy pocas personas en todo Zyrbassa habían tenido el privilegio de contemplar.

Luego tomó la mano de Leorin. Y continuaron caminando entre las luces del bazar.

Él siguió refunfuñando acerca de la pésima calidad de las máquinas modernas.

Ella no respondió. No hacía falta.

Al salir del recinto, el vendedor volvió a gritar con entusiasmo.

—“¡Adelante! ¡La Máquina de los Recuerdos Perfectos nunca falla!”—

La máquina respondió inmediatamente.

—“Mentira.”—

El vendedor le dio un golpecito en un costado.

—“¡Cállate!”—

Leorin se volvió sorprendido.

—“¿Lo ves?”—

Miró a Calyra con absoluta convicción.

—“¡Otra máquina averiada!”—

Calyra sonrió en silencio.

Y, sin soltarle la mano, siguió caminando junto al único hombre de Zyrbassa capaz de salir ileso del Bazar de los Disparates... y que jamás comprendería lo que acababa de ocurrir.

FIN

  

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