domingo, 24 de septiembre de 2023

Historia: "El Hombre Perfecto ( Comedia de Situación )"

 


😊 Comedia de Situación

👀 El Hombre Perfecto

por Rodriac Copen

 

James había pasado los últimos cuatro años interpretando al hombre que todos los hombres querían ser y todas las mujeres sospechaban que existía.

Era inteligente, elegante y seguro de sí mismo.

Nunca levantaba la voz porque no lo necesitaba, tampoco dudaba porque siempre sabía qué hacer. Y cuando una situación se complicaba, pronunciaba alguna frase breve, miraba ligeramente hacia un lado y resolvía el problema con esa facilidad que tienen los personajes de televisión cuando el guionista sabe escribir bien.

La serie se había convertido en un éxito enorme, y millones de espectadores seguían sus aventuras.

James, en cambio, a diferencia del protagonista, tenía dificultades para encontrar sus propias llaves. Pero aquello no constituía un problema profesional... al menos no todavía.

El problema empezó cuando el estudio trasladó parte de la producción a otra ciudad, y James tuvo que mudarse.

La ciudad era grande, moderna y completamente desconocida para él. Tenía edificios, tráfico, restaurantes, teatros, parques y varios cientos de miles de personas que no tenían la menor idea de quién era él.

Al principio aquello le pareció tranquilizador, por lo menos por un par de días. Después comprendió que tampoco conocía a nadie.

Maya todavía no se había mudado con él, porque había decidido terminar el semestre en la universidad y reunirse con James unas semanas después. Mientras tanto, él descubrió que ser famoso no significaba necesariamente tener amigos.

La fama proporcionaba fotografías y reportajes, pero los amigos proporcionaban cerveza, diversión y compañía. Eran cosas distintas.

Pero la solución al problema de la soledad apareció durante una grabación, cuando Albert, uno de los camarógrafos de la serie, se acercó a James mientras desmontaban una escena.

—“¿Qué haces esta noche?”—

James pensó en su agenda vacía, y dijo:

—“Aparentemente, nada.”—

—“Perfecto. Ven a jugar al fútbol.”—

James lo miró.

—“¿Yo?”—

—“Sí, claro ¿por qué no?”—

—“No sé jugar muy bien.”—

Albert sonrió.

—“Mejor. Nosotros tampoco.”—

James aceptó, y esa fue la primera decisión equivocada de una larga serie de errores.


. . .

 

El grupo de amigos al que pertenecía Albert lo recibió con entusiasmo, y Tony fue el primero en estrecharle la mano.

Frank quiso saber cuánto cobraba por cada capítulo de la serie. Derek preguntó si realmente él hacía sus propias escenas de riesgo.

James respondió a todo con paciencia.

En menos de diez minutos ya le habían explicado las reglas, aunque nadie parecía recordar que James había dicho que no sabía jugar.

—“Sólo corre”— le dijo Albert.

—“¿Hacia dónde?”—

—“Hacia donde esté el portero que no conozcas.”—

Aquello parecía razonable… pero no lo fue. James jugó mal, pero muy mal.

En los primeros cinco minutos perdió una pelota, tropezó con un compañero y casi derribó a un árbol que estaba bastante lejos del campo.

Después intentó pasarle la pelota a Tony y terminó perseguido por un contrincante durante veinte metros.

—“¡James!”— gritó Albert —“¡Pásasela a Derek!”—

James, desesperado por que no le quitaran el balón, cambió de dirección. Y fue entonces cuando ocurrió LA JUGADA.

Un rival corrió hacia él y James intentó esquivarlo con tan mala fortuna que el pie derecho se le enganchó con el izquierdo. Durante una fracción de segundo, James quedó en una posición que la anatomía humana no había previsto.

Después cayó estrepitosamente, pero al caer golpeó la pelota.

El balón salió disparado por encima de dos jugadores y aterrizó exactamente frente a Derek, que sólo tuvo que empujarlo dentro del arco. Gol.

Hubo un silencio mientras Derek miraba a James. Albert y Tony también lo miraron con admiración, mientras James seguía en el suelo.

—“¿Lo hiciste a propósito?”— preguntó Derek.

James se levantó mientras se quitaba el polvo.

—“No, que va.”—

Derek frunció el ceño.

