martes, 20 de octubre de 2026

La SciFi Que Nadie Te Contó: "Origenes de la SciFi Argentina"

 

👁️ La SciFi Que Nadie Te Contó

🍀 Origenes de la SciFi Argentina
por Rodriac Copen


Hay una pregunta que me gusta hacer cuando hablamos de innovación y creatividad, y que es la base de innovación de los grandes escritores de ciencia ficción: ¿Qué vio un escritor que los demás todavía no estaban percibiendo?

Y no me refiero a las historias que escribió, a cuántos libros publicó o cuántos premios recibió en su carrera.

Me refiero a algo bastante más difícil de detectar: ¿Qué posibilidad intelectual descubrió antes que los demás se dieran cuenta?

Porque escribir bien, en realidad, es -o debería ser- el equipamiento básico de todo escritor.

Un buen escritor sabe construir personajes, manejar el lenguaje, crear conflictos, mantener el interés y contar una historia.

Pero eso no necesariamente convierte a un autor en un escritor innovador.

La verdadera diferencia aparece cuando el autor mira la realidad de una manera que todavía no se ha convertido en literatura.

Y aquí aparecen personajes extraordinarios como Eduardo Holmberg.

Eduardo Ladislao Holmberg es considerado el gran pionero y uno de los fundadores de la ciencia ficción argentina, pero existen antecedentes documentados de una publicación de tipo SciFi anteriores a su obra.

Y esta distinción es importante, sobre todo porque una cosa es el primer texto conocido que hoy podemos clasificar como ciencia ficción y otra, el primer escritor que desarrolló el género de manera reconocible.

Según el historiador y especialista Luis Pestarini y la Science Fiction Encyclopedia, el primer relato rioplatense de SciFi se publicó en junio de 1816, poco antes de la declaración de independencia argentina. Era una sátira de costumbres ambientada en un Buenos Aires futuro, concretamente en 1880. Se lo considera el primer relato argentino conocido que puede encuadrarse dentro de la ciencia ficción.

Es por eso que si preguntamos quién escribió el primer texto argentino conocido de ciencia ficción, la respuesta apunta a un autor anónimo de 1816. Si preguntamos quién fue el primer gran autor y fundador reconocible del género en Argentina, Holmberg es la respuesta más aceptada.

Y hay un detalle que me parece especialmente interesante para esta serie de notas sobre ciencia ficción: la historia del género argentino no comienza necesariamente con un escritor que se propuso escribir ciencia ficción, sino con un relato anónimo cuya clasificación como tal llegó después. 

Esta es una buena manera de recordar que los géneros literarios no nacen siempre el día en que alguien decide ponerles nombre.



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Una historia SciFi publicada antes de la independencia

Cuanto más se investiga la publicación de «Delirio», más interesante resulta. No tanto porque sea una obra maestra olvidada —el especialista Luis Pestarini la considera literariamente poco relevante—, sino porque permite descubrir una ciencia ficción argentina anterior a la independencia nacional y medio siglo anterior a las obras más conocidas de Holmberg. 

Y hay una particularidad que merece atención: «Delirio» no parece ciencia ficción en el sentido contemporáneo de la palabra. Es, ante todo, una sátira política y social que utiliza una situación fantástica para poner en evidencia los defectos de la sociedad de su época.

El relato se publicó en dos partes: el 11 de junio de 1816 en el número 39 y el 18 de junio de 1816 en el número 40 a través de "La Prensa Argentina", semanario político y económico de Buenos Aires. El relato fue atribuído a Antonio José Valdés, periodista y editor nacido en Cuba, aunque el relato apareció anónimamente.

El relato se ambiente en Buenos Aires, hacia el año 1880, unos 64 años después de su publicación. 

El detalle cronológico es notable. El cuento apareció menos de un mes antes de la declaración de independencia del 9 de julio de 1816. La Argentina todavía no existía como Estado independiente, pero ya había alguien imaginando una sociedad futura para criticar la presente.

Hay que marcar una precisión histórica, porque lo correcto es hablar de un relato publicado en territorio argentino, que  entonces era parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Llamarlo «el primer relato de ciencia ficción argentina» es una clasificación retrospectiva, no una etiqueta que sus contemporáneos necesariamente hubieran utilizado.

