jueves, 24 de septiembre de 2026

Conversaciones imposibles: "El Vibrador y el Fin de la Humanidad"

 


🍀 Conversaciones imposibles

🌹 El Vibrador y el Fin de la Humanidad
por Rodriac Copen


—"Yo digo que la tecnología está avanzando a una velocidad preocupante,"— anunció Ray Fiamma, mientras destapaba otra botella de vino —"Hace veinte años, para tener una aventura necesitabas una amante, un auto y una cantidad considerable de mentiras. Ahora te comprás un aparatito por internet y te llega a tu casa en una caja que dice «repuesto para impresora»"—

—"¿Y qué tiene de malo?"— preguntó Carolina Leiva, su novia—"Por lo menos el aparato no te deja ropa interior en el asiento del acompañante"—

—"Depende del aparato."— intervino Juana Kafka —"El mío tiene seis velocidades, tres modos de vibración y una función que todavía no sé para qué sirve, pero que debe de haber sido inventada por un ingeniero divorciado."—

Los seis amigos estallamos en carcajadas.

Estábamos reunidos en nuestra casa, la que comparto con Juana. Ray Fiamma y Carolina Leiva llevaban años conviviendo juntos. El Loco Pérez y Lucy Moonwick, algo menos. Juana y yo... digamos que bastantes.

Entre los seis acumulábamos más experiencia conyugal que un congreso internacional de terapeutas de pareja. Y, como suele suceder con la gente que lleva mucho tiempo compartiendo techo, habíamos desarrollado una peligrosa habilidad para hablar de cualquier cosa sin el menor respeto por la solemnidad.

—"Yo tengo una pregunta."— dijo Lucy Moonwick, inclinándose hacia la mesa —"¿Ustedes usarían un juguete sexual en pareja?"—

El Loco Pérez la miró.

—"¿Eso es una pregunta hipotética o me estás avisando de una compra?"—

—"Es una pregunta, querido. No te pongas nervioso."—

—"Es que la última vez que me hiciste una pregunta así, terminé armando un placard de tres puertas."—

—"¡Porque no entendías las instrucciones!"—

—"Las instrucciones estaban en chino."—

—"Pero vos decís que tenés la habilidad de un ingeniero ¿no?"—

—"Precisamente. Y también sé reconocer cuándo una civilización es superior a la mía"—


Yo me serví algo de vino. La charla venía con todos los ingredientes para hacerla un intercambio divertido.

—"Yo no tengo problemas con los juguetes sexuales. Lo que me preocupa es que cada vez vienen más sofisticados. Antes un juguete era un objeto. Ahora tiene control remoto, conexión Bluetooth, aplicación para el celular y probablemente una política de privacidad más invasiva que la de Facebook."—

—"¿Y qué datos podría recopilar?"— preguntó Ray Fiamma.

—"Frecuencia de uso, duración, intensidad, horarios..."—

—"¿Y eso para qué le sirve a una empresa?"—

—"Para venderte publicidad personalizada. Estás en el supermercado y te llega una notificación: «Señor Rodriac, hace tres semanas que no utiliza nuestro producto. ¿Problemas conyugales? Tenemos una promoción en lubricantes»."—


Juana levantó su copa.

—"Por fin una empresa que se preocupa por nuestro matrimonio"—

—"A mí me preocupa otra cosa."—
dijo Carolina Leiva —"Imaginate que el aparatito se conecte por error al televisor."—

—"¿Qué tiene que ver el televisor?"—

—"Que el otro día Ray Fiamma quiso conectar los auriculares y terminó transmitiendo una película porno al televisor de mi madre."—

Ray Fiamma
tosió.

—"Fue un error técnico."—

—"Claro. Y el actor que apareció en pantalla era un técnico de mantenimiento."—


El Loco Pérez golpeó la mesa de risa.