—“¿No?”—

—“Fue pura suerte.”—

Albert sonrió. Creyó que James era modesto.

—“Claro.”— le dijo.

James no volvió a marcar, tampoco hizo ninguna otra jugada digna de recordar. Pero eso ya no importaba.

Para cuando terminó el partido, los chicos estaban convencidos de que James tenía una técnica extraordinariamente peculiar.

Tony pensaba que ocultaba sus capacidades, Derek simplemente sospechaba. Y así James había conseguido, sin proponérselo, una reputación que no merecía.

Y eso que todavía no había empezado a hablar con las novias.

. . .

 

Las novias de los chicos llegaron cuando terminaba el partido, una de ellas vio a James y se quedó paralizada.

—“Es él.”—

Las otras lo miraron alborotadas. James sonrió.

—“Hola.”—

No obtuvo respuesta inmediata, porque había cometido el error de sonreír. En su programa de streaming, aquella sonrisa había producido miles de comentarios en internet.

En persona, donde era más impresionante, produjo silencio. Una de las chicas se le  acercó.

—“Eres mucho más atractivo en persona.”—

James, completamente avergonzado, no supo que responder. Y solo dijo sonriendo:

—“Gracias.”—

—“Y también eres más alto.”—

—“Bueno...”—

—“Y más...”—

La chica se detuvo. James esperó.

—“Más… seductor...”—

James parpadeó confundido.

—“¿Seductor? No, no, mira...”—

Intentó explicar torpemente mientras la tomaba del brazo inocentemente. Ella sonrió porque creía que James le estaba coqueteando.

—“De nada, guapo...”—

Finalmente, los interrumpieron. El equipo de fútbol decidió ir a comer hamburguesas.

James se sentó entre Albert y Frank, intentando comportarse con normalidad, pero las novias de sus nuevos amigos lo observaban. Una de ellas lo miraba provocativa mientras bebía, otra lo miraba disimuladamente mientras hablaba.

Una tercera dejó de hablar con su novio para escuchar una conversación que James mantenía con Albert sobre el césped del campo.

James empezó a ponerse nervioso.

—“Oye ¿Por qué me miran?”— preguntó por lo bajo.

Albert levantó la vista.

—“Porque eres famoso. Y las chicas ven el programa. Tranquilo.”—

—“No, caramba. Me miran raro.”—

Albert observó la mesa con atención.

—“Ah.”—

James esperó.

—“¿Qué?”—

—“Nada.”—

—“Albert...”—

—“Después te explico.”—

James decidió no insistir, porque necesitaba ir al baño. Al salir, se encontró Clara, una de las novias,  esperándolo.

—“Hola, guapo...”—

—“Ho…, Hola Clara.”—

—“¿Puedo hacerte una pregunta?”—

—“Emm… Claro.”—

Ella se acercó un poco para jugar con el botón de su remera.

—“¿Siempre eres... así?”—

James no entendió.

—“¿Así... cómo?”—

—“Ya sabes… así...”—

—“No.”—

Clara sonrió.

—“Eso es muy bueno.”—

—“¿Qué?”—

—“Que no admitas nada, guapetón...”—

James pensó que quizá había bebido demasiado.

—“Estoy comprometido, ¿sabes?”—

Ella sonrió y se acercó todavía más.

—“Eso es exactamente lo que diría alguien como nosotros ¿verdad?”—

James se quedó inmóvil.

—“¿Alguien como qué?”—

—“No te preocupes. Voy a guardar nuestro secreto...”—

—“Pero… si no hay nada que contar...”—

Clara le dio una palmadita en el brazo.

—“Eso también es exactamente lo que diría alguien como tú.”—

Y se marchó apara sentarse junto a su novio. James regresó algo confundido a la mesa. Se sentó, y Albert lo miró.

—“¿Qué pasó?”—

—“No tengo idea.”—

—“¿Con Clara?”—

—“Sí.”—

Albert se encogió de hombros.

—“Si no pasó nada, entonces todo va bien.”—

James comenzó a sospechar que Albert no era la persona adecuada para pedir ayuda.

Clara, la chica del baño, cambió de lugar y se sentó junto a un par de amigas: Alice y Darla. Les dijo por lo bajo:

—“James es mucho más peligroso en persona.”—

—“¿Qué hizo?”—

—“Nada.”— dijo mientras les guiñaba un ojo.

