lunes, 26 de octubre de 2026

La SciFi Que Nadie Te contó: "La Primer Revista SciFi Argentina (1937)"

 


☀️ La SciFi Que Nadie Te contó

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La Primer  Revista SciFi Argentina (1937)
por Rodriac Copen


⚠️ Este artículo permite descargar y leer el ejemplar de la Primer Revista Argentina de SciFi ⚠️



Si queremos reconstruir la historia de la ciencia ficción argentina, La Novela Fantástica, publicada en 1937, merece atención por una razón que va más allá de sus relatos: permite investigar cómo se intentaba construir un mercado para la ficción imaginativa en español antes de que la ciencia ficción se consolidara como género editorial autónomo.

Y si hacemos una comparación con Estados Unidos, el análisis es particularmente interesante. Allí, durante los años treinta, se estaba produciendo una transformación editorial que terminaría definiendo buena parte de la ciencia ficción moderna tal como la conocemos. En Argentina, en cambio, la ficción fantástica circulaba dentro de un panorama editorial diferente, con otras tradiciones literarias, otros públicos y otros condicionamientos comerciales.

Para un escritor independiente, hay varias lecciones que vale la pena rescatar: cómo se empaquetaban las historias, cómo se construía una identidad de género, qué lugar ocupaba la ilustración y cómo una publicación periódica podía convertir relatos aislados en una experiencia de lectura recurrente.

Todo esto me trae, inevitablemente, algunos recuerdos personales. Cuando era joven —¡ay, esa peligrosa edad en la que uno cree que puede conquistar el mundo con una buena idea y unos pocos centavos!— también tuve mis intentos de publicar revistas en papel. Por eso, cuando investigo estas aventuras editoriales del pasado, no puedo evitar sentir cierta complicidad con quienes se embarcaron en ellas. Porque una cosa es imaginar una revista llena de historias extraordinarias y otra, bastante menos fantástica, conseguir el dinero para imprimirla, distribuirla y mantenerla viva.

Quienes hemos intentado recorrer ese camino sabemos que entre los sueños editoriales y la realidad de los números suele haber una distancia considerable. Y que la bancarrota, cuando los centavos no alcanzan, puede convertirse en una experiencia mucho más real que cualquiera de nuestras ficciones.

Hoy mis aventuras continúan en otro formato, con Historias Fantásticas de SciFi, un fanzine electrónico que marcha con cierto éxito —modesto, pero suficiente para seguir alimentando la ilusión—. Cambiaron las herramientas, los costos y las formas de llegar a los lectores, pero la idea de fondo sigue siendo la misma: reunir historias, encontrar un público y lograr que la próxima entrega también tenga su oportunidad.

Quizá por eso vale la pena volver a La Novela Fantástica de 1937. Porque detrás de aquella publicación no solo hay relatos de ficción imaginativa, sino también una aventura editorial: la de quienes apostaron por un género, por sus lectores y por la posibilidad de convertir una pasión en una publicación que pudiera sostenerse en el mundo real.




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La historia detrás de la revista

La Novela Fantástica - Aventuras Maravillosas se publicó en Buenos Aires el 20 de mayo de 1937. Su Director fue Héctor César Zappalorti.

Se publicó un solo número conocido. Los números dos y tres se anunciaron, pero no hay constancia de que llegaran a distribuirse. 
  
Lo interesante es que Zappalorti no era simplemente un escritor argentino fascinado por los viajes espaciales. Había vivido en Estados Unidos durante varios años, entre ellos de 1924 a 1931, precisamente cuando las revistas pulp de ciencia ficción empezaban a proliferar. Coleccionó y leyó aquellas publicaciones y luego intentó trasladar ese modelo al mercado argentino. 

Es decir, no estamos ante una coincidencia entre dos tradiciones editoriales: hubo una transferencia cultural deliberada desde Estados Unidos hacia Argentina.

Y hay otro detalle importante: la revista apareció antes de que se generalizara en español la expresión ciencia ficción. En su portada se definía como la «Primera Publicación Científico-Fantástica Mensual Argentina». El vocabulario del género todavía estaba en construcción. 



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¿Qué contenía aquel único número?

El índice es una pequeña radiografía de lo que entonces se entendía por ficción científico-fantástica.

✔ La cara en el abismo, de Abraham Merritt: Una novela corta de exploración en las selvas del Perú, con una civilización desconocida, tecnologías extraordinarias, telepatía, dinosaurios y un conflicto entre la codicia y el deseo. Era la pieza principal de la revista.

✔ El pequeño sobre el planeta Neptuno, de Clare W. Harris y Miles J. Breuer: Un relato sobre el primer viaje humano a Neptuno y el contacto con sus habitantes. El rescate de un bebé alienígena contribuye a establecer la paz entre ambos mundos.

✔ La justicia que impuso el coloide, de Harl Vincent: En una guerra futura, un científico crea un organismo de aspecto ameboide capaz de crecer y devorar cuanto encuentra. Se convierte en un arma decisiva frente a un enemigo militar.