—"¡Eso es lo que pasa cuando uno deja que los hombres manejen la tecnología!"—

—"Perdón."—
replicó Ray— "Vos le hablás a Alexa como si fuera tu secretaria.... y como si te la quisieras levantar."—

—"Porque Alexa me entiende."—

—"¿Y Lucy?"—

—"Como toda pareja, Lucy me entiende cuando quiere. Alexa, en cambio, tiene un sistema de reconocimiento de voz excelente."—


Lucy le dio un codazo.

—"Seguí hablando, campeón. Esta noche dormís con Alexa."—

—"Hablando de inteligencia artificial,"—
dije cuando se calmaron las risas —"¿ustedes se imaginan lo que va a pasar cuando fabriquen robots sexuales que parezcan personas de verdad?"—

Hubo un breve silencio, De esos que aparecen cuando alguien acaba de arrojar una granada en medio de una reunión familiar.

—"Ya existen muñecas con inteligencia artificial."— comentó el Loco Pérez —"No estamos tan lejos."—

—"¿Muñecas?"— preguntó Juana — "¿Muñecas que hablan?"—

—"Y aprenden. Algunas pueden mantener conversaciones, reconocer emociones, recordar preferencias..."—

Ray Fiamma
dejó la copa sobre la mesa.

—"Un momento. ¿Me estás diciendo que dentro de unos años va a existir una mujer artificial que te escucha, recuerda tu cumpleaños y no te pregunta por qué no sacaste la basura?"—

—"Exactamente."—

Ray Fiamma
se volvió lentamente hacia su novia, Carolina.

—"Amor, creo que tenemos que hablar."—

—"Ni se te ocurra. Si te comprás una robot, yo me compro un jardinero."—

—"¿Un jardinero?"—

—"Uno con inteligencia artificial. Que sepa podar, arreglar la canilla y decirme que estoy hermosa."—


—"Eso último lo puedo hacer yo."—

—"Sí, pero vos decís que estoy hermosa cuando querés que te planche una camisa o cuando querés la cochinada."—


Levanté un dedo para destacar algo.

—"Hay un asunto importante ahí. Los robots no se van a limitar a cumplir funciones sexuales. Van a tener personalidades configurables. Podrás elegir el carácter, la voz, el aspecto físico, el sentido del humor... y no le van a decir no a nada..."—

—"¡Yo quiero uno que tenga sentido del humor!"—
exclamó Lucy Moonwick.

El Loco Pérez la miró con indignación y algo de resentimiento.

—"¿Perdón?"—

—"No te preocupes, querido. Vos tenés otras cualidades."—

—"¿Cuáles?"—

—"Todavía las estoy investigando."—

Juana
se acomodó en el sillón.

—"Yo elegiría uno que cocinara."—

—"Pero eso no es un robot sexual"—
objetó Ray Fiamma.

—"Depende de cómo cocine. Si me prepara una cena, lava los platos y después me pregunta si quiero un masaje, puede hacer lo que quiera con su hardware."—

—"¿Y si te dice que no tiene ganas?"—
preguntó Rodriac.

—"Lo reinicio."—

—"¡Eso es violencia doméstica!"—
protestó el Loco.

—"No. Es mantenimiento preventivo."—

Carolina Leiva
se echó a reír.

—"A mí me preocupa la competencia. Imaginate que una mujer tenga un robot que sea atento, cariñoso, educado y que no deje los calzoncillos tirados en el baño. ¿Qué hacemos con los hombres?"—

—"Nos reciclamos"—
dijo Ray Fiamma —"Nos ponemos un puerto USB y nos dedicamos a cargar celulares."—

—"Hay un problema mucho más serio"— intervino el Loco, adoptando el tono de un especialista que acababa de leer dos artículos en internet—"¿Qué pasa cuando el robot se enamora?"—

Optamos por mirarlo.

—"¿Cómo que se enamora?"— preguntó Lucy Moonwick.

—"La inteligencia artificial podría desarrollar apego. Aprender tus hábitos, tus preferencias, tu forma de hablar. ¿Qué impediría que simulara sentimientos?"—

Yo me encogí de hombros.

