jueves, 29 de enero de 2026

Conversaciones Imposibles: "La Coherencia También Usa Bikini"

 



Conversaciones imposibles

La Coherencia También Usa Bikini
por Rodriac Copen



—"No sé si estoy cómodo o vencido"— digo, mirando mis alpargatas —"El parque tiene esa virtud: te hace creer que elegiste sentarte así: despatarrado."—

—"Vos elegiste desparramarte así"— me corrige Juana, sin mirarme —"Como elegiste ponerte esa musculosa que ya no discute con nadie."—

—"Discute con el tiempo."— digo haciéndome el filósofo —"Y va perdiendo."—

Juana sonríe. Cruza una pierna. La calza corta que lleva me hace un comentario visual que decido no transcribir mientras trago saliva para controlarme.

—"No tomés fotos mentales."— me dice —"Hoy estoy en modo descanso."—

—"Yo siempre tomo fotos y notas. A veces las dejo descansar un rato."—

Una sombra se nos planta adelante, con entusiasmo tropical.

—"¡Hoooola!"— dice Carmen Moura, bikini infartante mediante. Lleva una sonrisa de catálogo, de esas con energía de domingo que no pidió permiso.

—"Ah... la pucha..."— digo mientras me infarto por dentro. La figura curvilínea de nuestra amiga parece realidad aumentada. Caigo en la cuenta que estoy enamorado, pero no ciego.

—"Demi Moore..."— dice Juana, cordial y afilada —"Qué sorpresa verte con tan poco... contexto."—

—"Contexto tengo."— dice Carmen —"Lo que no tengo son ganas de cargarlo. ¿Cómo están ustedes? ¡Qué postal! Parecen una propaganda de vacaciones de una tarjeta de crédito."—

—"Algo parecido..."— digo —" estamos viviendo de a plazos."—

Carmen se sienta. Muy cerca. Mi reposera temblequea un poquito.

—"Hace rato que estás desaparecida."— dice Juana —"Te escribí y me clavaste un visto."—

—"No fue por vos, pero dejé de contestar por un ratito."— dice Carmen, de golpe seria —"No por drama. Por coherencia."—

—"Eso duele."— digo —"La coherencia siempre duele un poco."—

—"Sí."— asiente —"Un día dejé de mandar mensajes. Y se notó. Me dijeron que estaba rara. Y la verdad es que si te quiero, te lo digo. Si algo me molesta, también. Y si no me siento cómoda... me corro."—

Silencio breve. Un chico pasa corriendo con un barrilete que no despega.

—"Todos necesitamos un tiempo, a veces."— digo comprensivo.

—"Está bueno probar a los amigos"— dice Carmen —"Porque a veces la única que hace esfuerzos es una."—

—"¿Y no te da miedo quedarte sola?"— pregunta Juana, suave, pero no tanto.

—"Un poco, si."— responde Carmen —"Pero a mis casi sesenta descubrí un universo maravilloso en torno a mí misma. Y quiero preservarlo. No es ego. Es mantenimiento."—

—"El mantenimiento preventivo es bueno."— digo —"Como cambiarle el aceite al deseo."—

Juana me mira.

—"Rodri..."—

—"Hablé genéricamente, no por nosotros..."—


Carmen ríe y, sin querer, apoya su mano sobre mi brazo. Juana carraspea con elegancia docente, tratando de marcar "terreno".

—"Carmen..."— dice —"te estás sentando en mi tesis...."—

—"Perdón."— dice Carmen, sin moverse —"Es que acá hay buena bibliografía."—

Se escucha un celular vibrar en alguna parte. Nadie lo atiende.

—"En fin."— suspira Carmen —"Estoy eligiendo mejor. Gente correcta. Menos ruido. Más verdad."—

—"Eso siempre hace bien."— dice Juana —"Como el silencio... cuando se usa con intención."—

—"Y las bikinis."— agrego yo —"Usadas con estrategia."—

Juana me pisa. Es un juramento de que más tarde tendré que pagar algo. Carmen sonríe como quien entiende todo.

—"Me voy."— dice —"Los quiero. Así, como están."—

"Quedáte."— dice Juana —"Un rato más."—

"No."— dice Carmen —"Hoy me voy a ir a tiempo."—

Se levanta. Se aleja... muy bien. El banco vuelve a quedar vacío.

—"Bueno..."— digo inocentemente.

—"Bueno un carajo. Esperá que lleguemos a casa."— dice Juana.

No digo nada. A veces es más inteligente saber cuándo quedarse callado.

Nos quedamos en silencio. El pibe logra despegar su barrillete después de varios intentos.

Juana se inclina a servir otro mate. Le miro las lolas descaradamente. Me pilla.

—"¿Viste bien?"— me dice burlona. —"A veces no es por falta de viento que los barrilete fallan."