Las otras la miraron asombradas.

—“¿Nada?”— preguntaron al unísono.

—“Exactamente.”— respondió con una sonrisa cómplice.

Así comenzó el rumor, que al principio no fue muy grande. No necesitó serlo, porque si necesitó algo, fue encontrar a las personas adecuadas.

Al día siguiente, durante una pausa de la grabación, James salió a buscar café. Las mesas del café más cercano estaban todas ocupadas. Por eso buscó una máquina.

Pero sólo tenía una opción: café negro. Se sirvió porque no había otra opción. Se sentó sobre el césped, debajo de un árbol cercano.

Alice, una de las novias de su equipo de fútbol apareció delante de él.

—“Hola, James.”—

—“Alice. Hola ¿como estás?”—

Ella miró el vaso que tenía en la mano mientras se sentaba junto a él.

—“Tomas café negro.”—

—“Sí.”—

—“Mmm.. interesante. Te gusta el café fuerte.”—

James probó un sorbo. Era horrible.

—“En realidad lo odio.”—

Alice sonrió.

—“Claro.”—

—“No, de verdad.”—

—“Por supuesto.”—

—“Es demasiado amargo.”—

—“James...”—

—“¿Sí?”—

—“No tienes que explicarme nada.”—

Le saludó con un beso y se marchó. Alice se alejó unos pasos, se volvió hacia él, sonrió y le lanzó un beso con la punta de los dedos. James se quedó mirando el vaso. Había empezado a considerar la posibilidad de que la ciudad tuviera un problema.

O tal vez era él. O ambos. Cuando regresó al estudio para grabar, fue a buscar a Albert.

—“Albert, creo que hay un problema.”—

Albert lo escuchó, y después se echó a reír.

—“Están emocionadas. Eres la primer estrella que conocen. Y tal vez te están confundiendo con tu personaje.”—

James respiró, y por primera vez en dos días sintió alivio.

—“Entonces sólo tengo que explicárselo. No quiero problemas con los chicos del equipo de fútbol.”—

Albert dejó de reír.

—“Sí, aunque no estoy seguro de que te crean.”—

 

. . .

 

James decidió demostrar que no era como su personaje. Si lo piensas, era una estrategia lógica, al menos sobre el papel.

Durante la siguiente juntada, derramó deliberadamente su bebida, y después intentó sentarse, pero calculó mal la distancia de la silla. La silla cayó estrepitosamente junto con James.

—“¿Estás bien?”—preguntó Darla, una de las chicas.

—“Sí.”—

Se levantó diciendo:

—“Esto es normal que me suceda.”—

Clara sonrió.

—“Claro, campeón.”—

James tomó una servilleta.

—“Además, ayer olvidé dónde había dejado el coche.”—

—“Qué adorable.”—

James se quedó quieto, porque no estaba resultando como quería.

—“No es adorable.”—

—“No tienes que fingir conmigo.”—

—“No estoy fingiendo.”—

—“Eso lo hace todavía mejor.”— dijo Clara guiñándole un ojo.

James miró a Albert, que miraba demasiado divertido. Decidió insistir con su estrategia.

—“No soy inteligente como el personaje de la serie.”—

Alice sonrió.

—“Qué gran actor eres.”—

—“No. No has entendido.”—

—“Sí.”—

—“No, no.”—

—“Tu modestia también es parte del personaje.”—

James cerró los ojos.

La situación estaba adquiriendo una estructura  con lógica propia, y la estructura tenía la cortesía de ser completamente contraria a sus intereses.

. . .

 

De los chicos, Tony fue el primero en sospechar de verdad. Porque vio a su novia Clara hablando con James.

En realidad no escuchó la conversación, pero vio la manera en que ella sonreía cuando estaba junto al actor. Y eso fue suficiente.

Cuando ella se marchó, Tony se acercó.

—“Tenemos que hablar.”—

James tragó saliva.

—“Claro.”—

—“¿Qué está pasando?”—

—“Nada. ¿A qué te refieres?”—

Tony lo observó.

—“Eso diría un hombre al que sí le pasa algo.”—

James abrió la boca para decir algo, pero luego la cerró. Había aprendido que cualquier explicación que diera solo empeoraba las cosas.