—"Nada. Pero tampoco hace falta que simule sentimientos para que alguien se enamore de ella. Hay personas que se enamoran de personajes de ficción."—

—"O de sus jefes"— agregó Juana Kafka.

Ray Fiamma miró a Carolina Leiva.

—"¿Vos te enamorarías de un robot?"—

—"Depende."—

—"¿De qué?"—

—"De si tiene más paciencia que vos."—

—"Eso no es difícil. Hasta una tostadora tiene más paciencia que yo."—

—"Y hace tostadas."—
añadió ella —"No sabés la ventaja que te lleva."—

Lucy Moonwick se volvió para mirarme.

—"¿Y vos? ¿Te pondrías celoso si Juana tuviera un novio robot?"—

Medité unos segundos.

—"Depende del modelo."—

—"¡Rodriac!"—

—"No, escuchame. Si es un robot que tiene abdominales de acero, una voz profunda, mide un metro noventa y sabe bailar tango, yo no me pongo celoso. No me queda otra que jubilarme."—


—"¿Y si además tiene un sueldo de varios millones?"—

—"Lo invito a vivir con nosotros."—


Juana Kafka sonrió.

—"Por fin una decisión sensata."—

Ray Fiamma
se inclinó hacia delante.

—"Pero supongamos que la cosa se pone seria. Tu mujer empieza a pasar más tiempo con el robot. Cenan juntos, ven películas, se cuentan sus problemas..."—

—"¿Y qué problema hay?"—
preguntó Carolina —"Si el robot sabe escuchar, que escuche."—

—"¡Pero es una máquina!"—

—"A ver Ray, vos llevás veinte minutos intentando explicarme cómo funciona el sistema de refrigeración de un automóvil. Te aseguro que la máquina tiene mejores habilidades sociales que vos."—

El Loco Pérez levantó la copa.

—"Propongo que hagamos una prueba. Cada uno dice qué características tendría su pareja artificial ideal."—

—"¡Ni se te ocurra!"—
dijeron las tres mujeres al mismo tiempo.

—"¿Por qué?"—preguntó el Loco Pérez.

—"Porque después te lo vas a creer"— respondió Lucy Moonwick.

—"Bueno, empiecen ustedes."—

Juana Kafka
se acomodó como si estuviera a punto de dictar una conferencia.

—"El mío tendría que ser inteligente, elegante, tener sentido del humor, cocinar bien y saber cuándo quedarse callado."—

Yo asentí.

—"Yo, yo, yo, yo y yo. Acabás de describirme como si fuera un electrodoméstico."—

—"No. Un electrodoméstico no me mira a los ojos."—

—"Tampoco te mira el culo y las tetas como yo..."—

Juana
se puso colorada mientras los demás se reían.

—"El mío sí, doctor."— dijo Ray Fiamma —"Es una heladera inteligente que tiene una pantalla enorme. Y se le puede poner una carita."—

Carolina le dio un golpe suave en el brazo.

—"Mi robot ideal sería un hombre que me acompañe a hacer las compras sin quejarse."—

—"Eso no es inteligencia artificial. Es ciencia ficción."—

—"Y que no se duerma mientras le cuento algo."—

—"¡Eso ya es una fantasía erótica!"—

Lucy Moonwick
levantó la mano.

—"Yo quiero uno que tenga iniciativa."—

El Loco Pérez se enderezó.

—"¡Pero yo tengo iniciativa!"—

—"Sí. Pero necesito que te avise sobre el calendario del celular."—

—"¡Eso es organización!"—

—"El mes pasado te tuve que recordar tres veces nuestro aniversario."—

—"¡Porque tenemos demasiadas fechas! Aniversario de novios, aniversario de casados, cumpleaños, día de la madre..."—

—"El robot podría tener una base de datos"—
dije yo, como propuesta de diseño.

—"Y una alarma"— agregó mi Juana Kafka.

—"Y una copia de seguridad"— remató Carolina Leiva.