✔ El caballo de fuego o Metzengerstein, de Edgar Allan Poe: Un relato de horror gótico sobre un noble perverso y un caballo misterioso que termina conduciéndolo a su destrucción. La revista no imponía una frontera estricta entre ciencia ficción y literatura fantástica o de terror.

Los títulos y las procedencias de estos textos están documentados en el estudio de Carlos Abraham y el índice histórico de AHIRA. 

También figuraba un texto de Sarmiento para conmemorar el 25 de Mayo de 1937. Tenía ilustraciones y un diccionario de la propia publicación. Había un anuncio que anunciaba la recepción de colaboraciones pagas y se hace muy interesante revisar las publicidades de programas de radio, comercios e instituciones de la época.

La publicación no era, por tanto, una mera recopilación de cuentos: intentaba presentar un producto editorial con personalidad propia. 





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La comparación con Estados Unidos

En 1937, Estados Unidos no tenía una única revista dominante que representara todo el género. Había distintas publicaciones, con orientaciones y públicos parcialmente diferentes.

✔ Amazing Stories (1926): La publicación de Hugo Gernsback que contribuyó a consolidar la ciencia ficción como categoría editorial reconocible. Promovía relatos de imaginación científica y especulación tecnológica. Parte de su material fue reutilizado por Zappalorti.

✔ Astounding Stories (1930): Combinaba aventuras pulp con ciencia y tecnología. Desde su reaparición en 1933, bajo la dirección de F. Orlin Tremaine, fue dando mayor espacio a relatos que exploraban ideas científicas y sus consecuencias, además de la aventura.

✔ Weird Tales (1923): Se orientaba principalmente al horror, lo sobrenatural y la fantasía extraña. Es un buen punto de comparación para comprender por qué las fronteras entre géneros eran más porosas de lo que sugieren las clasificaciones actuales.

La diferencias fundamentales de esta publicación las de los EEUU eran principalmente:

🔹 En Estados Unidos, las revistas especializadas ya competían por lectores, autores, historias y una identidad editorial propia.

🔹 En Argentina, La Novela Fantástica intentaba introducir ese modelo en un mercado donde una revista dedicada enteramente a la ciencia ficción era todavía una rareza.

No conviene confundir esta diferencia con una supuesta superioridad automática de los escritores estadounidenses. La ventaja norteamericana era, sobre todo, la existencia de un ecosistema editorial especializado más desarrollado.


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Lo más interesante para un escritor: las decisiones editoriales

Aquí es donde la revisión histórica de la revista se vuelve especialmente valiosa. Si analizamos el ejemplar podemos observar decisiones que siguen teniendo sentido casi noventa años después.

✔ No vendía solamente historias: vendía una promesa. La publicación se presentaba como una ventana a sociedades futuras, otros planetas y descubrimientos extraordinarios. En su prólogo, Zappalorti declaraba su intención de entretener y, al mismo tiempo, aportar conocimientos útiles. 

Es una combinación de dos propuestas de valor:

🔻 La promesa emocional: de encontrar aventuras que nadie podía experimentar en la vida cotidiana.

🔻 La promesa intelectual: de descubrir ideas que quizá no eran conocidas por los lectores.

Para un escritor, esto tiene una consecuencia práctica: el género editorial es también una promesa al lector. No basta con escribir una buena historia; el lector necesita comprender qué clase de experiencia se le está ofreciendo.

✔ Preparaba al lector para lo desconocido: Zappalorti explica que incorporaba una síntesis antes de cada novela para orientar al público poco familiarizado con aquellas historias. 

Y si lo piensas, esa es una decisión reveladora. El director no daba por sentado que todos los lectores entendieran de antemano las convenciones del género.

La lección no consiste en imitar ese recurso literalmente. Consiste en reconocer que, cuando una historia introduce conceptos muy extraños, el autor debe encontrar la manera de darle al lector un punto de apoyo.

Eso puede lograrse mediante una situación cotidiana, un personaje que también desconoce el fenómeno o una primera escena que muestre las reglas en funcionamiento.

✔ Las ilustraciones eran parte del producto: Las historias aparecían ilustradas y la revista reutilizaba imágenes de sus publicaciones de origen, entre ellas trabajos de Frank R. Paul, H. W. Wesso y Leo Morey. 

Las ilustraciones cumplían una función doble: atraían la mirada en el quiosco y ayudaban a representar mundos que el lector no podía conocer por experiencia propia.

Hoy, una portada, una imagen promocional o una descripción bien construida pueden cumplir una función comparable. No sustituyen a la historia, claro, pero ayudan a que el lector identifique rápidamente su atractivo.

✔ El catálogo prometido también importa: La revista anunció relatos para sus siguientes números, entre ellos Piratas microscópicos, de Harl Vincent, y una historia de Edgar Rice Burroughs ambientada en Marte. Sin embargo, no se han documentado esos números como publicaciones efectivas. 