—“No estoy haciendo nada.”—

—“Eso también suena mal.”—

—“¿Qué quieres que diga?”—

Tony lo pensó un poco. No era muy brillante.

—“La verdad.”—

James respiró.

—“La verdad es que no sé qué está pasando.”—

Tony lo señaló muy serio.

—“Eso es exactamente lo que diría alguien que sabe perfectamente qué está pasando.”—

James decidió dejar de hablar, como parte de su nueva estrategia. Pero duró solamente cuatro segundos.

—“Pero realmente...”—

—“No.”—

Tony levantó una mano.

—“No digas nada. Eres mi amigo. Y nunca me harías daño ¿verdad?”—

—“Claro. Jamás haría nada que te dañara.”—

Tony asintió y se marchó. James se quedó algo preocupado.

Y en otra parte de la ciudad, Maya, la novia de James acababa de llegar a la ciudad.

. . .

 

Maya apareció en el estudio de grabación sin avisar, y se encontró mirando a James  mientras grababa dos escenas.

Durante una pausa, antes de que pudiera acercarse a hablar con su novio, escuchó a una mujer hablando con una compañera.

—“James es increíble.”—

—“¿Qué hizo?”—

—“Nada.”—

Maya se detuvo. Aquella palabra parecía repetirse demasiadas veces alrededor de James. Pero si no había nada que hablar...¿para qué hablarlo? Trató de escuchar.

La mujer, que no era otra que Clara, continuó:

—“Precisamente por eso. Sabe disimular muy bien.”—

Maya miró a James, que estaba en un descanso. James la vio y sonrió. Fue una sonrisa nerviosa, vaya si Maya conocía aquella sonrisa.

Era la sonrisa que James utilizaba cuando había olvidado algo importante y esperaba descubrir qué era antes de que alguien se lo preguntara.

No funcionó.

—“¿Qué está pasando?”— preguntó Maya, que conocía a su novio como nadie.

—“Nada.”—

Maya lo miró.

—“James...”—

—“Bueno, sí. Algo.”

—“¿Qué?”—

James intentó explicárselo, empezando por el partido, siguió con las hamburguesas. Después habló de Clara, la mujer del baño, luego explicó el café con Alice. Después la demostración con Darla.

Maya escuchaba con paciencia. Y su expresión se fue volviendo progresivamente más concentrada.

Cuando James terminó, ella guardó silencio.

—“¿Hay alguna posibilidad de que simplemente me estés mintiendo?”—

—“No.”

—“¿Entonces por qué tu explicación parece una novela… de las malas?”—

James no encontró una respuesta, porque la situación era exactamente eso. Una novela.

Y todavía faltaban varias páginas.

. . .

 

Los futbolistas decidieron averiguar qué estaba haciendo James, si es que estaba haciendo algo, con sus alborotadas novias. Y organizaron una vigilancia.

El problema era que ninguno había trabajado jamás como espía. Se escondieron detrás de un árbol. Con tan mala fortuna que el árbol era pequeño, y Derek quedó parcialmente cubierto, pero no así Tony.

Frank llevaba unas gafas de sol enormes y consideraba que eso lo hacía irreconocible, pero James los vio desde cincuenta metros.

Los saludó mientras los tres se agachaban avergonzados.

—“¡Mierda, nos vio!”— susurró Frank.

—“No nos vio”— dijo Tony.

James levantó una mano.

—“¡Hola Tony!”—

—“Nos está provocando”— dijo Tony.

Derek observó a James.

—“Creo que piensa que somos aficionados.”—

—“Eso nos deja mal”— respondió Tony.

James sonrió mientras buscaba las llaves para abrir su departamento. Los tres decidieron cambiar de posición, y se escondieron detrás de un gran tacho de basura.

James terminó de abrir la puerta y les gritó:

—“Vengan, chicos. Tomemos unas cervezas.”—

Frank, Tony y Derek, salieron de su escondite. Nadie puede  negarse a una cerveza ¿No es así?

Era, probablemente, la única opción razonable de esa mala situación.

 

. . .

 

Mientras los hombres vigilaban a James, las mujeres habían llegado a una conclusión distinta. Debían hablar con él a solas Y lo harían al día siguiente.