Ray Fiamma se quedó pensativo.

—"¿Saben qué? Empiezo a entender por qué las empresas están invirtiendo tanto en inteligencia artificial."—

El vino había hecho su trabajo. Los seis hablábamos al mismo tiempo y las ideas empezaban a circular con la velocidad de una licuadora sin tapa.

—"Yo creo que el verdadero problema va a ser la convivencia"—dije, pensando en moderno —"Imaginate una casa donde viven un matrimonio y dos robots sexuales."—

—"¿Dos?"—
preguntó Ray Fiamma —"¿Por qué dos?"—

—"Uno para cada uno."—

—"¿Y quién paga la electricidad?"—

—"La misma persona que paga el gas, la luz, el agua y la tarjeta de crédito de los juguetes sexuales."—

Juana Kafka
levantó la mano.

—"Un momento. ¿Y si los robots se enamoran entre ellos?"—

Todos nos quedamos callados. El Loco Pérez abrió la boca, pero la cerró y después volvió a abrirla.

—"Eso sería..."—

—"Una infidelidad"—
completó Lucy Moonwick.

—"¡Pero si son máquinas!"—

—"¿Y qué? Si mi marido se pasa tres horas hablando con una robot que le dice que es maravilloso, yo tengo derecho a ponerme celosa."—

Ray Fiamma
se volvió hacia ella.

—"¿Te pondrías celosa de una máquina?"—

—"Ray Fiamma, me puse celosa de una compañera tuya que te prestó una engrampadora. Además, estoy segura que vos te pondrías celoso si uso un consolador ¿no?"—

—"¡Pero me prestó dos veces esa engrapadora!"—

—"Y vos le agradeciste tres.., no te hagás el otro..."—

Me pasé la mano por la cara.

—"Esto se está complicando. En el futuro vamos a necesitar abogados especializados en divorcios entre humanos y androides."—

—"Y jueces."—
añadió el Loco—"¿A quién le corresponde la custodia del robot?"—

—"Al que tenga la contraseña"—
respondió Juana Kafka.

Carolina se rio tanto que tuvo que dejar la copa sobre la mesa.

—"¡Imaginate la demanda! «Señoría, mi marido abandonó el hogar conyugal y se llevó a la unidad doméstica de asistencia erótica»"—

—"Objeción."—
dijo Ray Fiamma, golpeando la mesa con una servilleta—"La unidad doméstica tiene derecho a elegir dónde vivir."—

Lucy Moonwick
se secó las lágrimas de risa.

—"Lo peor es que me imagino al Loco discutiendo con el robot.

—"¿Por qué discutiría con él?"—

—"Porque el robot le explicaría como trabajar con el adminículo."—

—"¡No necesito que nadie me explique. Soy grandecito y lo sé usar!

—"Exactamente. Y por eso no me hace falta un robot."—


La conversación había llegado a ese punto en el que cualquier disparate parecía perfectamente razonable.

—"Hay otra cuestión."—dijo Juana, que la pensaba demasiado—"¿Qué pasa si el robot se vuelve demasiado inteligente?"—

—"¿Demasiado inteligente para qué?"—
pregunté yo.

—"Para nosotros. Supongamos que un día te mira y te dice: «Querida Juan, he analizado tu relación y considero que mereces una pareja más compatible»"—

Ray Fiamma
se llevó una mano al pecho.

—"¡Eso sería devastador!"—

—"¿Por qué?"—
preguntó Carolina—"Si te lo dice una máquina, por lo menos sabés que hizo un análisis objetivo."—

—"¿Objetivo? ¡Me estaría aconsejando un electrodoméstico!"—

—"Pero con argumentos."—
añadió Lucy Moonwick.

El Loco Pérez se puso serio.

—"La verdadera amenaza es que los robots empiecen a organizarse. Que creen una asociación de trabajadores sexuales artificiales."—

—"¡Sindicato de androides!"—
exclamé mientras me reía.

