miércoles, 28 de octubre de 2026

Diario de Rodriac: "Los Escritos Que Nunca Publicamos"

 



☀️ Diario de Rodriac

👁️ Los Escritos Que Nunca Publicamos
por Rodriac Copen


Algunas personas miran el pasado pensando que allí todo era mejor, mas feliz, mas pleno. Le llamo "el síndrome del viejazo" 😄, que dice que todo pasado fue mejor.

Pero por algunas razones en las que no voy a detenerme, jamás he aplicado esos filtros en mi vida. Siempre he preferido mirar hacia adelante, conservando la esperanza de que las cosas mejoren.

Y algunas cosas mejoraron, claro que sí; otras, no. Pero mirar el presente y el futuro con los ojos de la esperanza me ha permitido sobrevivir a la depresión.

No soy ingenuo. No alimento esa esperanza porque esté convencido de que todo será mejor, sino porque necesito creer que algo todavía puede serlo.

Hay libros, poemas y escritos testimoniales que los autores producimos, pero que, en definitiva, nunca publicaremos. Y no lo haremos por pudor 👀.

Algunos testimonios alarmarían a las personas cercanas. Porque relatan momentos en los que hemos estado demasiado cerca de nuestros propios abismos. Otros, observados fuera de las circunstancias que los originaron, parecen melodías bucólicas u odas de autocompasión. Y quizá lo sean. Odio generar compasión hacia mí mismo. 

Lo importante es que la distancia temporal suele modificar bastante la interpretación de nuestras propias palabras. Y por eso, cuando algo es testimonial... suelo meterlo al freezer 😂. Los testimonios internos no los publico "en caliente".

Así es que muchos testimonios permanecen cerrados en algún rincón del corazón. Y tal vez nunca se publiquen. En mi caso, no he encontrado todavía a alguien ante quien sienta que vale la pena abrir esas páginas.

En las redes observo numerosos testimonios que circulan sobre las relaciones sentimentales, las decepciones y las traiciones. Hay mucho discurso sobre la confianza quebrada, sobre las heridas que dejan las relaciones y sobre la necesidad de recuperar la propia independencia. 

Sin embargo, pocas veces encuentro reflexiones sobre esas pequeñas mezquindades cotidianas, esos gestos aparentemente insignificantes que terminan erosionando la confianza de quien busca en otra persona un puerto seguro donde amarrar sus sentimientos más profundos.

Así me he sentido durante muchos años: navegando en busca de un puerto en el que nunca he conseguido atracar con la seguridad de saber que allí podría quedarme.

He conocido momentos terribles. Y también esa extraña experiencia de la soledad en compañía, cuando la presencia de alguien no alcanza para mitigar la distancia emocional. Y, sin embargo, he seguido navegando como pude. No siempre con buen viento, ni con demasiada claridad sobre el destino.

Ahora, la vejez comienza a recordarme que el tiempo no es un recurso renovable. La perspectiva de que la vida tiene un horizonte cada vez más cercano ha modificado, curiosamente, mi relación con algunas de mis propias tormentas.

He convivido con la depresión durante buena parte de mi vida. Y la experiencia me ha enseñado algo que considero fundamental: reconocerla como un estado de nuestra mente, no como una verdad sobre nuestra existencia. 

Por terrible que pueda resultar un episodio, sé que sus síntomas pueden ceder. A veces tardarán más, otras menos, pero he aprendido que no debo confundir lo que siento durante una crisis con lo que realmente soy ni con lo que será mi vida cuando haya pasado.

No es que haya encontrado todas las respuestas ni que haya dejado de tener mis monstruos interiores. Quizá simplemente he aprendido a reconocerlos y a no concederles siempre el mando de la embarcación.

No tengo temor a la muerte. Pero tampoco he perdido el interés por el mañana.

En fin, sospecho que muchos escritores publicamos, de vez en cuando, testimonios de esta naturaleza. Los disfrazamos de reflexiones, los escondemos detrás de alguna metáfora o los presentamos como pequeñas observaciones sobre la condición humana. Son subterfugios del pudor, quizás, ante esa terrible soledad de las almas sensibles.

¿Qué puedo hacer con eso? 

No puedo pretender que la sensibilidad venga acompañada de un manual de instrucciones.

O quizá si, pero es una traducción no muy feliz de su idioma original, cualquiera sea ese.







 

 

 

 

 

 

 

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