☀️ Actualidad para Escritores
😢 ¿De Qué Carajos Vive Un Escritor?
por Rodriac Copen
Hoy le haremos una radiografía a una profesión que suele ser la que menos paga de todas.
Porque hay una pregunta que tarde o temprano aparece en cualquier conversación entre escritores: ¿se puede vivir de escribir?
La respuesta habitual suele oscilar entre dos extremos. Por un lado, el romanticismo del escritor que vive de su talento, publica una novela cada tanto y recibe religiosamente sus regalías. Por el otro, el pesimismo de quien asegura que escribir no sirve para pagar ni siquiera el café que necesita para mantenerse despierto mientras escribe.
Como suele suceder, la realidad es bastante menos literaria que ambas versiones.
Para averiguarlo, vale la pena detenerse en dos trabajos periodísticos que tienen algo en común: preguntaron directamente a escritores argentinos cómo se ganan la vida.
El primero fue una encuesta publicada en septiembre de 2008 por la revista digital "El Interpretador", bajo el título «Literatura y Trabajo». Coordinada por Diego Cousido, reunió testimonios de aproximadamente cincuenta autores, con trayectorias, edades y niveles de reconocimiento diferentes.
Quince años después, en febrero de 2023, Patricio Zunini retomó aquellas preguntas para "Infobae", esta vez consultando a 28 escritores. La intención era observar qué había cambiado en la relación entre literatura y dinero.
El resultado es interesante. Y, para quienes escribimos ficción, también puede resultar bastante instructivo.
Porque, al parecer, una cosa es ser escritor y otra bastante diferente es conseguir que esa actividad pague las facturas.
📢 El escritor profesional
Somos una especie en peligro de extinción... cada vez menos abundante... y con cada vez más signos de pobreza extrema. 😢
Uno podría imaginar que los escritores publicados, con libros en circulación y cierta trayectoria, consiguen vivir de sus obras. Después de todo, si alguien publica regularmente, tiene lectores y aparece en catálogos editoriales, lo lógico sería suponer que recibe algún beneficio económico.
Bueno... no necesariamente.
En la encuesta de 2023 aparecen situaciones muy diferentes.
✔ Eduardo Sacheri declara vivir de sus derechos de autor, aunque explica que su situación cambió considerablemente después del éxito cinematográfico de "El secreto de sus ojos". También trabaja en guiones audiovisuales, radio y televisión.
✔ Guillermo Martínez señala que la literatura es su principal fuente de ingresos. Su trayectoria anterior como investigador y profesor universitario de matemática forma parte de su historia profesional, pero ya no constituye el centro de su economía.
Sin embargo, otros autores ofrecen un panorama bastante diferente.
✔ Gabriela Cabezón Cámara explica que los ingresos de sus libros no son suficientes y que necesita complementar con talleres y artículos periodísticos.
✔ Virginia Cosin cuenta que consiguió cierta independencia económica coordinando talleres de escritura, aunque aclara que está lejos de vivir de las cosas que escribe.
✔ Juan José Becerra ofrece una respuesta memorable: «Al contrario, vive de mí». Y agrega que desde que comenzó a escribir subsidia a la literatura haciendo de todo.
No parece una mala definición de la situación económica de muchos autores.
En otras palabras, incluso entre escritores reconocidos, publicados y con una carrera consolidada, vivir exclusivamente de la venta de libros no es la regla.
Y conviene recordar que estamos hablando de autores que ya consiguieron algo que para muchos escritores independientes constituye una aspiración: llegar a publicar y construir una trayectoria.
📢 ¿Y entonces de qué trabajan los escritores?
Antes de revisar estos datos te pregunto ¿ tu esposa o esposo... es alguna clase de heredero/a rico/a...? 👁️
La encuesta de 2008 permite observar una variedad de ocupaciones que merece su propio catálogo laboral.
✔ Alejandra Zina escribe ficción, pero sus ingresos proceden de la edición, la corrección y la docencia narrativa. Antes había trabajado como vendedora de zapatos, promotora, secretaria y repartidora de volantes, entre otras ocupaciones.
✔ Alejandro Parisi pasó por empleos tan variados como cajero, cadete, camarero y vendedor de bijouterie. Más adelante consiguió trabajar como guionista, una actividad que, según explica, le permitía ganar bastante más dinero que la literatura.
✔ Bárbara Belloc combina ghostwriting, edición, periodismo y talleres. Es decir, vive de escribir, aunque no necesariamente de los libros de ficción que firma con su nombre.
✔ Carlos Battilana se desempeña como docente.
✔ Andrés Tejada Gómez trabaja en el ámbito municipal.
✔ Alan Pauls ofrece una reflexión particularmente interesante: económicamente, la literatura es para él un suplemento, un lujo, aunque resulte indispensable para su vida.