La historia presenta a dos personajes fabulosos: el gigante Tremebundo y su escudero Chilibrán, que llegan a Buenos Aires y se encuentran con un anciano llamado Souloulou. Los viajeros quedan horrorizados ante el aspecto de la ciudad y deciden transformarla mediante sus poderes mágicos.

Lo que sigue es una reforma urbana y social bastante expeditiva: el gigante mejora el puerto, remodela calles y edificios, elimina pantanos, reorganiza espacios públicos y modifica instituciones. También critica la educación, las cárceles, la industria, el periodismo y la abundancia de abogados, oficinistas y clérigos. 

La ciudad es el verdadero protagonista del relato. Los personajes fantásticos funcionan como instrumentos para que el autor examine las costumbres y deficiencias de la sociedad porteña.

Hay tres elementos del relato que son especialmente significativos.

✔ La sátira del progreso: El relato imagina una ciudad mejorada mediante intervenciones extraordinarias. Pero no se limita a describir edificios hermosos: también cuestiona la organización social, la educación y la administración pública.

✔ La mirada del extranjero: Antonio José Valdés, el autor al que se atribuye el texto, había nacido en Cuba y llegado a Buenos Aires en 1815. Según Pedro Luis Barcia, esa posición de alguien llegado de fuera pudo ayudarlo a observar con distancia crítica las costumbres locales. 

✔ La independencia como telón de fondo: Los gigantes se interesan por Buenos Aires porque sus habitantes están luchando por liberarse de una dominación. Esa referencia vincula la fantasía con el momento político en el que fue escrito el cuento.

¿Dónde se puede leer?

En "La Prensa Argentina", disponible en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Allí puedes buscar el número 39 del 11 de junio de 1816 y el número 40 del 18 de junio de 1816.

O en este mismo artículo, que tiene disponible el número 39 y número 40 del semanario "La Prensa Argentina" de 1816. 



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Eduardo Ladislao Holmberg 

Eduardo Homberg fue un escritor argentino que, entre otras cosas, tuvo la curiosa capacidad de hacer ciencia ficción antes de que la ciencia ficción existiera como género reconocible.

Y eso nos obliga a cambiar el tipo de pregunta que habitualmente hacemos sobre los escritores.

No deberíamos preguntarnos si fue Holmberg el primer escritor argentino de ciencia ficción. La pregunta más interesante sería ¿Cómo se escribe ciencia ficción cuando todavía no existe la ciencia ficción?

Cuando Holmberg publicó "Dos partidos en lucha" y "Viaje maravilloso del señor Nic-Nac" en 1875, la literatura todavía no tenía una casilla llamada "ciencia ficción".

La etiqueta "science fiction" aparecería muchas décadas después.

Pero eso no significa que nadie hubiera imaginado viajes a otros mundos, máquinas extraordinarias, futuros posibles o sociedades diferentes.

Ya existían antecedentes: Julio Verne, Edgar Allan Poe, Mary Shelley.

Había literatura fantástica, relatos de aventuras, novelas científicas, viajes imaginarios, utopías, literatura gótica y toda clase de especulaciones sobre los descubrimientos científicos.

El problema es que todavía no existía una conciencia clara de que todas esas cosas podían formar una misma tradición literaria.

La ciencia y la literatura todavía estaban buscando su relación.

Y Holmberg entró precisamente por esa grieta.

No llegó diciendo "voy a escribir ciencia ficción" porque no podía decirlo. La categoría todavía no existía.

Él llamó a "Viaje maravilloso del señor Nic-Nac" una "fantasía espiritista". La propia portada de la edición de 1875 lo presenta de esa manera.

Y "Dos partidos en lucha" llevaba otro nombre extraordinariamente revelador:"Fantasía científica". 


Holmberg todavía no tenía el nombre del género, pero ya estaba experimentando con su ADN.



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¿Qué era lo normal?

Para entender la innovación de Holmberg hay que hacer algo que muchas historias literarias olvidan, y es volver al mundo anterior al innovador.

La ciencia del siglo XIX estaba transformando la imaginación occidental. Darwin había publicado "El origen de las especies" en 1859. La geología estaba modificando la percepción de la edad de la Tierra.

La astronomía ampliaba brutalmente las dimensiones del universo. La medicina estaba cambiando la concepción del cuerpo humano. La electricidad, el ferrocarril, el telégrafo y la industrialización estaban demostrando que aquello que parecía imposible podía convertirse en realidad.