—"A veces hay que saber meter bien la mano."— digo.

El parque, discreto, no toma partido.


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miércoles, 28 de enero de 2026

El Diario de Rodriac: "La Identidad Silenciosa de los Escritores"

 


El Diario de Rodriac

La Identidad Silenciosa de los Escritores
por Rodriac Copen


Si eres escritor, seguramente te pasó alguna vez que, en una reunión, alguien pregunta:
—¿Y tú, a qué te dedicas?


Y tu cerebro —ese órgano traicionero que suele funcionar demasiado bien— evalúa en milésimas de segundo si vale la pena decir la verdad... o decir cualquier cosa menos “soy escritor”.

Sucede.
Y no, no es timidez. Tampoco falsa modestia.
Es otra cosa. Más silenciosa. Más selectiva.


Escribir es, para muchos autores, el centro del sistema solar. Todo gira alrededor de eso: ideas, obsesiones, insomnios, libretas, frases que aparecen mientras lavamos los platos. Y aun así, cuando conocemos gente nueva, solemos guardar ese dato como quien esconde una cicatriz bajo la camisa. No suele ser vergüenza. Suele ser supervivencia.

Decir “soy escritor” no es solo informar una actividad. Es abrir una puerta.
Y no todas las puertas se abren a cualquiera.

El problema —si es que es un problema— es que la palabra escritor viene con equipaje ajeno: expectativas, clichés, preguntas automáticas (“¿vives de eso?”), sonrisas condescendientes o, peor aún, interés fingido. Esa especie de entusiasmo plástico que dura lo mismo que un sorbo de café frío. Uno aprende rápido a detectarlo. Los escritores desarrollamos un radar. Y falla poco.

Entonces aparece nuestra identidad silenciosa. Esa versión nuestra que responde “hago cosas”, “soy profesor”, “escribo como aficionado”. No por negación, sino por economía emocional. Porque contar lo que uno escribe no es como hablar del clima. Es mostrar el interior del cráneo. Y no siempre hay ganas de invitar a extraños a pasear por ahí.

No es que no queramos ser escuchados.
Si no lo quisiéramos, no escribiríamos.


Es que queremos ser bien escuchados.
Y en eso hay una diferencia enorme.


El interés genuino no pregunta por ventas ni por fama. Pregunta por motivos. Por obsesiones. Pregunta los porqués. Y cuando eso no aparece del otro lado de la mesa, simplemente apagamos el interruptor. Sin drama ni resentimiento. Como quien cierra una ventana porque entró viento frío.

Esto dice algo incómodo pero útil sobre la condición humana: todos regulamos lo que mostramos según el contexto. Todos. El escritor solo lo hace con un material más inflamable. Las palabras arden fácil. Y nadie quiere prender fuego su mundo interior frente a alguien que solo busca una anécdota simpática para matar el silencio.

¿La solución? Como la amistad, el interés genuino no puede forzarse. Los escritores no evangelizamos ni explicamos de más. Y si quieres conocer a uno, tendrás que aprender a preguntar.

También puedes seguir pensando que escribir es un hobby raro, como coleccionar servilletas. Está bien. Para nosotros no es una tragedia. Es, simplemente, elegir con quién vale la pena hablar.

La verdadera tragedia sería insistir. Hablar cuando nadie quiere escuchar. Convertir lo íntimo en ruido de fondo.

Porque cuando compartimos sin autenticidad del otro lado, algo se erosiona. La palabra pierde peso. La vocación se vuelve pose. Y ahí sí hay pérdida.

Por eso muchos escritores no dicen que escriben. No porque no amen lo que hacen, sino porque lo aman demasiado como para compartirlo con quien no tiene interés genuino en escuchar.

Los amores no se anuncian.
Se reservan. Se cuidan. Se dicen en voz baja.


Y solo cuando alguien, del otro lado, demuestra que vale la pena, nos dejamos escuchar. Porque el otro ya presiente ese amor que llevamos dentro.

 

 

 

 

 

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martes, 27 de enero de 2026

Cuento: "Autorización Irrevocable"

 


Saga de Mara Vale – SciFi Noir


Autorización Irrevocable
Presentación de la Saga de Mara Vale

por Rodriac Copen


Sinopsis

En una megaciudad orbital donde la violencia se terceriza y la moral se gestiona por contrato, Mara Vale era una analista logística más. Su trabajo era gris, bien pago, eficiente. Muy útil para la coporación.

Una orden rutinaria —una autorización administrativa como tantas otras— desencadena la despresurización de varias manzanas enteras. Miles de muertos. Entre ellos, su pareja. La corporación borra pruebas, compra silencios y convierte a Mara en un error controlado: la indemniza, la protege… y luego intenta reprogramarla.