La lista continúa con profesores, periodistas, investigadores, editores, empleados públicos y personas que han pasado por trabajos completamente ajenos al universo literario.
La conclusión es bastante evidente: muchos escritores no viven de sus libros, sino de una combinación de actividades que les permite financiar su vocación literaria.
Y algunos, directamente, tienen un empleo que paga las cuentas y escriben cuando consiguen escapar de él.
Una especie de doble vida. De día, contribuyentes responsables. De noche, asesinos de personajes, destructores de civilizaciones y fabricantes de desgracias ficticias.
📢 Las cuatro economías del escritor
Si agrupamos las respuestas de ambas encuestas, podemos identificar cuatro grandes formas de sostener económicamente la actividad de escritor.
1. Vivir de los libros: Es el escenario más atractivo: regalías, anticipos editoriales, derechos de autor, licencias y ventas de obras propias. Es la situación que muchos imaginan cuando piensan en un escritor profesional. También parece ser la menos frecuente.
2. Vivir de actividades relacionadas con la literatura: Aquí aparecen los talleres, cursos, conferencias, asesorías, presentaciones, actividades culturales y otras tareas vinculadas con la formación o difusión literaria. Es una alternativa bastante más extendida. Pero hay una diferencia importante a considerar, porque cobrar por enseñar a escribir no significa necesariamente ganar dinero escribiendo ficción.
3. Vivir de escribir, pero no de la ficción propia: Periodismo, guiones, corrección, edición, traducción, ghostwriting y redacción profesional. Son actividades que permiten monetizar las habilidades de escritura y, en algunos casos, conseguir ingresos más regulares que los derechos de autor. El problema es que escribir por encargo no siempre deja tiempo, energía o ganas para escribir lo que uno realmente quiere.
4. Tener otro empleo y escribir en los ratos libres: Es probablemente el modelo más familiar para una enorme cantidad de autores. Docentes, empleados administrativos, comerciantes, profesionales independientes, técnicos, trabajadores de diferentes sectores y jubilados que encuentran en la escritura una actividad paralela. En estos casos, el escritor tiene una profesión que lo mantiene económicamente y otra que le mantiene ocupada la imaginación. No siempre es una mala combinación. Aunque, naturalmente, sería más agradable que la imaginación también pagara la factura de electricidad.
📢 Quince años después: ¿cambió algo?
La comparación entre las encuestas de 2008 y 2023 permite observar una continuidad bastante llamativa (nos seguimos cagando de hambre). 😢
Los problemas económicos de los escritores argentinos no parecen haber desaparecido ni haberse transformado radicalmente.
En ambos relevamientos encontramos:
→ Dependencia de la docencia y los talleres.
→ Trabajos de edición, corrección y periodismo.
→ Actividades profesionales ajenas a la literatura.
→ Dificultades para sostenerse exclusivamente con regalías.
→ Autores que combinan varias fuentes de ingresos.
Naturalmente, no se trata de una investigación estadística representativa de todos los escritores argentinos. Son testimonios de autores convocados por dos publicaciones y no permiten calcular porcentajes fiables para el conjunto de la profesión.
Pero sí permiten identificar una realidad que se repite.
La publicación de un libro no garantiza ingresos suficientes. Tener varios libros publicados tampoco. Y conseguir cierta notoriedad no significa necesariamente que uno pueda abandonar su trabajo habitual.
La literatura tiene una curiosa capacidad para producir prestigio sin producir necesariamente dinero.
Una habilidad que, dicho sea de paso, no suele encontrarse entre las prioridades de las entidades bancarias.
📢 El escritor independiente
Los independientes, además de escribir, tenemos que dirigir una empresa
Porque para quienes publicamos por cuenta propia, el panorama merece una consideración adicional.
El escritor independiente no solamente debe producir sus obras. También tiene que ocuparse de buena parte de las tareas que, en una editorial tradicional, realizan otras personas.
Debe corregir, editar, maquetar, preparar archivos, diseñar cubiertas, gestionar publicaciones, promocionar sus libros, mantener sus canales de difusión, buscar lectores y, eventualmente, gestionar las ventas.
En definitiva, debe convertirse en escritor, editor, diseñador, encargado de marketing, distribuidor y departamento de atención al cliente.
Todo eso sin olvidar que, en algún momento, también debería sentarse a escribir.
La situación tiene algo de paradoja: cuanto más tiempo dedica a conseguir lectores y vender sus libros, menos tiempo puede dedicar a producir nuevos textos.
Y si decide concentrarse exclusivamente en escribir, corre el riesgo de que sus obras permanezcan en una biblioteca digital perfectamente ordenada, con portadas preciosas y una cantidad de lectores que podría reunirse cómodamente alrededor de una mesa de café.
La autopublicación ofrece libertad y control sobre la obra, pero no elimina los problemas de visibilidad, distribución y comercialización.