Pero la literatura todavía podía tratar esos descubrimientos como simples decoraciones.

Una máquina podía ser una maravilla. Un viaje podía ser una aventura. Un descubrimiento podía ser el argumento. Holmberg hizo algo más interesante.

Convirtió las ideas científicas en motores narrativos.

La ciencia dejó de ser simplemente el escenario. Empezó a convertirse en una forma de producir conflictos.



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La verdadera anomalía de Holmberg

Holmberg no descubrió simplemente que podía poner científicos dentro de una novela.

Su verdadera intuición fue comprender que si la ciencia cambia nuestra manera de entender la realidad, también puede cambiar la manera en que contamos historias.

Parece una diferencia pequeña, pero en definitiva, no lo fue.

Supongamos que un escritor descubre una nueva teoría científica. Puede hacer dos cosas. Por un lado, introducirla en una historia como quien introduce una pistola, un automóvil o un castillo.

O puede preguntarse ¿Qué pasaría con nuestra forma de pensar si esta teoría fuera cierta?

Esta segunda pregunta es la que abre la puerta de la ciencia ficción. Y Holmberg estaba caminando por ese sendero.



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Marte no era solamente Marte

En "Viaje maravilloso del señor Nic-Nac", publicada originalmente en entregas entre 1875 y 1876, un hombre viaja a Marte mediante una especie de desplazamiento astral y descubre allí otro mundo, con habitantes, instituciones, costumbres y conflictos.

Pero lo verdaderamente interesante no es simplemente que Holmberg imaginó vida en Marte. Porque eso habría sido quedarse en la superficie.

Marte se convierte en un espejo. Los habitantes marcianos permiten observar a los seres humanos desde afuera. La sociedad terrestre puede ser examinada mediante una sociedad extraterrestre.

Y ahí aparece una de las herramientas fundamentales de la ciencia ficción que es crear una realidad imposible para hablar de una realidad cercana.

Holmberg no necesitaba viajar realmente a Marte, le bastaba con inventar un Marte desde el cual pudiera mirar Buenos Aires.

La novela utiliza las instituciones, costumbres y preocupaciones de ese mundo imaginario para satirizar aspectos de la sociedad argentina de su tiempo ( Leer esto ). Incluso aparecen paralelismos entre ciudades y estructuras marcianas y realidades políticas y sociales terrestres.

Eso es muchísimo más importante que el simple hecho de haber imaginado extraterrestres. Holmberg descubrió que un mundo alienígena podía funcionar como espejo social.

Y esa herramienta sería utilizada por innumerables escritores posteriores.



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La ciencia como máquina de extrañamiento

Aquí aparece una palabra que debería interesarnos mucho como escritores: extrañamiento.

Una de las herramientas más poderosas de la ciencia ficción consiste en conseguir que el lector mire algo conocido como si fuera desconocido.

Holmberg lo comprendió muy bien.

👉 ¿Queremos hablar de la política? → Inventemos una sociedad marciana.
👉 ¿Queremos hablar de la ciencia? → Inventemos científicos enfrentados.
👉 ¿Queremos hablar de la evolución? → Imaginemos sus consecuencias sociales.
👉 ¿Queremos hablar de la relación entre materia y espíritu? → Inventemos máquinas, autómatas, experimentos y fenómenos que obliguen al lector a preguntarse dónde termina lo material y comienza lo humano.

La ciencia deja entonces de ser información y se convierte en una herramienta para deformar la realidad.

Y cuando deformamos suficientemente la realidad, podemos verla mejor.



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Darwin también podía convertirse en argumento

En "Dos partidos en lucha: fantasía científica", publicada en 1875, Holmberg utilizó el darwinismo y los debates científicos de su tiempo como material narrativo. La novela imagina una disputa entre facciones científicas y utiliza esa lucha para satirizar también las pasiones políticas y sociales de la Argentina de entonces.

Esto resulta especialmente interesante porque Holmberg no se limita a decir "Darwin tenía razón."

Hace algo literariamente mucho más productivo, imagina qué ocurre cuando una teoría científica entra en contacto con seres humanos. Y ahí aparecen las contradicciones.