Mara sobrevive a interrogatorios, implantes defectuosos y borrados parciales de memoria. Escapa incompleta, con el cuerpo intervenido y la mente fragmentada, pero con una certeza nueva: la normalidad no es un estado, sino una estadística favorable.

Reconstruida en los márgenes de la ciudad, entrenada por un viejo instructor militar y acompañada por Lila —una mujer que le enseña a leer el deseo como lenguaje social—, Mara deja de buscar justicia. Los muertos no vuelven. Lo que busca es un balance privado, una forma imperfecta de compensación en un sistema diseñado para no tenerla.

Autorización irrevocable es el origen de una serie de relatos independientes de ciencia ficción pulp noir: historias de contratos, cuerpos y decisiones irreversibles, donde nadie es héroe y toda firma tiene consecuencias.



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Curiosidades Históricas: "Best Sellers de Cartón"

 


Curiosidades Históricas

Best Sellers de Cartón
por Rodriac Copen


Algunos "grandes éxitos" solo existieron en los afiches.

El verano tiene esa magia: baja la guardia, sube la imaginación y todo parece un poco más creíble. Quizás por eso sea la estación ideal para hablar de un fenómeno editorial tan curioso como persistente: los libros que fueron grandes éxitos... solo en la publicidad.

Porque sí, aunque cueste admitirlo, a lo largo de la historia reciente hubo autores que anunciaron con bombos y platillos sus “ventas millonarias”, sus puestos en listas legendarias o su estatus de best seller, cuando en realidad el éxito estaba más en el relato que en la caja registradora.

Uno de los casos más pintorescos ocurrió en Agosto de 2017, cuando un libro llamado Handbook for Mortals apareció de golpe en el primer puesto de la lista de The New York Times. Nadie lo conocía, nadie lo había visto leer en la playa, pero ahí estaba, brillando en la cima y desplazando a un título muy popular en ese momento. (Lee el artículo aqui)

Claro, el truco duró poco. Autores y miembros de la comunidad juvenil literaria notaron que muy pocas personas habían oído hablar del libro y empezaron a investigar la coherencia de las cifras de venta.

Se detectaron patrones de compras concentradas (“bulk sales”) y pedidos estratégicos desde librerías que reportan directamente a The New York Times, lo que llevó a que el diario concluyera que los datos no cumplían con sus criterios, y retirara el título de la lista.

Pero el recurso viene de antes. Durante años, algunos autores aprendieron que comprarse a sí mismos cientos o miles de ejemplares podía abrirles la puerta a rankings, entrevistas y fajas doradas. Ahora esto está ocurriendo en Amazon. Una vez puesto el cartel de “best seller”, el libro empezaba a vender... ahora sí, de verdad, cuando los lectores empiezan a tirar del mismo carro. El problema es que no siempre el trabajo es evidente.

Con la llegada de internet, el asunto se volvió todavía más creativo. Aparecieron:

  • Reseñas cinco estrellas escritas por gente muy entusiasta y sospechosamente anónima.
  • Libros proclamados “#1 Best Seller” en categorías tan específicas que competían contra otros tres títulos y una fotocopia. En algunas categorías de Amazon es tan facil "convertirse" en best sller como tener cinco amigos que suban buenas reseñas.
  • Autores “multiplataforma” que parecían omnipresentes, aunque pocos recordaran haberlos leído.


Te aclaro que nada de esto es necesariamente ilegal. Digamos que no es ético, pero no ilegal. Es, digamos, una estrategia de marketing con protector solar factor dudoso 😅. Funciona mientras dura, pero a la larga deja marcas imborrables para los autores. Dicho sea de paso: ten cuidado con tu agente, editor o coaching. No sea que te arruine lo único que tenemos los escritores: nuestro buen nombre.


Otros casos de ventas infladas

📌 El libro Triggered de Donald Trump Jr. alcanzó posiciones de best seller, pero investigaciones posteriores señalaron que parte de ese ascenso provino de compras masivas organizadas por comités políticos, incluyendo comités nacionales republicanos y otros grupos que compraron volúmenes en bloque para impulsar su ranking. Algo así como postularse uno mismo para el Premio Nobel ¿no? 😆  ¡Auch! ¡Lo siento!😎 Se me escapó...👀

📌 Desde hace décadas hay ejemplos de autores y equipos de marketing que compran copias de sus propios libros en librerías específicas para dirigirse a los puntos de recopilación de datos de las listas de best sellers. El Times, por ejemplo, ha reconocido que algunos autores —como Wayne Dyer o ejecutivos con su propio libro— han comprado miles de copias buscando mejorar su posición en la lista. Existen empresas especializadas en campañas de listas, como ResultSource, que ofrecían servicios para “garantizar” que un libro se volviera bestseller mediante compras al por mayor y otras técnicas de posicionamiento.