Publicar es relativamente sencillo. Conseguir que alguien descubra el libro, lo elija entre miles de alternativas y esté dispuesto a pagar por él es otro asunto.
📢 ¿Escribir ficción es un negocio?
Aquí conviene hacer una distinción.
No todas las formas de escritura literaria tienen las mismas posibilidades comerciales.
Una novela de entretenimiento, una novela experimental, un libro de poesía, un ensayo académico y una colección de cuentos no compiten necesariamente en los mismos mercados ni encuentran a los mismos lectores.
Tampoco tienen las mismas posibilidades de generar ingresos complementarios.
La ficción comercial puede ofrecer oportunidades vinculadas con la continuidad de personajes, las series, los géneros populares, las adaptaciones audiovisuales y la construcción de un catálogo de títulos.
Pero eso no significa que exista una fórmula garantizada.
Tener una buena historia no garantiza ventas. Escribir dentro de un género popular tampoco. Y publicar mucho no significa necesariamente vender mucho.
El mercado editorial no funciona como una máquina expendedora: uno introduce una novela, aprieta el botón de publicar y espera que salgan billetes por la ranura inferior.
Para un escritor de ficción, el trabajo creativo es apenas una parte del problema. También necesita comprender a sus lectores, conocer los canales de distribución, construir una identidad autoral y desarrollar alguna estrategia de promoción.
Y, por supuesto, necesita escribir obras que alguien quiera leer.
Esto último parece obvio, pero no siempre recibe la atención que merece.
📢 Algunas conclusiones poco románticas
Después de recorrer ambas encuestas, podemos extraer algunas conclusiones que cualquier escritor de ficción debería tener presentes.
Primera: vivir exclusivamente de los derechos de autor es posible, pero no parece ser una situación habitual, ni siquiera entre autores reconocidos.
Segunda: muchos escritores construyen su economía alrededor de actividades relacionadas con la escritura, aunque no necesariamente de sus obras literarias.
Tercera: tener otra profesión no invalida la condición de escritor. Tampoco convierte la escritura en un pasatiempo irrelevante. Simplemente significa que la actividad creativa tiene otra fuente de financiación.
Cuarta: el reconocimiento literario y el éxito económico son variables diferentes. Pueden coincidir, pero no existe una relación automática entre ambos.
Quinta: para el escritor independiente, la publicación es solamente el comienzo de un trabajo adicional que incluye edición, difusión, distribución y comercialización.
Y hay una sexta conclusión que merece especial atención: si queremos escribir ficción de manera sostenida, necesitamos una estructura económica que nos permita hacerlo.
No alcanza con tener ideas, talento, disciplina y una computadora. También hay que pagar las cuentas.
📢 Antes de despegar, revisa tu tren de aterrizaje
No escribo esto para desalentar a nadie. Tampoco para alimentar la conocida ceremonia del escritor sufriente que considera que cualquier preocupación económica contamina la pureza de su arte.
La realidad es bastante más sencilla: escribir ficción es una actividad que requiere tiempo, conocimientos, trabajo y recursos. Y, como cualquier otra actividad, necesita alguna forma de financiación.
Algunos consiguen vivir de sus libros. Otros viven de enseñar, corregir, editar o escribir por encargo. Muchos tienen otra profesión. Y otros combinan todas esas posibilidades.
No hay nada vergonzoso en ninguna de esas situaciones.
Lo que sí resulta inconveniente es construir un proyecto de escritor sobre expectativas económicas que no tienen demasiado contacto con la realidad.
Si alguien quiere escribir por placer, estupendo. Si quiere publicar para conseguir lectores, también. Y si pretende convertir la escritura en una actividad profesional, debería estudiar el mercado, calcular costos, evaluar posibilidades y entender que la calidad de una obra y su capacidad comercial no son necesariamente la misma cosa.
En definitiva, conviene aprender a volar antes de abandonar el nido.
Y siempre puede aparecer algún chico con una gomera dispuesto a recordarnos que la gravedad sigue funcionando, incluso para los escritores.
Por mi parte, después de releer este informe, pensarlo bien y hacer las cuentas, estoy considerando seriamente comprarme un disfraz de conejito, y probar suerte en alguna avenida de Buenos Aires... de noche. Total, después de tantos años escribiendo ficción, ya tengo experiencia inventando historias para justificar mis ingresos.
Y, con un poco de suerte, quizás hasta consiga algún anticipo para pagar la luz. 🌞
Fuentes Consultadas:
✔ Patricio Zunini, «Pero de verdad: ¿de qué viven los escritores hoy?», *Infobae*, 19 de febrero de 2023.
✔ Diego Cousido (coordinación), «Literatura y Trabajo. Encuesta a escritores argentinos contemporáneos», "El Interpretador", número 34, septiembre de 2008.
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