La ciencia puede ser racional, los científicos no necesariamente. La ciencia puede buscar la verdad, pero las instituciones científicas pueden estar atravesadas por egos, intereses, rivalidades y luchas de poder.

La razón puede ser utilizada por personas profundamente irracionales. Y eso sigue siendo material de ciencia ficción.

Y también sigue siendo material de literatura.



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Después llegó Horacio Kalibang

Cuatro años más tarde, Holmberg volvió a adelantarse a su época.

En 1879 publicó "Horacio Kalibang o los autómatas."

El cuento gira alrededor de autómatas y de la posibilidad de construir seres artificiales. La obra enfrenta además dos posiciones intelectuales de su época: materialismo y espiritualismo. 

Hoy podemos leerlo como una historia sobre robots, pero sería mucho más interesante leerlo como una historia sobre la frontera de lo humano.

Porque la pregunta importante no es ¿Podemos construir una máquina que se mueva como una persona?

La pregunta verdaderamente poderosa es ¿Cómo sabríamos que esa máquina no es una persona?

Observa que esa pregunta ya no pertenece al siglo XIX, es una pregunta del siglo XXI.



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El truco más moderno de Holmberg

Hay otro aspecto de Holmberg que me parece especialmente fascinante.

En "Viaje maravilloso del señor Nic-Nac", el relato no se presenta simplemente como una verdad incuestionable.

La narración introduce dudas sobre lo sucedido. El viaje puede haber ocurrido, pero también puede haber sido producto de la imaginación o de la locura del protagonista. Un análisis académico ha señalado precisamente esa ambigüedad: el relato queda colocado en una situación en la que los hechos parecen haber ocurrido y, al mismo tiempo, no haber ocurrido. (lea esta referencia)

Esto es extraordinariamente moderno. Porque Holmberg está jugando con una pregunta que la ciencia ficción explotaría muchísimo después:

¿Quién tiene derecho a decidir qué es real?

🔹 El científico...?
🔹 El narrador...?
🔹 El protagonista...?
🔹 El lector...?
🔹 La institución...?


¿Y qué ocurre cuando cada uno posee una versión diferente de la realidad?

Holmberg no solamente inventaba mundos. También inventaba incertidumbre alrededor de esos mundos.



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Lo que Holmberg vio antes

Si alguien tuviera que condensar la anomalía intelectual de Holmberg en una sola frase, sería esta: "Comprendió que la ciencia no era solamente un tema sobre el cual escribir: era una nueva manera de mirar la realidad."

Y eso cambia toda las perspectivas previas. Porque una vez que entendemos esto, los autores podemos hacer ciencia ficción con casi cualquier cosa.

✔ No necesitamos naves espaciales.
✔ No necesitamos extraterrestres.
✔ No necesitamos robots.
✔ No necesitamos viajes temporales.

Necesitamos una pregunta capaz de modificar nuestra percepción de lo cotidiano.

Holmberg podía partir de Darwin, o de Marte, de los autómatas o del espiritismo.

Pero lo verdaderamente importante era la operación intelectual de tomar una idea que estaba transformando el mundo y preguntarse qué ocurriría si la lleváramos hasta sus consecuencias narrativas.

Y eso es la esencia de la ciencia ficción, incluso cuando todavía no se llamaba ciencia ficción.



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¿Quién heredó esa mirada?

Me parece que Holmberg no debe ser presentado como si todos los escritores posteriores hubieran copiado directamente sus obras, porque la historia es más compleja que eso.

Pero sí puede hablarse de una tradición rioplatense que continuó explorando la relación entre ciencia, imaginación, evolución, conocimiento y realidad.

Leopoldo Lugones es un caso evidente.

Su colección "Las fuerzas extrañas", de 1906, retomó la fascinación por la ciencia, los experimentos, el conocimiento y aquello que ocurre cuando los límites del saber humano son puestos a prueba. Estudios sobre la literatura especulativa rioplatense señalan expresamente a Holmberg como precedente de Lugones y de Horacio Quiroga. ( Revistas de la Universidad de Murcia )

Y la línea continúa.

Más adelante, la literatura fantástica argentina desarrollaría otra de las grandes intuiciones de esta tradición haciendo que lo extraordinario no necesite vivir en otro universo. Puede instalarse tranquilamente en Buenos Aires.