Cada una creyó que la idea era suya, y cada una creyó también que las demás no sabían nada, así que el resultado fue inevitable.

Cuando James llegó a su departamento encontró a cuatro mujeres esperándolo. Se quedó congelado en la puerta. Ellas también.

—“Hola”— dijo James.

Nadie respondió. Cada una miró a las otras.

—“¿Qué haces tú aquí?”—

—“¿Yo?”—

—“Sí.”—

—“Vine a hablar con James.”—

—“Yo también.”—

Alice, Clara y Darla no estaban muy contentas. Todas fruncieron el ceño.

James las dejó pasar a su departamento y cerró lentamente la puerta. Por un instante tuvo la desagradable sensación de estar dentro de un episodio de su propia serie.

Sólo que el protagonista era bastante peor.

—“Creo que hay un malentendido.”—

—“Claro ellas no tienen que estar aquí”—dijo Clara.

—“No”—dijo Alice—“Ahora entiendo todo.”—

—“¿Que hay que entender?”— dijo Darla.

James no quería saber qué entendía cada quien. De pronto, la puerta se abrió violentamente, y Tony entró seguido por Frank, Derek y Albert.

Todos se congelaron por un momento.

La escena tenía una composición tan perfecta que parecía escrita para la novela: James estaba en el medio, las chicas alrededor. Los hombres en la puerta.

Albert miraba la habitación.

—“Bueno.”—dijo—“Esto parece peor de lo que pensé.”—

—“¡No está pasando nada!”— gritó James.

—“¡Eso fue lo que dijiste antes!”— respondió Tony.

Darla señaló a James.

—“Él nos citó.”—

—“¡No las cité!”—

Clara protestó:

—“¡Dijo que quería hablar conmigo!”—

—“¡No quería hablar con nadie!”—

—“Eso es bastante cruel”—dijo Alice.

—“¡Estoy comprometido!”—

—“Otra vez esa excusa”— respondió Alice.

James levantó las manos.

—“¡No es una excusa! ¡Y tú eres la novia de Frank!”—

Todos hablaron al mismo tiempo.

Tony acusaba, Frank intentaba defender a James, Derek intentaba reconstruir los hechos. Las mujeres se contradecían entre ellas.

Albert trataba de explicar.

Y James intentaba no entrar en pánico, y lo consiguió durante unos cinco segundos. Entonces se escuchó el timbre. Todos callaron.

James abrió la puerta.

Era Maya, que llevaba una pizza. Miró a James, después a las mujeres. Luego miró a los futbolistas. Y por último, a Albert. Después volvió a mirar a James.

—“Maya,”— dijo James —“puedo explicarlo.”—

Ella levantó la pizza.

—“Eso espero, porque esto no alcanza para todos.”—

James empezó.

—“No es lo que parece.”—

Maya lo miró.

—“¿Y qué parece?”—

James pensó.

—“Bueno...”—

Era una mala pregunta, porque ahora tenía que describir exactamente qué parecía.

—“Es complicado.”—

—“Ya lo veo. Pero parecen tres hombres celosos y tres chicas que te buscaron sin decírtelo.”— dijo Maya tranquila.

—“Pero tiene una explicación perfectamente lógica.”—

Maya asintió.

—“Eso me preocupa más.”—

James continuó.

—“Todo empezó con el fútbol.”—

Tony protestó.

—“¡El fútbol no tuvo nada que ver!”—

—“Sí tuvo que ver”— dijo James.

—“¡No!”—

—“¡Fue donde empezó todo!”—

—“¡Yo sólo quería saber qué estabas haciendo!”—

—“¡Nada!”—

Clara intervino:

—“Él siempre dice eso.”—

Alice añadió:

—“Y funciona.”—

Maya cerró los ojos.

—“James.”—

—“¿Sí?”—

—“Sigue.”—

James siguió, y cada frase de la explicación hacía que todo pareciera peor. Finalmente Clara levantó la mano. Todos callaron.

—“Creo que deberíamos decirlo.”—

Tony la miró.

—“¿Decir qué?”—

Ella señaló a James.

—“Nosotras creíamos que él era como el personaje de la novela.”—

James se quedó inmóvil, después señaló su propio pecho.