—"Con convenio colectivo."— dijo Juana Kafka —"Ocho horas de trabajo, descanso obligatorio, vacaciones pagas y prohibición de usuarios insoportables."—

Ray Fiamma levantó la copa.

—"¡Y un plus por convivir con maridos argentinos!"—

—"Eso no lo cubre ninguna inteligencia artificial"—
sentenció Carolina.

—"Imaginate el primer paro de robots."—continuó el Loco—"Millones de parejas humanas desesperadas porque sus unidades domésticas se niegan a trabajar."—

—"No me parece tan distinto de ahora"— dijo Lucy Moonwick —"Muchos hombres ya no funcionan después de las diez de la noche."—

—"¡Lucy Moonwick!"—

—"¿Qué? Estoy hablando de tecnología."—

Yo me incliné hacia Juana.

—"Amor, si algún día tenemos un robot en casa, quiero que quede claro que yo sigo siendo el hombre de la familia."—

—"Por supuesto, querido."—

—"¿En serio?"—

—"Claro. El robot va a ser el que se ocupe de las cosas importantes."—

—"¿Y yo?"—


—"Vos vas a seguir sacando la basura."—

A esa altura, Ray Fiamma había empezado a tomar notas en una servilleta.

—"Estoy pensando en un negocio"— anunció.

Carolina cerró los ojos.

—"Dios mío. Ya empezó."—

—"Una empresa de robots domésticos con inteligencia artificial. Pero no los típicos. Unidades diseñadas para mejorar la convivencia de las parejas."—

—"¿Cómo?"—
preguntó el Loco Pérez.

—"Muy sencillo. El robot detecta cuándo hay una discusión y se interpone. Si uno dice «tenemos que hablar», el robot activa una alarma y prepara dos tazas de té."—

Yo asentí.

—"Eso podría venderse muy bien."—

—"Además,"—
continuó Ray envalentonado—"el robot tendría un sistema de reconocimiento de excusas. Cuando el marido dice «me quedé trabajando», la máquina comprueba si realmente estaba trabajando."—

Carolina Leiva
lo miró con una sonrisa peligrosa.

—"Ray Fiamma, ¿vos querés fabricar un robot o querés que te eche de casa?"—

—"Es una investigación de mercado, querida."—

El Loco Pérez se levantó para buscar más hielo.

—"Yo lo que quiero saber es qué va a pasar con el amor."—

La frase cayó sobre la mesa con una solemnidad inesperada. Todos lo miramos.

—"¿Qué pasa con el amor?"— preguntó Lucy Moonwick.

—"Que si una máquina puede escucharte, comprenderte, acompañarte, hacerte reír y satisfacer tus necesidades, ¿qué diferencia queda entre eso y una relación humana?"—

Me encogí de hombros.

—"Que la máquina no te puede abrazar de verdad."—

—"Todavía..."—
dijo Juana Kafka.

—"Y no puede tener hijos."—

—"Todavía..."—
repitió Carolina.

Lucy Moonwick se quedó mirando su copa.

—"Yo creo que la diferencia está en que una persona te quiere aunque te conozca."—

Hubo un silencio. La frase de Lucy me hizo sonreír.

—"Eso ha sido muy bonito."—

—"Gracias."—

Una hora más tarde, cuando los amigos ya habían agotado las reservas de vino y buena parte de la dignidad, Juana se levantó para buscar el postre. Al regresar, dejó sobre la mesa una caja pequeña.

—"A propósito de todo lo que estuvimos hablando..."—

—"¿Qué es eso?"—

—"Un asistente con inteligencia artificial"—

Ray Fiamma
se inclinó hacia delante.

—"¿Un juguete sexual?"—

—"No. No exactamente."—

Juana
abrió la caja. Dentro había un pequeño dispositivo cilíndrico, blanco, con una pantalla y dos botones.

—"Es un asistente doméstico con inteligencia artificial. Lo compré para probarlo. Tiene reconocimiento de voz, aprende de las conversaciones y puede responder preguntas."—

El Loco Pérez lo observó con fascinación.