Esto revela una diferencia entre tener material preparado o anunciado y sostener una publicación periódica.

Para un escritor independiente, el paralelismo es evidente: una colección puede tener buenos títulos, una identidad atractiva y un calendario ambicioso, pero necesita continuidad para convertirse en un hábito de lectura. La calidad de cada entrega y la capacidad de mantener el proyecto son problemas diferentes.



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¿Por qué fracasó después de un solo número?

Es importante no convertir la desaparición de la revista en una historia causal que las fuentes no demuestran.

Sabemos que apareció un solo ejemplar conocido y que se anunciaron entregas posteriores. También sabemos que el propio Zappalorti reconocía la novedad de su propuesta y la necesidad de familiarizar a los lectores con ese tipo de ficción. 

Pero eso no demuestra que la revista desapareciera por falta de público, por dificultades económicas o por una supuesta resistencia cultural a la ciencia ficción. Para afirmarlo necesitaríamos documentación adicional: registros editoriales, correspondencia, datos de ventas o testimonios que expliquen la decisión.

Lo que sí podemos observar es el contraste con Estados Unidos. Allí también existían revistas pulp que habían cerrado o atravesado dificultades, pero el mercado contaba con varias publicaciones especializadas. Astounding, por ejemplo, había suspendido su publicación en 1933 y reaparecido ese mismo año bajo otra editorial. 

La moraleja editorial no es que la revista argentina fuera mala, ni que el público argentino rechazara el género. Es que un proyecto pionero puede ser culturalmente importante sin conseguir consolidarse como negocio. Es por eso que siempre advierto a los autores: no vender un libro o una ficción no implica que el producto sea malo. En SciFi muchas veces las ideas revolucionarias o anticipativas requieren, para consolidarse, una cierta madurez del mercado lector.



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Una curiosidad que merece destacarse

La historia de la revista tiene algo casi novelesco: su existencia pasó inadvertida durante décadas y el investigador Carlos Abraham la redescubrió en 2006, en una librería de segunda mano de Buenos Aires. A partir de ese ejemplar comenzó a reconstruir la historia de su director y del proyecto editorial. 

Eso ofrece un excelente tema de conversación y análisis para un escritor: una revista que quiso introducir el futuro en los quioscos argentinos y que terminó convertida en una pieza arqueológica de la literatura popular.

Hay además un dato útil para situarla históricamente. La Novela Fantástica precedió a Hombres del Futuro, también argentina, publicada en 1947, y a otras revistas hispanohablantes que ayudaron a desarrollar el género durante las décadas siguientes. Por eso, los estudios especializados la consideran la primera revista dedicada a la ciencia ficción en lengua española. 



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Conclusiones desde la perspectiva de un escritor independiente

Yo rescataría tres ideas de La Novela Fantástica.

1. La identidad editorial importa. Zappalorti no publicó simplemente relatos que le gustaban: creó una publicación especializada, con nombre, formato, ilustraciones, prólogo y una idea de lo que quería ofrecer.

2. El lector necesita una puerta de entrada. Una propuesta novedosa exige comunicar bien su atractivo y, en ocasiones, orientar a quienes todavía no conocen sus convenciones.

3. La importancia cultural y el éxito comercial no son equivalentes. La revista fue pionera, pero su existencia no se tradujo en una publicación sostenida. Eso no invalida su valor histórico ni permite concluir, sin más pruebas, por qué desapareció.

Y añadiría una cuarta: el material extranjero puede ser un vehículo para introducir un género, pero el desarrollo de una tradición literaria requiere mucho más que importar relatos. Necesita lectores recurrentes, autores, publicaciones y continuidad. Y esto deberías aplicarlo a tu vida como escritor: si quieres tener éxito, primero debes consolidar una comunidad alrededor de tus trabajos.

En definitiva, La Novela Fantástica no fue la versión argentina de la Edad de Oro estadounidense. Fue algo anterior y más modesto en escala: un intento temprano de construir en Argentina el espacio editorial que la ciencia ficción necesitaba para convertirse en un género reconocible.

Te recomiendo consultar el ejemplar digitalizado y el índice de AHIRA, que permiten verificar los contenidos directamente, y el estudio de Carlos Abraham, que reconstruye su contexto y compara sus fuentes estadounidenses.



Mencionado en el Artículo:

✔ Ahira (Archivo Histórico de revistas Argentinas)
✔ Ahira: La Novela Fantástica (1937)
✔ Amazing Stories Magazine
✔ Astounding Stories Magazine
✔ Carlos Abraham (Universidad Nacional de La Plata)
✔ Descarga → La Novela Fantástica N°1 (Pdf)
✔ Historias Fantásticas de SciFi
✔ Science Wonder Stories 
✔ Thrilling Wonder Stories
✔ Weird Tales Magazine








 

 

 

 

 

 

 

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