—“¡Eso llevo intentando decir desde el principio!”—

Albert levantó una mano.

—“Yo lo sabía desde el primer día.”—

Todos se volvieron hacia él.

—“¡Tú no ayudas!”— dijeron casi al mismo tiempo.

Albert bajó la mano. Maya dejó la pizza sobre una mesa, y poco a poco comenzó a reconstruir los acontecimientos: preguntó, ordenó. Separó hechos de interpretaciones.

Y descubrió que James no había engañado a nadie.

Que las mujeres habían interpretado sus acciones como si fuera el personaje de la serie. Y que los hombres habían interpretado las reuniones de acuerdo con sus propios temores.

Que James había empeorado todo intentando evitar conflictos.

Y que una parte considerable del desastre se había producido porque todos conocían demasiado bien una serie de televisión.

Maya terminó su análisis, luego miró a James y dijo:

—“No hiciste nada.”—

James sonrió aliviado.

—“Exacto.”—

—“Pero intentaste ocultar la confusión.”—

James dejó de sonreír.

—“Bueno...”—

—“Porque querías evitar quedar mal.”—

James asintió lentamente.

—“Sí.”—

Maya respiró y después se echó a reír. James la observó.

—“¿Eso es bueno?”—

Maya siguió riendo.

—“No lo sé. Solo sé que esa pizza no alcanza para todos”—

Todos salieron a cenar.

 

. . .

 

Dos días después, los futbolistas volvieron a invitarlo a jugar. James los miró con desconfianza.

—“¿Después de todo esto?”—

Tony se encogió de hombros.

—“Pero esta vez traes a Maya.”— dijo Derek.

Frank sonrió.

—“Además necesitamos que nos expliques cómo hablar con nuestras novias.”—

James palideció.

—“No sé hablar con mujeres. Ya lo vieron.”—

Todos rieron, excepto James. Lo peor de todo fue que los consejos que les dio... funcionaron.

Utilizó algunas frases de la serie, no porque quisiera seducir a nadie. Simplemente eran las únicas frases que recordaba cuando se ponía nervioso.

Y funcionaron.

Los hombres comenzaron a consultarle problemas sentimentales, y las chicas encontraron aquello fascinante.

La reputación de James creció, y además de actor, se convirtió en una especie de autoridad sentimental. Maya observaba el fenómeno desde cierta distancia.

No intervenía porque parecía divertirse demasiado.

 

. . .

 

De vuelta en el estudio, el productor llamó a James.

—“Tenemos una modificación para tu personaje.”—

James se sentó.

—“¿Qué modificación?”—

—“Tu personaje va a empezar a cometer errores.”—

James parpadeó.

—“¿Por qué?”—

El productor sonrió.

—“Porque descubrimos que la gente encuentra fascinante verte cuando no sabes qué hacer.”—

James lo miró. Aquello era probablemente la peor noticia profesional que había recibido en su vida.

—“Pero yo interpreto a un hombre perfecto.”—

—“Exacto.”—

—“¿Y ahora cometerá errores?”—

—“Sí. Va a funcionar de maravillas.”—

El director apareció detrás de ellos.

—“¡A escena!”—

James entró. Las cámaras se prepararon.

Tenía que interpretar al hombre seguro de sí mismo que resolvía cualquier problema.

James respiró, dio un paso. Se tropezó e Improvisó. El equipo se echó a reír. James miró al director.

—“¡Perfecto! ¡Eso! ¡Eso queremos!”—

James comprendió entonces la verdadera ironía.

Había pasado años interpretando a un hombre que nunca podría ser, y ahora, por alguna razón, su propia personalidad estaba empezando a convertirse en el personaje que todos creían conocer.

Desde fuera de cámara, Maya lo esperaba.

—“James.”—

Él se volvió.

—“¿Sí?”—

—“¿Dónde están las llaves de tu departamento?”—

James se quedó inmóvil. Miró sus bolsillos, después el suelo. Y después a Maya.

—“No lo sé.”—

El director sonrió.

—“Magnífico.”—

Por primera vez, James sospechó que quizá el hombre perfecto nunca había existido. Simplemente había sido un tipo que sabía dónde estaban las llaves.

Y él ni siquiera tenía eso.

 

FIN


  

 

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