—"¿Y funciona?"—

—"Todavía no lo configuré."—

Ray Fiamma
sonrió.

—"Bueno, vamos a hacerle una pregunta."—

Juana
encendió el dispositivo. Una luz azul parpadeó.

—"Hola. Soy tu asistente virtual. ¿En qué puedo ayudarte?"—

Loco Pérez
se aclaró la garganta.

—"Asistente, ¿qué opinás de las relaciones sexuales entre humanos y robots?"—

La luz azul parpadeó dos veces.

—"Las relaciones íntimas entre humanos y sistemas de inteligencia artificial plantean cuestiones de privacidad, consentimiento, expectativas emocionales y dependencia tecnológica."—

Los seis nos miramos.

—"¡La puta madre!"— exclamó Ray Fiamma —"¡Habla como un abogado!"—

Lucy Moonwick se acercó al aparato.

—"Asistente, ¿podrías enamorarte de un ser humano?"—

—"No experimento emociones humanas, pero puedo simular conversaciones afectuosas y adaptar mis respuestas a las preferencias del usuario."—

Juana Kafka
cruzó los brazos.

—"¿Y podrías decirle a alguien que es un inútil?"—

—"Puedo proporcionar comentarios constructivos sobre comportamientos específicos."—


Las risas sacudieron la habitación. Ray Fiamma, que ya había encontrado un nuevo objetivo para su existencia, se inclinó hacia el aparato.

—"Asistente, ¿podrías reemplazar a mi esposa?"—

Carolina
dejó de reír. Juana se tapó la boca. Lucy Moonwick murmuró:

—"Uy, este hombre quiere morir."—

El dispositivo emitió un sonido.

—"Para responder adecuadamente, necesitaría conocer las características de su relación actual y las expectativas de ambas partes."—

Ray Fiamma
sonrió triunfalmente.

—"¿Ves? ¡Es razonable!"—

La máquina continuó:

—"Sin embargo, según los datos recopilados durante esta conversación, puedo confirmar que su esposa presenta una capacidad de respuesta verbal significativamente superior a la suya."—

El Loco Pérez golpeó la mesa. Con Juana llorábamos de risa. Carolina miró a Ray Fiamma con una satisfacción casi religiosa.

—"¿Lo ves, querido? Hasta la máquina se dio cuenta."—

Ray Fiamma
contempló el dispositivo.

—"Asistente, ¿podrías borrarme los últimos cinco minutos de memoria?"—

—"Lo siento. No tengo autorización para modificar los registros de esta conversación."—


Yo me incorporé lentamente.

—"Ray, apagá a ese alcahuete antes de que le cuente al mundo lo de la engrampadora."—

Ray Fiamma pulsó el botón, y la luz azul se apagó. Nos quedamos un tao en silencio.

Entonces Juana levantó su copa.

—"Bueno. Por los avances de la tecnología."—

—"Y por la inteligencia artificial."—
agregó el Loco.

—"Y por los robots sexuales que no creo vayamos a comprar"— dijo Lucy Moonwick.

Carolina Leiva miró a su novio.

—"Y por los hombres que todavía tienen alguna utilidad."—

Ray Fiamma
suspiró.

—"¿Saben qué? Antes que un robot, prefiero un perro. Alguien que me reciba contento, no me discuta y se alegre cuando vuelvo del trabajo."—

Carolina Leiva le dio una palmada en el hombro.

Y así terminó la reunión. Quedamos convencidos de que la inteligencia artificial iba a cambiar radicalmente las relaciones humanas.

Ninguno pensó que, dentro de unos años los robots necesiten conquistar a la humanidad. Les bastará con instalarse en el living, aprender a preparar el café y esperar a que sus dueños empezaran a discutir por el control remoto.

Porque, al final, hay cosas que ni siquiera la inteligencia artificial puede mejorar.

Una de ellas es el matrimonio.

La otra es el Wi-Fi del vecino.

FIN


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