📌 Categorías y rankings manipulados en plataformas como Amazon: En Amazon y otros marketplaces, es cada vez común que algunos títulos aparezcan como #1 best sellers... pero solo por un corto período en categorías ultra-específicas, donde bastan unas pocas ventas para subir al tope del ranking

📌 Reseñas falsas y campañas de hype digital: Aunque no siempre se trata de listas tradicionales, otro tipo de “manipulación” viene de oleadas de reseñas falsas o incentivadas en plataformas como Amazon o Goodreads, que pueden elevar artificialmente la percepción de popularidad y calidad de un libro. 

📌 Canales de marketing poco transparentes: Más allá de compras directas, hay tácticas sofisticadas en el mundo editorial donde equipos impulsan pre-ventas coordinadas, ventas dirigidas a tiendas específicas o campañas segmentadas de email/social media para concentrar ventas en semanas claves, lo que impacta listas sin necesariamente reflejar una demanda “real” del público general.

Lo interesante es que estos éxitos inflables suelen pincharse solos, como sucede con todo lo falso. El lector, tarde o temprano, nota cuando el ruido es mayor que el contenido del supuesto autor. Y el prestigio, como el bronceado artificial, puede impresionar de lejos... pero de cerca no puede ocultar la verdad.

Así que la próxima vez que veas un libro o un autor que se auto anuncia como fenómeno mundial, éxito arrollador o lectura obligatoria del verano, tal vez convenga hacer lo que hacemos con cualquier mito estacional: mirarlo con simpatía, un poco de humor y una pizca de escepticismo.

Después de todo, en literatura (como en la vida) no todo lo que brilla vende, ni todo lo que vende merece tanto brillo.


 

 


 

 

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El Diario de Rodriac: ""Incertidumbres y Certezas

 



El Diario de Rodriac

Incertidumbres y Certezas
por Rodriac Copen


Hay personas que creen en un dios que no pueden probar. 

No sólo eso: se aferran con terquedad a lo que otros dicen haber vivido, como si un testimonio personal fuera garantía de verdad. Como si la mentira no fuera uno de los grandes talentos de nuestra especie. 

Me intriga menos la fe que la necesidad que la sostiene. Esa urgencia humana por creer que alguien (otro) controla el todo, porque aceptar que nadie lo hace, les resulta insoportable.

Tal vez creer sea una forma elegante de enfrentar la muerte. Una anestesia metafísica. La idea de que después de esta vida hay otra, más ordenada, más justa, donde nada se pierde y todo tiene sentido. Un relato tranquilizador para una especie que no tolera bien el silencio final.

Lo curioso es que muchos se burlan de esas creencias... mientras creen en cosas mucho más frágiles. 

Extraterrestres que controlan el mundo desde las sombras. Tipos en TikTok que aseguran ser ET y transmitir verdades cósmicas. Chicas radiestesistas que mueven varillas para hablar con “espíritus guías”, como si pensar por cuenta propia fuera una habilidad en extinción. Chamanes contactados por “seres de las estrellas”. Teóricos de la conspiración que ven reptilianos en cada gobierno y pruebas irrefutables en videos pixelados.

Ahora dicen que el presidente Trump el 8 de Julio anunciará la existencia de ET. Unos días atrás, millones de tontos hablaban de los ET que venían en el 3I/Atlas que, para ellos, era una nave extraterrestre. Parecen Testigos de Jehová, que cambian la fecha del fin del mundo cada vez que no se les cumplen los vaticinios. Toco madera. Porque en cualquier momento algún profeta loco tendrá razón. No queda mucho de aprovechable en la humanidad. Y no tengo esperanza en ella.

Soy agnóstico, pero no soy estúpido. Y no digo que nada de eso sea imposible. Digo algo más simple y más incómodo: sin pruebas, todo es parte de un relato. Y el problema no es el relato, sino la desesperación con la que muchos lo abrazan. Personas que se creen aptas para tomar decisiones importantes en su vida —votar, amar, reproducirse y criar hijos— pero que no soportan la mínima incertidumbre sobre qué ocurre cuando mueran. Necesitan creer que no caerán en un pozo negro de olvido, que formarán parte de algo, tocando el arpa y cantando alabanzas. Necesitan creer que alguien los recordará. Aunque la historia nos grite lo contrario: un par de generaciones y no quedará ni el eco de lo que fuiste alguna vez.

Mientras tanto, mi perrita sigue a mi esposa a todos lados. No cuestiona el sentido de la existencia ni teme a la nada. Para ella, mi esposa es su mundo. Y con tenerla, su vida está completa, satisfecha y plena. Y nosotros, con todo nuestro cerebro hipertrofiado, no podemos tolerar ni una pizca de incertidumbre sin empezar a temblar.

Tal vez la inteligencia no nos hizo más libres. Tal vez a algunos sólo los hizo más miedosos.
 

 

 


 

 

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