Allí aparecerían Borges, Bioy Casares y una tradición en la que la ciencia, la filosofía y la especulación funcionan muchas veces como instrumentos para alterar nuestra percepción de la realidad. La literatura fantástica argentina posterior desarrolló precisamente ese tipo de ficción intelectual, en la que lo extraordinario aparece dentro de marcos racionales y especulativos. (Literatura fantástica argentina)

Pero hay una diferencia importante entre todos esos autores, porque Holmberg estaba allí antes. Antes de que la tradición estuviera formada y antes de que existiera una etiqueta suficientemente diferenciada para este género.



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El verdadero aprendizaje para un escritor

Y aquí llegamos a la parte que más me interesa de toda esta nota. Porque estudiar a estos autores y a Holmberg como precursos, solamente sería una curiosidad histórica que desperdiciaría su mayor enseñanza.

Holmberg nos permite descubrir algo fundamental sobre la innovación literaria. Y es que un escritor innovador no necesariamente inventa algo que nunca existió. A veces simplemente conecta dos cosas que nadie había pensado conectar.

Holmberg tenía ciencia, literatura e imaginación.

Pero la innovación apareció cuando esas tres cosas comenzaron a trabajar juntas.

Mientras otros escritores podían ver la ciencia como conocimiento, maravilla o decoración narrativa, Holmberg comenzó a verla como una herramienta literaria capaz de alterar la percepción de la realidad.

Marte podía convertirse en un espejo, Darwin podía convertirse en conflicto, los autómatas podían convertirse en una pregunta sobre el alma y la ciencia podía convertirse en sátira.

Y la fantasía podía convertirse en una forma de investigar aquello que la ciencia todavía no sabía explicar.

Por eso, cuando miramos hacia atrás, podemos reconocer en Holmberg muchas cosas que posteriormente llamaríamos ciencia ficción.

Eduardo Holmberg fue un escritor que descubrió una posibilidad antes de que existiera el género capaz de nombrarla.

Y esa es, probablemente, una de las formas más puras de innovación literaria, porque cuando el género ya existe, uno puede aprender sus reglas tal cual lo hacemos los autores actuales.

Pero cuando el género todavía no existe... se hace necesario aprender a mirar sin reglas.



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Conclusiones: la pregunta que dejan los precursores

Quizá esta sea la pregunta que deberíamos llevarnos como escritores: ¿Qué está ocurriendo hoy frente a nosotros que todavía no sabemos convertir en literatura?

Porque tal vez la próxima gran idea de ciencia ficción no esté en una galaxia lejana.

Tal vez esté escondida en una tecnología que usamos todos los días, en una teoría científica que todavía no comprendemos, en un comportamiento social que recién empieza a aparecer, en una contradicción que nuestra época considera normal.

O incluso en algo que todos vemos...pero que nadie se ha detenido todavía a mirar de otra manera.

Ahí es donde empiezan las miradas diferentes.

Y, algunas veces, también empieza la próxima ciencia ficción.



Mencionado en el Artículo

✔ Adolfo Bioy Casares y la literatura fantástica argentina
✔ Antonio José Valdés
✔ Cuento "Dos Partidos en Lucha" de Eduardo Ladislao Holmberg (1875)
✔ Cuento "Horacio Kalibang o los autómatas"
✔ Cuento "Viaje maravilloso del Señor Nic-Nac" de Eduardo Ladislao Holmberg (1875)
✔ Eduardo Ladislao Holmberg
✔ Eduardo L. Holmberg, Dos partidos en lucha. Fantasía científica
✔ El evolucionismo en la ficción fantástica y en los orígenes de la ciencia-ficción rioplatense: Leopoldo Lugones y Horacio Quiroga 
✔ Hemeroteca de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno 
✔ Horacio Kalibang o los autómatas (Referencia)
✔ La Prensa Argentina - Número 39 - (11 de Junio de 1816)
✔ La Prensa Argentina - Número 40 - (18 de Junio de 1816)
✔ Las fuerzas extrañas, de Leopoldo Lugones
✔ Luis Pestarini
✔ Pedro Luis Barcia
✔ Reflexividad en la obra de eduardo Holmberg: El rol de la ciencia ficción y la fantasía en la modernización y el control de las masas
✔ Semanario "La Prensa Argentina" (Todos los Números)
✔ Science Fiction Encyclopedia






 

 

 

 

 

 

 

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